Blogia
Antonio Pérez Morte

Diario

No puedo desconectarme.

No puedo desconectarme.


No puedo desconectarme. Estoy cargado a tope. Apagado como un móvil en huelga. No me salva ni el subidón del Algidol, ni el bajón de la codeína.   Tendré que volver a los remedios tradicionales:  Las infusiones con limón,  el calor de los amigos y absorber, como un vampiro, la energía desbordante del último Rolde... 

 

UN INTRUSO EN LA MOCHILA

UN INTRUSO EN LA MOCHILA

Llevo una semana con gripazo.  Creo que lo trajo  Pablo, del Instituto, el Viernes doce de Enero.    Llegó  más cargado que de costumbre,  con una mochila superhinchada...   Para mi, que entre los libros de Matemáticas, de Música, de Tecnología...  se le había camuflado el intruso que primero se cebó con él y luego nos ha tenido mártires durante una semana larga, a sus padres y hermano. ¡Todavía sigue dando coletazos!  Digo que pudo ser Pablo el portador, pero no lo tengo claro, porque también visité el blog de mi amigo Ángel Petisme, que  andaba algo fastidiaducho y quizá lo pude pillar allí: Ya se sabe que los antivirus no son fiables al cien por cien.  Por eso no he aparecido por aquí, ni por los blogs de los amigos y por eso he vuelto a dejar sin respuesta mis correos, para no contagiaros...  

Sólo he hecho lo inevitable:  Trabajar como un pringado (muy responsable eso sí) en la empresa,  donde todos  los  demás  andan también con las pilas bajas.   La semanita fue muy dura, currando con  treinta y ocho (administrativos no) grados de fiebre.   El sábado y el domingo he intentado descansar, pero aún así estoy como si me hubiesen manteado...  Tanto, que todavía rondan por aquí, intactos, los  libros y revistas que me han ido llegando y no he tenido energía para desprecintar y  ojearlos.  ¡Todo se andará!   ¡Yo creo que, de momento, esta batalla está vencida, aunque me sienta un tantico derrotado!  ¡Abrazos!    

¿Qué hago aquí?

¿Qué hago aquí?

¿Qué hago aquí otra vez, frente a la página en blanco? ¿Ensayar otro monólogo? ¿Escribir un soliloquio?  No. Mejor releer los incombustibles versos de Miguel *.  

¿Qué hago aquí?  Hilvanar palabras para pediros perdón por mi silencio.    Habéis bloqueado la bandeja de entrada de mi correo con vuestro cariño y habéis llenado de  afecto el corazón de mi móvil, mientras yo, como siempre, sólo buscaba tiempo.    

Gracias a Angelines y Ada, a Samuel y Jaime, a Amparo y Miguel, a Trini Raso y Santiago Arranz,  a Manuel Vilas, a Fernando Sarría y Luisa Miñana, a Alison y Rafael Marijuán, a Magda Díaz Morales,  a Francisco Grasa,  a Manuel Guerrero, a Enrique Naveyra y Silvia Mercuri, a Raquel...  y al resto, a ese listado interminable de hermanos a los que dejé sin respuesta. ¡Sabéis que os quiero!  ¡Feliz Navidad a todos!        

* Labordeta

Canto

Canto

Vuelvo a  Silvio.   Escucho a Silvio Rodríguez nuevamente,  intentando que su canto no me duela.  Vuelvo a Silvio, como quien regresa al pasado sin mirar atrás, como quien vuelve al borde del principio, para recuperar con esperanza, el tiempo perdido.    Vuelvo a Silvio,  a  Pablo,  a Víctor,  a  José Antonio,  a Luis,  al otro Pablo,  A Luis Eduardo...   y recompongo con sus voces el puzzle musical de mis recuerdos y en silencio... canto.                    

Golpes de mar

Golpes de mar

Juan canturrea a mi lado Golpes de mar igual que lo hacía su hermano Pablo nueve años atrás, cuando Ángel sacó a la calle aquel hermoso libro-disco titulado Cierzo.    El benjamín de la familia se ha percatado de que mi amigo "el calvo de Aragón Televisión y del Heraldo"  ha escrito un libro que se llama como la canción de Petisme y quiere que se lo vaya leyendo a "cachicos" por las noches...  He tenido que decirle que no puede ser, y explicarle que no todos los cuentos son para niños, aunque él haya cumplido ya cinco años; haya ido al cine  por primera vez y sepa cosas de mayor como que "algunas mujeres venden los besos a cinco euros, pero menos mal que no son nuestras madres... ¿verdad, papi?    Tendré que "adaptarle algún fragmento de los relatos de Antón y pedirle, por favor, que "invente pronto un periódico de niños, lleno de dibujicos".

