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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Escritores. Una mesa muy querida porque recuerda la última cena con el periodista Miguel Gil, muerto en una emboscada dos días después de mayo de 2000. Tres comensales en un país africcano. Un misionero valiente, un alto directivo de Repsol y quien esto suscribe. La cena se la come una fuerte discusión . "Trabajé en el despartamento de Petén en Guatemala entre 1978 y 1982", explica el directivo. "En los años de las masacres y de las desapariciones forzosas", indico dando por supuesto que se trata de datos historicos incuestionables. "Son calumnias, propaganda comunista. El petróleo ha traído riqueza a Guatemala", responde sin respirar. La tensión se instala para el resto de la noche. Según su opinión, los asesinatos en masa de indígenas son una invención. El enriquecimiento de los militares, una entelequia y Repsol es casi una ong porque se dedica a hacer prospecciones a fondo perdido. Por supuesto nio la Chevron ni la Shell tiene nada que ver con los desastres del delta del Niger. Los informes de Human Rights Watch, que acusan a ambas compañías de prestar sus helicópteros para asaltar aldeas y matar a sus pobladores, son puras calumnias. En el anterior artículo explicamos que Repsol dicta nuestra política exterior y, evidentemente, la especialidad de Repsol no son los derechos humanos. Durante los dos últimos meses, los viajes del ministro de Asunto Exteriores, Miguel ángel Moratinos han sido planificados al olor del oro negro que tanto le interesa a la compañía petrolífera. A principios de julio Moratinos y el presidente de Repsol, Antonio Brufau acudieron a la República de Kazajistán para la toma de pòsesión de Nursultan Nazarbasev, que lleva en el cargo desde que el país se declaró independiente, al principio de la década de los noventa y que, además, tiene poder de vetosobre la legislación aprobada por el parlamento. Las libertades de pensamiento, de conciencia y de religión, de expresión y de reunión están seriamente limitadas, según informes de organizaciones humanitarias. El objetivo del viaje de Moratinos fue reforzar las relaciones con el país con las mayores reservas de hidrocarburos del Mar Caspio y negociar un acuerdo de cooperación técnica y científica. "España se ha convertido en un importante cliente de productos energéticos kazajos y se desea impulsar las inversiones españolas en sectores estratégicos como gas y petróleo", afirmó un portavoz ministerial español. Otros dos países visitados por la delegación político-energética fueron Urbekistán, gobernado como si fuera una dictadura por Islom Karimov desde hace casi 20 años y que suele ganar elecciones y referéndums fraudulentos por porcentajes del 90% a base de comprar los votos necesarios a sus rivales políticos. Los tribunales uzbekos diguen afmitiendo confesiones arrancadas por el uso generalizado de la tortura. Y Turkmenistán, considerado como uno de los más represivos y dictatoriales del mundo, donde el presidente actual Kurbanguly Berdymukhamedov y su predecesor Saparmyrat Nyýazow, muerto hace tres años, siempre ganaron las elecciones con el 90% de los votos de casi el 100% de los votantes. Gracias a sus grandes reservas de petróleo y gas se ha convertido en uno de los países más deseados del mundo, pero todos los medios de comunicación nacionales están controlados por el Estado y las autoridades suelen bloquear los sitios web que publican información no deseada, según Amnistía Internacional. Aunque Venezuela está a años luz de las dictaduras centroasiáticas y el culto a la personalidad de sus gobernantes, embadurnados de tintes democráticos que se diluyen en cuanto los ojos críticos desaparecen, y de la calamitosa situación de Guinea Ecuatorial, también es cierto que su gobierno mantiene contenciosos muy graves en el interior y el exterior de sus fronteras y el país no es el paraíso de la libertad de expresión. Hay que decir que Hugo Chavez ha sido reconvertido en el demonio de Venezuela y, de paso, de América Latina, y se ha olvidado con suma facilidad que los gobiernos democráticos y escandalosamente corruptos de Carlos Andrés Pérez (1974 y 1988), Luis Herrera Campins (1979), Jaime Lusinchi (1983) y Rafael Caldera (1994) dilapidaron la riqueza del país y lo llevaron a la bancarrota mientras se enriquecían las familias políticas de esos años. La visitia de julio de Moratinos y de su fiel escudero Antonio Brufau a Venezuela concluyó con la firma der varios contratos y convenios con diferentes empresas españolas, incluida la omnipresente Repsol. Todo a cambio de mantener cerrrado el grifo de la crítica. La última escala de un verano desmelenado y con sabor a petrólero ha coincidido con la fastuosa conmemoración del cuarenta aniversario del golpe de estado de Muamar el Gadafi en Libia. El deseo de Moratinos y de su mentor Brufau ha sido consolidar proyectos concretos en el sector de hidrocarburos. Ya lo anunció Gadafi en Sevilla a mediados de diciembre de 2007: "Podemos hacer una gran negocio de 12.000 millones de euros". Por ello su corta estancia en España (la anterior fue más fugaz y había ocurrido 25 años antes) estuvo trufada de de reuniones con todos los poderes del Estado español salvo el parlamentario, no tanto por lo deleznable de su curriculum, sino por temor a incidentes como habían ocurrido unos días antes en el parlamento francés. Postdata: Gervasio Sánchez Kazajistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Guinea Ecuatorial, Venezuela, Libia. Desde principios de julio, el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos ha recorrido estos países, con grandes reservas petrolíferas y de gas, firmando acuerdos bilaterales y elogiando a regímenes y gobiernos que violan sistemáticamente los derechos humanos. Antonio Brufau, presidente de Repsol, ya ha conseguido su principal objetivo: dictar la política exterior de España. Aunque no es la primera vez que ocurre en nuestra reciente historia, nunca se había hecho con tanto descaro y proselitismo. Ana Palacio, ministra de Asuntos Exteriores del gobierno popular, hizo un viaje en 2003 casi de puntillas muy criticado por el PSOE, entonces en la oposición, para que Repsol consiguiese firmar sus deseados contratos. Una lectora inquieta (espero que votante del PSOE) escribió una carta al director de un periódico con algunas preguntas que sacan los colores. ¿Apoyamos una de las dictaduras más atroces que hay en África? Sí señora, la apoyamos y la aplaudimos. ¿Por qué nuestros dirigentes se codean con dictadores como Obiang? Porque hace tiempo que se desentendieron de la ética y la moral, ¿Sabe Zapatero que la tasa de mortalidad infantil en Guinea es de las mayores de áfrica? Claro que lo sabe, pero le es indiferente. ¿Sabe que el PIB es similar al español, pero la mayoría de habitantes sólo disponen de un euro al día para su sustento? Lo sabe, pero los negocios de Repsol y de otras empresas (Gas Natural, Unión Fenosa y hasta las constructoras de Francisco Hernando, alias Paco el Pocero) no entienden de sentimentalismos. Hasta los dieciséis años mi padre no fue mi padre, era el señor que dormía con mi madre. Y así transcurrió la infancia. Realmente no recuerdo casi su voz en la etapa de la niñez. Mi padre era aquel señor que dormía mucho. En la sobremesa, las tardes de domingo, los días de lluvia. Siempre dando cabezadas. Era hombre de pocas palabras. De la etapa de la niñez no me vienen recuerdos del timbre de su voz, pero sí de sus ronquidos y alguna que otra canción que tarareaba mientras