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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2006.
YA: ¡NO! (Texto: A.P.M. / Ilustración: Almandrade) Cuando llegue el silencio del silencio y las sombras envuelvan nuestros sueños, habremos de vivir eternamente en el cofre inmortal de mis poemas. Se escuchará mi elogio enamorado en el trino infinito de mis versos y volverá el milagro de adorarnos con más intensidad en el recuerdo. El prodigio de amor será añoranza en la perpetuidad de nuestras almas, porque eres el fonema palpitante de mi primera y última palabra. Cuando llegue el silencio del silencio seremos un idilio en la distancia... Manuel Salvador Leyva Martínez (Del poemario "Sonetario de Amor") Ilustración: Almandrade. Asirse sin más opción a la realidad de los hechos, con dolor, por miedo, la única solución. (Del poemario Arrancado del Silencio, Cagisa, Zaragoza, Agosto de 1979) Con esta mano me fatigo al amarte desde lejos. Tendido bajo el viejo ventanal, espero a que el sudor se quede frío, contemplo el laberinto de mis brazos. Soy dueño de un rectángulo de cielo que nunca alcanzaré. Pero debemos ser más objetivos, olvidar los afanes, los engaños, el inútil deseo de unos versos que atestigüen la vida. Celebrar el silencio de un cuerpo satisfecho, esa altura sin dios a la que llega nuestra carne mortal. Saber así la plenitud que algunos perseguimos: un hombre, bajo el cielo, ve sus manos. (Vicente Gallego, Del poemario La luz, de otra manera / Madrid, Visor, 1988) Os han dejado los Reyes, en la ventana amarilla de esta página, uno de los poemas de Vicente Gallego que más me gustan. Les había pedido más cosas, que no sé si llegarán: Un pilot verde para mí, otro para Mariano Gistaín y otro para Antón; un año sabático para Gabriel y un monográfico en la 2 para Angelico (Petisme); el libro de Canfranc para mi madre; dos cajas de miniaturas para Pablo; un libro de Barceló para mi sobrina Ana y otro para Rafa, mi cuñado; para Rafa también, que ha sido muy bueno, el último disco de Juan Perro y un libro del Loco; para Eva un milagro y para Nuria un bolso... ; la República para los Victor´s (Pardo y Juan), que ya la pedí el año pasado; un libro y un pañuelo para mi tía Carmencita; una colección de novelas en miniatura para mi prima Mari Carmen... Todavía hay más: para casi todos, tres o cuatro abuelos más en el Congreso; unas caja de valium y otras de okal para Labordeta (hasta que se retiré Aragonés); un pijama para Lourdes, mi compañera de trabajo, que tiene que dormir mucho; una colonia "fresquica" para mi tía Maribel; una tensión arterial "compensada" para mí, para Ana, para mi hermano y mi primo Federico; cuentos, libros, juguetes... para mis numerosos sobrinos; un libro de Gaudí para Seve y una mochila de pic-nic para Antonio; un viaje donde quieran los Lasala; una reeedición discográfica completa para Julia León; una exposición individual en el Ivam para Santiago (Arranz); insoportables juguetes a pilas para Juan (¡que hay que ver cómo los disfruta!). La libertad para todos los presos políticos y de conciencia. La paz, la justicia... ¡Quizá, con salud y amor, sobrara el resto! ¡Besos! Un pilot verde para recuperar la esperanza y un álbum de fotos para guardar recuerdos. Un juguete de hojalata para volver a la niñez. Un libro del Loco para hacer memoria y un documental sobre el pirineista Lucien Briet. El corazón perplejo de un gran poeta llamado Carlos Marzal, dos discos de Youssou N´Dour y Nascimento... Ah! Y el último de ese cantante sin voz, que no la necesita, ese canalla andaluz que se apellida Sabina. Hay que ser absolutamente posmoderno. Simultáneo a cada hombre del presente, a todas las edades de la historia, mi memoria se fragmenta. Yo y mis contemporáneos hemos aprendido el olvido. Estoy libre del pasado y juego con él: descanso con otras formas eternas. Puedo elegir mi tiempo. No así mi espacio. Mi vida y mi cultura se componen de formas de caleidoscopio. Nunca fuimos tan libres. Hemos olvidado viejas lenguas, nuestro credo y las formas antiguas de poder. Es el comienzo de una nueva era menos novedosa que las anteriores. Mi momento es el resumen de todos los momentos del mundo Antonio Portela (Del poemario ¿Estás seguro de que no nos siguen?, DVD Ediciones, 2003) ¡Qué bien! ¡Qué bien! ¡Qué bien se han portado los Reyes! ¡Por fin he recuperado mi Pilot Verde! Me he vuelto loco pero ahí fuera sigue el rumor sórdido de la vida y es como si el dolor fuera poco como si hiciera falta otra