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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Artículos. La memoria, caprichosa, retrocede veinte años atrás para devolverme la imagen lejana del corsario Petisme. Le veo regresar de nuevo, con pendiente y cintas en el pelo, surcando sin descanso rutas nuevas, contra la marea negra de esta bimilineria ciudad de apagoneses*. Capaz de casi todo, ha navegado por océanos de escrituras a contracorriente. Como un bardo suicida ha ignorado puertos más seguros donde atracar, para embarcarse siempre, en aventuras justas, solidarias y perdidas, por eso en su embarcación viajan los supervivientes de todas las pateras y las víctimas de todos los conflictos. Artesano del verso, trenza vida y muerte, amor y odio, hilvanándolo con la misma ironía, mordacidad e igenio, que utiliza para describir su obra. Una obra que descubriréis dejandoos atrapar en sus redes, por la palabra fresca y viva de este desbaratado bohemio, al que alimentaron Pessoa, Vallejo y Labordeta. Aquél que se tragó los buques de todas las botellas y salvó con su poesía alucinógena, alucinada, a más de un aragonizante, de la depresión del Ebro y las anfetas. Después de tantos años, hoy es tiempo aún de guerra y Ángel, conserva todavía en sus rasgos, la imagen de aquel corsario, al que la vida tatuó en el pecho, la paloma que le sustenta. * "Entonces comprendí que hay dos tipos de aragoneses: apagoneses y aragonizantes". Ángel Petisme (Los aragonautas, 1998) Estas últimas noches he dormido poco. El jueves me acosté tarde, muy tarde, para madrugar el viernes y despertar a un buen amigo que, ese día, comenzaba las vacaciones. Hablé con él, de la enseñanza, de lo duro que se ha puesto intentar ser un buen maestro, cuando tienes que bregar a diario con un puñado de niños problemáticos, marginados y con un claustro de profesores que si algún día tuvieron motivaciones vocacionales, el tiempo los ha ido transformando en meros funcionarios. Concepción Arenal, a quien la mayor parte de nuestros hijos desconoce, sabía bien lo que decía: buena parte de sus obras nacieron fruto de vivencias personales intensas, así como de su enorme capacidad de análisis sobre el comportamiento humano. Luego, recuerdo al tristemente asesinado político socialdemócrata alemán Willy Brandt, que también nos dejó un interesante legado, que habría que retomar más a menudo en esta sociedad cada día más carente de valores. Una sociedad que tiende de forma prioritaria a rentabilizar económica y/o socialmente, el mínimo esfuerzo en tiempo record. Una sociedad que prima una mal entendida eficacia para tratar de mostrarnos una imagen distorsionada de la realidad, intentando hacernos ver que las cosas no son importantes por lo que realmente son, sino por lo que aparentan ser. Brandt escribió que: "Permitir una injusticia significa abrir el camino a todas las que siguen". Años despúes murió convirtiéndose en protagonista de vieja y célebre cita de Lord Byron: "Los que mueren por una causa justa y noble, nunca quedan frustrados." Pablo, mi hijo mayor ha pasado una semana mala. Con sólo trece años es ya muy maduro y tiene un concepto claro y arraigado de la justicia. No necesita que nadie venga con monsergas demagógicas, a darle lecciones sobre el tema (se le pusieron más cuesta arriba las ecuaciones durante esta evaluación). En todo caso, y como a cualquier otro adolescente, no le vendría mal sumar voces amigas, que le hablasen con la misma sinceridad, que para bien o para mal, siempre derrocha: voces que corroborasen y fortaleciesen sus convicciones, en lugar de hacerlas papilla con actitudes impropias de quienes, sin nigún tipo de pudor, se autodenominan educadores. Antonio Pérez Morte Cuando el miedo golpea con la fuerza de hoy... Cuando las lágrimas son inevitables e inútiles las palabras. Cuando me siento un escritor frustrado, impotente, incapaz de reflexionar una vez más, sobre tanta sinrazón intolerable. Cuando no puedes decir nada que no suene a hueco y repetido. Cuando te sientes cansado, moralmente obligado a gritar de nuevo contra la barbarie, contra ese vértigo imparable e irracional de la locura. Cuando ni siquiera decir asesino es decir nada. Cuando sólo queda llanto y rabia, y la imagen herida de una españa que intenta levantarse del fango sangriento de la intolerancia, para vivir en paz. En libertad por siempre. Antonio PÉREZ MORTE Fotografía: EL País Le llaman discriminación positiva. ¡Qué contradicción! ¡Cómo si pudiese ser positivo cualquier tipo de discriminación! ¿Qué pensáis amigos/as? ¿Lectores/as qué opináis? Discriminación positiva: ¡Discriminación! ¡Queda muy progre para algunos partidos, establecer una cuota fija de mujeres en las listas, aunque luego se las ignore y se obstaculice, deliberadamente, el desempeño de su labor; aunque luego tengan que defender, en solitario, por sí mismas su integridad física y la libertad de expresión! Rosa, María, Dolors... sed valientes, más "valientes" que el ex-presidente