paseábamos. A veces me vienen a la memoria aquellos paseos por la calle el Salvador, mientras uno tras otro, morían aquellos ducados en su boca. Una de las sensaciones más latentes es el olor a tabaco de sus dedos. Enormes manos de carnicero que me arropaban la mano dándome seguridad. Pero no hablábamos. Paseábamos por aquellas calles sin mediar palabra. Era una extraña figura que se perdía en sus sombras. Entre semana por las noches al volver de trabajar me traía morcillas calientes, que yo devoraba. Quizás él me miraba complaciente sin alcanzar a entenderme. Nunca nos llegamos a entender el uno al otro. Mi infancia transcurrió casi sin su presencia. Mi abuela, mi abuelo, mi madre, mis tíos; suplieron sus innumerables ausencias. Mi padre estaba casado con mi madre y con Corberó, Balay, Zanussi, Seat, Iberdrola y un largo etcétera de empresas que según ellas te hacen la vida mejor. En el colegio presumía de un padre lejano. Conocía su profesión pero jamás profundizamos mucho más. En los viajes cantaba y reía. Jamás pude tener una conversación normal con él. Vivíamos los dos en dos mundos tan distantes pero muy parecidos. Le suponía bastante egoísta porque prefería irse a trabajar que estar conmigo. Quiso la vida llevarnos por un sendero raro y tortuoso para que nos conociéramos de verdad. Uno de esos domingos tan extraños, le acompañé a hacer la visita de rigor a mi abuela. Yo fuí ensimismado en mis cosas. Él como siempre acomodado en sus silencios fumaba con devoción aquellos ducados. Caminábamos ajenos el uno al otro. Tras una estancia breve en casa de mi abuela, regresamos a casa donde mi madre estaba dándole los últimos retoques a la paella. Un extraño mal comenzó a ceñirse en su cabeza. Un mareo hizo que a trancas y barrancas lográramos llegar a casa. Muchos meses pasaron hasta que pudieran erradicarle aquello -HEMORRAGIA INTRAPARENQUIMATOSA CEREBELOSA DERECHA- dijeron los médicos, es lo que viene a ser un coágulo de sangre en el cerebelo. Después de una aparatosa operación, una prolongada rehabilitación , mucha paciencia y alguna que otra discusión, mi padre llegó a salvar todos los obstáculos. Tan sólo un escollo le costó asimilar. La pronta jubilación hizo que se sintiera inútil pero lo superó. Consiguió apreciar la vida con sus virtudes y sus defectos, convirtiéndose en un hombre nuevo lleno de ilusión por lo que antes no tuvo tiempo de apreciar. Eduardo Boix Crecen al lado tuyo y se te hacen paisaje inseparable, cotidiano. Son los amigos como árboles íntimos al lado de los cuales buscas tu cobijo en esa dura etapa que es la juventud, con sus amargas horas infelices, sus dudas, sus largas explosiones de júbilo, de lucha de esperanza o de íntima duda ante las largas dudas de la vida, del sexo y de la muerte. Hay también amigos de la infancia o de la madurez. Los primeros apenas sobreviven al recuerdo. Se pierden en el largo camino de los días y, a veces, emergen para saludarte a ti, con su señora, sus niños y tan lejos de lo que un día fuimos, que ya no los conoces, los olvidas y apenas, alguna vez tan sólo, cuando pasas al lado de una tapia, de una calle perdida o de un árbol batido, los retienes de nuevo, un sólo instante y los dejas perderse para siempre al lado de la tapia, la calle o del árbol que, igual que ellos, también ha envejecido y se te muere. Son los amigos de juventud los verdaderos: con ellos has fumado el cigarro primero, te has masturbado juntos, has llorado de rabia una tarde de domingo y has, con ellos, por fin acribillado el mundo con tu dedo, reventando de rabia en el Paseo de Independencia agosto un mediodía allá por los cuarenta terminando. Mis amigos de entonces se llaman, todavía, Manolo y su poema y su casa de alcoholes allá en la Almozara cont´´andonos historias como si fuese un viejo aventurero de las tierras del Ebro inhabitadas. Sellama José Antonio -hoy perdido en las suecias-, con su aire tranquilo preguntando mil veces el color de la yerba. Se llama Alfonso, que jugaba al billar como ninguno allá por el Marfíl que subía a al Tubo y apestaba a humareda los sábados de tarde y los domingos. Se llama así Vicente, y verlo que pasaba por la gran Pasarela del Ebro camino de su casa y que ya te decía que Lenin se sabía la historia de memoria. Y se llama Jesús con sus escoplos abriendo la cabeza a ilustres catalanes, cuando en sus ojos lleva la hermosura más densa de ese Jaraba suyo que le agarra, le rompe y le atenaza. Y se me llama Emilio, que ahora es secretario general de cosas utópicas y que todos atacan y que muy pocos saben comocantaba a Alberti en sus palabras, o casi nadie sabe lo que se nos hablaba de Palafox, la calle por los años de dura represión y angustia viva. Con ellos bailé en bailes de jueves por la tarde. Y merendé cabezas en Casa Tena vieja. Y leímos a Lorca, a Gorki y a Machado. Y con ellos amamos y cantamos y gritamos por la Selva de Oza nuestra dura impotencia de jóvenes airados. Y estuvimos al borde de Niké escuchando a Miguel -antiguo profesor de nuestra historia- cuando ya nos creímos más hombres que muchachos. Y con ellos caímos en la trampa vital de nuestras vidas soportando, con dudas, esta lluvia que fina nos ahoga los lunes cotidianos. Y Vicente y Emilio fueron víctimas de oscos burócratas de mierda. Y Alfonso está tan rico con sus hijos en fila. Y Jesús, de doctor en Barcelona. Y Manolo, de naúfrago de siempre. Y José Antonio, triste en Lund sin democracia. Y yo, aquí, en esta albada, recordándome a todos a la puerta del Parque con diecisiete años y toda la esperanza. Pero el tiempo ha destruído el tiempo, la esperanza. Los viejos cadáveres se alzan sobre ciudades rotas que ya no son las nuestras. Y la vida te clava las piedras en la espalda y tan sólo te queda la nostalgia de un guateque infeliz con una muchachita que te leía versos, los más cursis del mundo, una tarde octubre en unpiso sombrío mientras tú te creías que la amabas. Se nos ha ido el tiempo por las calles más amplias, por los parques, por las mañanas frías de nevada. Se nos ha ido el tiempo en las palabras y envejecemos tiernos cada día que avanza. José Antonio Labordeta (Rescatado de un viejo ejemplar de Andalán) Le cuento a José Luis Cano que he recuperado la fe y me contesta: Mariano Gistaín A esta hora todo el mundo es cansado y postergable: el amor y los trabajos, el pensamiento y las revoluciones. Queda sobre la tierra un montón de fiebre y un edredón de plumas. Carlos Castán Es muy complicado escribir sobre Sergio. Sergio sólo se podía vivir, en realidad vivir a Sergio Algora debería ser la única cosa que los humanos tendríamos que hacer antes de buscar el horizonte con un yate hasta arriba de champán frío y música elegante. Porque vivir a Sergio Algora era enamorarse, siempre enamorarse, disfrutar de las cosas sencillas hasta convertirlas en motivo de fiesta, escribir la más bella poesía que las manos de un ciempiés zaragozano sean capaz de entintar, bailar las mejores recetas como cocinero suplente en la banda de Gaingsbourg o adivinar en el tintineo de una copa contra el surco de un vinilo cuál es la siguiente tonada. Sergio Algora tradujo sus canciones a cientos de lenguas y con ellas acunó los sueños de todos, amó a Maribel hasta dejarla dormida, bebió las palabras de Ángel Gracia y lo abandonó embriagado en una esquina del Bonanza después de darle un abrazo. Sergio Algora era Zaragoza, la más pura, la divertida, la que siempre tiene listo un piropo, la que nunca apaga de todo sus luces, la que es capaz de vivir el verano en pleno Invierno y creo que ahora no sabemos muy bien qué va a pasar. Estos