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Antonio Pérez Morte

POEMA PARA TENER CASTILLA (Joan Gonper)

Nadie recuerda nada;

una voz un instante

en medio de la tierra.

 

Joan Gonper (de Teoría de la Presencia Celya, Salamanca, Septiembre de 2004)

 

Los inmortales (Manuel Vilas)

Los inmortales   (Manuel Vilas)

No me llames Miguel, llámame Saavedra, mi segundo apellido, es el que uso desde hace unos cuan­tos años, demasiados años, me gusta mucho Saavedra, pero aún me gusta más SA a secas, llámame SA, y cuan­do lo escribas, pon la «a» con mayúscula para que no se confunda con el pronombre «se», tan frecuente en el español; ese «se» que, por otro lado, vuelve locos a los gramáticos porque tiene usos variopintos y oscuros; me cae bien ese «se», tan español, y en el fondo tan brutalmente latino; es increíble la cantidad de funcio­nes gramaticales que tiene encomendadas ese pronom­bre «se»; yo diría que es la palabra más enigmática del español; me gusta cuando aparece con valor reflexivo, pero también en las llamadas pasivas con «se», donde ya no hace de pronombre, y también en las impersona­les del tipo «En España se bebe mucho», donde tam­poco es pronombre. Nadie sabe muy bien qué es o en qué se convierte cuando no hace de pronombre, una especie de criatura gramatical enigmática y maligna. Es fascinante. El «se» es una criatura mutante. Por eso, llá­mame SA, y la «a» con mayúscula, una buena A, gran­de y firme, para que no haya colisión con esa superpa­labra. El español es una lengua inventada por el Diablo. Todos somos seres inventados por el Diablo, o por Dios, y su mismísimo hijo Jesucristo, da lo mismo.


MANUEL VILAS, Los Inmortales   -fragmento- , Alfaguara 2012, págs. 16-17.

Fingir el sueño (José Ángel Barrueco)

Fingir el sueño   (José Ángel Barrueco)

leía mucho por las noches
como ahora, como siempre

al oir el portazo de mi padre
tras regresar a casa del trabajo,
cerraba el libro, apagaba la luz y fingía el sueño

unos minutos después sentía
el movimiento de la manija de la puerta
una mano giraba el pomo:
despacio
muy despacio
en silencio casi absoluto

abría un ojo y notaba la luz filtrándose
en el cuarto desde el exterior

en la rendija entre la puerta y la jamba
asomaba su cara como una aparición fantasmagórica

¿estás dormido?

pero yo no contestaba
fingía un sueño profundo
aguantaba la respiración

alguna vez respondí,
y eso supuso varas horas
de monólogo o, lo que era peor,
alguna bronca, algún desahogo
sobre su trabajo, su madre o la mía
y los disgustos que le daban

en la distancia,
ahora veo que
no hay nada
tan triste en la noche
como un hijo fingiendo
su sueño para no hablar con su padre.

 

JOSÉ ÁNGEL BARRUECO

(Incluido en el poemario inédito Le aplastaré con mis versos)

Un sueño martillea (Ángel Guinda)

Un sueño martillea    (Ángel Guinda)

UN SUEÑO MARTILLEA  la red de mis neuronas: un niño cruza el mundo con un féretro al hombro, y ese niño soy yo.

Ángel Guinda

(Espectral,  Ediciones Olifante, Zaragoza 2011) 

 

 

 

 

 

¿No me recuerdas? (Jorge Barco)

¿No me recuerdas?             (Jorge Barco)

Acaso haya cambiado en estos años
tanto que ni yo me reconozca.
No sé,
tal vez fue un sueño ayer el conocerte,
que habláramos bajo la lluvia del otoño,
sentir mi corazón cómo latía,
oír tu nombre y no querer saber tus años...
Hoy la ropa ya te queda estrecha, a la altura 
del pecho, y los niños hacen cola
para hablarte. Acaso haya cambiado
en estos años tanto que ni yo mismo
me reconozca, pero he llegado lleno
de recuerdos, de lo que no pudo ser,
de todo aquello; y por mi corte de pelo,
la barba, la poca luz del disco-pub o
el ciego que traías, por algo, no me has reconocido.

Tu prima se acerca y dice: perdónala,
está un poco borracha.
Y yo pido otro whisky para intentar
olvidarte.

                                    (JORGE BARCO)

-fragmento- (félix romeo)

-fragmento-                        (félix romeo)

"Tendría que saber cosas que no quiero saber."

                                                  félix romeo   (amarillo)

Disfraces (Nacho Montoto)

Disfraces   (Nacho Montoto)

Debajo de mi piel
hay un niño dormido.

Nacho Montoto.