Entre bambalinas

Entre bambalinas

Esta página es un escenario con fondo amarillo.   Tras el pálido telón, entre bambalinas, se cruzan a menudo,  personajes secretos que me regalan expléndidos textos,  dibujos o canciones,  mensajes  imborrables,  huellas transparentes  o  simplemente  vienen, porque sí,  a darme las buenas noches.  

Esta página, a veces permanece en silencio y otras, vuelve con música, con una música callada que quizá nunca oíste y ahora, de pronto, por primera vez escuchas,  gracias a la voz de un mudo apuntador.
¡Gracias a todos! 

Domingo

Domingo

Siempre llueven las ofertas a deshora.  Las rechazo todas, para no caer, de nuevo, en la ansiedad.   En otro tiempo, mis otoños eran estaciones fecundas de creación, ahora no.   Ayer anduve de bajón: de la cama al sillón, del sillón a la cama, fatigado, sin encender siquiera el ordenador.  Dormí mucho y hoy he despertado mejor.   He salido con Pablo, mi hijo mayor, a buscar la prensa y hemos hecho unas páginas de lectura con Juan.  

Durante la mañana, ejercicios de relajación  y ver volar a los milanos que rondaban la casa, en busca de presas, me han devuelto la energía perdida.   He leído, los suplementos culturales del jueves pasado y toda la interesante información que sobre Santiago Arranz y sus numerosos y atractivos proyectos, me remitió hace unos días, su mujer, Trinidad Raso.    Habrá que hacer algo, algo más, lo que haga falta, para que este gran artista que ha dejado grabadas las muestras inequívocas de su talento, en las superficies de la Casa de los Morlanes, el Centro de Historia o el novísimo Bussines Center, obtenga el reconocimiento que merece, aquí, en su tierra.   

FINDE

FINDE

No  ha  ido  mal el finde, como dicen ahora los adolescentos y adolescentas. No ha ido mal: Ha habido tiempo para hablar con los amigos, para  pasear y ver animales de más de dos patas, para comprar libros y periódicos que, según mi hijo Juan, son mis recortables.    Juan, que ha secuestrado hoy a la entrañable Lola Clemente, durante su estancia en nuestra casa y  me ha regalado un nieto diminuto, de todo a cien, al que ha bautizado, con apellido incluido, como Javier de la Sierra y a quien le vamos a enseñar y contar todos, todos los  cuentos de Daniel Nesquens y Elisa Arguilé.     Juan, que "charra" por los codos y quiere ir al Valle de Roncal con Labordeta, a comer queso.  Juan, que sólo quiere ir descalzo y en pijama...   y ejerce de ventrílocuo con todos los moñacos, almohadas y cojines de la casa.     Juan, que me chantajea para que le haga mimos y cosquillas en la espalda; para que le de columpiadas y le deje mis antiguos juguetes de hojalata...     Juan, que no entiende porque ya nadie habla del ácido bórico, pero sí de Israel y la guerra civil.   Juan: Un abuelico pequeño y sentencioso,  que nos hace reir tanto, como a él la Pantera Rosa...                 

Día marrón

Día marrón

El día está marrón:  Quizá llueva barro.
Escucharé a Aurora Beltrán. 
Me haré un gorro con El Mundo y el Heraldo. 
Me beberé el anoréxico  "Artes y Letras"
y devoraré "El Cultural"  entre los charcos...   

Tanto sueño...

Tanto sueño...

Volver al borde del principio para desempolvar, por ejemplo, los viejos discos de Raimon, Llach y Labordeta, o los incombustibles poemarios de Blas de Otero y de Celaya.

Acariciar a Juan, mientras contempla, sorprendido, las fantásticas imágenes de aquel magnífico libro (Leyendario -monstruos de agua-) que nos regalaron hace ya dos años los dos Óscar´s: Óscar Sipán Sanz y Óscar Sanmartín Vargas.   