días he tenido sobre la cama los cuentos de No tengo el placer, el nuevo libro de Sergio, me lo dio hace unas semanas para que le ayudara en la corrección. Siguen sobre mis sábanas, no he dormido, sé que allí sigue su corazón, el corazón de Sergio, con una válvula de metal cálido que por las noches se convertía en brújula, la brújula con la que nunca dejaremos de viajar. Me despedí de Algora como nos gustaba: comimos en el Pascualillo-el mismo día de los últimos lustros, siempre el paladar distinto con las estrellas en los ojos del hijito de Irene-, café, copa y baile. Estos días mientras camino de Don Jaime a Pedro Nolasco, no dejo de tararear aquel tema del gran Peret, del Peret que tanto disfrutaba pinchando Sergio en las bambinas noches del Bacharach, aquello de "y no estaba muerto / estaba de parranda", porque a veces pienso que es imposible que te hayas marchado a mitad de fiesta, con el montón de canciones que nos quedaban por bailar. Octavio Gómez Milián Me ha encantado que Rodolfo Chikilicuatre haya representado a España en Eurovisión. Yo creo que ha habido cuatro momentos estelares en la modernidad de España. Uno: el Don Quijote. Dos: el Paco Goya. Tres: Andrés Pajares. Cuatro: Chikilicuatre. Rodolfo es honestidad y humildad. No es un hortera a la manera de los rusos que ganaron. El país de Dostoievsky representado por tres guaperas. Pero el país de Don Quijote sí estuvo a la altura. La guitarra de Rodolfo es como la adarga antigua de Don Quijote. El tupé es el baciyelmo de Don Quijote. Don Quijote y Rodolfo visten igual. Llevan un atuendo grotesco: uno como caballero andante, el otro como rockero. Los dos son periféricos: Don Quijote viene de La Mancha y Rodolfo es auténticamente poligonero. Los dos son flacos. Los dos pierden. Los dos son indulgentes con el mundo. De los dos se ríe la gente. Los dos son criaturas inventadas. No sabemos quiénes son ninguno de los dos. Los dos son ficciones españolas. Los dos son humor. Los dos gustan a los niños. Los niños españoles se saben la canción de Rodolfo de memoria, la cantan felices. Don Quijote también gusta a los niños. Los dos nos liberan de los dramas serios. Don Quijote nos liberó de la España rancia de la caballería. Rodolfo nos libera de la España franquista de Massiel. Cuando vi a Rodolfo en las televisiones, pensé que la vida civil española es superior a su vida institucional, eso también es muy cervantino. Los intelectuales y los políticos y los periodistas se creen que Cervantes era un Premio, pero no, Cervantes era el aroma de la calle, del polígono industrial, una mezcla de dicha, júbilo, orgía y risa. La vida española está bien gracias a Rodolfo. Manuel Vilas (Heraldo de Aragón, 8 de Junio de 2008) Desde el mismo día en que las fuerzas de Montilla auparon al gobierno al señor Zapatero, éste se puso a sus ordenes y aquel volvió a sacar la imperiosa idea del agua de boca, igual que en el famoso trasvase Pirineo Oriental, que querían llevar a cabo en los días tristes de un señor que mandaba en Madrid. Para empezar, Zapatero se cargó a la señora Narbona porque esta le recordó que se había comprometido con un no rotundo a los trasvases. Y no sólo acabó con la persona, sino también con la institución: adiós al Ministerio de Medio Ambiente cuando la gente empezaba a tener conciencia del cambio climático, en medio de este rifirrafe político, la Virgen del Pilar, que nunca nos abandona a los aragoneses, consiguió abrir las tajaderas del cielo y en Cataluña ha caído tal cantidad de agua que aquel triunfo del señor Baltasar -¡vaya mierda de ecologista!- y todos empiezan a pensar que de aquel trasvase, porque es trasvase, que quería aparentar un triunfo de la Generalitat sobre el triunfalismo jacobino, es mejor no hablar y dejarlo para más adelante. Mientras tanto aquí, en mi tierra, el caballero de la triste figura más conocido como Marcelino Iglesias, recibía una de esas hostias que hace temblar a cualquiera y te despierta para comprender que tú no pintas nada y que de aquel Estatuto que tanto protegían, sólo quedan las cenizas de una estupidez defendida por PP, IU, PSOE y PAR. Todos disimulando. Como si la guerra no fuese con ellos. José Antonio Labordeta (Diario Público, 28 de Mayo de 2008) Cada noche nosotros hacemos una declaración de buenas intenciones; hablamos, escuchamos, nos contamos cosas en este juego de extrañas complicidades, pero la vida se agota con nosotros. Mientras yo pronuncio estas palabras y tú las oyes, miles de niños se están muriendo de hambre aquí al lado, a un vuelo de avión. Mientras suena la dulce música de fondo, un poco más allá están rompiendo el aire disparos de morteros y un estado mayor planifica meticulosamente el número de muertos previsible mientras la población civil huye sobre una tierra quemada hacia el desastre. Tal vez pienses que exagero. Tal vez exagero, pero apaga la radio y date una vuelta por la calle. A dos manzanas de tu casa alguien está durmiendo entre cartones, alguien que ha sobrevivido al invierno y carece de nombre, de edad y de derechos. Sigue calle arriba hasta el final de la ciudad y verás junto a las tapias a las que no llegan las luces de neón de los anuncios, cómo se inyectan muerte en venas encallecidas y son ya casi zombis de mirada sonámbula, escúalidas caricaturas de lo que fueron antes de engancharse y caminan inciertos, rotos, hasta que alguno muere de eso que llaman sobredosis. Si te deprime el espectáculo, da la vuelta y acércate a las calles que tú sabes y allí las verás, humilladas pese a sus risas, cubriendo con el descaro el auténtico rostro de la vergüenza, engañadas, mostrándose como la mercancía que no son a unos tipos oscuros, repugnantes o enfermos que negocian a la baja el precio de sus cuerpos. Todo esto, y más, está ocurriendo ahora. En un chalet de lujo, discreto pese a todo y rodeado de arbustos bien cuidados, es posible que hombres respetables de todos conocidos planifiquen, en el mejor de los casos, la quiebra de una empresa que dejará en el paro a cientos de familias. En el peor, tal vez barajan una lista de nombres y elijen uno sobre el que harán caer, sin que nos demos cuenta, el deshonor y la basura de la infamia en una brillante operación mediática. Ellos son el poder y necesitan demostrarlo. Estas cosas, y más, ocurren a estas horas mientras tú y yo nos dedicamos elocuentes palabras y hermosas músicas. Si te lo cuento, no es para amargarte la noche ni para ponerme trascendente, pero de vez en cuando conviene no perder el sentido de la realidad, no confundir este estudio 104 con el mundo, ni este programa, que intenta ser amable, con la vida. Andrés Aberásturi Agobiados por la crisis de ricos, no nos queremos enterar de la crisis de los pobres. Hasta la ONU se ha dado cuenta de que millones de personas se están muriendo de hambre y sed y asco. Y de que van a morir muchas más. Si el mundo del siglo XXI no puede evitar este disparate de los precios, si el planeta del XXI no es capaz de conseguir que la gente no se muera de hambre, ha llegado el momento de hacer algo. La verdadera crisis no es la de las hipotecas: es la del hambre. La crisis de los ricos es terrible, y más aún porque nadie la entiende, porque nadie sabe hasta donde llega el agujero insondable de las deudas, porque nadie se atreve a saber hasta donde alcanzan las pifias que han cometido los bancos y todo el entramado financiero de la voracidad institucionalizada. Lo que vemos debajo de tanta basura, tanto logo y tanta soflama es que el sistema está podrido. Siempre lo ha estado, pero ahora hemos alcanzado el climax de la