Perderme, Al fin
Perderme, perderme,
perderme en tu templo,
sacro cuerpo,
para hallarme en él
al fin.
Luis Eduardo Aute
(Volver al agua, Sial, Madrid 2002)
Fotografía: "Leaf" Jerry Shatberg.
Perderme, perderme,
perderme en tu templo,
sacro cuerpo,
para hallarme en él
al fin.
Luis Eduardo Aute
(Volver al agua, Sial, Madrid 2002)
Fotografía: "Leaf" Jerry Shatberg.
en una discoteca de house
un domingo a mediodía
durante una fiesta de verano
sobre una pantalla fija
de gran formato
se proyectaba un documental
(imágenes reales por tanto)
sobre la sangría del Ebro
y otras famosas escabechinas
de la guerra civil española
mientras nosotros
la peña
nos metíamos en la boca
pastillas de todos los colores
esnifábamos vitamina k
(anestésico para animales
utilizado en los campos
de batalla de Vietnam)
y bailábamos
boTÁbaMOS
de cara a la barra del bar
de espaldas a la pantalla
de espaldas a la guerra
ajenos por completo
a los ideales
y a la muerte
de nuestros abuelos
(1):
A la euforia causada por la ketamina se la conoce como "Hoyo K" y se manifiesta por medio de alucinaciones profundas que incluyen distorsión visual y pérdida de percepción del tiempo, la sensibilidad y la identidad.
David González
no sé tú
pero en lo que
a mí concierne
hace tiempo ya
que me cansé
de despellejarme
la piel
de mis nudillos
llamando
a ciertas puertas
que hagas
los méritos
que hagas
ni se abren
ni se abrirán nunca
así las alcancen
las salpicaduras
de la sangre
de tus nudillos ro
tos
entonces me dije
david, tío,
tienes dos pies,
tienes dos pies,
david, colega,
y pensé en echarlas
abajo,
las puertas,
a patadas,
a patada limpia
con las puertas
y con los cobardes
que se escondían
detrás de ellas
luego recapacité
y lo pensé mejor
y después fue
cuando me decidí
a levantar
mi propia casa
y con mis propias manos
siempre abiertas.
David González
Un plesiosauro dormía entre mis ojos
mientras la música ardía en una lámpara
y el paisaje sentía una pasión de Tristán e Iseo.
Tu cuerpo se ajustaba al mío
como una mano se ajusta a lo que quiere ocultar;
despellejada
me mostrabas tus músculos de madera
y los ramilletes de lujuria,
que podían hacerse con tus venas.
Se oía un galope de bisonte en celo
entre nuestros pelos que temblaban como las hojas
un jardín;
todos los diálogos de amor se parecen,
todos tienen acordes delirantes,
pero el pecho aplastaddo
por una música de recuerdos seculares;
luego viene la oración y el viento,
el viento que teje sonidos en punta
de una dulzura de sangre,
de aullidos hechos carne;
¿qué árboles, qué deseos de mares rotos
convertidos en níquel
o en un canto ecuménico de lo que pudo ser tragedia,
nacerán, los pájaros de nuestras bocas juntas,
mientras la muerte nos entra por los pies?
Tendida como un puente de besos de piedra dio la una.
Las dos volaron con las manos cruzadas sobre el pecho.
Las tres se oían más lejanas que la muerte.
Las cuatro ya temblaban de alba.
Las cinco trazaban con compás el círculo transmisor del día.
A las seis se oyeron las cabrillas de los alpes
conducidas por los monjes al altar.
Luis Buñuel
Alrededor de la medianoche el reloj se detiene
y nos nombra en el vértice de un brutal deseo
para desnudos acelerar el brote lascivo de la pasión.
No hay saliva mía que no te recorra
ni ejército de hormigas que naciendo de mí
no sean en tu piel febril caricia.
Ahora la luz es un abismo de placer
en el que me asomo ciego de ti,
tus gemidos me inundan,
tu sabor se mezcla en un órdago de dicha
que abrasa mi boca
y se oye en toda la habitación
como el eco oscuro que a la noche excita.
Fernando Sarría
Te he amado, sí, te he amado
con tigres en la cama y emboscadas.
No quedan huellas
de nuestra sed sobre la Vía Láctea,
los pirotécnicos me preguntan por ti,
las flores de la demolición comienzan a cantar.
