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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2006.
Manuel Vilas. Premio Jaime Gil de Biedma. VISOR. 124 PAGS. 8 € Intenso como el sabor de un Mágnum, Resurrección es un libro para consumirlo despacio: Envueltos en la crujiente cobertura del sarcasmo, Manuel Vilas nos ofrece en su última entrega poética, un buen puñado de versos dulces, amargos, impregnados de sinceridad y de rudeza, bajo los que subyacen la ternura y el dolor. Una ternura y un dolor, que afloran medio en broma y por sorpresa, en el discurso vital de este bardo, que ha ido consolidándose en los últimos años como uno de los autores ineludibles de la poesía española reciente. Su personalísima forma de abordar la literatura, siempre desde propuestas arriesgadas y tremendamente sugestivas, ha dado frutos de indiscutible calidad, pero difícilmente clasificables desde los parámetros habituales y casi siempre inamovibles, de la crítica literaria predominante. Resurrección poemario ganador del XV Premio Jaime Gil de Biedma, ha conseguido además del preciado galardón, la resurrección, o revisión crítica de la obra global del escritor, analizada ahora desde una óptica distinta, más certera y exhaustiva, capaz de mostrarnos con nitidez ese camino que él mismo ha ido pergeñando despacio, paso a paso y libro a libro. Resurrección es un libro extraordinario, cargado de poemas en prosa y verso largo, que cautivará a nuevos lectores; mientras, otros más avezados, volverán a atarse a la voz emocionante y torrencial del poeta de Barbastro: ¡Hace años descubrieron el placer de sentirse atrapados! Antonio PÉREZ MORTE (Qriterio aragones, nº 56, Agosto de 2006) Atascos en las zonas buenas de los primeros mundos. Caos en un aeropuerto, el mundo detenido, persona a persona, tragedias individuales colectivizadas, a mogollón, miles de maletas extraviadas, perdidas de sus dueños y desconocidas entre si. Y la duda, que ahora gestiona un juez, de si es legal interrumpir un nudo de comunicaciones de esa manera, a la brava. Interrumpir el mundo, colapsarlo todo, porque un aeropuerto (excepto el de Zaragoza) es un centro de comunicaciones, un nodo que puede acabar por bloquearlo todo, como la mariposa que aletea en la fábula científica, pero a lo bestia. Y siempre lo mismo: cero información a las personas. Porque las maletas son entes herméticos, sellados, autosuficientes. Una maleta puede estar un año dando vueltas por esos aeropuertos extraviantes, de huelga en huelga, y sobrevive al caos. ¿Por qué ese afán de viajar con maletas, con mochilas, baúles...? Con un librito de bolsillo sobra. Sobraría si se pudiera. Los humanos no sabemos estar solos, de ahí las maletas, que vienen a ser la identidad. Porque calcetines, camisas y cepillos de dientes y secapelos hay por cuatro perras en todas partes. Y siempre los mismos. Uno puede rehacer su identidad en cualquier parte. Podría si pudiera, claro. Nos gusta duplicarnos en la maleta, en el peso, fardos de doble identidad. Los más cutre es ver a los famosos acosados tirando de sus maletas a ruedas. Ni siquiera los futbolistas, que son los que más cobran -generalmente por nada- , se libran de ese lastre siquiátricode esta época absurda. No, no debe ser muy legal fastidiar la vida a miles de personas que han pagado su billete, fastidiar sin avisar. Las huelgas tienen un protocolo, un preaviso, unas fechas y unos plazos. Pero nadie apoya a los viajeros, damnificados sin asociación, gente suelta, dispersa, que en cuanto acabe la pesadilla ssaldrá corriendo, se perderá "como lágrimas en la lluvia", que dicen en Blade Runner. Mientras que