miseria. Hemos perfeccionado tanto el mecanismo que da soporte a la codicia que ya no hay forma de saber qué está pasando. Los estados se van a quedar sin dinero para tapar tanta infamia consentida y a veces alentada por ellos mismos. Las instituciones internacionales del dinero están ya sacando las cosas por la puerta de atrás. Mientras emiten sus obvios dictámenes y sus monsergas seroleras, todos tienen el helicóptero al ralentí esperando en las azoteas de sus lujosos rascacielos. Pero la verdadera crisis, que forma parte del mundo y del mismo sistema, es que cuanto más y mejor se produce, más hambre se pasa. Cuantos más satélites y más redes y más inteligencia y más información, más millones de personas agonizan sin comida y trabajan por un euro de sol a sol. La solución pasaría por la democracia de verdad, la que aún no nos hemos atrevido a imaginar. El verdadero problema no es el cambio climático, sino el cambio de ideas: estamos igual que en el neolítico. Hasta el espíritu depredador tendrá que evolucionar alguna vez. Mariano Gistaín ("ÚLTIMO ARTÍCULO" , El Periódico de Aragón 30 de Abril de 2008) LA ARQUITECTURA DE TUS HUESOS http://laarquitecturadetushuesos.wordpress.com La mañana era sucia y medio lluviosa. Ahora daba vueltas a su café sobre el mostrador de zinc de un bar perdido en cualquier calle. La noche había sido sudorosa y larga, llena de sueños trabados y vueltas en la cama, y otra vez se le había metido dentro esa bruma amarga que le impedía pensar con claridad y lo convertía a sus propios ojos en la figura solitaria de una gris acuarela. La tristeza se le atrincheraba dentro y le faltaban fuerzas para hacer frente a los días, vencido prematuro, propenso a morir. La muchacha parecía caminar en busca de algo. Cuando lo vio en el interior del bar, se acercó hasta él, que, sentado en lo alto del taburete, sintió un temblor en su corazón. "Otra vez lo has hecho, cariño, no te tomas las pastillas que te dio el doctor para la amnesia, te largas por ahí sin dejar aviso, un día de éstos te perderé". Carlos Castán (Relato incluido en su último libro Sólo de lo perdido, Destino, Barcelona 2008, que será presentado por Ismael Grasa, hoy Jueves, 6 de Marzo a las 19,30 Horas en FNAC de Zaragoza) Hace tiempo le pregunté a Rosa Aguilar que por qué no montaba un partido nuevo; le dije que ella me gustaba pero que IU me parecía un disparate, y que había más gente que pensaba lo mismo. Rosa, claro, se desmarco de la crítica a su propio grupo, pero hizo una observación muy interesante. Es casi imposible montar un partido nuevo, vino a decir; no hay manera de reunir el dinero suficiente, ni el apoyo, ni las infraestructuras. He pensado en estas palabras viendo el denodado esfuerzo de Rosa Díez y los suyos por sacar adelante la opción electoral de UPyD. Solos y arrinconados en los medios , los veo bregar contra las dificultades como quien camina contra un vendaval. Por lo menos su pobreza les ha librado de algo tan catastrófico como los grotescos anuncios electorales de la tele. Rosa Montero (El País, 4 de Marzo de 2008) E. Botella: Fotografía Yo creo, primera persona del presente de indicativo del verbo creer. Yo creo, también del verbo crear. Me levanto todas las mañanas a las siete y media, como los creadores que prefiere Rajoy. No lo hago por gusto, sino por mor de la maternidad, concepto que está muy de moda en este gran mercado persa de ayudas y rebajas donde se celebra la precampaña, y de los horarios de la escuela pública, que ya estaría bien que se pusiera de moda alguna vez. Soy, por tanto, una creadora que cree. En la utilidad de mi voto, por ejemplo. Quizás porque nunca he sido miedosa. Ni en lo que creo del verbo creer, ni en lo que creo del verbo crear. Ahora que ya está claro que la campaña electoral se va a polarizar en una sola dirección, porque la socialdemocracia se va al centro, el centro a la derecha y la derecha a la extrema derecha, yo creo que alguien tiene que ocupar la izquierda, dejar de hacer regalos con el dinero de todos y dedicarse a defender los espacios públicos, que aseguran el bienestar de los más débiles. Yo creo que nada es más útil. ¿Soy ingenua? No. Sé que mi voto vale la cuarta parte que un voto al PSOE o al PP, pero eso no tiene nada ver con la ingenuidad. Eso es sólo injusto. Yo creo, y creo en la utilidad de las causas justas. Por eso no me afecta que muchos creadores a los que admiro, algunos a los que quiero, y hasta un hermano mayor, anden por ahí poniéndose cejas postizas. Lo que sí me hace daño es que, en lugar de pedir voto a Zapateero y atacar de paso al enemigo, digan que quieran orientar a los votantes de izquierdas que no saben a quién elegir. O sea, que no miran al PP, sino a IU. Desde que lo leí, me siento como una niña bajita, gordita y con gafas, amenazada en el patio por los grandullones del cole, no sea que se me ocurra crecer medio centímetro o ponerme lentillas. Qué feo. Y qué pena. Almudena Grandes (El país, 19 de Febrero de 2008) Mientras los aparatos del PSOE y del Partido Popular afinan sus exigencias, sus soberbias y sus intereses, con objeto de mantener un cara a cara entre sus líderes, el Instituto de Antropología de Leipzig ha descubierto que los únicos mamíferos que llevan a cabo el coito cara a cara, además de los seres humanos, son los gorilas. Luis del Val Hoy lloverá pues. No se puede machacar a los bomberos. Una ciudad que hace eso no merece una Expo. Ni nada. No se puede racanear a unos tipos que se juegan la vida. Están ahí en Valle de Broto, se les ve desde la calle, por las ventanas, esperando el timbre para salir a jugarse la vida, por nosotros. Los obispos no se aclaran. Pasan tanto tiempio amasando ideología rancia, para el rajoyismo que pierden el oremus y la gelocalización bendita. El rajoyismo va dando palos teológicos entre la xenofobia a los camareros y la destemplanza onírica. Meterse con los camareros es suicida. Es extraño que Rajoy no exija la mantilla. Una prenda de tanta solera y raigambre, y la desperdicia. El pijismo peperil no aprovecha los símbolos. El nuevo logo -ayer decían en Twittwe que parece un culo, en pompa- es de tebeo. Eso no hay quien se lo ponga en un pullover. Mariano Gistaín ¿Por qué a la gente le resulta más fácil dar la espalda José Ángel Barrueco Ilustración: Hombre de espaldas (Pablo Gargallo) Esta es la portada de la nueva novela del escritor aragonés Manuel Vilas, que dentro de unos días llegará a los estantes de las librerías. Manolo, además, es noticia porque acaba de obtener el premio de poesía Fray Luis de León. ¡Muchas, muchas felicidades! Ángel Guinda es una persona extraordinaria. LLeva 25 años siendo extraordinario conmigo: desde que yo tenía 14 años y quería ser Rimbaud. Me abría su casa de Zaragoza, que me fascinaba, y me prestaba los libros de su biblioteca... Así devoré, sin entender del todo, buena parte de la poesía mundial. También devoré su poesía, ya ligada a Olifante: me ragaló "Vida ávida", dedicado con su letra picuda. Ángel era generoso con los libros, pero sobre todo con su tiempo, capaz de gastarlo con un nadie como yo, y esa fue una gran lección, que sigo: si hay un amor o un amigo nada hay más importante. Me encanta la maravillosa risa de Ángel, que es la embajadora de sus ganas de vivir, de disfrutar y de celebrar el mundo. Una vez me contó, hablándome de sus campañas políticas, que en un pueblo le reprocharon que fuera en un deportivo, y él respondió: "quiero la riqueza para todos y no la pobreza para todos". Con el tiempo he apreciado otras virtudes de Ángel, que entonces no entendía, como el