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Antonio Pérez Morte

Poetas

Os traigo (Carmen Serna Montalvo)

Os traigo   (Carmen Serna Montalvo)

Os traigo mis recuerdos del viaje que invadió
las sombras de mi rosal desnudo.
El río caudaloso reúne nuestras vidas.
Allí viví la angustia entre volcanes
de violenta y salvaje espuma
de los que a las puertas de la indigencia,
se nos cruzan sonrientes y esperanzados
y esperan que los viajeros de otros pasajes,
de otros rumbos, de otros climas,
con los párpados abiertos los contemplen
y les doten de alas para poder volar
en dirección a la luz, a la libertad que sueñan.
¿Qué derecho tenemos a esconder esa luz?
¿Qué derecho a cercenar los sueños?

Carmen Serna Montalvo 

(De Los Enigmas del tiempo (Camboya en el corazón)
Estudio de palabras, Zaragoza 2007)

¡HASTA SIEMPRE SERGIO!

¡HASTA SIEMPRE SERGIO!

¡Hasta Siempre Sergio!

El último poema de Sergio Algora

El último poema de Sergio Algora

                                 "Hombres pelados con cuchilla,
                                                           mujeres en el sacapuntas,
                                                           niños en la mina, planetas en el zoo,
                                                           estrellas en el cortejo." 


Dejé mi país para ser etíope por un año.
Dejé de dictar para subordinarme.

Etiopía estaba bajo la nieve.
La fiebre la había helado.

El matadero de la Adis Abeba estaba abandonado.
Los buitres habían construido allí una nueva ciudad.
Los niños, como heraldos, soplaban los cuernos
arrancados de las reses.
Los ancianos se convertían en pergaminos.

El ganado se reducía a cenizas.
Los adivinos contemplaban el humo
y las heces.
Los brujos traducían los poemas del premio Loewe.
Nos dábamos por el culo sin cesar,
tiritando en las chozas. 

Cada nevada exterminaba una tribu.
Nos quedábamos con sus cuerpos y sus enseres.

Parecía que un sueño invernal
iba a terminar con el hambre.

Llegaron los renos y Santa Claus
y cargaron en el trineo los leones famélicos
que se exhibían en el palacio presidencial.
Le dimos un león a la uno,
dos a la dos, tres a antena tres, cuatro a la cuatro,
cinco a la cinco, seis a la sexta, una jirafa a la once,
todo el oro de África a todos los santos,
el único clítoris mayor de dieciocho años
al único dios.

El entrenador de dios,
colocó el clítoris africano en el centro del campo
de un chochito blanco
y lo hizo debutar en el mundial.

Sergio Algora  (Dos de Julio de 2008)

Sometido (Fernando Sarría)

Sometido  (Fernando Sarría)

Sometido a los designios de lo fugaz
soy vulnerable, como todos,
y en ese filo me arden las manos
con el dulce fluir de mi sangre.

Fernando Sarría

(El error de las hormigas, Eclipsados, Zaragoza 2008)

Fotografía: Renata Ratjczyk

EL PASO DEL TIEMPO (Begoña Callejón)

EL PASO DEL TIEMPO (Begoña Callejón)

Conozco mis miedos tan bien, como el silencio de los años.

Begoña Callejón

(De Suicidio de Libélulas, Editorial Celya, Salamanca 2006)

Para huir de la muerte

Para huir de la muerte

Para huir de la muerte
nos amaremos todo, enteros.
Para huir de la muerte
nos amaremos
sin horario y sin ley, sencillamente
para huir de la muerte.

Para huir de la muerte
diré que tus ojos son palomas de Picasso,
y que bajo tu piel de leche ávida y firme
viven en hermandad veinte poemas de amor.

Para huir de la muerte
tú me darás las fresas mejores de tu huerto,
yo te daré mi vino más peleón, más duro, más añejo,
para huir de la muerte.

Para huir de la muerte,
pienso resucitar el conjuro dormido de tus pechos
pienso ahondar tus raíces, bucear hasta el centro
para huir de la muerte.

Para huir de la muerte
diré que es estupendo sentirte tan cercana.
Y que ni en ti ni en mí, ni en nosotros ni en ellos,
hay sumergida una ciudad donde luchan
la muerte y el amor, el amor y la muerte,
la muerte y el amor, el amor y la muerte...