González, que, en un acto más de cinismo, afirma que ante situaciones similares nunca se lamentó ni lloró. Hace unos meses en una breve entrevista que publicó Artes y Letras, respondí, entre otras a la siguiente pregunta: ¿Qué detesta mucho? No dudé en la respuesta: "La falta de respeto y la violencia". Hubiese respondido de la misma forma a esta pregunta en cualquier otro lugar, en cualquier otro momento. La falta de respeto, la hipocresía y sobre todo, la violencia, son desde siempre algunos de los comportamientos humanos que más detesto, los que más me alteran y aterran, por eso he estado siempre en contra de las guerras: La del Golfo, la de Irak... En estos días de subastas pre-electorales, en los que los "grandes" partidos intentan captar con sus ofertas de saldo y sus improvisadas promesas el voto de los ciudadanos indecisos o amnésicos, ando de un sitio para otro, huyendo de las eternas diferentes varas de medir existentes, en todos (he dicho todos) los deformativos televisivos y radiofónicos. Son ya más de treinta años, demasiado tiempo, desde que este hombre, que hoy tiene de cuarenta y siete, pegó su primer pasquín de sueños. Demasiado tiempo, luchando, bolígrafo en mano, incluso desde la militancia, robándole horas al sueño, como para permanecer impasible contemplando el triste, deplorable, e insoportable espectáculo de los tristes profesionales de la manipulación. Ando mareado y sigo donde estaba, en el mismo sitio de siempre, pero todo se ha movido a mi alrededor. Estoy contra las actitudes insolidarias y faltas de ética. Me da igual las siglas de quien las promueva: Todavía duelen más si vienen de partidos que se autodenominan de izquierda. Respeto todas las opciones que puedan darse en democracia. Para profundizar en ella los partidos políticos debieran ser capaces de realizar una profunda y sincera autocrítica, que les ayudase a llevar a cabo un proyecto prográmatico coherente o una oposición responsable, algo que hoy por hoy parece impensable y urgente. Urgente, también, sería realizar una profunda reforma de la ley electoral, "desproporcionadamente" injusta, y que incorporase por fin las listas abiertas. ¡No caerá esa breva! ¡Todavía estamos muy lejos de todo eso! Seguimos como siempre, con la eterna y absurda discusión sobre las condiciones y el lugar del debate entre dos candidatos (¡como si no hubiese más!). Mientras, contemplamos el triste espectáculo de un colectivo de artistas que "actúan" sólo para el presidente del Gobierno, tal como lo hacían los bufones ante la Corte. Estos artistas, que en los últimos años no han cesado de demostrar su sectarismo escandoloso, se permiten el lujo de descalificar e insultar a aquellos ciudadanos que no piensan votar al mismo partido que ellos: ¡Claro que hay, sectores sociales, profesionales y ciudadanos con distinto criterio, que no se sienten tan arropados, por el poder! ¡Quizá por eso -y a pesar de que en muchas ocasiones valoren su trabajo- no se decidan a poner su indice y pulgar ante el rostro, para hacer ese gesto del símbolo del canon, perdón, quise decir de Zapatero! ¡Nunca voté al PP! ¡Nunca vote AL PSOE! ¡No voy a "defender" vuestra alegría, prefiero seguir, triste o contento, sin traicionarme a mi mismo, sin remordimientos! Antonio Pérez Morte Julio Antonio Gómez Fraile, poeta y editor aragonés nació en Zaragoza el 27 de Mayo de 1933, en el seno de una familia pequeño-burguesa zaragozana que tenía fijado su domicilio en la calle Doce de Octubre. Estudió el bachillerato en el colegio de La Salle y a su término proseguiría su aprendizaje por sí mismo, de forma autodidacta. Para quienes no tuvimos la suerte de conocerle personalmente, los testimonios de sus amigos, Luciano Gracia, José Antonio Labordeta e Ignacio Ciordia, nos ayudaron a recomponer su retrato: el de un niño grande, bromista, caprichoso, juerguista y derrochador, pero también generoso e inteligente, culto, nostálgico y sensible, amigo de sus amigos. Homosexual perseguido. Protagonista de una apasionada vida de leyenda, llena de profundos y oscuros amores que le llevaron a vivir varios exilios voluntarios y forzosos, arrastrándole en dos ocasiones hasta la prisión zaragozana de Torrero. Hace casi tres lustros descubrí entre las páginas de un periódico inolvidable (El Independiente), al eterno militante de sueños que Andrés Rábago (El Roto), siempre ha llevado dentro. He tomado vermouth con Samuel Beckett en la Plaza Mayor de Salamanca. He almorzado en Chez Víctor con Ciorán. Carmen Martín Gaite vino al Novelty conmigo, pero se dejó el café. Estuve con Panero en la Iglesia de la Purísima y cené con Brel en el Chapeau. Hablé con Adares de su madre. Hacía calor y Ramón Irigoyen me prestó un abanico. Pasé la tarde con Juan Gil Albert. Se hizo tarde; hora de volver: En el Parador me aguardaban García Montero, Benítez Reyes y Valente. Abrí la puerta, los introduje en la maleta, los secuestré a los tres... Esta carta me la envió el poeta aragonés Antonio Pérez Morte