entusiasmo y el trabajo. Sé, cansado de soportar el cinismo social, y también de contribuir a veces a él, lo difícil que resulta ser entusiasta a partir de una edad. Su entusiasmo por la poesía es maravilloso. Su entuasiasmo por la educación es admirable. Entusiasmo que le ha convertido en el gran poeta que es, capaz de escribir un libro tan hermoso como "Claro Interior". Félix Romeo (Publicado en Heraldo de Aragón, Domingo 13 de Enero de 2008) Hay unas cuantas fotografías que no puedo mirar. En la mayoría apenas me reconozco. Algunas están rotas o dobladas por las esquinas, otras parecen haber retenido mi imagen en un instante equivocado y me muestran con el fondo de otro siglo, otro país, otra historia. En general, identifico las camisas o las habitaciones, los paisajes y los rostros de quienes posaron a mi lado, con más facilidad que mi propia mirada, una mirada casi siempre alucinada, que da la sensación de querer, con todas sus fuerzas, salirse del papel, fisgar entre mis cosas y reconocerse en mis ojos. Carlos Castán (Fragmento de Trozos de un álbum roto, Museo de la Soledad, Tropo Editores, Zaragoza, 2007) No tienes línea de la fortuna le dijo una gitana a Corto Maltés. Nunca había tenido una herida tan grande o tan pequeña por fuera. Sólo en el índice de mi mano izquierda conservo una cicatriz de cuando me corté con una navaja de mi padre, peleándome con un trozo de madera o de regaliz de palo (ahora no recuerdo). No me dan miedo las cornadas, los hematomas y las llagas superficiales porque cierran. "Hay cosas que el tiempo no puede enmendar, aquellas que hieren muy dentro y dejan cicatriz" dice Elijah Wood en El Señor de los anillos. Esas heridas donde no da la luz sí que me preocupan, esos músculos de la memoria no conocen la gimnasia para combatir la atrofia rugosa que los devora. Yo no sé si el alma pesa 21 gramos como dicen en la película de González Iñarritu, el peso que pierdes cuando palmas. De una cosa estoy seguro: que la distancia entre el sueño y la vigilia, entre el amor y el odio, entre el valor y el pánico, entre la fuerza y la fragilidad es de diez centímetros en mi vida. 10 centímetros es el trecho que nos separa de las cosas perdidas, del hombre o la mujer hermosa que nunca llegamos a besar bajo las estrellas y pudo cambiar nuestras líneas de la mano, de la copa de veneno o la caja de pastillas que nos tentó una madrugada de desesperanza. 10 centímetros de nada o de todo es lo que separa a un fascista de un revolucionario -ambos elegidos en las urnas-. Lo que miden las papeletas que depositamos en las vulvas-urna. 10 centímetros de tiempo lo que tardamos en arrepentirnos cuando se limpian el culo con los programas electorales una vez elegidos. 10 centímetros de hielo, nieve e indiferencia es la distancia que hay entre las personas que se acuerdan de ti cuando la enfermedad te acorrala y los "amigos" que sólo te llaman cuando las cosas van bien. 10 años luz de interés y de olvido. Pero hoy es el séptimo cumpleaños de Violeta del Teide, mi ahijada y me ha pedido que le regale en nochebuena, cuando nos veamos en Zaragoza, un saxo soprano, porque va a aprender a tocarlo. Te lo compraré de chocolate, mi princesa, con nubes de 10 centímetros de azúcar entre el do y el sol, entre el fa y el si, sí. Todas las notas en si bemol como el tono del teléfono cuando los seres queridos de verdad nos reclaman. Ángel Petisme Durante casi un mes he celebrado un rito: tras levantarme, acudía a la higuera y le arrebataba tres o cuatro brevas, verdes, dulces, de ese demorado sabor que se enriquece día a día bajo el sol de agosto. Las brevas eran el fruto dilecto de mi niñez. Me gustan las higueras porque son enrevesadas y sombrías, ofrecen refugio y olor, y bajo ellas he accedido a los primeros misterrios. El del amor, la contemplación de una noche lunada, una conversación ideal de complicidades y secretos mientras algo más allá sueñan las voces de familia. Ahora ya no quedan brevas en casa. O quedan pocas. Han vuelto las palomas, los perros ladran desesperadamente y han llegado las primeras lluvias torrenciales. Veo ahí la higuera, que es un árbol de poetas (de Alfonsina Storni, de Lorca, de Juan Ramón...), y percibo ya el primer vendaval que la azota. Ha entrado el otoño, se cuela con pequeños avisos y cambia la forma de vida. Ahora entramos en otra medida del tiempo y de la luz. Suena el bufido de los aviones, como siempre, y la ciudad vuelve a estar densa de tráfico, descubriendo de nuevo la ira de la lentitud. Zaragoza, tan acogedora y doméstica, ha cambiado. Cambia a cada hora. En circulación en bullicio, en ritmo. Zaragoza se asoma al umbral: desde ahora todo serán prisas, el sinvivir de los días, la urgencia de que todo esté alzado a la hora en punto. Zaragoza necesita una nueva política de comunicaciones, otra concepción del tráfico, más servicios públicos, un nuevo estadio... Cuando pienso en eso, miro la higuera: me relajan sus hojas y las últimas gotas de miel de septiembre. Anton Castro (Heraldo de Aragón, Domingo 23 de Septiembre de 2007) Se acabó el calor. Se acabó el verano. Esta ciercera cada año la recibimos peor. Tanto avisar con el cambio climático, tanto repetir el video de Al Gore en los colegios, cada octubre esperamos que llegue de una vez y el cierzo se retrase hasta Todos los Santos. Pero nada, se presenta con su furia habitual en una mañana cualquiera y nos cambia el ánimo. Nos pone de los nervios. Estudios inéditos de universidades semipúblicas e institutos de investigación semiprivados han descubierto que al llegar el cierzo el aragonés tiende a gritar más. Todo esto afecta al cambio climático pero a corto plazo, que es el que interesa, afecta a la estabilidad emocional de la especie. Los esclavos recién llegados se vengan de los nativos -en su mayoría esclavos- poniendo a tope la radial de cortar baldosas. Las ciencias sólo avanzan para lo que quieren. ¿No podían inventar una baldosa menos terca? Si total, se rompen igual. Basta una raicilla de un árbol esmirriado para que pete el gránulo. ¿Y el láser? El rayo láser se ha quedado en nada, ha sido un bluf. Ni para cortar baldosas vale. Asi que llega el cierzo en plena crisis no comment, que son las peores. Las cifras se camuflan por aquí y porque no hay forma de descifrarla. Las baldosas no han mejorado nada desde los romanos. Bueno, y los baños tampoco. Las baldosas ejemplifican -vaya palabra- el fracaso de la ciencia aplicada, de la tecnología. A lo mejor en USA tienen baldosas guays, aparte de las de Boulevar de la Fama. Cuando llegue la Expo y sus oficinas, Zaragoza estará cubierta de polvo. (La Expo es una cosa de oficinas, ya se ha desvelado). Habrá que sacar a concurso una contrata gigante de aspiradoras. A ver si lo vamos a dejar para el último día. Antes del 15 de mayo la ciudad ha de estar aspirada. Y todas las baldosas que queden por cortar, que se pongan de cualquier manera. Que el polvo de baldosa es muy persistente. ¿Y qué se va a hacer con todo ese polvo que se recogerá antes de la Expo? ¿Servirá para hacer luz? ¿Será como una especie de biomasa mágica que nos permitirá ahorrar gasógeno? Si el polvo lleva bastante plomo siempre podremos revenderlo a China. Hay que rentabilizar el polvo, que con las oficinas no llega. Mariano Gistaín -periodista y escritor- (El Periódico de Aragón, 28 de Septiembre de 2007) Cuando en mi tierra se levanta el aire del noroeste y arranca todo, arrebata con ira lo que encuentra a su paso y, desagarradas las nubes de la lluvia, nos deja el paisaje desértico de Los Monegros, todos los de la zona murmuramos por lo