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Antonio Pérez Morte

Poetas

Tengo el pubis encharcado (Almudena Vidorreta)

Tengo el pubis encharcado   (Almudena Vidorreta)

Tengo el pubis encharcado
y una migraña que me come viva.
No hay máscara de pestañas
suficiente para endurecer
y enderezar de una vez por todas
el pelo negro de mis ojos tristes:
con tanta lágrima,
con tanto fluido vaginal,
no puedo sentirme rebelde...
Será por eso que trato de maquillarme
y será por eso que me da por llorar.

Almudena Vidorreta

(De  "Ocultación transitoria"  -fotografía poética del grupo Eclipse- ,  Rolde de Estudios Aragoneses,   Cuadernos de Cultura Aragonesa    nº 45,  Zaragoza,  Diciembre de 2006)

¿Por quién doblan las campanas? (Fernando Sarría)

¿Por quién doblan las campanas?     (Fernando Sarría)

¿Por quién doblan las campanas?
En la noche suena la soledad
y al mediodía se escapa en el aire
el largo perfume del silencio.

¿Por quién doblan las campanas?
Ni tú ni yo estuvimos aquí
y a lo mejor nunca volvemos.

Entre el polvo que se deshace
se oye el murmullo encadenado
y triste del tiempo,
un eco a muerte: 
¡Campanas del crepúsculo
resuenan entre las ruinas!

Fernando Sarría

CADA VERSO... (Luciano Gracia)

CADA VERSO...   (Luciano Gracia)

Cada verso que vivo
es la herida de España que me duele
y me enciende la sangre.

Un cambiarme la piel por la palabra
que me nace desnuda
y se abraza a la tierra.

Cada verso que vivo
es la lluvia que me turba y estremece
los glóbulos más rojos.

Un pedazo de lengua que se pudre
en su amargo poema.

Cada verso que vivo
es un himno a la vida
y un respeto a la muerte.

Luciano Gracia Bailo
(Vértice de la sangre, Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1974)

 

Belchite (Ángel Petisme)

Belchite (Ángel Petisme)

El viajero contó que existía un lugar
donde cantan los Doors This is the end.
Dijo que las palabras no tenían valor
y que allí había un zoo de un tal Jafet.

E o galego Líster andou por aquí
mentres que Goya pintaba o Gernika.
Allí verémonos no xuizo final, na loita final...

E é que o Petisme chegou por aquí
e á súa galega chamouna mañica,
chamouna mañica.

Cuando tañen las campanas
y se llenan los refugios,
cuanto más silban las balas
más ciegamente te busco, te busco...

Y siempre hay una pelota abandonada
en medio de una calle de Belchite
y duerme una mujer enamorada
entre las ruinas de Belchite.

Vi el Universo dilatarse en un quantz,
y era la vida UN SECRETO A VOCES,
c´est la que chantait Brel Ne me quitte pas ,
Ne me quitte pas...

Allí las hormigas transportan metralla
y juegan al fútbol PALESTINOS Y KURDOS,
allí nos masturbamos antes de la batalla,
allí se SIENTE bien EL LATIDO DEL MUNDO.

Cuando tañen las campanas
y se llenan los refugios,
cuanto más silban las balas
más ciegamente te busco, te busco...

Y siempre hay una pelota abandonada
en medio de una calle de Belchite
y duerme una mujer enamorada
entre las ruinas de Belchite.

Ángel Petisme
(Del Long-Play  "Turistas en el Paraíso", Fonomusic, Madrid 1992)

Belchite (José Antonio Labordeta)

Belchite (José Antonio Labordeta)

El árbol se levanta sobre la tapia hundida.
El viejo campanario  -la paloma que había
huyó bajo la guerra-  está desierto:
todo es la sombra.

El monte desolado invade el patio,
el pozo seco,
el niño destrozado por la yedra.
Alguien recuerda  -Antes estuve aquí,
hoy ya no vuelvo-  por los muros de adoba calcinados:

¿Quién ha puesto el olivo
enfrente del olivo?