después de una visita suya a la ciudad amarilla, hace una decena de años. Ha vuelto el otro día para rememorar ese pasado más imperfecto. Ahora andaban por aquí Luis Alberto de Cuenca, Pancho Céspedes y Julieta Venegas. Siempre cultura aquí y él en plan mágico pródigo fue relatándome sucedidos condecorados por lágrimas, para volver a purificarse entre la historia de Equis y un fin de semana junto a Alejandro Casona. Luego, ya habrá vuelto a su Aragón diario, a su vida repleta de vidas y al recreo perejilero de reunir ideas en bellos poemas. Según caminamos por la noche salmantina bellamente iluminada, tras la luz de un verso, con él se encendían los recuerdos y las afinidades electivas. Los recuerdos encendidos que siempre ardieron. Charlamos al amor del fuego, del fuego del amor; antes de llegar el día, que son palabras suyas; antes de que el cierzo arrastre las cenizas, antes de que se borren las huellas del incendio. Se acercaban el Día del Padre, el inicio de las alergias al polen, el enjambre del juicio contra esa canallada del 11-M, y se trajo a Miguel de Unamuno en una recopilación de Adolfo Sotelo. Le acompañé a la Casa-Museo rectoral para rematar una de las muchas tardes mirando la ciudad desde el puente romano, fotografía va y viene, cuando a través de un aparato informático nos enteramos del triste fallecimiento del puzzle vital de la play-mate Anna Nicole Smith y la histeria de los candidatos a ser padres putativos de ese bebé que heredará una cuantiosa fortuna. En esa glotonería de búsqueda de las cosas pequeñas rematamos una de las jornadas incluyendo en la maleta una visita al imaginario de Franz Ackerman. De nada les valió protestar a las suelas de sus zapatos el que día tras día remontásemos el curso del Tormes al amanecer para encontrar ese remanso de paz, la floresta en la que Fray Luis de León, ahí a los pies de Cabrerizos, se entregó en cuerpo y alma a huir del mundanal ruido desde ese sitio, uno de los más bellos rincones charros. Joan Gonper (Publicado en El adelanto de Salamanca, Martes 20 de Marzo de 2007) Manuel Vilas. Premio Jaime Gil de Biedma. VISOR. 124 PAGS. 8 € Intenso como el sabor de un Mágnum, Resurrección es un libro para consumirlo despacio: Envueltos en la crujiente cobertura del sarcasmo, Manuel Vilas nos ofrece en su última entrega poética, un buen puñado de versos dulces, amargos, impregnados de sinceridad y de rudeza, bajo los que subyacen la ternura y el dolor. Una ternura y un dolor, que afloran medio en broma y por sorpresa, en el discurso vital de este bardo, que ha ido consolidándose en los últimos años como uno de los autores ineludibles de la poesía española reciente. Su personalísima forma de abordar la literatura, siempre desde propuestas arriesgadas y tremendamente sugestivas, ha dado frutos de indiscutible calidad, pero difícilmente clasificables desde los parámetros habituales y casi siempre inamovibles, de la crítica literaria predominante. Resurrección poemario ganador del XV Premio Jaime Gil de Biedma, ha conseguido además del preciado galardón, la resurrección, o revisión crítica de la obra global del escritor, analizada ahora desde una óptica distinta, más certera y exhaustiva, capaz de mostrarnos con nitidez ese camino que él mismo ha ido pergeñando despacio, paso a paso y libro a libro. Resurrección es un libro extraordinario, cargado de poemas en prosa y verso largo, que cautivará a nuevos lectores; mientras, otros más avezados, volverán a atarse a la voz emocionante y torrencial del poeta de Barbastro: ¡Hace años descubrieron el placer de sentirse atrapados! Antonio PÉREZ MORTE (Qriterio aragones, nº 56, Agosto de 2006) El escritor zaragozano Francisco López Serrano (Épila, 1960), que acumula en su currículum numerosos premios literarios, ha alcanzado en los últimos meses una amplia repercusión en diversos medios de comunicación, gracias al galardón alcanzado en la última edición del Certamen de Cuentos Ignacio Aldecoa, con Las palabras muertas, un relato que "narra la peripecia de una mujer que va de editorial en editorial con el manuscrito de su hijo muerto , y que descubre que no sólo ha muerto en carne, sino que las palabras que constituyen ese manuscrito, en las que ella tenía esperanza y fe, también son palabras muertas. Existe una especie de doble muerte. . Es un cuento bastante triste y desolador..." Francisco López Serrano, que ya nos sorprendió hace poco más de un año con su extraordinaria primera novela El país de la lluvia (Prames, Zaragoza 2004), ha realizado también incursiones en el mundo de la traducción y de la poesía. Sú última obra publicada: Retrato de un asesino en prácticas (Pretextos, Valencia 2005), ha sido excelentemente acogida por lectores y críticos, este hecho ha insuflado al autor aragonés, buenas dosis de energía , para volcarse en la redacción de una serie de narraciones breves, en las que hallaremos un montón de originales historias, escritas con maestría, de forma única, con su personalísimo