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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Poetas.
 De tu mano fue el descubrimiento del jardín. De tu voz, su música, de tu boca, el sabor del aire. El agua, el agua, el agua, obstinada en guiar nuestros pasos. (¿Otra vez el mar?)¡Tanto mar para morir! No tengo, ¡ay! recuerdo de jardines colgantes. Solamente tierras y colinas dolientes bajo el fulgor de un cielo surcado de palomas. (Cementerio marino en el aire, por el aire). Tierras hondas y calladas, tierras sufrientes de Castilla de Cides desterrados. El jardín eres tú, amante altiva y pura como la luz, flor milagrosamente ilesa, encarnación del encarnado paraíso. Victoriano Crémer  los políticos estrechan la mano pero no la dan David González (Loser, Bartleby, Madrid 2009)
 Vivamos en el silencio del útero y la arcilla, en los grandes silencios anteriores al hombre. Si ya nos hemos dicho todo lo que aprendimos en los ojos del otro, guardemos el silencio de los primeros besos, la rotunda energía, la afasia misteriosa de asteroides y estrellas, la fluvial afonía de las células madre. Te espero en el silencio del bueno de Fernando.
Ángel Petisme
(Poema Inédito, Zaragoza, Abril de 2009)  En el ruido ensordecedor de las ciudades está la voz inequívoca de los grandes silencios. Eduardo Lastres (Los otros haikus, Pastorius Poesía, Elx 2008)  Uno, no siempre hace lo que quiere, pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere. Mario Benedetti
 A veces si me siento abandonado me encuentro y desencuentro en el vacío y allí la soledad es como un río que me alcanza residuos del pasado
el abandono vive su pecado que es de los otros y también es mío tirita el alma porque tiene frío y ya no se refugia en lo sagrado
algo ocurre de pronto en el presente por fin abre su cofre la palabra y el enigma se vuelve transparente
sin pensarlo dos veces me apasiono la pasión pasa a ser mi abracadabra y entonces no me importa el abandono.
Mario Benedetti (Testigo de uno mismo, Visor Libros, Madrid 2009)  Morir en sueños para vivir la vida. Soñar despierto para morir sin prisas. Vivir sonámbulo para amarte sin plazos. Ángel Petisme (Cinta transportadora, Hiperión, Madrid 2009)  Hoy me huele la boca a hierbabuena, el sexo a ylang-top, los muslos a manzana, los huesos a tristeza, la sangre a mejorana, los pies a eucalipto, el corazón a pino. Hoy me huelen las manos a limón, el ombligo a ansiedad, los sueños a lavanda, el reloj a jazmín, los pelos a azahar. Soy un mapa de perfumes y esperanza, se lee en la banda magnética de mi alma: Mister Sistema Solar 2002. Hoy construyo los puentes de la muerte a la vida, de Andrómeda al Actur, de Vallecas a Orión... Si los sábados sabadetes no fuéramos un atlas de fragancias y polvetes, un efluvio, una promesa, una yedra que trepa por el genoma, apaga y vámonos. Me siento Flex. Ángel Petisme (De Cuatro días de alquiler, Lola Editorial, Zaragoza 2002)
 El mar no está en donde estuvo. Sólo, con la memoria, inventaré lo que me vaya sucediendo para no llorar por todos los ausentes de mi lado. Antonio Pérez Morte (Diario de naúfrago, PUZ, Zaragoza 1988)
 A David González
En tu rincón del cuadrilátero dormitas. Esperando. Estudias al adversario: sus oscuros rincones (todos los tenemos) Observas, siempre observas. En silencio. Estudias al adversario: Sus acciones, sus palabras, sus movimientos... Sobre todo sus miradas. Siempre en silencio. Meditas tu acción. Al fin te levantas. Y respondes al contrario con poemas, con vida plasmada en ellos. Tu vida, su vida, nuestra vida reflejada en el papel. Toda tu vida escribiendo, toda la vida observando. La vida, hermano, es un inmenso ring. Hagamos de ella un poema. Nuestro, vuestro poema. Andrés Ramón Pérez Blanco (El Kebran) (De su libro "satélite de inhóspito planeta", Ed. Autor, Toledo 2008)  En este viaje de aroma clandestino curamos las cicatrices de heridas que nunca existieron pero que siempre presentimos. Marta Navarro García
(De Ocho islas y un invierno, Ediciones El Desembarco, Sevilla, 2008)  Qué equivocado estaba el filósofo Agatón cuando dijo que ni siquiera Dios puede cambiar el pasado.