Ahora que no estás ya no hay destino,
ni calles para el vino y el verano.
Hemos tocado los plátanos del cielo
y despertado en el Popocatepelt.
Vuelve la tierra a ser redonda
y el libro de las sonrisas lo ha apagado la lluvia.
Gira sobre sus goznes el Purgatorio.
Que el tiempo y la memoria sean benévolos contigo.
Ángel Petisme
("Demolición del Arco Iris, Baile del Sol, Tenerife 2008)
Fotografía: Jacek Popikalsky
Si me despierto en medio de la noche,
me basta con tocarte.
A mi lado respira
tu cuerpo de hombre joven
como animal en la naturaleza.
A mi lado descansa
esta musculatura construida
en la constancia del entrenamiento.
El tenista que triunfa
en las pistas de barrio cada martes,
el artista, el poeta, el que redacta
su tesis doctoral, el que diseña,
el que canta, el que baila,
el que sonríe deslumbrantemente,
el que guarda silencio,
el que lee,
el que combate contra mí en la cama,
el compañero de todas mis horas
tiene en estos momentos la perfección distinta.
La alegría, la gracia
que en las horas solares constituye
belleza que se mueve
ahora se resuelve en equilibrio.
Me gusta estar a ciegas.
No existe nada más que tu temperatura
resumiendo los datos verdaderos del mundo.
En medio de la noche,
tengo de pronto un indeterminado
número de minutos
para quererte
con el aturdimiento y la clarividencia
de los desvelados.
Siento en tu piel al ser humano bueno.
El ritmo de tu aliento
me comunica música muy simple.
Me indica mi lugar
en el cosmos. Al lado
de tu serenidad viril. Empiezo
a quedarme dormido
abrazado a tu cuerpo.
Si me despierto en medio de la noche,
me basta con tocarte.
Juan Antonio González Iglesias
("Eros es más", Visor Libros, Madrid 2007)
Fotografía: Christopher Makos.
Golpeando mi cabeza contra la mesa de la taberna,
voy rompiendo mi llanto en dos.
Hay un resquicio de olor a jengibre
en el ambiente cargado de humo y juego.
La ginebra campa por los recuerdos
al son de un vals marinero,
interpretado por los borrachos
que no son marineros,
ni yo tampoco.
Es mediodía y duele.
Apenas hay luz.
Sin embargo, llega a mis oídos
el crujir de los cascos de los barcos
sobre el silencio, en selecto orden sonoro.
Lejos del mar,
estoy sentado solo en una mesa,
con un cuerpo de mujer de madera
en el espejo de mi copa.
Muchos hombres están ahora como yo.
Javier Corcobado
(De Yo quisiera ser un perro, El Gaviero, Almería 2007)
No puedo evitarlo:
Veo un árbol e imagino un libro.
Jorge Barco
EL ATENEISTA.
EL ATENEISTAE.
EL AITENEISTAIE.
EL AITEINEISTAIE...
ES UNA MEZCLA DE MARISTA Y
DE ERISIO QUE ME HA SUBYUGADO.
José Bello, 1929
Con las infinitas circunstancias
que el corazón del mundo
deposita entre nosotros
suelo componer, con demasiada frecuencia,
poemas que no cantan.
El amor que hizo posible
mi presencia en el misterio
no encuentra en cuanto soy
sino imágenes dolorosas.
De ahora en adelante
silenciaré mi palabra,
si es que insiste en el error
de ir mendigando, para vivir,
los sobrados motivos que ya tengo.
Agustín Porras (De Ojalá, Huerga y Fierro, Madrid 2006)
Una vez más hasta cuándo
acaso un día entero como siempre
la taquicardia el miedo
calmantes
este fuego
helado en la cúpula del estómago
este vómito quieto
en constante acumulación
a veces devorado por el dolor
de otra angustia aún
más hambrienta
hasta cuando mañana también y pasado
mañana y ayer y hoy de nuevo
quiste cada vez más enraizado
honda escocedura de estertores
donde el clavo ardiente de un latido
entero
cumplido
resuelto
es urgente como el suicidio.
Luis Eduardo Aute
(De Sarcófago, Ariola, Madrid 1976)
Pasa la vida como un escaparate.
Nos remarcan las marcas, nos enmarcan.
Marcado por las marcas me desmarco.
