Siempre solo (Miguel Labordeta)
Siempre s o l o
con mis sueños
y mi carne.
Con mi cantar indeciso
entre labios
atravieso las calles
bajo la lluvia.
(1946-48) Inédito hasta 1983
Siempre s o l o
con mis sueños
y mi carne.
Con mi cantar indeciso
entre labios
atravieso las calles
bajo la lluvia.
(1946-48) Inédito hasta 1983
Quiero abarcar el sol de los desiertos,
convertirme en el suelo de tus pies.
Vuelo en tu sombra, esa luz que no he visto.
La extensión del deseo que encendí
igual que el humo del incienso.
Como un rubor antiguo de azafrán...
Ahora
que la caravana de mi soledad
ha llegado en este viaje hasta tu umbral,
traigo para ti:
Color de Jenna,
Música de rosas,
Besos de dátil.
De cilantro y menta:
Oasis de Luna,
ternura de arenas
en tu cintura de nieve serena.
Agua de tu Alba
y música de rosas.
¡Siento
como un río
tu corazón de piedra!
Gabriel Sopeña
(Del disco colectivo "Natural de Aragón" Un canto a la naturaleza, Gobierno de Aragón, 2006)
Cuéntamelo otra vez, es tan hermoso
que no me canso nunca de escucharlo.
Repíteme otra vez que la pareja
del cuento fue feliz hasta la muerte,
que ella no le fue infiel, que a él ni siquiera
se le ocurrió engañarla. Y no te olvides
de que, a pesar de los problemas,
se seguían besando cada noche.
Cuéntamelo mil veces, por favor:
es la historia más bella que conozco.
Amalia Bautista (Incluido en la antología Quinta del 63, Celya, Salamanca 2001)
Tengo una tristeza de veinticuatro años y ocho meses,
que en días solares medios no quiero calcularla,
pero me dura doce meses cada año
y semanalmente deviene con mi alma.
Tengo una tristeza que a velocidad de luz
trata de alcanzar su noche,
es opaca al mediodía
y fija una constelación de lágrimas sin nombre
que con el tiempo, tal vez, descubrirá la Astronomía.
Si sucediera, llamarla Melancolía
y darle la densidad y la distancia que gustéis.
Es para que lo sepáis una tristeza intransitiva
conjugada en todo tiempo,
procedente de pretéritos y orientada a los futuros.
Hoy por hoy en presente la llevo
y su diámetro es mi alma
y mi corazón su centro, de donde parten
los radios que la llevan.
Y tiene un factor constante para el que los griegos
no hallaron letra y un peso cualitativo
que en cantidades tiende a cero o infinito.
Es una tristeza indivisible,
susceptible de potenciarse al cubo
teniendo en cuenta que el volumen en que vive es de hombre.
Y teniendo en cuenta su peso específico,
su cualidad de mercurio incesante,
el punto en el que hierve
y la profundidad a que se encuentra, es implacable.
Es una tristeza que vive en esta cárcel
de 24 años, ocho meses y un día
y hay que darle tiempo para que muera,
para que planetariamente ronde el sol de su recuerdo,
para que tenga meteoritos y juegue con Saturno
a alimentarse de sus hijos.
Y hay que darle tiempo para que sepa su sustancia
y la estudien los niños en la escuela
y los doctores le hagan tesis,
y los laboratorios la analicen para hacer tristezas más pequeñas.
Tengo una tristeza existencial que tiene su raíz
en haber nacido para muerto.
Me temo que es una tristeza contagiosa y sin remedio.
José Antonio Rey del Corral (Poemas de la Incomunicación, Colección Poemas, Zaragoza 1964)
Soy tantas veces yo, interminable,
con el rostro cruzado por el tiempo,
por las huellas que dejan los silencios,
los días acabados
y las noches de ausencia y de olvidos
que siempre
cuando me miro hondo
ante este espejo que naufraga en casa
me recompongo a mí,
a mis recuerdos,
a mis leves ausencias
levantadas en las heridas huellas
de los ojos.
José Antonio Labordeta (Del poemario Jardín de la memoria / Taifa Poesía / Barcelona, 1985)
La lucha
no se decide en las calles
sino en los callejones
de la conciencia
Jorge Riechmann, Muro con inscripciones, DVD poesía, Barcelona 2000)
La débil memoria
bailando de rama en rama
en el cerebro de los pájaros.