Pablo Guerrero, 1972.

Un texto de Felipe Benítez Reyes

Un texto de Felipe Benítez Reyes


El color que es más que un color: una
resonancia del color mismo, su reverberación
en la mirada.

Las figuras detenidas que parecen anhelar
una existencia azarosa, como la de todos.

El taller, con su olor espeso a tareas alquímicas,
con sus colores volátiles y violentos,
flotantes como venenos cromáticos.

La mano que traza un contorno como si
calcase la silueta de un espectro fugitivo.

Los ojos que ven lo que aún no existe.

El vaso de los pinceles con sus manchas
de cientos de pecados originales.

El boceto abandonado: una rúbrica en el
vacío, un borrón optimista en la supeficie
de la nada.

El lienzo blanco, perfecto como un limbo.
El paisaje eterno, la figura eterna, la
abstracción eterna que late en lo concreto.

La arboleda que son cuatro trazos y es
una arboleda.

El mar inmenso que cabe en unos centímetros
de mar fingido.

La silueta líquida de un sueño.

El río en que uno puede bañarse miles
de veces y sigue siendo el mismo río, por
más que fluya.

Los celajes que transmiten la cólera de
un dios.

Y estos poemas escritos en la caverna
prodigiosa de las sombras.

 

Felipe Benítez Reyes
(Diez Vernissages, Aedo, Celya, Salamanca 2005) 

 

Te he tomado (José Antonio Labordeta)

Te he tomado  (José Antonio Labordeta)

Te he tomado esta noche
como a una delicada hoja
de árbol otoñal. Te he tomado
suave contra la frente antigua
de los antepasados y el amor
ha brotado hasta iluminar el silencio
cansino de nuestro viejo barrio.
Te he tomado como a una dulce
sensación nunca acabada.

José Antonio Labordeta
(De "Jardín de la memoria", Taifa / Poesía, Barcelona, Octubre de 1985)

 

Nunca me has de amar (Fernando Sarría)

Nunca me has de amar (Fernando Sarría)

Nunca me has de amar
como en este instante en que te sueño.

Fernando Sarría

(De "El error de las hormigas", Eclipsados, Zaragoza 2008)

Una mujer desnuda y en lo oscuro (M. Benedetti)

Una mujer desnuda y en lo oscuro (M. Benedetti)

Una mujer desnuda y en lo oscuro
tiene una claridad que nos alumbra
de modo que si ocurre un desconsuelo
un apagón o una noche sin luna
es conveniente y hasta imprescindible
tener a mano una mujer desnuda.

Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera un resplandor que da confianza
entonces dominguea el almanaque
vibran en su rincón las telarañas
y los ojos felices y felinos
miran y de mirar nunca se cansan.

Una mujer desnuda y en lo oscuro
es una vocación para las manos
para los labios es casi un destino
y para el corazón un despilfarro
una mujer desnuda es un enigma
y siempre es una fiesta descifrarlo.

Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera una luz propia y nos enciende
el cielo raso se convierte en cielo
y es una gloria no ser inocente
una mujer querida o vislumbrada
desbarata por una vez la muerte.

Mario Benedetti

Fotografía: Arturo Pizá

Sueños (Pablo Guerrero)

Sueños  (Pablo Guerrero)

Los sueños vuelan alto como pájaros.
Los sueños ven la tierra desde arriba.
Los sueños tienen ojos transparentes.
Los sueños iluminan.

Los sueños son posibles,
los sueños son posibles,
los sueños son posibles.

Tus sueños descienden como lluvia.
Tus sueños acuden si los llamas.
Tus sueños viven más que tu vida.
Tus sueños se instalan en tu casa.

Tus sueños son posibles,
tus sueños son posibles,
tus sueños son posibles.

Los sueños están en los bolsillos
de los trajes usados y los besos.
Los sueños eligen las miradas
que en el futuro van a ser verdades.

Los sueños son posibles,
los sueños son posibles,
los sueños son posibles.

Tus sueños son posibles,
tus sueños son posibles,
tus sueños son posibles.

Pablo Guerrero
(De "Sueños sencillos", Resistencia, Madrid 2000)

Ilustración: María Cruz Sarvisé

El error de las hormigas (Fernando Sarría)

El error de las hormigas (Fernando Sarría)

No sé por qué
mis manos cometen el error de las hormigas
y buscan alrededor de tu cuerpo su supervivencia.