¿Quién ha dejado sangre
enfrente de la sangre?

¿Quién ha traído muerte
en contra de la muerte?

¿Quién, en fin, ha destruido al hombre
contra el hombre?

Sobre la casa yerta ya nadie se levanta.

José Antonio Labordeta
(De "Cantar y callar", Ediciones Javalambre, Zaragoza 1971)

VIDAS (ÁNGEL GUINDA)

VIDAS    (ÁNGEL GUINDA)

Hay quien hace de su vida una frontera.
Otros la comparten como aire, luz,
o la levantan sobre un campo de minas.
Quien la deja al azar,
y el que a control severo la somete.
Algunos imitan la vida de sus héroes,
y quienes la embalsaman en un búnker de oro.
Todas las vidas trabajan para la muerte.

Ángel Guinda  (De Conocimiento del medio, Ediciones Olifante, Zaragoza 1996)

Cuando llegué (Nacho Tajahuerce)

Cuando llegué     (Nacho Tajahuerce)

Cuando llegué
estabais las dos hablando
de vuestros estudios, vuestros amores,
vuestros errores y yo en la mesa de al lado
oyéndolo todo sin querer escucharlo.
Cuando os marchabais y os tapabais
el culo con ese jerseicito a juego
con los vaqueros, pensaba que
sería la última vez que
observaría ese paisaje y que
vuestros ojos nunca más se cruzarían
con los míos.
Por esto y por mi maldita manía
de sacar provecho a todas las situaciones
escribí este poema
con la mirada perdida,
ante vuestra mesa,
ya
vacía.

Nacho Tajahuerce     (De la antología Ocultación transitoria, Rolde de Estudios Aragoneses, Zaragoza 2006)

El día no está para versos (Ana María Navales)

El día no está para versos    (Ana María Navales)

El día no está para versos
que buscan su origen
en el enigma al que huyó
la primera palabra.
Sólo hay muerte y silencio.
El incendio lo arrasó todo:
la luz de la memoria,
la música convertida
en miedo, páramo y ceniza,
el asombro del latido y el secreto.
Hay que despedirse del poema
sin rencor, trampas ni engaño,
y no aceptar su inútil desafío.

Ana María Navales  (Publicado en el nº 80 de la Revista Cultural Turia)

La aventura abisal (Un poema de Manuel Lozano)

La aventura abisal  (Un poema de Manuel Lozano)

                                                        A Teresa de Ávila 

Por el corazón, sí, por el corazón padezco
de un cuidado de placer que ya me nace.
Acabo de morir de muerte entera.
Se vaciaron las llagas,
en la cornisa de un nido anunciador se vaciaron.
Jamás la sangre mostró un amor tan desnudo
por la cruz caníbal de este hijo.
¿Y cómo reir en los asaltos del mundo?
En la cercanía van muy lejos
los que cantan a viva voz de manantiales.
¿Por qué ahora los abrazo con boca de palabras?
Navegan por mis vidas, con mis muertes
a la puerta en fuga de abalorios.
Este es un réquiem sin descanso.
Centinela de las llaves oscuras,
qué bien lo decías:
No miréis nuestra ceguedad.
Ya viene el alba.

Manuel Lozano
Buenos Aires, 28 de Diciembre de 2006

Rodéame (Un poema de Fernando Sarría)

Rodéame   (Un poema de Fernando Sarría)

Rodéame con tu cuerpo,
que tu piel con mi piel se fundan,
que tus manos recorran mis sueños
y tus pies se hagan cálidos
como gatos entregados.
Cúbreme con la luz de tus ojos
y cántame con tu voz
la canción que el océano
trae en el nácar de las caracolas.
Ámame esta noche
sierva de un viento oscuro,
en esta noche sin lunas ardientes
ni miradas desnudas,
sólo tu y yo albergando
como crisoles
los últimos racimos del sol.
Eternamente solos,
abandonados
al placer de los silencios.