los huelguistas seguirán ahí, para siempre, una asociación, un lobi con poder y permanencia. Los damnificados en estos episodios son estampas y testimonios, momentos. Debería inventarse un mecanismo para crear una asociación de forma instantánea, o quizá existe ya y no lo sabemos aplicar. Un mecanismo para emergencias aeroportuarias, renfeviarias, marítimas. Mariano Gistaín (De su columna La ciudad de las gaviotas, El Periódico de Aragón 1 de Agosto de 2006) Viernes, 4 de Agosto de 2006 Centro Cultural de Castejón de Sos inauguración de la exposición de Santiago Arranz La verdad repetida /1983-2006) Yo soy como tú, Yo soy como tú, Yo, que como tú, Yo como tú ¡Dos manos desiertas! Antonio Pérez Morte En esta madrugada Quizás deseen otro amanecer Es la Avenida 170 la que bordea el acantilado Iván Humanes Bespín Paseo en la noche por mi pueblo desierto: Antonio Pérez Morte Hace calor. Sigue haciendo calor y he trabajado mucho. Todavía estoy en la oficina, así que me he decidido a abandonar, por un momento, los papeles, las facturas y albaranes, las cartas... para dar una vuelta por la blogosfera. Ahí afuera he paseado por las páginas amigas de mis amigos escritores y poetas... En mitad del camino he encontrado la pequeña parcela de José María Ariño, y en ella este hermoso plato de higos frescos. Se los he robado. Necesitaba fruta fresca y al tomarla, he recuperado el sabor dulce de las viejas tardes de hace ya tantísimos veranos, en Zuera. Allí, en el pequeño campo que la tía Blasa tenía junto a la carretera de Francia, recolectábamos los higos blancos y negros, negros y blancos. ¡Inolvidables sabrosos higos de la infancia! Antonio Pérez Morte (11 de Agosto de 2006) Salimos de Sabiñánigo el sábado 12 madrugando, después de dormir tres horas escasas. Juan, el más despierto de los tres, fotografió el camino con sus ojos azules e intensos. Paramos en Huesca, su pueblo, para comprar el periódico y una caja de Conguitos. En Zuera, como casi siempre, nos esperaba mi hermana Maribel, que nos acercó a casa, para poner todo en marcha: ventilar, encender la luz, abrir el agua... Luego, después de estrujar cien manos y besar veinte mejillas, un par de horas en casa de mi madre, para verla llorar de alegría y de tristeza, porque como dice mi hermano Víctor: ¡Las Morte, todo lo arreglan llorando! Al final de la mañana, hacer la compra evitando lugares demasiado concurridos, para no demorar la marcha a Zaragoza con los besos y achuchones de mis paisanos. Hacia las dos menos cuarto nos marchamos a la capital del cierzo para comer con los Cuenca-Ramos, en cuya casa nos esperaba Pablo. Después de comer, marathon de compras en Grancasa, para renovar el ropero de esta pareja de fieras del crecer. Yo no encuentro la ropa que quiero, así que le compro unos pendientes a mi hermana y para mí un disco de rock y de nostalgia, un disco de Los Coyotes que está en mi talla. Cuando ya nos hemos hecho con el último ticket, sin dejarnos tomar el pelo con una engañosa campaña publicitaria en Media Mark, nos viene a buscar Seve, que carga con nuestro cansancio hasta la primera noche de Zufaria, por allí ha pasado mi hermano antes de marchar a la playa, pero un malentendido ha impedido que nos veamos. Estamos preparando, de nuevo, las maletas para el Serrablo, después de comer saldremos hacia Sabiñánigo para encontrarnos con los destrozos de "la pedregada": En el trabajo el granizo ha agujereado la cubierta del almacen y ha abollado todas las persianas. ¡No sé qué habrá pasado en casa! Durante mi viaje anterior a Zuera, hace apenas un mes, también el cierzo se ensañó en el estudio y el comedor, arrastrando los