Un temblor en los huesos
y la luz de las tormentas
penetrando en el silencio.
Me voy de la piel de un continente
que detiene el amor.
El tiempo pasa por la caligrafía.
Francisco Grasa Ubieto
(Agua y cenizas / El suicidio de las olas,
Aveletra, Huesca,2005)
Ilustración: Santiago Arranz
Este sueño, que acabo de soñar y en cuyo tenue borde te hiciste no visible, limita con la nada.
José Ángel Valente
(Fragmentos de un libro futuro, Galaxia Gutemberg / Círculo de Lectores, Barcelona,2000)
Hay cientos de historias como ésta
que ningún fabulador por perverso que fuese
podría urdir mejor.
Un muchacho soñó que ponía una bomba
y al día siguiente lo contó a sus amigos.
No conozco su nombre pero sigue en la cárcel.
Hasta soñar está prohibido en Palestina.
Ángel Petisme (Editorial Eclipsados, Zaragoza, 2005)
Sólo dios sabe por qué se me regaló el don de aprenderme de memoria las manos de todas las cajeras que me han atendido y cobrado alguna vez en mi vida. Es un don inexplicable, frenético cautiverio de los ojos. Cajeras del Carrefour, del Sabeco, de Alcampo, cajeras de todas las tiendas que he visitado, llevo vuestras manos en el disco muy duro de mi memoria. Manos grandes, pequeñas, manos tristes, alianzas, adornos, uñas de todas las formas y de todos los colores, venas bajo la piel, manos atadas a una máquina registradora, manos cansadas, uñas rotas. Falanges señaladas para trabajos pocos señalados. Manos siempre pulcras, manos a veces de una belleza fulminante. Manos inesperadas. Siempre que voy con el carro de la compra y dejo el azúcar y las galletas en el mostrador, y comienza la cajera el rito de coger con sus manos mi compra, me invade una rabiosa melancolía: miro esas manos que cogen lo que compro, esas manos esclavas, las mías que también lo son, las mías que sacan billetes de una cartera, las manos de ella, con sus uñas pintadas (he visto cien mil uñas encerradas en cien mil colores), los cambios, El Rey de España pasando de mano en mano, ausente él también con su efigie narcotizada, las estúpidas galletas, la abundante azúcar. Y es entonces cuando actúa mi memoria. Allí donde sólo hay manos muy baratas en trabajos muy duros, yo me aprendo esas manos muy de memoria: dedo a dedo, alianza por alianza, uña a uña, cada falange, cada vena abandonada a su suerte, cada pliegue de la piel, cada forma delicada de los dedos.
Manuel Vilas (Resurrección, XV Premio Jaime Gil de Biedma, Visor Libros, Madrid 2005)
Esta tierra, este tiempo, esta espantosa podredumbre
que me acompañan desde que nací
(porque soy hijo de una patria triste
y hermosa como un sueño de piedra y sol; de un tiempo
amargo como el poso
de la historia):
esta tierra, este tiempo que tiran de mis pies
hasta arrancar los huesos a mi esperanza última,
¡ah, no podrán, jamás podrán vencerme,
porque mi mano se me va y se agarra
a otra mano de hombre y a otra mano
que me encadenan, madre inmensa a ti!
BLAS DE OTERO (De Pido la paz y la palabra, Santander, 1955)
FOTOGRAFÍA: AGENCIA EFE
¿Cómo afrontar la lucha derrotado?
(Luis Valdesueiro, Lucidario, 1997)
El bien que haces te hace. Te deshace el mal que haces.
(Ángel Guinda, 1994)
Viste cómo se derrumbaron
viejas creencias nuevos mitos
sobre la libertad. No eres
hombre de fe. Y ahora te ofrecen
un gran supermercado. El mundo
gira en su órbita exacta. Sabes
el argumento de la obra
y cuál es tu papel: ni héroe
ni malvado. Y no estarás
cuando caiga el telón. Actor
entre el inmenso repertorio
de esta tragedia milenaria
vas a seguir siempre en el bando
de los rebeldes y sus sombras.
José Agustín Goytisolo, de Como los trenes de la noche, Lumen, Barcelona 1995)
ILUSTRACIÓN: JOSÉ LUIS LASALA
El mejor vestido para mi cuerpo
es tu cuerpo desnudo.