Volver atrás para reescuchar una vieja canción,  para leer la vida una vez más, para contemplar con los mismos ojos, junto a otros ojos limpios y nuevos,  las mil caras de tanto sueño.   

¡AQUÍ ESTOY!

¡AQUÍ ESTOY!

Llevo muchos días sin asomarme al blog. ¡Aquí estoy!  Como cantaba  Nacha Guevara, pero con menos voz: ¡Aquí estoy!    Aquí estoy como siempre, lleno de proyectos,  buscando  un tiempo que el lunes estuvo a punto de robarme, para siempre, un furgón de reparto cuando cruzaba camino de la oficina, la desastrosa Plaza de Azpe de Sabiñánigo:  Un espacio muy peligroso, mal acotado, sin pasos de cebra ni semáforos,  por donde circulan a diario, jugándose la vida, involuntariamente, a la ruleta rusa, centenares de peatones frente a numerosos conductores suicidas...    

Aquí sigo, ordenando textos, acabando artículos que ya no publicará Qriterio; intentando contestar a las cartas y a los e-mails que envían a diario compañeros y amigos;  rodeado de libros precintados; pasando de antologías a las que no llego...    Rumiando mi ultimo viaje a "tierra baja" y  llenándome de recuerdos de amigos recuperados por un instante  a la puerta de la biblioteca, del kiosko o en mitad de la calle.   He visto estos días a mi madre y hermanos, a mis tías, a un puñado de amigos, a algunos viejos faranduleros de los ochenta  a quienes quiero mucho y con quienes hace mucho que no coincidía;  además me quedó tiempo para tomar un cafecico en el Levante.  

¡Aquí estoy, de vuelta, entre albaranes, facturas, presupuestos, tareas domésticas y algún que otro ansiolítico que me ayude a mantener el tipo;  mimando a mis hijos; contento de estar vivo.    Este año he escrito, con adelanto y para que no se pierda mi carta a los Reyes Magos:  Les pido un paso de cebra y un equipo de gobierno competente para Sabiñánigo, la capital del Serrablo.   Sé que la cosa está difícil, pero todavía creo en los milagros.

Aquí.

Aquí.

Aquí, en este espacio en blanco cabe cualquier cosa, no hay límites, salvo los que tu establezcas.   ¿De qué color es la nieve?  Puedes extenderte lo que quieras.  Puedes manchar  al azar, como con una blasfemia,  la superficie en la que otro busca para sí un trozo de tu alma.  Tinta negra negra.   Pisa, pisa con fuerza el teclado hueso que han borrado las yemas de tus dedos.  Deja que corra la tinta  hasta que no puedas. Sigue. No releas. ¿Qué importa que no pienses lo que escribes? ¿Qué importa, ahora, que no sientas lo que dices?  ¿Que no lo sepas? ¿Qué importa que  ya no seas tú? ¿O quizá lo seas? Aquí en este espacio en blanco, empezaste a escribir hace dos años, pensando quizá que cualquier cosa  cabría y  que no hallarías más límites que los que tu mismo establecieras. ¿Cuántas patas tiene un perro? Puedes continuar. ¡Inténtalo si tienes fuerzas!  Puedes reinventarte o repetirte si continúas arañándole a la rutina y al sueño, alguna hora más. Si logras averiguar las palabras perdidas y vuelves a escribirlas con tu viejo pilot verde.  Autoguardado mientras escribes un artículo nuevo.  Probablemente.  No sé qué decir y a lo mejor me callo o  copio y te regalo una muestra del realismo sucio y hondo de David González Díaz.  ¡Un verso de Manolo Vilas es casi una novela!  Los críos duermen. Ana hace sudokus. Yo escribo, escribo, escribo medio dormido sin parar hasta que esto se bloquea y de milagro, tras un rato de tensión (¡San Licer, Patrón de Zuera!), recupero el texto que otras veces he extraviado para siempre, por los agujeros infinitos de la red.   Cualquier día me colaré por ellos yo también y dejaré a David Mayor o Nacho Escuín, esperándome sobre la mesa.   Mientras tanto, aquí en este espacio en blanco, me desangro, me desnudo, me vuelvo transparente...   Y sigo porque sí  (o ¿por qué  no?)  aquí tendido: hecho un trapo.