estilo, dificilmente alcanzable. Elena Sanemeterio Navas, escritora madrileña, ganadora de la 36 edición del Premio Ciudad de Barbastro de novela corta con Escalera de servicio (Prames 2005), ha sido para la editorial aragonesa un gran descubrimiento. Sanemeterio articula su novela con el telón de fondo de la guerra civil. Sin embargo no estamos ante una obra más sobre la contienda española. La autora ha escrito, desde una óptica diferente, la historia de una niña que comienza a ser testigo del mundo de los adultos, antes, incluso de nacer: Una historia que arranca en el seno materno, mientrasMadrid es bombardeado por los aviones de Franco. Alguien que sabe mucho de niños, paisajes y libros es el escritor serrablés Enrique Satué, autor de una docena de obras que abarcan la etnología, la literatura infantíl, y la Historia de la Educación. Satué nos ofrece una extensa colección de treinta y siete relatos, que agrupados bajo el título de Pirineo de Boj (Prames,2005), retratan la auténtica historia del Pirineo, desde la guerra de Cuba hasta nuestros días: Un presente de turismo rural y cañones de nieve, urbanizaciones y especulación salvaje, pueblos abandonados, escuelas y estaciones cerradas... Relatos que nacieron tras muchas horasde charla en el campo o junto al fuego, con gentes que le contagiaron su emoción y acrecentaron su eterna pasión por la montaña. Otro gran enamorado de la montaña es el zaragozano Alberto Martínez Embid, quien practica el montañismo desde la niñez en sus múltiples disciplinas. Martínez Embid ha colaborado en numerosos libros colectivos y ha publicado ocho, con el único objetivo de dar a conocer el Pirineo. Su última obra Yo, Henry Russell (Prames, 2005), es una apasionante autobiografía imaginaria del más celebre pirineísta: Un aristocrata irlandés que tras viajar por medio mundo exploró los Pirineos en toda su extensión, conquistó casi todas sus cimas, inventó el saco de dormir y las ascensiones invernales, obtuvo una concesión sobre el Vignemale y todavía le quedó tiempo para escribir un total de ochenta y tres libros. Russell, como los integrantes del equipo de Prames sentía una gran pasión por la literatura y a buen seguro, disfrutaría hoy, sosteniendo entre sus manos este apasionante y bello volumen, repleto de aventuras, que inspiraron al mismísimo Julio Verne y que acaban de ver la luz en la colección de narrativa, una colección que ha ido enriqueciéndose no sólo con la inclusión de nuevos títulos, sino también con reediciones tan importantes como El fragor del agua de José Giménez Corbatón o Nosotros, una novela imprescindible para los amantes de realidades alternativas, del escritor ruso Yevgueni Zamiatin. La colección de poesía sigue adelante, despacio, con paso seguro. Su última entrega El vigilante y su fábula, recoge la obra poética reundia (1959/2004) del gran poeta aragonés Rosendo Tello Aína, a quien José Carlos Mainer ha calificado como "la voz más importante, rotunda y original de la poesía aragonesa de hoy". Luis Felipe Alegre, otro grande de nuestra cultura, firma el prólogo de esta edición que no puede faltar en ninguna biblioteca. El libro de poesía más bello de cuantos ha publicado Prames se llama Zaragoza Marina. Un libro de gran formato, escrito por Javier Delgado a pricipios de los años ochenta, que vió la luz en la mítica Colección Poemas del inolvidable Luciano Gracia, y que ahora ha sido reeditado con magníficas ilustraciones del pintor aragonés Jorge Gay y un cuidadísimo diseño de Fernando Lasheras. José Carlos Mainer ha puesto prólogo a los íntimos emocionantes versos de Javier: "Tenías tú los márgenes precisos hasta que el mar impuso sus mareas como un reloj oscuro señalando el paso de tus círculos internos más allá de los límites del sueño. Tiempo y espacio huyeron la medida que aprendiste sencilla desde niña y en la dulzura de vuestra compañía se perdieron los aros y las cuentas de todo tu tesoro almacenado." ANTONIO PÉREZ MORTE. (Publicado en el número 54 de Qriterio Aragonés, Zaragoza, Junio de 2006) Lector, tienes por fin entre tus manos las ansiadas Memorias de Odón de Buen y del Cos, sabio inolvidable de Zuera y padre de la Oceanografía española. Una obra sobria, de indudable valor histórico y testimonial, caracterizada por la extraordinaria sencillez de su discurso, que te atrapará desde la primera página. Escrita de puño y letra a lo largo de 1.177 cuartillas, ha tardado sesenta años en ver la luz. El científico zufariense comenzó a redactarla en Banyuls sur Mer, el 17 de agosto de 1940, en condiciones muy diferentes a las que siempre soñó, lejos de su villa natal y desprovisto, casi por completo, de documentación y cuaderrnos de viajes, que hubiesen facilitado una labor que, indefectiblemente, tuvo que dejar a merced de la memoria. El original de las mismas, en poder de Jorge de Buen Lozano, fue transcrito por Mª del Carmen de Buen López de Heredia. Su colaboración, junto con la de Mariano del Cos Lamarca y otros muchos descendientes de