El mejor vestido para tu cuerpo
es mi cuerpo desnudo.
Vestido así
no tengo ganas de desnudarme
nunca.
Jorge Riechman, De Amarte sin regreso (Poesía amorosa 1981-1994) Hiperión, Madrid, 1995.
Yo amo la belleza,
el equilibrio, el cosmos,
los grandes girasoles de Van Gogh, amarillos,
los canales marrones
de una Venecia rosa,
la luz sobre los árboles
de tu paisaje en frío.
Yo amo las magnolias
y el unicornio extraño,
los efebos, Mykonos,
la magia de los días,
el corazón salvaje
de Brasil verde oscuro,
el sonido de Cuba,
con el son y la salsa.
Yo amo el cante hondo,
la java, las sonatas,
casi todas las fugas
de Bach y de Scarlatti,
Vivaldi, Mozart, Mahler,
Homnegger, Stravinsky,
Rabi Shankar, los Beatles
y Chavela a deshoras.
Y me gustan las arias
de Puccini y el canto
de cualquier ave rara
que me suene a música.
Yo amo la pintura
de Goya y de Kandinsky,
la de Chagall, Klee, Rubens,
Picasso, los egipcios,
sus misteriosos templos,
sus esfinges, pirámides,
el mundo jeroglífico
de sus paredes crema,
el pueblo de los incas,
los aztecas, los mayas,
París, barrio Latino,
allá por los sesenta,
el existencialismo
de Kierkegaard, Brassens,
Piaf, Grecó, los poemas
de Prevert, el misterio.
Yo amo a los poetas
de mi tierra y su gente,
a los cantores libres
cuando arriesgan la pluma.
Yo amo mil etcéteras,
el silencio, el teatro
y los cines de ensayo
con Visconti incluido.
Y me amo a mi misma
y a ti, cuando te dejas.
Ana María Drack, del poemario De dos en dos, Lunara Poesía, Elche 1996.
Es cosa tan pequeña nuestro llanto;
son tan pequeña cosa los suspiros...
Sin embargo, por cosas tan pequeñas
vosotros y nosotras nos morimos.
Emily Dickinson
Te debes un espacio que ahora buscas,
me debo el torpe anhelo de mi entraña.
Si naciera de nuevo buscaría
en la agenda de teléfonos del tiempo
tu nombre y dirección. Y llamaría;
y propondría una cita en el Egeo
(digamos desde Pérgamo hasta Patmos)
para hacer más dilatada la batalla.
Quisiera un rumor de címbalo y de cítara,
crótalo de tacto, brasa
para la hermosa estrategia
que ha hecho perdurar el mundo;
y quisiera luna densa,
calida y suave: una cuna
donde gemir libremente y hallar la misericordia.
Y quisiera largas treguas de cabello,
una carba con jadeos
dándole ánimos al fuego
de su soplar suave y corto;
y quisiera un derramarse de canciones,
y un almacen de idiomas y de venas.
Y un paciente descansar de cabotaje
que inflamara de bravura ese latido
olvidado por la edad, que no perdona;
y quisiera una piedad con nombre de alba,
y quisiera el testamento de las fuerzas,
y quisiera un despertar, porque es preciso:
un abrazo de pámpano y de cepa,
un latigazo de aromas,
caravasar de café y de alcaravea...
Aquí es donde comienza el verso,
la frontera de lo real, de su liturgia.
Debo labrar las horas
en que quiero imaginarte
con la mañana siguiente.
Gabriel Sopeña (De BUEN TIEMPO PARA EL DESHIELO, Zaragoza, Lola Editorial, 2003)
Si pudiera al menos
no ya prescindir de la memoria (enfermiza
y parásita memoria) sino del deseo
de no recordar
olvidar la voluntad de olvidar
(Luis Eduardo Aute, de La matemática del espejo 1970-75, Ediciones Peralta, 1979)
Me he vuelto loco
pero ahí fuera sigue
el rumor sórdido de la vida
y es como si el dolor fuera poco
como si hiciera falta otra vuelta de tuerca: a hombres
que arrastran mis pies
borrachera hedionda de silencio
como un ruido al fondo de la vida.
Leopoldo María Panero (Del poemario "Poemas de la locura", Huerga y Fierro, Madrid, Junio de 2005)