vuelta de tuerca: a hombres que arrastran mis pies borrachera hedionda de silencio como un ruido al fondo de la vida. Leopoldo María Panero (Del poemario "Poemas de la locura", Huerga y Fierro, Madrid, Junio de 2005) El próximo Jueves, 12 de Enero, a las 20,30 h., tendrá lugar, en la Librería Cálamo de Zaragoza (Plaza de San Francisco nº 4) el acto de presentación del nuevo poemario de Manuel Vilas, galardonado con el Premio Internacional de Poesía Jaime Gil de Biedma: Resurrección (Visor, Madrid 2005). El acto contará con la presencia del librero Paco Goyanes y del poeta cántabro Lorenzo Oliván. Cualquier momento es bueno para releer un buen libro y empaparse de historia. Cualquier momento es bueno para escuchar a los sabios. Hoy, mientras buscaba un viejo poemario entre las abigarradas estanterías de mi estudio, el azar ha colocado sobre mi mano una vieja selección de textos de Odón de Buen, que he releído en infinidad de ocasiones y que hoy, una vez más, han vuelto a atraparme. Las palabras de Odón de Buen, inundan de energía este cuarto en el que descansa, sobre mi mesa, una hermosa réplica del busto que realizara, su entrañable amigo, Mariano Benlliure. "No sembré en arenales estériles... Tengo fe inquebrantable en las energías intelectuales, morales y físicas del pueblo español" Si pudiera al menos no ya prescindir de la memoria (enfermiza y parásita memoria) sino del deseo de no recordar olvidar la voluntad de olvidar (Luis Eduardo Aute, de La matemática del espejo 1970-75, Ediciones Peralta, 1979) Fin de semana entre libros, encerrado en mi estudio. Los plazos vencen y los compromisos hay que cumplirlos: He pasado un par de días seleccionando poemas e imágenes, contando versos, pariendo el prólogo para un libro colectivo que verá la luz en primavera, cuando todo vuelva a estar tan verde como el pilot de mi esperanza. He vuelto a escribir con él, a apuntar mis proyectos en tarjetones blancos, a subrayar textos... y hasta he tenido tiempo de leer el cuento triste y tierno del domingo, que firmaba Antoncico en Heraldo. He leído los textos de Agustín Sánchez Vidal y Félix Romeo sobre el Parque Grande y he paseado mis recuerdos en la distancia, hasta que he comenzado a ponerme triste. ¿Por qué han de amargarnos la vida los políticos? Rebobino y me alegro de que Javier Delgado no tenga que hacer, por fin, huelga de hambre y para celebrarlo abro esa joya de libro que es Zaragoza Marina y que acaba de rescatar Prames con maravillosas ilustraciones de Jorge Gay y un concienzudo e impagable prólogo de José-Carlos Mainer. Veintitrés años después de su primera edición, en la inolvidable Colección Poemas que dirigió Luciano Gracia, Zaragoza Marina sigue conservando la misma frescura de entonces. El azar ha elegido estos versos de Javier Delgado para acabar el día: Eres muy mayor para acordarte pero haciendo un esfuerzo tal vez puedas distraer del olvido algún recuerdo, una señal que diga lo que fuiste. Aún tienes tu diadema de espuma. Aún conservas el rastro de una ola en su temblor de caricia irrepetible: indaga en el misterio de su historia. Pregúntale al rumor de caracolas que queda en tus esquinas encerrado. Di una palabra al viento y que te traiga una canción que guie tu memoria. En las puntillas del velo de la brisa hay un olor escondido que dejaste cuando después del baño perfumabas el aliento del día: ve a encontrarlo. Antes tenías el reflejo de tu imagen. Ahora tan sólo tu sombra te equivoca. Nadie recuerda nada; una voz un instante en medio de la tierra. Joan Gonper (de Teoría de la Presencia Celya, Salamanca, Septiembre de 2004) Para Joan Gónper He tomado vermouth con Samuel Beckett en la Plaza Mayor de Salamanca. He almorzado en Chez Víctor con Ciorán. Carmen Martín Gaite vino al Novelty conmigo, pero se dejó el café. Estuve con Panero en una Iglesia y cené con Brel en el Chapeau. Hablé con Adares de su madre. Hacía calor y Ramón Irigoyen me prestó un abanico. Paseé la tarde con Juan Gil Albert. Se hizo tarde, hora de volver: En el Parador me aguardaban García Montero, Benítez Reyes y Valente. Abrí la puerta, los introduje en la maleta, los secuestré a los tres. Antonio PÉREZ MORTE Si me preguntasen cuál es el ser al que más envidio, respondería sin vacilar: aquél que, descansando entre las palabras, vive en ellas ingenuamente, por consentimiento reflejo, sin cuestionarlas ni asimilarlas a signos, como si se correspondiesen a la realidad misma o fuesen lo absoluto, disperso en lo cotidiano. No tendría, como