Stéphane (Antonio Pérez Morte)

Stéphane   (Antonio Pérez Morte)

 

 

Stéphane  
está sorprendido,
su mensaje de protesta pacífica
ha trascendido
el fenómeno editorial
para convertirlo en un movimiento social
que agita conciencias
y arrastra multitudes a la calle.
Es todo tan hermoso y positivo
que Hessel, no sin pudor,
baña sus ojos de nonagenario optimista
en las imágenes de Sol
y su rostro de anciano, que vivió 
las durísimas embestidas del nazismo,
es ahora el de un niño esperanzado
que regresa del abismo.

 

 Antonio Pérez Morte

Atardece (Antonio Pérez Morte)

Atardece    (Antonio Pérez Morte)

Atardece
sobre la roca grisácea
y en su gigantesca falda
cada muestra de naturaleza
dibuja una porción de tapiz.

Me gusta venir aquí, solitario,
al mirador de José Antonio Labordeta
y hablar con él mientras la tarde cae
y los recuerdos toman el tono anaranjado
de aquellas nubes lejanas que sobre Jaca
parecen las huellas imborrables
de la luminosa paleta de colores
de José Luis Lasala.

 

Y sin embargo se apagan.

 

Antonio Pérez Morte

Espero contigo (Antonio Pérez Morte)

Espero contigo     (Antonio Pérez Morte)

 

 

Trabajo. Temporal. El mar.
Inmigrantes.
Indocumentados.  Ahogados.
Desplazados. Pateras.
Tráfico de órganos.
Prostitución infantil.
Niños mineros, soldados.
Tráfico de armas. 

Estupefacientes. Trata de blancas.
Violencia de género.

No todo Israel. Palestina también.
Sirios en Turquía. Incomunicados.

¿Habrá un día… Libertad?

 

Y sin embargo, la espero contigo.

 

Antonio Pérez Morte

 

 

Discuto contigo (Antonio Pérez Morte)

Discuto contigo    (Antonio Pérez Morte)

 

Y me dirás que no es correcto empezar
una frase con “y” griega,
aunque se trate del verso primero
que comienza el poema.

 
Yo te diré que sólo era
la  pequeña licencia
de quién, hundido y derrotado
vuelve a la carga,
con la prisa y la ansiedad
de darlo todo por cerrado.

Y volverás a insistir en el error
de comenzar la frase con “y” griega,
aunque se trate del último verso
que culmina el poema  
de ese autor que espera, impacientemente,
sin objeto,  las previsiones del tiempo.

Y sin embargo, discuto contigo.

Antonio Pérez Morte 

 

 

Me levanto contigo (Antonio Pérez Morte)

Me levanto contigo      (Antonio Pérez Morte)

 

 

La evolución de la crisis económica
mantiene despierta  la palabra duda.
Mientras,
Zapatero aprovecharía el verano
sin saber muy bien cómo.

El rechazo vivo de los ciudadanos
adelantaría a Septiembre
el pistoletazo indignado,
los exámenes de recuperación.

La convocatoria sin reforma,
el turismo del Euro,
los pepinos inocentes.
los piratas en aguas de Somalia
y los agentes sociales
podrían formar una piña natural,
con más, sin Rosa Díez.

Y a pesar de todo me levanto contigo.

 

 Antonio Pérez Morte

 

Sueño contigo (Antonio Pérez Morte)

Sueño contigo  (Antonio Pérez Morte)

 

¡Ah, mi vida, tu vida,
nuestras vidas,
diluyéndose vertiginosamente,
al final de un informativo
televisivo,
sin postre!

¡Ah, mi vida, tu vida,
nuestras vidas,
patrocinadas a dos euros la llamada
en la eterna sobremesa
de siempre!
La única verdad que nos legó el siglo XX.

Y a pesar de todo, sueño contigo.

Antonio Pérez Morte 

 

 

 

Me duermo contigo (Antonio Pérez Morte)

Me duermo contigo    (Antonio Pérez Morte)

No es prematuro tomar los parques,
convertir en casa la plaza.
Hacer relojes de sol.
Dormir bajo las estrellas.
No es prematuro llorar y cantar.
Regalar cascabeles.
No es prematuro gritar indignado.

Últimamente, el rechazo
conseguido, ganado,
se afianza contra Nada.
Nadie calla y eso está muy bien:
¡Démonos la voz!
El grito de monos
saltando en sus lianas, avisándose del peligro.

Y a pesar de todo me duermo contigo.



Antonio Pérez Morte

Me acuesto contigo (Antonio Pérez Morte)

Me acuesto contigo      (Antonio Pérez Morte)

 



El miedo arriba. Arriba.
Un día más encarar la jornada.
Gobernar sin apoyos la rutina.
Cálculos,
promesas,
balances.

Elites rebeldes
buscando prebendas cada día,
mientras el sueldo no alcanza
y se alarga la noche
si la vives despierto
y sueñas,
con los ojos abiertos,
la misma pesadilla.