bajini al principio: "Ya está aquí el cierzo"; pero cuando lleva unos días atravesándonos la paciencia del tópico, cabreados decimos: "Ya se podía parar esta ciercera". José Antonio Labordeta (Público, 26 de Septiembre de 2007) Para soportar la vida, hay que ser cínico o bobo. Cuando no se tiene la ventaja de ser cínico o bobo, la vida es una dura prueba a cada instante, una herida incurable. E.M. Ciorán El paso del tiempo alivia cualquier malestar. Es el mejor bálsamo contra la negra sombra. Antón Castro (Fragmento extraido del relato "El jardín después de la lluvia", incluido en "Golpes de Mar", Destino, Barcelona, 2006) "Cuando todo el dolor del mundo caía sobre la tierra, yo estaba allí, justo allí debajo. Uno nunca sabe qué pasado le espera ni a partir de un hachazo inesperado quién va a tener que ser, quién ha sido, definitivamente, para el mundo y para sí mismo, ni cual será el recuerdo que le desvele hasta el final de sus días, cuando, como ahora, fuera de la memoria y del sueño nada suceda y todas las despedidas hayan quedado atrás..." Carlos Castán (De El aire que me espía, IEA, Huesca 2005) Llevo un tiempo obsesionado con el agua. Y no tiene nada que ver con la Expo de Zaragoza, a la que no creo que vaya ni tengo, así aquí y ahora, ninguna gana. Zaragoza es una ciudad que no me gusta especialmente. Estuve hace uno o dos años, y la encontré un poco cascada. Se salva que son de allí los Violadores del Verso y Manuel Vilas, o mi querido Antonio Pérez Morte. Si no fuera por ellos, creo que nunca hablaría de Zaragoza, ni siquiera por esos caramelos de a kilo o por la virgen. Y mucho menos por el agua, claro, que últimamente me tiene obsesionado, pero es por otra cosa. A lo mejor influye que ya no fumo, que hoy es el séptimo día sin probar el áspero sabor a nicotina, y ahora me doy cuenta de que era infinitamente más feliz cuando fumaba. Y he sustituido el tabaco por agua, litros y litros de agua, además de chocolatinas, palmeras, bollos de chocolate, caramelos y más agua. Es la ansiedad, que me puede, porque el agua ha sido para mí siempre más alimento para lavavajillas que para humanos, un pobre sustitutivo de la Coca-Cola cuando no tenía de ésta a mano. Insípida, incolora... todos los IN que queráis salvo indolora, porque un chorro a buena presión o a alta temperatura puede prepararnos una avería de cuidado. Y es cierto que estoy obsesionado con el agua, pero con el agua fría, y a ser posible en botella. Hace poco aquí en Jerez hubo una avería enorme, que dejo al 80% de la población sin agua. Esa mañana me levanté, me di una larga y reconfortante ducha, dejé el grifo abierto mientras iba a la cocina, y paseaba por la casa con el rumor del agua siendo tragada. Al llegar al trabajo era la pregunta: "¿Tenías agua?". Y yo: "Pues sí ¿por?". Es extraña la sensación de poseer algo tan sencillo y a la vez valioso, que todo el mundo valora y sin lo que no podrían vivir; es extraño no darle siquiera importancia, cuando los demás están sufriendo por su ausencia. Lo mejor el agua, dijo Píndaro, algo que descubrí a través de González Iglesias. Y en ese momento debo reconocer que no creí mucho ni al uno ni al otro. Pero la gente cambia, y fijaos qué cosas, que llevo un tiempo, sin saber muy bien por qué, obsesionado con el agua. Jorge Barco (Jerez, 8 de Mayo de 2007) José Luis Rodríguez Zapatero, ZP, es un tío simpático. Un tío con suerte, y eso es lo mejor para un presidente de gobierno. Jacques Barzún explica en su libro Del amanecer a la decadencia cómo tienen que ser los presidentes ahora: el presidente común, incluso un poco atontolinado. ZP ha puesto a trabajar de verdad a su vicepresidenta, una mujer Expo, y él se dedica a saludar, que es la primera misión de un mandatario en esta época difusa. Hasta hace unos diez o quince años los presidentes envejecían rápido, enseguida les crecían las ojeras del poder. Ahora envejecen más deprisa los que dirigen las corporaciones, las bolsas, ese mundo que gobierna más que los presidentes de los gobiernos. ZP ya llegó con suerte a dirigir su partido: como imagen (si hay algo más) Bono era letal. Luego ZP supo ser simpático en la oposición, supo ser descrispativo o emoliente. Mientras su antecesor Aznar, echaba broncas a sus súbditos y se metía en una invasión por motivos personales (casar bien a la hija: cualquiera hubiera hecho lo mismo). Aznar lo supo hacer y ahora está bien colocado: manda más que antes. Y ni siquiera tiene que enfadarse si no quiere. Dejó un caso de éxito inaúdito: autolimitar su mandato a dos legislaturas, lo que aún le honra. ZP lo tendría chupado. Aparte de las monsergas de ya saben: las monsergas son puro relleno, polución y marketing gratuito: todo vale con tal de no pagar los anuncios. El PP se equivoca y apuesta por la brusquedad. Se ve que es un artificio y evidencia poca confianza en sus posibilidades. Cuánto más normal, mejor. Claro que a ZP, en normalidad y distensión es difícil ganarle. Quizá son sus únicas armas, aparte de la paridad (que ya es una revolución). En fin, ya se apañarán. El caso es que ZP viene estafando a Aragón (unos cuatrocientos millones de euros, el estudio del AVE Teruel-Madrid, etc). No lo hace a mala idea, seguramente ni siquiera lo sabe. Es una inercia del Estado. Una inercia del Estado hacia las autonomías pequeñas que no tienen grupo parlamentario propio, que no quieren independizarse, que no gozan de privilegios forales, que no tienen (por suerte) banda armada, etc. La verdad es que Aragón no tiene nada con qué negociar. Y lo poco que tienen, las autoridades locales lo regalan. Mariano Gistaín ("La ciudad de las gaviotas", El Periodico de Aragón, 23 de Enero de 2007) A Fernando Iwasaki Me desperté recién afeitado. Andrés Neuman (-Has hablado de una tal Alba de Deus. Me intriga esa historia... dijo Golmar. El tabernero nos dijo su nombre, Alba de Deus, y añadió que no trataba con marineros. Padín y yo la abordamos después de la función sin éxito. Y la seguimos por callejas estrechas y por las plazas hasta su casa. Nos quedábamos abajo: veíamos las luces, atisbábamos sus movimientos, imaginábamos su espléndido cuerpo antes de acostarse. Parecía que nadie la esperaba. Al tercer o cuarto día se dio cuenta de que la seguíamos. Se lo confesamos todo. ¿Qué se le puede decir a una mujer tan asombrosa y discreta, que se deshace en cristal y pureza cuando canta y que luego desaparece, casi a hurtadillas, del lugar donde destrozó el corazón con las canciones y con su cuerpo, a más de veinte hombres? ¿Necesitas, Golmar, que describa su hermosura de diosa intemporal? ¿Necesitas que te diga que había despertado en todos nosotros el hambre y la codicia del deseo, la fiebre de una pasión torturadora e imposible? Los dos, Cortegoso Padín y yo conseguíamos por separado lo que queríamos: acostarnos con ella. Pero un día nos encontramos en la escalera de su casa, él subía, yo bajaba, y sacamos la navaja. Anton Castro Me llamo Marcos. Siempre he querido ser Cristóbal. Gabriela es mi mujer. Ella me quiere mucho y se acuesta con Cristóbal. Él es inteligente, seguro de sí mismo y un ágil bailarín. También monta a caballo. Domina la gramática latina. Cocina para las mujeres. Luego se las almuerza. Yo diría que Gabriela es su plato predilecto. Algún desprevenido podrá pensar que mi mujer me traiciona: nada más lejos. Siempre he querido ser Cristóbal, pero no vivo cruzado de brazos. Ensayo no ser Marcos. Tomo clases de baile y repaso mis manuales de estudiante. Sé bien que mi mujer me adora. Y es tanta su adoración, tanta, que la pobre se acuesta con él, con el