       

SILVIO EN LA VENTANA

SILVIO EN LA VENTANA

Llevo una semana sin asomarme a la  ventana, a esta ventana mía y vuestra.  Una semana  sin compartir otra cosa que el silencio:  No he tenido tiempo  para contestar a los mensajes que saturan mi cuenta de  correo, pero prometo hacerlo:    Ando enfrascado, ahora, en proyectos urgentes y vencen los plazos, inexorablemente, como los de las hipotecas  (Juan quiere una naranja, de ING, porque es su color preferido).       Intento desconectar, a ratos, para  escuchar a Petisme y  leer sus poemas; para ojear el extraordinario catálogo de Pepe Cerdá y Carlos Castán que me envió el otro día Lola Aventín; para ver el Borradores de Antoncico que ya es un clasico de nuestro vivir cotidiano.  Eso y leer su  excelente rotundo y Cuento del Domingo pasado en el Heraldo o su entrevista a Silvio...   aquel Silvio con quien huímos, entre botes de humo y pelotas de goma, a finales de los setenta, del pabellón  francés de la  vieja Feria de Muestras de Zaragoza, para sentarnos, un poco más tarde, a su lado (y al lado de Pablo Milanés),  en los jardines del Parque Grande y disfrutar de aquel concierto íntimo e irrepetible,  escuchándoles cantar "a pelo" (no a capela),  como se hacía casi todo en aquellos años, de lucha y esperanza.   

Mi Outlook se ha vuelto loco...

Mi Outlook se ha vuelto loco...

 

Mi Outlook se ha vuelto loco, elimina los mensajes, los traga deprisa, sin piedad, sin darme tiempo a verlos, a saborearlos.  Mi Outlook acaba con todo, menos con el spam, que sigue intentando casarme con la rusa y venderme un Rolex y seis cajas de valium; que quiere hacerme socio de un casino y alargarme el pene...   Esta página, mientras,  hay noches y días, días y noches, que va a pedales: Elimina cuanto escribo. Se ceba con los amigos: Víctor Pardo,  Víctor Juan,  Sergio del Molino,  Ana María Navales, David Rodríguez...     Escribo poco y lo poco que escribo desaparece,  menos mal que toda, toda la actualidad cultural la captura nuestro inagotable Antón Castro, para mostrarla después en  Borradores, Artes y Letras y  su  magnífico Blog.   

Adios Agosto

Adios Agosto

Se me ha ido Agosto,  esperando un descanso que no llega.   Ha dejado un paisaje desolado de  añicos de recuerdos y  plantas destrozadas  junto a las canciones huérfanas  de Hilario Camacho y  Carlos Carabajal.      Se ha ido, disfrazado de otoño  antes de tiempo, rompiendo a la mitad un verano que pudo ser nuestro y no es de nadie.   Se ha ido,  maldito agosto,  de golpe,  sin paseos nocturnos, sin charlas de terraza,   sin la fresca de la noche ni el calor de los amigos.    Se ha ido llevándose  poemas,  artículos y cartas que no  he escrito, ni escribiré nunca...    Se ha ido deprisa, dejándome esta absurda innecesaria sensación de pérdida y mi entera, inabarcable ansiedad.                 

LA TARTA DE ANTÓN

LA TARTA DE ANTÓN

Podía haber elegido un texto de Cravan,  una antigualla del Real Zaragoza,  un poema de Martín López-Vega,  un dibujo de Santiago Arranz, una pintura de Pepe Cerdá,  cuatro versos en desorden,  la imagen de una estrella de cine,  una instantánea de Verón,  un moñaco de Elisa Arguilé,  un paisaje gallego, unos guantes de boxeo,  una cita de Odón de Buen,  pero se cruzó en mi camino esta tarta gallega y la rellené de cariño: ¡Feliz cumpleaños,  Antón!  

Me he traído de Zuera.. (18 de Agosto de 2006)

Me he traído de Zuera..      (18 de Agosto de 2006)

Me he traído de Zuera un poema que no he escrito.  Los abrazos de Ángel y de Alberto. El programa de fiestas y el sabor de los higos.  Los ojos de mi madre y de mi tía.  La cena en el Roller con el tito Antonio (¡recién llegado de Córdoba!) y los sobrinos.  La vista de la nueva villa desde la terraza.  Los fuegos artificiales de San Mateo desde mi ventana, a lo lejos.   Las sonrisas de mis sobrinos grandes, cada vez más grandes.  La nostalgia por los pequeños...          