Fernando Sarría 

II (IGNACIO ESCUÍN BORAO)

II                (IGNACIO ESCUÍN BORAO)

                                                                     ...si pudiera ser tu héroe...

                                                                                   Enrique Iglesias

 

Si pudiera ser tu héroe, ser tu dios, héroe y dios los dos en uno, cerrar los ojos y sentir que mañana nos queda todavía, como si de una ciudad o mar se tratara. Héroe y dios, ejemplo y salvador de nombre impronunciable y mágicos poderes, capaz de recorrer cielo y tierra, calles y más calles sin saberlo. Sin saber que de noche y de rodillas en la esquinita de tu cama me pides y me lloras que quieres ser libre, amar libremente, vivir libre de pecados...  pero sueñas con el pecado en sí, con unos pechos más grandes que desborden las manos de tus amantes al cubrirlos y con un sexo dulce y profundo. Sueñas con todos los símbolos que la cultura ha vinculado al falo, al bastón de mando, crees, al tótem que beatas rancias como tu madre han convertido en tabú.
Tu héroe y tu dios, los dos en uno, están por la labor de escucharte y ayudarte a hacer realidad tus sueños. Súbete a la cama, quítate el pijama, abre las piernas, cierra los ojos.

Nacho Escuín Borao  (POP, Editorial Aqua, Zaragoza 2006) 


 

He movido la noche... (Ángel Guinda)

He movido la noche...     (Ángel Guinda)

He movido la noche para que cante el sol

Ángel Guinda
(
De Toda la luz del mundo, Olifante, Zaragoza 2002)

Mi botín de recuerdos (Ana María Drack)

Mi botín de recuerdos   (Ana María Drack)

Mi botín de recuerdos
pesa excesivamente:
no sé si desplomarme
sobre todos mis libros
o hacerle carantoñas
al chico de la esquina
para que venda al peso
todos mis ideales

Ana María Drack
(De Cuarto de Hora, Pastorius, Elx, 2006)

LA LLUVIA (Manuel Vilas)

LA LLUVIA      (Manuel Vilas)

 

                                                                  Madrid, 22 de mayo de 2004 

Vimos el Rolls del año 53 con las ruedas blancas
(mil kilómetros en cincuenta años)
en las teles de los bares del barrio del Actur de Zaragoza.
Sostenía en mi mano una copa de vino blanco fría
y ya hacía calor en España,
los hoteles del Mediterráneo estaban de limpieza general,
habitaciones abiertas con camareras esmeradas, esperando
la llegada de setecientos mil ingleses,
un millón de alemanes, cuatrocientos mil franceses,
cien mil suizos y cien mil belgas.
Estábamos con un vino blanco en la mano y los cuellos
levantados hacia el televisor.

No vino Isabel II de Inglaterra; Isabel II
sólo aceptaría ir a la boda del Rey de Francia
y, como en Francia no hay Rey, Isabel II
se queda en palacio para siempre, reclinada sobre el mundo.
Son los súbditos de Isabel II los que aman el sol de España
y la cerveza barata,
los que exhiben la bandera británica en las terrazas
frente al mar de sus habitaciones manchadas.

Crepusculares casas reales venidas
de los rincones más oxidados de la historia
el 22 de mayo de 2004 surgieron en las televisiones de España,
países nórdicos, lejanos y prósperos, fríos, alejados
de este corazón inacabable.
Rouco Varela cantando la misa.
No vino el presidente de la República Francesa.
Los arzobispos, bicolores, felices.
El nombre de Dios dicho en voz alta muchas veces.
La terca obsesión en nombrar a Dios, nombrarlo
como quien nombra el poder, el dinero,
la resurrección, la guillotina, la cárcel, la esclavitud.
El emperador del mundo se quedó en América,
ajeno a los ritos menores de sus provincias.
Los enormes paraguas azules.
Levantarse a las seis de la mañana
para que te maquillen, te depilen, te hagan la manicura,
qué felicidad más grande.