*                *                 *                  *                *

Nunca me has de amar
como en este instante en que te sueño.

Fernando Sarría  (El error de las hormigas, Eclipsados, Colección de Poesía)

Hagamos un trato (Mario Benedetti)

Hagamos un trato (Mario Benedetti)


Compañera,
usted sabe
que puede contar conmigo,
no hasta dos o hasta diez
sino contar conmigo.

Si alguna vez advierte
que la miro a los ojos,
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense que deliro;
a pesar de esa veta
de amor desprevenido
usted sabe que puede
contar conmigo.

Si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo,
no piense que es flojera
igual puede contar conmigo.

Pero hagamos un trato:
yo quisiera contar con usted,
es tan lindo
saber que usted existe,
uno se siente vivo;
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos,
aunque sea hasta cinco.

No ya para que acuda,
presurosa en mi auxilio,
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.


Mario Benedetti

Fotografía: Tede Preuss

Cuando llegas a casa... (Manuel Martínez Forega)

Cuando llegas a casa...  (Manuel Martínez Forega)

Cuando llegas a casa
sin haber dicho una sola palabra
debiendo decir tanto, te preguntas si es cierto que la causa
es la razón o es motivo el instinto
de tu cabal desdicha.

Manuel Martínez Forega
(De
Ademenos, Ediciones Olifante, Zaragoza 2008)

Diario Calvario (Gloria Fuertes)

Diario Calvario     (Gloria Fuertes)

Este trozo de Dios con que sostengo mi tristeza.

Gloria Fuertes
(Obras Incompletas, Cátedra, Madrid 1979)

FINITO (Miguel Labordeta)

FINITO      (Miguel Labordeta)

La doncella soñaba paloma
con su voz desnuda de mercurio.
¿Quién salvará al Hombre de su Nada?
El mancebo cantaba en la orilla del lirio:
"Os lo diré en secreto
sólo tengo una vida que morir
y un río demudado de pálidas espadas
atravesando mi corazón desconocido
sin respuesta a ese nombre de fuego
que deshabita el corazón de los peces
cuando se llaman Yo."
¿Quién salvará al Hombre de su Nada?
Sueño y canto
se fundieron en el alba abrasada
de los mares cuando quieren nacer
y el recién llegado hablaba así a sus amigos:
"Planificaré el Mundo y sus contornos
y haré de los hijos de la Mujer y del Hombre
dioses regocijados con mañanas
de león misterioso."
¿Quién salvará al Hombre de su Nada?
El muerto amaba en secreto una estrella.
Él era la doncella el mancebo y el recién llegado.
Voz rota de mercurio. Lirio tronchado. Inútil mar nacido.
Y allí estaba ardientemente esperando
que de su costado deshecho surgieran
abiertos sollozos más brisas altas
que años luz en enjambres de billones
de galaxias sobre los lagos silenciosos
del Secreto Ojos Sumido.
¿Quién salvará al Hombre de su Nada?

Miguel Labordeta,  de Sumido 25, Zaragoza, 1948. 

Ilustración: José Luis Cano Rodríguez

Soneto para cantar una ausencia (Ángel González)

Soneto para cantar una ausencia  (Ángel González)

Las horas pasan, pasan lentamente
vacías de ti, llenas de tu memoria.
Tu ausencia rompe el hilo de mi historia,
aisla como un foso este presente,

dejándome indefenso e inocente
entre la espada aguda de la gloria
de haberte amado ayer, y la ilusoria
esperanza de amarte eternamente.

No dirijo mi vida, y el futuro
se presenta inseguro, turbio, incierto.
Me atengo sólo a ti, que no te tienes.

Me inclino sobre ti, endeble muro
de mis lamentaciones: roto, abierto,
hendido dique en el que me contienes.