Si vas a Inicio, Programas, Accesorios y Herramientas del sistema, tienes la opción de Restaurar para dejarlo todo como antes. Qué equivocado estaba el filósofo Agatón. Tú sí que puedes cambiar el pasado, Windows Millenium. Jorge Barco (De Algún día lleharemos a la luna, Fundación Jorge Guillén, Valladolid, Diciembre de 2008)  He nacido en el veredicto de un brindis el compromiso que rechina mis dientes no puedo hacer nada al respecto buscaré mi cromo en la mansión esta tarde saldré a pasear el desorden alcanzará mi vientre los niños nunca aprenden a hacer las maletas los padres aprenden todo lo que se enseña espero al huracán es el único que puede hacer que cambie de opinión las personas parecen jarras de té no voy a vender mis cartas de amor dejaré que pasen de moda que me hagan reir cuando ni los tropiezos lo consigan ya no se contar hasta tres cuando llego al dos salto al precipicio espero al huracán a que todos salgan a la calle y me arranquen un ojo con sus paraguas los niños se mojan las pestañas los padres clavan paraguas en los ojos de los perros amo cuando haces tus cosas y me dejas solo he dormido en una rueda y también cerca de la estación cuando pasaba un tren cerraba los ojos para imaginarlo un tren es un secreto parece mentira que nadie lo sepa lo sé en el poema soy un payaso que nunca llora de verdad una vena que se excita con tus dedos voy a dejarte que ganes los niños se parecen a la caseta del perro los padres son los muebles que nadie sabe porqué espero al huracán y ya no tengo sueño he aprendido a estar de pie para nada cuando se acabe me pondréis una corona y me quitaréis el reloj la almohada será la misma que compartía contigo. Hemos vuelto a recorrer un mundo quieto en su borde comiendo las limosnas que los cuervos dejaronen nuestras alas cayendo al vacío como dos bolsas que se entrelazan un mundo en un río de perfumes una tierra de electricidad que sucumbe al primer abrazo del aire nunca se alejan las batallas perdidas siempre se ahoga la primera flor la que dio nombre a este infinito la mujer de mis sueños aún duerme a mi lado en mis sueños arrodillados ante la noche y su mirada paciente con su frío de langosta no sabemos si desear el último latido que nos lance a la carrera o dirigirnos al mar por nuestro pie y enterrar las estrellas en el surco de la vergüenza y el silencio.
Óscar Aguado (De "Canción de cuna para un héroe")
 Mi corazón es una tarjeta de embarque a un cruce de caminos del círculo polar, a un Gran Silencio que me busca los labios. Sin gallos que le despierten, sin kiwis al desayuno. Sin Piedad. Mi corazón es un fosil astral. Una maleta no reclamada que gira en la cinta transportadora. Angel Petisme (Poema perteneciente al libro "Cinta Transportadora", ganador del Premio Internacional de Poesía Claudio Rodríguez, 2008)  Escrútame los ojos, sorpréndeme la boca, sujeta entre tus manos esta cabeza loca; dame a beber veneno, el malvado veneno que te moja los labios a pesar de ser bueno. Pero no me preguntes, no me preguntes nada de por qué lloré tanto la noche pasada; las mujeres lloramos sin saber, porque sí: es esto de los llantos pasaje baladí.
Bien se ve que tenemos adentro un mar oculto, un mar un poco torpe, ligeramente estulto, que se asoma a los ojos con bastante frecuencia y hasta lo manejamos con una dúctil ciencia.
No preguntes, amado, lo debes sospechar; en la noche pasada no estaba quieto el mar. Nada más. Tempestades que las trae y las lleva un viento que nos marca cada vez costa nueva.