hombre que yo quisiera ser. Entre los fornidos pectorales de Cristóbal, mi Gabriela me aguarda ansiosa con los brazos abiertos. A mí me colma de gozo semejante paciencia. Ojalá mi esmero esté a la altura de sus esperanzas y algún día, pronto, nos llegue el momento. Ese momento de amor inquebrantable que ella tanto ha preparado, engañando a Cristóbal, acostumbrándose a su cuerpo, a su carácter y sus gustos, para estar lo más cómoda y feliz posible cuando yo sea como él y lo dejemos solo. Andrés Neuman Quien no haya sufrido no es un ser; es todo lo más, un individuo. E.M. Ciorán La monarquía bioregresiva es la forma final y mejor de toda monarquía. La monarquía bioregresiva es el sistema de gobierno por el cual cada eslabón de la estirpe regia se parece más a un anfibio que la anterior. Así, cuando llega el día en que el pueblo está listo para gobernarse a sí mismo, la familia real regresa al mundo acuático y, sin violencia ni alboroto, se declara la República. ENRIQUE GARRET Estábamos inmersos en la madrugada, en un pub zamorano, acodados en la barra, y me encontré con un tipo al que hacía tiempo que no veía. Mientras me despachaba una cerveza al chaleco, la última de aquella noche, él comenzó a hablar de poesía. No hay nada que me llene más que la poesía, no hay nada que me produzca tanta satisfacción, me dijo. Yo le recordé que él me había descubierto el poema "La ciudad", de Cavafis, un año y medio antes, en otro garito nocturno. El se sabía muchos versos de memoria, de otros poetas, además de Cavafis. Me recomendó algunos autores, y yo traté de recomendarle a otros. Estábamos allí, no sé si serían las siete de la mañana o quizá más tarde, y me pareció fascinante que a esa hora, y mientras alrededor todo era ruido y confusión, ebriedad y bailes modernos, estuviéramos hablando de algo tan atractivo y sólido como la poesía. Un tipo duro que sepa construir un poema es invencible. Y si no, miren a Quevedo: tan diestro en la espada como en la rima. O recuerden a Cyrano de Bergerac en la película que protagonizó Gerarde Depardieu: eran más salvajes, más afilados, más sangrantes, sus versos, que sus estocadas. Y son más contundentes los poemas de Charles Bukowski sobre los infiernos de la existencia que los puñetazos que daba a otros borrachos en los callejones mugrientos y anexos a los tugurios en que se bebía el mundo. Aquella madrugada, pues, fue así: hablando de poesía aunque la horrible música nos conminó a gritar para oírnos y entendernos. Al final se fue, mi viejo conocido, diciéndome: "No te doy más la paliza". Al contrario, le aseguré, me encanta hablar de literatura. Siempre me he considerado poco entendido en poesía. estoy más acostumbrado a la prosa, al cuento y la novela. Sin embargo, oí una vez que no hace falta entender el poema para que te guste. Por eso durante esta primavera, y sobre todo en este verano, he procurado alimentarme de poesía. Una vez que entras en la rueda, ya no puedes librarte. Tienes que seguir leyendo poemas, descubriendo autores. He tenido, además, la inmensa fortuna de no leer en los últimos tiempos poetas que me decepcionen. Los he leído en manuscritos inéditos, en bitácoras, en libros, en antologías, en revistas. Como si estuviera sediento o enfermo. Voy a permitirme, pues, mencionar a los poetas que he leído en los últimos tiempos. A algunos los conozco personalmente, con otros sólo he contactado a través del correo electrónico, con otros será imposible establecer algún vínculo porque son extranjeros o porque están muertos. Los cito por dos razones: para agradecerles sus poemas y para que el lector que no los conozca procure descubrirlos. Así, he leído ultimamente a los zamoranos Tomás Sánchez Santiago y "El que desordena", Jesús Losada y sus versos para el catálogo de una exposición, el inédito David Refoyo y su aún no editado "Odio", además de los textos que cuelga en su blog. S Vicente Muñoz Álvarez y su "Privado", a David González y su "Ley de vida", a Karmelo C. Iribarren y su antología "Seguro que esta historia te suena", a Miriam Reyes y su "Espejo negro", a Manuel Vilas y su "Resurrección", a Antonio Pérez Morte y los poemas que de vez cuando pone en su bitácora. Y a Charles Bukowski y sus poemas de "La última noche de la tierra", a Sharon Olds y "Los muertos y los vivos", a José María Fonollosa y su "Destrucción de la mañana". En breve llegarán a las librerías Raymond Carver y su viuda Tess Gallagher, con sendos libros de poesía. Al fin. Mientras tanto, creo que releeré la "Poesía Completa" de Claudio Rodríguez. José Angel Barrueco (Publicado en La Opinión de Zamora, dentro de su sección "Escrito en el Viento", 4 de Septiembre de 2006) Atascos en las zonas buenas de los primeros mundos. Caos en un aeropuerto, el mundo detenido, persona a persona, tragedias individuales colectivizadas, a mogollón, miles de maletas extraviadas, perdidas de sus dueños y desconocidas entre si. Y la duda, que ahora gestiona un juez, de si es legal interrumpir un nudo de comunicaciones de esa manera, a la brava. Interrumpir el mundo, colapsarlo todo, porque un aeropuerto (excepto el de Zaragoza) es un centro de comunicaciones, un nodo que puede acabar por bloquearlo todo, como la mariposa que aletea en la fábula científica, pero a lo bestia. Y siempre lo mismo: cero información a las personas. Porque las maletas son entes herméticos, sellados, autosuficientes. Una maleta puede estar un año dando vueltas por esos aeropuertos extraviantes, de huelga en huelga, y sobrevive al caos. ¿Por qué ese afán de viajar con maletas, con mochilas, baúles...? Con un librito de bolsillo sobra. Sobraría si se pudiera. Los humanos no sabemos estar solos, de ahí las maletas, que vienen a ser la identidad. Porque calcetines, camisas y cepillos de dientes y secapelos hay por cuatro perras en todas partes. Y siempre los mismos. Uno puede rehacer su identidad en cualquier parte. Podría si pudiera, claro. Nos gusta duplicarnos en la maleta, en el peso, fardos de doble identidad. Los más cutre es ver a los famosos acosados tirando de sus maletas a ruedas. Ni siquiera los futbolistas, que son los que más cobran -generalmente por nada- , se libran de ese lastre siquiátricode esta época absurda. No, no debe ser muy legal fastidiar la vida a miles de personas que han pagado su billete, fastidiar sin avisar. Las huelgas tienen un protocolo, un preaviso, unas fechas y unos plazos. Pero nadie apoya a los viajeros, damnificados sin asociación, gente suelta, dispersa, que en cuanto acabe la pesadilla ssaldrá corriendo, se perderá "como lágrimas en la lluvia", que dicen en Blade Runner. Mientras que los huelguistas seguirán ahí, para siempre, una asociación, un lobi con poder y permanencia. Los damnificados en estos episodios son estampas y testimonios, momentos. Debería inventarse un mecanismo para crear una asociación de forma instantánea, o quizá existe ya y no lo sabemos aplicar. Un mecanismo para emergencias aeroportuarias, renfeviarias, marítimas. Mariano Gistaín (De su columna La ciudad de las gaviotas, El Periódico de Aragón 1 de Agosto de 2006) Los MicrocRuentos Estaba a seis clics de ninguna parte. Mariano Gistaín Acaba el domingo. No queda más té. Piazzola toca su bandoneón. Siguen llegando emailes spam como meteoritos de otras galaxias en busca de noticias de vida inteligente pero al revés. La batería del móvil se está cargando. He hecho los deberes del Heraldo y del Qué! para empezar la semana sin apuros. Se me cierran los ojos pero no sé si es que quiero dormir o ver otras pantallas, otras ventanas, otros mundos, otras vidas. Acaso lo que