Los grandes desayunos, los cubiertos de plata, el vino
y las colonias bárbaras.
Las duchas gigantescas, las suites, los bombones suizos,
las zapatillas de oro, los eslips de platino,
el zumo de naranja con naranjas atroces.
El lujo y el servicio, siempre gente abriéndote las puertas.
La sonrisa permanente.
Los profesionales de la sonrisa permanente;
esa sonrisa representa el trabajo más inhóspito de la historia.
¿Sonreir? ¿Por qué?

Y Umbral, y Gala, y Bosé, y A., y J., y Ayala, y M. M.
entrando en la Almudena, recompensados, elegidos,
a la diestra colocados, los jefes de la inteligencia española,
de la subida española, de la gran crecida.
La gran subida, la gran ascensión.
Y los ciento noventa quemados vivos tuvieron su homenaje,
el absurdo pueblo mutilado, el goyesco pueblo
elemental y monárquico,
el Rolls pasó entre ellos.
Y el expresidente del gobierno bebió Rioja Reserva del 94,
todos los expresidentes de España, con su chaqué, y sus mujeres
en un segundo plano, protectoras, devoradas, confundidas
para siempre, pero felices de haber llegado allá,
allá lejos, allá donde el aire es de oro y la mano coge el mundo,
allá donde España entera quiso que estuviesen
y la legitimidad democrática es un fulgor definitivo.

Las pamelas iridiscentes, los yugos en la cabeza,
los yugos bajo el cielo oscuro.
Y José María Aznar y Jordi Pujol
y Felipe González, juntos de nuevo.
Y los tres se sintieron satisfechos viendo la obra bien hecha,
la sucesión de Franco, la mano europea, paternal,
sobre nuestras cabezas,
la sucesión de Franco, las mantillas del franquismo
metidas en los armarios,
chillando de envidia y respirando naftalina muy blanca.
Y Juan Carlos I cargando con España,
porque quién sino cargaría con España,
con la historia de España, el sello papal en el dedo meñique.
Y Zapatero con su Sonsoles, voluptuosa, sonriente,
su tipo le hubiera gustado a Baudelaire o a Julio Romero.
Sonsoles parecía u Delacroix:
la anatómica Libertad guiando al pueblo,
pamelas vistosas, el rito político,
la aburrida historia,
los pechos caídos.

Y socialistas y liberales y ultramontanos juntos,
la izquierda y la derecha maridadas,
las nóminas engrandecidas hasta la saciedad,
buscando lo mismo todos, un Delacroix parecía Sonsoles,
la nueva reina de España,
del reparto de los despachos, las glorias, los oros laicos.
Ateos convertidos bajo el fulgor de las pamelas,
creyentes con el billetero ateo.
El poder en todo tiempo siempre igual a sí mismo.
La historia humana en todo tiempo como ya fue hace tiempo.
El mismo tiempo siempre.
Repitiéndose la esencia de España, la esencia del mundo grande.

Y nosotros bebiendo en el Actur, al lado de las grúas y del Hipercor,
felices de que nos dejen beber este vino
frío en una copa medio limpia, felices
de poder pagar este vino y dos más.

Y la palidez privada de la reina Rania de Jordania.
Y la lluvia.