Seis días en Zufaria (17 de Agosto de 2006)

Seis días en Zufaria      (17 de Agosto de 2006)

 

Estamos preparando, de nuevo, las maletas para el Serrablo, después de comer saldremos hacia Sabiñánigo para encontrarnos con los destrozos de "la pedregada":   En el trabajo el granizo ha agujereado la cubierta del almacen y ha abollado todas las persianas.  ¡No sé qué habrá pasado en casa! 

Durante mi viaje anterior a Zuera, hace apenas un mes,  también el cierzo se ensañó en el estudio y el comedor, arrastrando los libros en remolinos increíbles, descolgando fotografías y cuadros, las hermosas serigrafías de Natalio Bayo...   ¡Es el tiempo!   Y de tiempo perdido y no recuperado es esa gran desazón, esa angustiosa depresión contagiosa  de  mi  madre,  a  quien  nadie  consigue  despojar  de  su  enorme  sensación  de soledad. Estos días la hemos "secuestrado" y la hemos llevado de su casa a la nuestra, porque tampoco se deja...   Hemos ido a pasear con ella por el  Paseo Fluvial del Gállego,  por el parque.   Sólo sus nietos consiguen arrancarle, de vez en cuando, una sonrisa.    Sus nietos que le cuentan historias y le cantan, que le hacen mimos y la quieren como la queremos todos, aunque a veces no sepa o no pueda verlo. 

Sábado 12 de Agosto

Sábado 12 de Agosto

 

Salimos de Sabiñánigo el sábado 12 madrugando, después de dormir tres horas escasas.   Juan, el más despierto de los tres,  fotografió el camino con sus ojos azules e intensos.   Paramos en Huesca, su pueblo, para comprar el periódico y una caja de Conguitos.   En Zuera, como casi siempre, nos esperaba mi hermana Maribel, que nos acercó a casa, para poner todo en marcha: ventilar, encender la luz, abrir el agua...    Luego, después de estrujar cien manos y besar veinte mejillas, un par de horas en casa de mi madre, para verla llorar de alegría y de tristeza, porque como dice mi hermano Víctor: ¡Las Morte, todo lo arreglan llorando!   

Al final de la mañana, hacer la compra evitando lugares demasiado concurridos, para no demorar  la marcha a Zaragoza con los besos y achuchones de mis paisanos.     Hacia las dos menos cuarto nos marchamos a la capital del cierzo para comer con los Cuenca-Ramos, en cuya casa nos esperaba  Pablo.    Después de comer, marathon de compras en Grancasa, para renovar el ropero de esta  pareja de fieras del crecer.    Yo no encuentro la ropa que quiero, así que le compro unos pendientes a mi hermana y para mí  un disco de rock y de nostalgia, un disco de Los Coyotes que está en mi talla.   

Cuando ya nos hemos hecho con el último ticket, sin dejarnos tomar el pelo con una engañosa campaña publicitaria en Media Mark, nos viene a buscar Seve, que carga con nuestro cansancio hasta la primera noche de Zufaria, por allí ha pasado mi hermano antes de marchar a la playa,  pero un malentendido ha impedido que nos veamos.       

HIGOS ROBADOS (Para José María Ariño)

HIGOS ROBADOS   (Para José María Ariño)

Hace calor. Sigue haciendo calor y  he trabajado mucho. Todavía estoy en la oficina, así que me he decidido a abandonar, por un momento, los papeles, las facturas y albaranes, las cartas... para dar una vuelta por la blogosfera.   Ahí afuera he paseado por las páginas amigas de mis amigos escritores y poetas...   En mitad del camino he encontrado la pequeña parcela de José María Ariño, y en ella  este hermoso plato de higos frescos.  Se los he robado.   Necesitaba  fruta fresca y al tomarla, he recuperado el sabor dulce de las viejas tardes de hace ya tantísimos veranos,  en Zuera.  Allí, en el pequeño campo que la tía Blasa tenía junto a  la carretera de Francia, recolectábamos los higos blancos y negros, negros y blancos.   ¡Inolvidables sabrosos higos de la infancia!

Antonio Pérez Morte (11 de Agosto de 2006)