Odón de Buen, ha permitido al Ayuntamiento de Zuera trasladar su obra a soporte informático, como paso previo a la revisión final realizada por la Institución Fernando el Católico de la Diputación Provincial de Zaragoza. Mis memorias guarda juntto al relato cronológico y personalísimo de los acontecimientos políticos y científicos que marcaron la vida del ilustre oceanógrafo, un autorretrato emocionante, dibujado a través de las apasionantes pinceladas literarias de sus extraordinarias vivencias. En estas páginas las hallarás a cada paso: pinceladas y trazos que van delineando, poco a poco, el admirable perfil humano de este hombre ejemplar, que dedicó su vida a tareas científicas, intelectuales y políticas, en beneficio de una sociedad que no siempre supo entenderle. Odón de Buen, que se definió a sí mismo como republicano, librepensador, ateo y darwinista, nos narra con lenguaje claro y sencillo, cada uno de los pasajes de este libro, en los que recorre las distintas etapas de su vida, haciéndonos partícipes de todos sus recuerdos: alegrías y tristezas, inquietudes y temores, logros y sueños. Sabremos cómo revolucionó el campo de la docencia, acabando con una enseñanza caduca, que era impartida con esquemas desfasados y que prescindía además, casi por completo, de las práctica. Nos emocionarán las aventuras de sus viajes a bordo de viejos fragatones de madera como la Blanca (superviviente de la batalla naval del Callao), siempre con más ilusión que presupuesto. Disfrutaremos con sus inteligentísimas observaciones, con sus brillantes y críticos análisis y autoanálisis. Nos indignarán sucesos dramáticos, cargados de injusticia, como los vividos en la Universidad de Barcelona en octubre de 1895, y remmemorados por él con tanta energía como lucidez. Allí se topó con los sectores más reaccionarios de la iglesia y fue apartado, temporalmente, de su cátedra, por el Gobierno de Cánovas. El Gobierno francés, para respaldarle, le nombró Oficial de Instrucción Pública. Descubriremos, también, al militante del Partido Republicano Centrista de Nicolás Salmerón, que fue protagonista de una breve, pero intensa carrera política en la que llegó a ser concejal de Barcelona y senador, y cuya ideología despertó, a menudo, fuertes recelos en aquellos que no le conocían. Honesto y noble, lo hallaremos defensor y garante de los intereses colectivos frente a las actitudes sectarias, difundiendo fervientemente las ideas republicanas y del librepensamiento, a través de centenares de artículos de prensa. Su sentido del deber le llevó a aceptar algún cargo, siempre de carácter exclusivamente técnico, con diferentes gobiernos. La dictadura de Primo de Rivera, haciendo suyos los planes del científico aragonés, creó la Dirección General de Pesca a la que anexionó el Instituto Español de Oceanografía (funfado por él), y nombró a de Buen titular de un cargo que mantendría con la Monarquía y la República. Cuando la República se proclamó, en abril de 1931, Odón había alcanzado la cima de la felicidad en lo personal y profesional y gozaba de un prestigio internacional que nunca antes había soñado. Sin embargo, aquella idílica situación duraría muy poco, la guerra civil llegó arrasándolo todo: le sorprendió en Mallorca, donde fue apresado, y hasta donde llegó la presión de países como Inglaterra, Francia y Dinamarca, logrando impedir que fuese asesinado, como Sadí, el tercero de sus hijos. Su muerte, marcaría para siempre la existencia de Odón de Buen. Tras un año en la cárcel fue canjeado por dos miembros de la familia Primo de Rivera y quedó en libertad. Al final de la contienda, en 1939, cuando la victoria de Franco estaba ya muy cerca, Odón marchó a Francia y luego a Méjico, donde murió en 1945, dejando esta obra inconclusa. Una obra que viene a sumarse a otros títulos también recuperados, recientemente, por el Ayuntamiento de Zuera y la Institución Fernando el Católico: De Kristianía a Tuggurt y Síntesis de una vida política y científica. Ojalá esta primera edición de Mis memorias constituya un nuevo paso en ese camino, que lleve a afrontar la recuperación bibliográfica de un autor interesantísimo, que fue capaz de volcarse, casi hasta el final de sus días, en unos textos tan limpios y cristalinos como rebosantes de pasión y sabiduría. Su enorme altura intelectual (se relacionó con los los grandes nombres de la ciencia y la política de la época) vuelve a brillar, una vez más, en el torrente incontenible de su voz, brava como la mar: en su palabra. Por encima de todo sobresaldrá siempre la memoria de un ser humano exttraordinario, que se adelantó a su tiempo, injustamente olvidado. ¡Recuperar su obra es rescatar un pedazo de nuestra historia! ¡Honrar su memoria, acabar con su exilio! Antonio PÉREZ MORTE (Introducción a Mis memorias, Odón de Buen y del Cos, IFC, Zaragoza 4 de Abril de 2003) Los restos de Rafaela Lozano, esposa de Odón de Buen, descansan desde hoy en el cementerio de Zuera, tal y como deseara el insigne oceanográfo