Ángel Guinda
(De Claro Interior, Ediciones Olifante, Zaragoza 2007)
La bala que me hiera
será bala con alma.
El alma de esa bala
será como sería
la canción de una rosa
si las flores cantaran
o el olor de un topacio
si las piedras olieran,
o la piel de la música
si nos fuese posible
tocar a las canciones
desnudas con las manos.
Si me hiere el cerebro
me dirá: yo buscaba
sondear tu pensamiento.
Y si me hiere el pecho
me dirá: ¡Yo quería
decirte que te quiero!
Salomón de la Selva
Abandona la poesía,
separa los ojos del libro.
El mundo está ahí
inmenso y frío como la muerte.
Tus dedos sangran al intentar cortar la rosa.
¿Acaso no lo ves?
Abandona la poesía
y abre los ojos.
El mundo sigue a tu lado
cercano y doloroso como la muerte.
La imaginación te juega malas pasadas:
Nunca escalarás montañas.
Nunca tendrás un grupo de rock.
Nunca ganarás un Óscar.
No hagas caso a las películas americanas:
Nunca serás Indiana Jones.
Nunca tendrás los ojos azules.
Nunca saldrás con Laetitia Casta.
No todos los malos llevan corbata,
así que ten cuidado con tu mejor amigo.
Jorge Barco (De Algún día llegaremos a la luna)
Ahora cierro los ojos para beber la noche.
Habla conmigo el acordeón del mar.
Ángel Guinda
(De "Biografía de la muerte", Huerga y Fierro, Madrid 2001)
Seguro de mi mismo,
tomo entre mis manos un arma de poder,
la acaricio, la siento,
la manipulo con delicadeza,
siento que es el momento.
Admiro como mis dedos
retratan tu cuerpo,
cómo dibujan tu silueta,
cómo van dotando de sentido
y placer cada uno de tus rincones.
La inspiración entre ambos es inagotable,
terminamos pero no nos damos por satisfechos
y empezamos otra vez,
las cosas hay que hacerlas bien hechas,
¿no te parece?, sonries y me dejas hacer.
La noche va muriendo poco a poco,
y los primeros rayos de sol
pelean por entrar a través de las ventanas.
Agotados, con sueño, pero felices,
observamos el final de nuestra noche,
este poema.
Antonio Huerta, Rarezas.
Creí de niño
que en cada país
había muros como cielos de pie.
Hoy, soy el herido que en la guerra mató;
y, aunque estoy vivo,
la paz del corazón se me fue,
se escapó...
Hace falta borrar las fronteras:
la primavera
no lleva documentos
para cruzar la aduana.
Hace falta coser las banderas:
con tanta tela,
se puede hacer la vela
para Una Sola Tierra.
Señor:
tu aliento, el viento,
quiere vernos tejiendo
la Paz.
Salvador Cardenal
Arrastras esta hoja con los dientes mientras cuento
que te has portado mal y tú lo sabes.
No pido que comprendas las materias
de filósofos y genios elocuentes.
No aspiro a que te creas que hay un dios
y comulgues con la fe en la que he crecido.
Quizá nunca distingas los conceptos de izquierda ni derecha,
ni qué es sentir amor.
Me conformo, querido Goya
con que no te mees en el sofá, en las alfombras,
en el suelo de la cocina,
o cualquier lugar que encuentres
menos en los que te hemos asignado.
Tú no lo entiendes.
Tú sólo entenderás por nuestros gritos
que en casa tienes que ir a los periódicos
y que la calle es grande y tienes ancho mundo.
Si yo pudiera, si me dejaran
mear sobre la prensa diaria,
salir a la calle y cagarme en el mundo,
si yo pudiera, querido Goya, sería feliz.
Tú no me entiendes.
No sabes la envidia que te tengo.
Jorge Barco (De Algún día llegaremos a la luna)
Lo más sencillo es siempre lo mejor.
Si ya no esperas nada, no hay cuidado.
Tú dices ilusiones pero yo sólo veo
la simple realidad de dormir en tus brazos.
O marchar silbando helado, tranquilo y feliz,
por Gran Vía, como si fueras mi soledad.
No hay trofeo que ganar ni merecer,
ni hacienda que conservar.
Si el amor fuera esta cálida
no sé si economía o indiferencia...
Leopoldo Alas
(De El triunfo del vacío, Editorial Dilema, Madrid 2004)