contrapartida, ningún motivo para envidiar a quien las penetra con clarividencia, discerniendo su fondo, su nada. Para él, ya no hay relaciones espontáneas con lo real; aislado de sus útiles, acorralado a una autonomía peligrosa, alcanza un sí mismo que le espanta. Las palabras le huyen: como no puede alcanzarlas, las persigue con un odio nostálgico y nunca las profiere sin una risotada o un suspiro. Si bien no comulga ya con ellas, no puede, sin embargo, pasarse sin ellas y es precisamente en el momento en el que está más alejado, cuando más se aferra ellas. (...) E.M. Ciorán de La tentación de existir (Gallimard, París, 1972) La mirada de mi abuelo estaba llena de intensidad, de determinación. Parecía que fuese él quien fotografiaba a la cámara. DANIEL GASCÓN, fragmento de El Abuelo incluido en el libro El fumador pasivo (Xordica, Zaragoza, 2005) No queda nadie. Todos se han ido. Un camarero cansado, recoge los últimos vasos. Un poeta borracho, los últimos versos vacíos. Antonio Pérez Morte Mientras la Diócesis de Lerida, amparada por la Consejería de Cultura de la Generalitat, se resiste a la devolución de ciento trece obras de nuestro patrimonio artístico religioso, los papeles de Salamanca -todavía sin revisar- viajan camino de Barcelona, más como pago a los favores políticos prestados al gobierno por los nacionalistas catalanes, que como un acto de justicia histórico, que debiera repetirse en otras comunidades, que también vieron incautados sus bienes durante la guerra civil. Sin salir del ámbito cultural, nos enteramos de que el Museo Reina Sofía ha extraviado una obra escultórica de Richard Serra, de 38.000 kg de peso. ¡La vergonzante actualidad cultural española, empieza a cobrar dimensiones tan grandes como la incompetencia manifiesta de sus gestores! Juan, ¿quieres descansar un poco, que me estás martilleando la cabeza? Papá: ¿pero no habíamos "quedau" en que la "aherramienta" que yo era, era "alicate"? Te debes un espacio que ahora buscas, me debo el torpe anhelo de mi entraña. Si naciera de nuevo buscaría en la agenda de teléfonos del tiempo tu nombre y dirección. Y llamaría; y propondría una cita en el Egeo (digamos desde Pérgamo hasta Patmos) para hacer más dilatada la batalla. Quisiera un rumor de címbalo y de cítara, crótalo de tacto, brasa para la hermosa estrategia que ha hecho perdurar el mundo; y quisiera luna densa, calida y suave: una cuna donde gemir libremente y hallar la misericordia. Y quisiera largas treguas de cabello, una carba con jadeos dándole ánimos al fuego de su soplar suave y corto; y quisiera un derramarse de canciones, y un almacen de idiomas y de venas. Y un paciente descansar de cabotaje que inflamara de bravura ese latido olvidado por la edad, que no perdona; y quisiera una piedad con nombre de alba, y quisiera el testamento de las fuerzas, y quisiera un despertar, porque es preciso: un abrazo de pámpano y de cepa, un latigazo de aromas, caravasar de café y de alcaravea... Aquí es donde comienza el verso, la frontera de lo real, de su liturgia. Debo labrar las horas en que quiero imaginarte con la mañana siguiente. Gabriel Sopeña (De BUEN TIEMPO PARA EL DESHIELO, Zaragoza, Lola Editorial, 2003) Hace un frío metálico. Las palabras hielan. Hay una frase oculta tras la niebla. A José Luis Melero Rivas Va muriendo la tarde. Sólo el milagro de vivir purifica la sombra. Cortinas fantasmales de cierzo estremecido van poniendo en los ojos de la noche abanicos de lluvia. Salas de tapices, sangrando su leyenda, van soñando prodigios. Van abriendo al poema su piedra de marfil. Esa piedra sonámbula que niega la memoria a muertos que deliran sin sonido y llamea, con luz inapresable, en la voz del poeta. Paletadas de sol reverdecen la calma de las hojas, aladas del otoño. Cuánto fuego dormido en la piel del crepúsculo. Cuántos hombres soñando en el camino y ungidos de tristeza se axfisian reflejados en el agua. Va muriendo la tarde. Sólo el milagro de vivir purifica la sombra. Purifica los ríos de la sangre. Purifica el misterio de la imagen borrosa de la muerte. LUCIANO GRACIA BAILO (Del poemario Huellas de Ceniza 1978-1982, Zaragoza, I.F.C. 1982) Fotografía de J.L. Melero: Web de Mariano Gistaín. Desde hace meses, vivo todos mis momentos de angustia en compañía de Emily Dickinson. E.M. Ciorán (Cuadernos, 1957-1972) Gallimard, París, 1997 Es cosa tan pequeña nuestro llanto; son tan pequeña cosa los suspiros... Sin embargo, por cosas tan pequeñas vosotros y nosotras nos morimos. Emily Dickinson |