MANUEL VILAS

ESTADIO CHILE

ESTADIO CHILE

Somos cinco mil aquí
en esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil.
¿Cuántos somos en total
en las ciudades y en todo el país?
Somos aquí diez mil manos
que siembran y hacen andar las fábricas.
¡Cuánta humanidad
con hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura!
Seis de los nuestros se perdieron
en el espacio de las estrellas.
Un muerto, un golpeado como jamás creí
se podría golpear a un ser humano.
Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores,
uno saltando al vacío,
otro golpéndose la cabeza contra el muro,`
pero todos con la mirada fija de la muerte.
¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!
Llevan a cabo sus planes con precisión artera sin importarles nada.
La sangre para ellos son medallas.
La matanza es un acto de heroísmo.
¿Es éste el mundo que creaste, Dios mío?
¿Para eso tus siete días de asombro y de trabajo?
En estas cuatro murallas sólo existe un número que no progresa.
Que lentamente querrá más la muerte.
Pero de pronto me golpea la consciencia
y veo esta marea sin latido
y veo el pulso de las máquinas
y los militares mostrando su rostro de matrona lleno de dulzura.
¿Y Méjico, Cuba y el mundo?
¡Que griten esta ignominia!
Somos diez mil manos menos que no producen.
¿Cuántos somos en toda la patria?
La sangre del compañero Presidente golpea más fuerte que bombas y metrallas.
Así golpeará nuestro puño nuevamente.
Canto, que mal me sales.
Cuando tengo que cantar, espanto.
Espanto como el que vivo, como el que muero, espanto.
De verme entre tantos y tantos momentos del infinito
en que el silencio y el grito son las metas de este canto.
Lo que nunca vi, lo que he sentido y lo que siento
hará brotar el momento...

Víctor Jara (Santiago de Chile, Septiembre de 1973)

DE NUEVO, EN BATALLA (Jorge Barco)

DE NUEVO, EN BATALLA  (Jorge Barco)

Amanecí vellido y tenía frío,
los ojos meones y
el miembro necesario mustio,
cansado, dormido, y luego alegre
y más y más y luego nada,
otra vez mustio, cansado, dormido,
                 culpable.

Pero, ¿fue culpa mía?
Oye,
que yo no lloré con ganas pero las  tenía,
que si el cielo no es azul no es culpa mía
para que tus ojos me escupan lo contrario.

Jorge Barco (De El rastro de mis lágrimas, Celya, Salamanca, 2000)

BORGES (Leopoldo María Panero)

BORGES  (Leopoldo María Panero)

Ah, espejo del que caen hombres
como moscas del dios de la nada,
como rostros enredándose en el viento,
como cerebros sin rostro,
saltimbanquis
insultando a los hombres
y es el poema un clochard, un mendigo
que lee a Paul Celan
y no escucha
las palabras de los hombres
que no dicen nada, y hablan en la sombra
de dorar el salmón, y de una espada.

Leopoldo María Panero (De Esquizofrénicas o La balada de la lámpara azúl, Hiperión, Madrid, 2004)

LÍMITES (Jorge Luis Borges)

LÍMITES  (Jorge Luis Borges)

Hay una línea de Verlaine que no volveré a recordar.
Hay una calle próxima que está vedada a mis pasos,
hay un espejo que me ha visto por última vez,
hay una puerta que he cerrado hasta el fin del mundo.
Entre los libros de mi biblioteca (estoy viéndolos)
hay alguno que ya nunca abriré.
Este verano cumpliré cincuenta años;
la muerte me desgasta, incesante.

Jorge Luis Borges

ANSIEDAD (Un poema de Ángel Guinda)

¿De
qué
vacío
están llenos
los vasos
del
deseo?

Ángel Guinda

(Claustro  / Poesía 1970-1990 / Olifante 1991)  

Dientes de mezcal (Javier Corcobado)

Dientes de mezcal     (Javier Corcobado)

Y en nuestro último beso mordimos el gusano del mezcal.
Y en nuestro último beso mordimos de la noche el final.
Y recordamos amargamente nuestros antiguos amores.
Y ya perdidos en la tiniebla viva del alcohol,
nos abrazamos hasta reconocer que sin amor todo es nada.

Espejos rotos en olivares, con la luz del sol,
van reflejando la tristeza de un verano sin un revólver azul.
Y en nuestro último beso mordimos el gusano del mezcal.
Y después nos suicidamos, y por eso yo lloro esta canción
desde el trono borracho del cielo del amor.

Javier Corcobado