zufariense, que regresó a casa hace tres años, procedente de México, donde murio exiliado en 1945. Desde 2003 el Ayuntamiento de Zuera ha intentado cumplir este deseo de su Hijo Predilecto, que por fin ha podido hacerse realidad, gracias a la colaboración de Roger Llull , alcalde de la localidad francesa de Banyuls Sur Mer, quien consiguió localizar la sepultura y contactó con Francisco Gracia Marcuello, alcalde de Zuera, que viajó hasta allí. Durante la jornada de celebración vivida hoy ha tenido lugar, entre otros actos, una charla debate que bajo el título "Odón de Buen, científico y político", ha contado con la participación de Orestes Cendrero (profesor emérito del Instituto Español de Oceanografía) y Vicente Martínez Tejero (miembro de la organización de los actos de "La vuelta a casa de Odón de Buen". Hasta el día 7 de Abríl permanecerá abierta la exposición de José Luis Cano "Odón de Buen, el republicano de los mares" en el Centro Municipal de Iniciativas Culturales. La biblioteca Municipal de Zuera expondrá, asimismo, numerosas publicaciones del científico aragonés. Las cenizas del zufariense Odón de Buen y del Cos retornan a su pueblo en abril, tras un largo exilio. Había nacido en la villa zaragozana el 18 de noviembre de 1863 y murió en el exilio mexicano el 3 de mayo de 1945. Entre esas fechas median más de ochenta años de una vida larga, dura e intensa, en la que este insigne oceanógrafo de tierra adentro, realizó importantísimos estudios científicos y revolucionó el campo de la docencia. Darvinista, librepensador y republicano. De Buen se topó con los sectores más reaccionarios de la iglesia y fue apartado de su cátedra por el Gobierno de Cánovas. Militó en las filas de Nicolás Salmerón, por cuya candidatura (Partido Republicano Centrista) fue concejal de Barcelona y senador. La guerra civil le sorprendió en Mallorca, donde fue apresado, pero hasta este punto alcanzó la presión internacional de países como Inglaterra y Dinamarca, logrando impedir que fuese asesinado. Tras un año en la cárcel fue canjeado por dos miembros de la familia Primo de Rivera y quedó en libertad. Al final de la contienda, cuando la victoria de Franco estaba ya muy cerca, Odón marchó a Francia, y luego a México, donde murió atormentado por la ausencia de Rafaela (su mujer, fallecida en 1941), el recuerdo imborrable de su hijo Sadí (fusilado por los sublevados en Sevilla en septiembre de 1936), y el viejo sueño de su imposible regreso. Odón de Buen siempre soñó volver a Zuera, lo dejó escrito con nostalgia, en las primeras estrmecedoras páginas de sus interesantísimas y todavía inéditas memorias, pero no pudo ser, aquel sueño fue como tantos otros un deseo incumplido. Zuera, su pueblo, tampoco le olvidó, los numerosos homenajes que la villa ha rendido al padre de la oceanografía española durante los últimos años, así lo demuestran. Ahora, de nuevo, a tan sólo cuatro años de aquel último reconocimiento, que sirvió además para reeditar sus libros, De Kristianía a Tuggurt y Síntesis de una vida política y científica (Ayuntamiento de Zuera / Institución Fernando el Católico), la localidad zaragozana se prepara, de nuevo, para rendirle uno más, quizá el mejor de los homenajes: Odón de Buen, sabio inolvidable de Zuera, volverá, definitivamente, a la tierra que le vio nacer. Odón de Buen y del Cos nació en el seno de una familia modesta. Sus padres, Mariano de Buen Ropín (sastre de esta villa) y Petra del Cos Corroza, tomaron conciencia muy pronto de la extraordinaria agudeza de aquel niño con cara de listoque, al margen de su gran capacidad intelectual, llevaba una vida similar a la de sus compañeros, con los que participaba activamente en juegos y travesuras infantiles. Sus profesores, Martínez y Casaña, le impartieron en Zuera clases de Historia Natural y de Latín, y le aconsejaroncontinuar sus estudios. Odón fue becado para estudiar el bachillerato en el Instituto de Zaragoza, ciudad a la que sus padres decidieron trasladarse para facilitar su educación. Con la mudanza a Zaragoza, la economía doméstica se tambaleó obligándoles a llevar una vida todavía más humilde, pero los progresos constantes del joven lograron que jamás se arrepintieran. Las dificultades económicas no impidieron a Odón relacionarse, su carácter abierto le llevó a hacer grandes amigos, entre ellos los hermanos Royo Villanova, Luis Ricardo y Antonio. Una beca obtenida por los buenos resultados en el bachiller, le da la oportunidad de cursar estudios universitarios tras realizar el cursso preparatorio en la Universidad de Zaragoza. Madrid y la carrera de Ciencias Naturales serán su próximo destino. En la capital de España, pensionado una vez más por el Ayuntamiento de Zuera, amplió su formación académica gracias a las lecciones teóricas y prácticas de algunos profesores de reconocido prestigio como Máximo Laguna o José Macpherson, con quien llegó a mantener una gran amistad. Con él realizó excursiones a la sierra madrileña, y en su