Sí, vanas mariposas sobre jardín de enero, nuestro interior es todo sin equilibrio y huero. Luz de cristalería, fruto de carnaval decorado en escamas de serpientes del mal.
Así somos, ¿no es cierto? Ya lo dijo el poeta: movilidad absurda de inconsciente coqueta, deseamos y gustamos la miel de cada copa y en el cerebro habemos un poquito de estopa. Bien; no, no me preguntes. Torpeza de mujer, capricho, amado mío, capricho debe ser. Oh, déjame que ría... ¿No ves qué tarde hermosa? Espínate las manos y córtame esa rosa. Alfonsina Storni  He cerrado los ojos para ver. Ángel Guinda (Toda la luz del mundo, Olifante, Zaragoza 2008)  Solamente querían coger flores, pero en los nuevos días los jardines prohibidos eran tantos que tuvieron que verlas sin tocarlas. El sol, debilitado y perezoso, perfilaba sonrisas y caricias de madres que venían del dolor.
Eran gotas de luz aquellos niños en lágrimas de gozo convertidas.
Mientras, se despertaba la mañana. Miguel Ángel Yusta ( De Reloj de Arena)  Abrir los pasadizos secretos de las horas deshojadas, a tientas intentarlos, ocupando las manos la terca voluntad de taladro, la inconsciencia empuñando el oficio de topo abecedario. En el final de cada túnel a veces, la poesía. Gabriel Impaglione  Qué utilidad pueda tener mi vida es algo que quizá no entienda nunca, pero sé que no podría vivir sin hacerme a menudo esta pregunta. Agustín Porras (Del poemario Ojalá, Huerga y Fierro, Madrid 2006)
Ilustración: Escultura de Soledad Franco  El modo en que asesinaste a tu familia no significa nada para mí, mientras tu boca recorre mi cuerpo entero.
Yo conozco tus sueños de ciudades desmoranadas y de caballos galopantes del sol en exceso cercano y de la noche interminable.
Pero eso no significa nada para mí, junto a tu cuerpo.
Sé que fuera la guerra ruge, que tú dictas órdenes para ahogar a los recién nacidos y decapitar generales.
Pero la sangre no significa nada para mí, pues no altera tu carne. Que tu lengua sepa a sangre no me sorprende, mientras mis brazos crecen entre tu pelo.
No creas que no comprendo lo que ocurre después de que las tropas han sido destrozadas y las prostitutas pasadas a cuchillo.
Yo escribo esto sólo para robarte el placer cuando una mañana mi cabeza cuelgue goteando sangre con la de otros generales de la puerta de tu casa. Sólo para que sepas que lo anticipé todo y que eso no significa nada para mí. Leonard Cohen (Poemas escogidos, Plaza y Janés, Barcelona 1972)
 Logia secreta, el poema ese tercer ojo que a veces también se encharca pero nunca deja de ver nunca se cierra. Anabel Torres (Del poemario Las bocas del amor, Ediciones Árbol de Papel, Bogotá 1982)  Pero la muerte, ¿qué clase de verdad esconde enterrada bajo la arena de este desierto calcinado? Habitar en el aire, construir sobre el agua. Alfredo Saldaña (De Humus, Eclipsados, Zaragoza 2008)
 Tenía más hambre que un ratón en un saco de clavos. Texto: Gloria Fuertes Fotografía: Villy Ronis  Con el puño dar y otra vez dar, sino en el labio, al menos, en el argumento. Implacablemente dar, aunque dar no sea sino dar sobre tí mismo. Manuel Picón (De Nocturnidad y Alevosía, Madrid 1989)
 Ángel Petisme ha muerto esta madrugada de una sobredosis de ingenuidad. Fue un hombre que regaló cerillas a los que viajan a la oscuridad y amó a las mujeres que hacen sangrar al sol. No le cayó esa breva de acabar loco y desahuciado como Hölderlin. Trabajo con libertad y con audacia, (¡la que le permitieron), se fumó el paraíso y decoró las sombras del infierno con risas. Dicen que prefería la angustia a la sumisión. Como Gauguin creía que, con paciencia y un poco de ayuda, el arte podía reservarle algunos día felices todavía. _____________
Escribió un epitafio: ¡Que se jodan! Ángel Petisme (Demolición del Arco Iris, Baile del Sol, Tenerife 2008)  Mitad somos lo que somos, y otra mitad lo que pensamos. En el torrente una mitad llega a la orilla y otra se ahoga. (Fernando Pessoa)
 De un mundo neblinoso salgo asido a tu mano, mi cuchara mi abrazo, Luis Moya en mi vida me señalas la ruta cuando entiendes el plano, me haces trampa en las rectas, siempre te quedas dormida.