Y a pesar de todo me acuesto contigo.


Antonio Pérez Morte

 

 

 

On the rocks (Ángel Petisme)

On the rocks   (Ángel Petisme)

Venga, mundo, apéate de mí,
soy la esponja con patas
y el desierto sonámbulo.
Me han puesto un email bomba
en la bandeja de entrada esta mañana.
Me han cortado las cuerdas
del corazón de ébano.
Tengo sed de venganza, de mí,
del tiempo que invertí para salvarme en ella.
Invitamé a un trago, samaritano de la luna:
Chanel 5, metanol, limpiacristales,
todo me sabrá a gloria.
No hay venenos, sólo dosis, amor.

Me beberé la sangre de los parquímetros,
las babas de vino de los tetrabricks,
el fuego de los faquires
y el ámbar de sus semáforos.

Venga mundo, apiádate de mi:
Un after-shave en las rocas
con hielo; algo que me recuerde
el animal que no odiaba el silencio.

Ángel Petisme

(POEMAILS, Amargord ediciones, Madrid, 2011) 

TENGO (Gabriel Sopeña)

TENGO     (Gabriel Sopeña)

TENGO dieciséis lectores
y la vida efímera de algunas larvas africanas.

Tú, que me ignoras,
formas parte de este rito.

Gabriel Sopeña

(de Máquina fósil, Ediciones Olifante, Mayo de 2011)

Cuando vivías en la Castellana (Luis Alberto de Cuenca)

Cuando vivías en la Castellana  (Luis Alberto de Cuenca)

Cuando vivías en la Castellana
usabas un perfume tan amargo
que mis manos sufrían al rozarte
y se me ahogaban de melancolía.
Si íbamos a cenar, o si las gordas
daban alguna fiesta, tu perfume
lo echaba a perder todo. No sé dónde
compraste aquel extracto de tragedia,
aquel ácido aroma de martirio.
Lo que sé es que lo huelo todavía
cuando paseo por la Castellana
muerto de amor, junto al antiguo hipódromo,
y me sigue matando su veneno.

LUIS ALBERTO DE CUENCA

(Su nombre era el de todas las mujeres, Renacimiento, Sevilla, Abril 2008)

La cantante (Antón Castro)

La cantante   (Antón Castro)

Tu voz es un tesoro inagotable.
Lo sé desde que era un adolescente,
desde hace siglos, desde antes de conocerte.
Tengo anotados en mi cabeza
todos los detalles, todas las anécdotas,
todas las puestas de sol: cómo te conocí,
qué pájaros cruzaban el cielo, el suspiro
de los árboles al verte pasar por la plaza,
tu timidez casi infinita y aquella mochila
llena de discos, de melodías, de dibujos
y de piezas que modelabas en arcilla
con la pureza glacial de un desnudo o un beso.
Iba siempre a esperarte, cuando salías del aula,
cuando volvías de las clases de batería
o cuando cerraba el pub donde servías copas
y ponías la mejor música de Janis Joplin, de Kate Bush,
o de aquella K. D. Lang indómita que tanto te gustaba
porque veía, desde el aire, la tierra, la noche y el mar.
Recorríamos la ciudad a pie o en bus, recorríamos
sus porches y sus parques, sus calles ancestrales
donde los gatos asomaban a los balcones
y el viento esculpía la bohemia en cada rincón.
Nos íbamos al río y en la ribera, bajo los sauces,
Soñábamos poemas, gritos y melodías inconfesables.
Cuánta vida teníamos entre los dedos y los labios.
Cuánta sed de belleza y de ritmos. Qué locura de amor.
Ahora todo ha cambiado, pero quizá no tanto.
Vivimos en otra ciudad, en pisos separados
por un parque con lago, terrazas y cisnes.
Todo ha cambiado, pero son idénticas las emociones,
el deseo de verte: aún me muero por oírte.
Tras el yoga y el taichí de las diez salgo hacia el estudio.
Imagíname: salgo a buscarte, con mis cascos
y la bicicleta de paseo. Casi como entonces: temblando.
Tu voz es un tesoro inagotable. El canto y el cántico,
el surtidor de la luz, el rumor imprescindible de mis días.
Salgo a buscarte y te encuentro como anhelo:
ante el pentagrama, abrazada a la guitarra
y la armónica, y dispuesta a seguir cantando
una melodía abrasadora y perfecta, una tras otra.
Estás en el centro de la tormenta y eres la tormenta,
la lluvia, el cierzo y el temblor de los manantiales.
Saco mi guitarra acústica, la afino y te acompaño:
es cierto, lo reconozco, desfallezco cuando cantas
y resucito minuto a minuto mientras te amo.

Antón Castro  

(El paseo en bicicleta, Ediciones Olifante, Zaragoza 2011)

La semana de Antonio Pérez Morte en Crepusculario Siglo XXI

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