laboratorio, excelentemente dotado de material, estudió la técnica petrográfica. Macpherson, según Odón de Buen, era un gaditano que "reunía la genialidad y gracia andaluza. la constancia y la persistencia y la paciencia anglicana. Macpherson practicaba la alta geología, no la ramplona del conocimiento superficial de los terrenos; escudriñaba al microscopio las estructuras, la génesis y la evolución de las rocas..." Las enseñanzas de Macpherson marcaron su educación científica y su obra posterior, además de amenizar una vida, todavía falta de atractivos. Fueron años en los que el estudiante zufariense tuvo que aprender a repartir su tiempo para poder asistir a las aulas como alumno, y a su vez impartir clases que le permitiesen ayudar economicamente a su familia. Entre sus primeros alumnos se encontraba el futuro dictador Miguel Primo de Rivera: "Miguel Primo de Rivera era un muchachillo travieso, genial, vivo, cuyo carácter despertaba en sus compañeros vivas simpatías; creo recordar que se preparaba para un ingreso en una escuela de ingenieros, pero se le atragantaban las matemáticas y estaba siempre apelando a mí para que le sacase de apuros... Recuerdo un episodio que Miguel recordaba en las postrimerías de su vida. Alejo Sesé me trajo, al volver del veraneo, una preciosa pistolita de Eibar, con las incrustaciones de ave que han dado fama a la industria. Me la pidió y como era natural se quedó con ella; pero manejándola se hizo sangre en una mano; primera herida de arma de fuego que sufrió el futuro dictador. Más tarde ingresaba éste en la Escuela Militar y salía muy joven, oficial de infantería". Durante este periodo estudiantil, Odón realizó estudios de hierbas y plantas, que incluiría más tarde en los Anales de Historia Natural (1883). Fue compañero y amigo de un estudiante de farmacia llamado Vicente Castelló, quien junto con su tío Pablo, se compadeció de su duro trabajo, recatándole de las casas de huéspedes y llevándole a vivir a su propio domicilio. En aquel ambiente acogedor y familiar, fortaleció su espíritu y su salud física, y creó junto a Vicente un Anuario Científico Español. En 1885 se declaró la epidemia de cóleraque invadió las riberas del Ebro y del Gállego, y Odón, que había concluido su licenciatura en Historia Natural, regresó junto a su familia retornada a Zuera. Su padre, todavía joven, murió: "Tuvo el consuelo de verme con la carrera terminada, pero no de verme disfrutar de la posición que logré crearme. Quedaron a mi amparo mi madre y mis dos hermanas. La mayor, Benigna, era animosa y muy inteligente, la menor, Pilar, más desgraciada. Sobrevivió mi abuela María, en la que tuve siempre, lo mismo que en mi tío Francisco, el mejor amparo. ¡Qué verano tan triste! ¡Y en que estado de ánimo volvía a Madrid, dispuesto a trabajar y luchar sin descanso! De nuevo en Madrid, recibió una noticia importante, iba a ser protagonista de una gran experiencia: había sido seleccionado para rrealizar investigaciones científicas a bordo de una fragata de madera llamada Blanca, superviviente de la batalla naval del Callao. La marina de guerra había preparado un viaje alrededor del mundo para instrucción de jóvenes oficiales, pero la falta de presupuesto lo redujo a dos etapas: la primera de ellas al norte de Europa y la segunda por el Mediterráneo y la parte septentrional de África. Ambas estuvieron plagadas de incidentes, contratiempos e incomodidades, pero en ellas se decidió la vocación oceanográfica de Odón de Buen. En estos viajes pudo visitar varios museos de ciencia y contactar con otros naturalistas europeos, así como conocer el Laboratorio Biológico de Marina que el gobierno francés había ubicado en Villefranche, entre Niza y Mónaco, y donde trabajaba en aquel momento, el prestigioso biólogo Hermann Fol. Las numerosas peripecias del viaje, no impidieron a Odón, realizar importantes estudios. Recogió dos especies de isópodos clasificados con nombre alusivo a su descubridor: Metopontus Bueni y Porcelio Bueni. De Buen, volvió de este viaje con grandes cantidades de material que sirvieron de base a otros grandes estudiosos, para fundamentar sus teorías. En su petate trajo, también un montón de experiencias , que relató durante unos meses de descanso en Zuera: "Escribí un libro relatando el viaje que titulé De Kristianía a Tuggurt, descriptivo y lleno de juicios inocentes; mi obra primera que hallo ahora llenísima de defectos, como escrita por un ingenuo, no por un ingenio, salido apenas de las aulas reducidas de una facultad pobre por todos conceptos, que no tenía la menor experiencia social. Pero aún con esos defectos, los relatos de viajes comenzaban a interesar al público y pude vender un número de ejemplares, inusitado en aquellos tiempos. Para escribir el libro me sirvieron de base las crónicas del viaje que publicaba Ariño en el Diario de Avisos de Zaragoza, popular diario que fue escuela de periodistas aragoneses." De Buen volvió a Madrid con la intención de ganar una cátedra en la