quiero es no ver nada. Como de tanto en tanto, la tentación de cerrar este garito que me hicieron abrir hace casi cincuenta y tres años, este garito desgastado que ha hecho de cuna, de barca, de cueva, de pozo, de copa de árbol y de alas de pájaro, este garito de feria ya con los perdigones acabados o perdidos y las escopetas oxidadas bajo lluvias de muchas horas quietas, este garito de playa para cambiarse y aparecer, ¡hop!, en bañador con la sonrisa del mar puesta y la terrible atracción de las olas cuando baja la marea y podría llevarte quién sabe hasta dónde, al otro lado de la vida convertido en pez oscuro, invisible, inencontrable, desaparecido. Otra vez vienen las dudas del para qué, para qué hacer esto y aquello, para que seguir braceando en medio de la inmensidad de un océano en el que hace tiempo pudiste acabar fundido entre sus gotas, aderezado, amablemente con su sal. Acaba el domingo. Eso es todo. Mejor pensarlo así. Javier Delgado (18-06-06) http://ulises.blogia.com La literatura es un balcón, un observatorio, una selva de palabras, que son como seres vivos, un corazón que late, una emoción unánime, una indagación. Todos buscamos de algún modo los libros necesarios para vivir. Y los encontramos, sin darnos cuenta, sin haber percibido que el libro es una compañía ideal que exige un poco de sacrificio y de concentración, pero luego lo da casi todo: es una invitación a la quimera, al conocimiento, un sendero que se bifurca o un caballo al galope que se excita en los dedos del viento. Los personajes te asaltan desde el papel y se meten en tu cabeza y se adhieren a tu piel como un olor, una caricia, un pensamiento, como unos zapatos que aprietan y que bostezan sudor como si fueran los de los gigantes de los cuentos. Cada mañana recorro con mi hija Sara, de siete años, un camino pedregoso hasta la carretera por donde pasa el autobús que conduce a los niños a la escuela. Siempre llevamos un libro, bellamente ilustrado a ser posible. Hace tres o cuatro días, a las nueve en punto, se puso a llover. Y la niña abrió el libro y lo puso de sombrero. El libro se convirtió en su casa improvisada, en su abrigo contra el amago de temporal. Yo pensé en el tema del Día del Libro Infantil, que se celebra en el Matadero y en todo el mundo, y de esta orgía perpetua de la imaginación, y de tantos proyectos felices, los nuestros, los de quienes vendrán y los de quienes nos precedieron: Y bajo el tejado, un techo. O un libro, que es casa encendida, y refugio, y el edén portátil donde nos reconocemos, y nos atrevemos a vivir en plena libertad, con toda la alegría de la tierra. Antón Castro, Cuentos de domingo, Heraldo de Aragón, 2 de Abril de 2006) Sí, he sido mi padre y he sido mi hijo, me he planteado preguntas y las he contestado lo mejor que pude, me he hecho repetir, noche tras noche, la misma historia, que me sabía de memoria sin poder creerla, o nos íbamos, cogidos de la mano, mudos, sumergidos en nuestros mundos, cada uno en sus mundos, con las manos olvidadas, una en la otra. Así he sobrevivido, hasta el presente. Y aún esta noche parece que todo marcha bien, estoy en mis brazos, me sostengo entre mis brazos, sin mucha ternura, pero fielmente, fielmente. Durmamos, como bajo aquella lejana lámpara, embrillados, por haber hablado tanto, escuchado tanto, penado tanto, jugado tanto. Samuel Beckett (Textos para nada, Tusquets, Barcelona, 1971) Desde hace meses, vivo todos mis momentos de angustia en compañía de Emily Dickinson. E.M. Ciorán (Cuadernos, 1957-1972) Gallimard, París, 1997 La mirada de mi abuelo estaba llena de intensidad, de determinación. Parecía que fuese él quien fotografiaba a la cámara. DANIEL GASCÓN, fragmento de El Abuelo incluido en el libro El fumador pasivo (Xordica, Zaragoza, 2005) Si me preguntasen cuál es el ser al que más envidio, respondería sin vacilar: aquél que, descansando entre las palabras, vive en ellas ingenuamente, por consentimiento reflejo, sin cuestionarlas ni asimilarlas a signos, como si se correspondiesen a la realidad misma o fuesen lo absoluto, disperso en lo cotidiano. No tendría, como contrapartida, ningún motivo para envidiar a quien las penetra con clarividencia, discerniendo su fondo, su nada. Para él, ya no hay relaciones espontáneas con lo real; aislado de sus útiles, acorralado a una autonomía peligrosa, alcanza un sí mismo que le espanta. Las palabras le huyen: como no puede alcanzarlas, las persigue con un odio nostálgico y nunca las profiere sin una risotada o un suspiro. Si bien no comulga ya con ellas, no puede, sin embargo, pasarse sin ellas y es precisamente en el momento en el que está más alejado, cuando más se aferra ellas. (...) E.M. Ciorán de La tentación de existir (Gallimard, París, 1972) Quien no haya sufrido no es un ser; es, todo lo más, un individuo. (Texto E.M. Ciorán / Ilustración: Eduardo Chillida) Llevo un tiempo llorando sin parar. Los martes y los domingos. Y también los sábados. Aunque no se me ve. Lloro delante del espejo y tumbado en la cama. Casi nunca se desbordan mis lágrimas, porque se quedan suspendidas en los ojos. A punto de saltar y agujerear el suelo. Como ácido sulfúrico. Lloro de emoción en las bodas: en la de Anda Lydia y Óscar y en la de Ánchel e Ignacio y en la de Sole y Óscar. Lloro de tristeza en los entierros: el último, el de Boni. Lloro cuando debo llorar y también lloro cuando no debo. Lloro de alegría. Y también, de pena, como lloraba cuando niño. Lloro por las guerras, por el hambre y por los huracanes. Lloro cuando me devora la impotencia, claro. Llevo un tiempo llorando sin parar y de verdad. Lloro y es como si tuviera dentro una brigada de limpieza. Sin detergente. Sin espuma. Sin lavadora. Aunque con centrifugado y secado. Lloro cuando se acaban todas las palabras. O están tan escondidas y tan alborotadas que no consigo ordenarlas. Lloro en los cumpleaños. Lloro con las canciones y en las despedidas. Lloro después de hablar por teléfono. Y a veces antes. Lloro cuando me gusta lo que leo. Lloro en el cine. Lloro en las cenas con amigos, donde se brinda y se exalta la felicidad y el tiempo compartido. Y el tiempo desaparecido. Loro viendo los talkshows de la tele: esa parte de la televvisión que es ficción fabricada con sentimientos verdaderos. Lloro por lo que más quiero. Lloro por los vesos. Lloro en el verano. Y lloro cuando llueve, que es cuando mejor se llora, como de camuflaje. Llevo un tiempo llorando sin parar y empiezo a conocer el mecanismo. Primero se me encoge el estómago. Luego se me ponen telarañas en los párpados. Más tarde se me congelan las orejas. Y aparecen las lágrimas que quedan en equilibrio, como carámbanos de sal. Lloro cuando veo a un amigo. Lloro mirando el paisaje desde el coche. Llevo un tiempo llorando por todo. Y no lloro como un acto de la voluntad sino obedeciendo a mi cuerpo: de manera involuntaria, incontrolada. Aunque no me atrevo a escribir que indeseada. Lloro y el llanto me parece una extraña ITV de la vida. (Publicado en Heraldo de Aragón, 2 de Octubre de 2005) HAN PASADO 18 AÑOS Y 11 MESES, ¿TE ACUERDAS? Cuando uno se cansa de que le traten como a un estúpido amnésico, como a un idiota, como a un número, pierde la esperanza en los políticos, en los medios de comunicación, en casi todo lo público. Es ese el momento en que uno vuelve a sentirse un adolescente incomprendido con irremediables ganas de llorar. Cuando estás a punto de hacerlo, vuelves la página del diario y un nuevo artículo de Mariano Gistaín te salva. Siempre dice lo que tú callas. Sus textos son el hombro de un amigo. (A. PÉREZ MORTE) |