Ángel González (De Tratado de Urbanismo, 1967)

ZARAGOZA AMARILLA (Poemas de Julio Antonio Gómez)

ZARAGOZA AMARILLA (Poemas de Julio Antonio Gómez)

HAY EDADES COMO PENÍNSULAS DE SOMBRA,
tiempos lejanos con sienes inquietantes y colmillos dispuestos,
órbitas habitadas por fantasmas, catedrales construídas
con un sudor-silencio gris, amontonando piedras
que huelen siempre a muerte...

así eras tú, ciudad como mujer acostada sin tersura
ni anillos,
sucia de luces pardas que salpicaba el santo ebro avaricioso,
ciudad como mujer, como amante que huyó,
así que -por supuesto- permanece,
arrojada en un lecho desordenado en limo,
acostada esperando -¿qué esperas?- taciturna,
con la cocina de tu antiguo corazón apagada en desorden,
pensando desdeñosa
quizás el exilio de tus mejores hijos
o no pensando,

solamente estás,
estás inmóvil,
quedas
bajo el montón harapiento de tus vestidos cenizosos,
ausente
de todo cuanto tenga el poder de la vida:

ZARAGOZA AMARILLA
yo te amaba en la ceguera de mis octubres
de pantalón corto,
todavía no alzado al recinto durísimo
de tus dientes,
casi desatendido por tus vientos y escarchas
cuando aquellos primeros cigarrillos quemados
-craven a; navicut-
torpemente a escondidas
en los descansos del cinema iris con culo de madera,
cuando en los silenciosos atardeceres misérrimos
penetraban los trenes
mugrientos con hollín y estraperlistas,
cuando la muchedumbre
se apretujaba arriba abajo de los porches con miedo
y la felicidad de los domingos
era magnificada
con frituras de calamar y rosarios de sombra.

entonces
un casi imperceptible hedor
de crisantemos agridulces y diques
descendía
por entre las barcazas del canal imperial
de aragón,
las reciénestrenadas viudas de guerra
contemplaban tristísimas el mear de sus perros
hambrientos
y un ala gigantesca fantasmal silenciosa
nos tapaba los ojos haciéndonos ¿felices?

yo había confiado
todas las puras posesiones de mi corazón,
todos los vasos de mi frágil cristal instantáneo,
todas
las pobres riquezas de mi universo apenas reprimible,
a la oquedad supuestamente maternal y cálida
de tus brazos,
a la vigilancia forzosamente sospechada dulce
de tu cielo vacío.

una tremenda oscuridad
cayó de pronto agrietando las murallas
y el coso se enramó de procesiones
como venas urgentes,
soterradas algarabías triunfalistas
con los ojos pintarrajeados de un violento violeta
escandalosamente funerario.

todo lejos.

ALGUNAS MADRUGADAS
todavía se atreve
alguien
se atreve a cantar empujado
por el clarete salvador altivo
alguien
a cantar algunas madrugadas
pero nadie
le escucha.

nadie le escucha;
duermen los fabricantes de regaliz, se sobresaltan
las esposas del funcionario agonizante que acaricia un 600,
los gerentes
pagan el uisqui del adiós y eructan
ansiosamente por una revolución de enormes tetas libres
sólo para ellos,
el canónigo enciende por sexta vez la luz
y mira con tristeza el orinal mutismo solitario;
afuera
la noche no es azul,
continúan vigilantes los bancos construídos
con paredes de hielo
sobre los debe-haber terribles homicidas inmóviles
palacios sin calor y sin respuesta:
un desgarrado grito silencioso
se ahoga en el terror de los ficheros oxidados
y de nada sirve
llorar,
de nada sirve
nada.

Los reciennacidos deberían arrojarse
desde los más irremisibles acantilados.

(Del Poemario Acerca de las trampas,Colección Fuendetodos, Ediciones Javalambre, Zaragoza1970)

Mi huevo izquierdo (Antonio Portela)

Mi huevo izquierdo (Antonio Portela)


Mi huevo izquierdo cuelga más que el otro.
Juntos testifican que soy un hombre
acabado e imperfecto, solitario
a pares. Celebro mis manos llenas
de corazón centrado y suspendido,
agradable peso de cuero y leche.

Canto porque son dos ahora mis huevos.

Antonio Portela

Los ojos en la sombra (Pablo Guerrero)

Los ojos en la sombra (Pablo Guerrero)

Siente agradecimiento por tus ojos
aunque estén en la sombra.

¿Vibra el negro?

¿Se acostumbran los ojos a la luz de la sombra?

¿Hay bardos que vigilan
la doliente llama de la luz de la sombra?

Sea luz el poema,
aunque le sea dictado
a los poetas de los ojos en sombra.

Pablo Guerrero

(Del poemario Escrito en una piedra, Visor libros, Madrid, 2007)