Universidad. No se había desvanecido su espíritu aventurero, pero necesitaba la estabilidad económica suficiente para poder casarse. Preparó el concurso de la cátedrade Valladolid, en la que participó sin éxito. Poco después en 1889, obtuvo la de Zoología en la Universidad de Barcelona, que ocuparía hasta 1911, año en el que se trasladó a la Universidad de Madrid. La Facultad de Ciencias de Barcelona no gozaba por aquellos años de prestigio. Los profesores manifestaban permanentemente su deseo de trasladarse a otras universidades. La enseñanza teórica era impartida con esquemas trasnochados y la práctica apenas existía. La llegada de Odón revolucionó aquel tristísimo panorama. Creó la Sección de Ciencias Naturales, introduciendo material científico muy moderno para aquella época. Las prácticas de laboratorio y las salidas al campo pasaron a ser algo habitual. Estableció una colaboración estrecha y fecunda con la Estación Biológica de Banyuls. Esdcribió unos manuales de consulta muy extensos, en ellos, explicaba los fenómenos naturales, con planteamientos evolucionistas que rehuían rodeos y pormenorizaciones excesivas. Este zufariense, considerado como uno de los principales introductores del darvinismo en España, sufrió intensas presiones del obispo de Barcelona, cardenal Casanyes, que declaró herética su obra didáctica. Casanyes dirigió una operación de acoso, que acabó con la separación de la cátedra a Odón de Buen. Este hecho provocó disturbios callejeros de numerosos estudiantes que no aceptaban su destitución así como el cierre de la Universidad. El gobierno francés, para apoyarle, le nombró Oficial de Instrucción Pública: "Era el año 1896. En octubre del anterior, los elementos reaccionarios de Barcelona, seguramente apoyados por los jesuítas e incitados por profesores arcaaicos de la Universidad, lograron del Gobierno de Cánovas del Castillo que se me suspendiera en el ejercicio de las cátedras universitarias que desempeñaba hacía siete años. Para el profesorado clerical, hicieron mis lecciones, desde el primer curso, el efecto de una bomba. Rompía con una tradición arraigada en lo que llamaban enseñanza de las Ciencias Naturales: memorista descriptiva, sistemática, una sucesión de clasificaciones y nombres raros que eran el tormento de los estudiantes y les hacían odiar la Geología, la Mineralogía, la Botánica y la Zoología..." Odón acabó desde la primera clase con esa enseñanza caduca, organizó prácticas y puso en manos de los alumnos el microscopio y el bisturí. Inspiró sus lecciones de los seres vivos en la Biología y en la Química Biológica, y en la esplendida Biología de Letourneau; dio al estudio teórico y práctico un carácter biológico y apuntó una filosofía fundada en la evolución. Explicó lecciones de una geología y una Mineralogía vivas y evolutivas. Llevaba a sus alumnos al campo a estudiar la Naturaleza, y poco a poco fue ganando la simpatía y admiración de su joven alumnado. En las campañas políticas, difundía fervientemente las ideas republicanas y librepensadoras. Colaboraba también en Los Dominicales del librepensamiento que dirigía Rafael Lozano. Allí conoció a la hija de éste, Rafaela, una mujer llena de virtudes, que influiría decisivamente en su vida; con ella contrajo matrimonio en agosto de 1889 y tuvo seis hijos: Demófilo, Rafael, Sadí, Fernando, Elíseo y Víctor. Publicó una Historia Natural completa (Zoología, Botánica y y Geología) con ilustraciones y grabados, que tuvo gran aceptación en España y varias repúblicas de América. Algunos profesores retrógrados promovieron junto a los jesuítas una excomunión de estos libros, pero erraron los malintencionados censores, porque de Buen, no había declarado como de texto sus libros y tampoco los impuso ni recomendó a sus alumnos. En un Congreso Internacional de Librepensadores, celebrado ese mismo año, se reunían numerosos científicos y parlamentarios, y Odón organizó una expedición de más de trescientas personas, fletando un barco que realizó el viaje entre Barcelona y Civitavecchia. Tras ese encueentro mundial que presidió el celebre naturista y filósofo Ernesto Haeckel, comenzó el día 2 de octubre su curso de Universidad: "A los pocos días, anunciaban los periódicos de la noche el acuerdo del Consejo de Ministros, suspendiéndome en el desempeño de mis cátedras. Se envió al rector de la Universidad, la real orden consiguiente, para que se me comunicara, documento que nunca llegó a mis manos, ni vieron mis ojos. Porque se amó la de Dios es Cristo, como vulgarmente se dice. Cuando fuí al siguiente día a dar mi clase, me esperaba ante el edificio universitario una muchedumbre de estudiantes y de obreros que me acompañaron hasta el aula, incapaz de contenerles, y a los gritos de ¡Viva Odón de Buen!, invadieron las galerías que conducen a la rectoral, echaron por la ventana los muebles del rector, y tras ellos hubieran también arrojado al imprudente profesor si amigos míos juiciosos no lo hubieran evitado. Se cerró la Universi |