libros en remolinos increíbles, descolgando fotografías y cuadros, las hermosas serigrafías de Natalio Bayo... ¡Es el tiempo! Y de tiempo perdido y no recuperado es esa gran desazón, esa angustiosa depresión contagiosa de mi madre, a quien nadie consigue despojar de su enorme sensación de soledad. Estos días la hemos "secuestrado" y la hemos llevado de su casa a la nuestra, porque tampoco se deja... Hemos ido a pasear con ella por el Paseo Fluvial del Gállego, por el parque. Sólo sus nietos consiguen arrancarle, de vez en cuando, una sonrisa. Sus nietos que le cuentan historias y le cantan, que le hacen mimos y la quieren como la queremos todos, aunque a veces no sepa o no pueda verlo. Me he traído de Zuera un poema que no he escrito. Los abrazos de Ángel y de Alberto. El programa de fiestas y el sabor de los higos. Los ojos de mi madre y de mi tía. La cena en el Roller con el tito Antonio (¡recién llegado de Córdoba!) y los sobrinos. La vista de la nueva villa desde la terraza. Los fuegos artificiales de San Mateo desde mi ventana, a lo lejos. Las sonrisas de mis sobrinos grandes, cada vez más grandes. La nostalgia por los pequeños... Es natural que Dios se comunique Es natural que llegue sin anuncio, Suele irritarme su actitud, la espera Arrojo el vino. Tiro la mesa Roberto Themis Speroni Ven, ven aquí, Ven, ven aquí Sí, ven aquí, Ven, ven aquí, Tus ojos dicen Hilario Camacho La mirada de Bette Davis para el poeta Antonio Pérez Morte. Con luces y sombras y un rapto de dolorosa melancolía. Antón Castro Podía haber elegido un texto de Cravan, una antigualla del Real Zaragoza, un poema de Martín López-Vega, un dibujo de Santiago Arranz, una pintura de Pepe Cerdá, cuatro versos en desorden, la imagen de una estrella de cine, una instantánea de Verón, un moñaco de Elisa Arguilé, un paisaje gallego, unos guantes de boxeo, una cita de Odón de Buen, pero se cruzó en mi camino esta tarta gallega y la rellené de cariño: ¡Feliz cumpleaños, Antón! Sem ti GONÇALO SALVADO Hilario se ha matado. Y yo aún no he podido reaccionar ante tan brutal noticia. Mi amigo Hilario Camacho, al que conocí desde que publicara su primer EP con Elisa Serna, Manuel Toharia, Luis Leal e Ignacio Fernández Toca, agrupados bajo el lema "La canción del pueblo", fue un extraordinario intérprete, siempre sonriente, melancólico y huídizo, introvertido y muy sensible. Tanto, que no ha podido soportar el hipócrita y casposo entorno con el que tuvo que convivir. A mi amigo Hilario le ha matado el asco que le provocaba esa sociedad. A mi amigo Hilario le ha matado la desilusión, el descompromiso artístico que asola al mundo de la música, la banalidad de los medios de comunicación, la falta absoluta de espacio para sus grandes canciones, el ambiente de imbecilidad permanente que se ha enseñoreado de España, con la connivencia de los intelectuales a sueldo del PSOE, de PRISA y de los franquistas que aún gobiernan en ayuntamientos, comunidades y diputaciones. Entre todos ellos le han matado. No lloren como hipócritas lo que pudieron evitar. ¿Te has enterado de eso, Teddy Bautista? ¿Y tú, Gonzalo García Pelayo, adorador de fascistas como Bush? Hilario es otro artista que muere para poder vivir en paz ¿Quién será el próximo? PD.- El periodista Santiago Alcanda, afirmando que Hilario eligio el día en que murió Elvis, para terminar su paso por la vida, ha pronunciado la estupidez más solemne de su vida. ¡Enhorabuena, chaval! Desde La Habana un fuerte abrazo a la familia de Hilario, al que no olvidaré nunca. Carlos Tena Llamas que se multiplican en el lienzo Teresa Salcedo / Pensamientos incendiarios (o no) , DPH, 2004 / |