Y cuando pierdo el norte en la canal de tu pecho y rinde pleitesía a tu mirada la luna, te admiro poesía, soy tu esclavo y me hiero, para jurar con sangre que me la pones dura.
Tú mejor que nadie sabes lo difícil que se me hace escribirte una canción que te guste, corazón, descifrar en unos versos el enigma de tus besos; hacer un blues a la brisa que deja paso a tu risa.
Te ríes de mis neuras, pero nunca me ofendes, me buscas las cosquillas si me notas extraño y me toca, por necio, pedir perdón mil veces, por mil estupideces, gracias que no me haces caso.
Y si toco tu pelo y me convierto en roca, dame un beso en la boca y deshaz el hechizo para seguir drogado de tus flujos salvajes, para perder el bis que me conduce al olvido... Roberto Artigas (Gran Bob)
(De su disco "Bob Art", Grabaciones en el mar, Zaragoza 2008)
 No sé si lo he dicho: mi madre es pequeña y tiene que ponerse de puntillas para besarme. Hace años yo me empinaba, supongo, para robarle un beso. Nos hemos pasado la vida estirándonos y agachándonos para buscar la medida exacta donde podemos querernos. Begoña Abad (La medida de mi madre, Olifante, Zaragoza 2008)  Gatos trasnochadores cortejan bajo el balcón. Canarios de las Ramblas, y un geranio sin flor. Bailando calle abajo la noche al fin se marchó... ¿Dónde vas parrandera si El Molino cerró. Canción de mañanada: -Serrat en un transistor, y un coro de vecinas en el patio interior.- Canción de mañanada ¡Qué lejos queda Aragón! Casa mía entre barzas, ¿cómo te olvido yo? Mañanita de domingo, como en casa del mayor; se irán luego a ver al Barça, y yo con la nieta al zoo. Mañanita de San Jorge, triste sin libro ni flor: ...Cuando pierde a la princesa, ¿para qué vive el dragón? No lo sé, pero vive, lo mismo que vivo yo, hasta que un santo bruto nos clave su lanzón. Vive en su fría cueva, rumiando lo que perdió: Mermelada de moras, los recuerdos de amor. Moras del Pirineo, donde nacimos los dos: a ella la echó un pantano, yo quise algo mejor.
Rueda que rueda el mundo, con él rodando ella y yo... en este piso oscuro el rodar terminó.
Ojos como moras negras en la noche de San Juan un entoldado de estrellas sobre la calle Rosal. Giró el mundo en su verbena, y giramos sin pensar que con cada giro, el baile se acercaba a su final. Mi viejo Pueblo Seco -donde viví moriré...-, sin perder lo que era me hizo barcelonés. Y ahora, uno de mis nietos va a cursos de aragonés, anda soplando gaitas... y pretende volver. Quiere hacerme de la Chunta, -...¡si soy de la C.N.T.! - ; Me trae las Fuellas, el Rolde, y El Cruzado aragonés. ¡La de vueltas que da el mundo! ¡Si ella lo pudiera ver...! El camino que unos hacen otros lo han de deshacer. Como cada Septiembre desde que ella no está subiré a nuestro valle ...si me quieren llevar. Junto a la casa hundida -por ella y por tantos más-, ¡le escupiré al pantano!, y lo haré sin llorar. Despacio entre las ruinas, cosecharé en el barzal moras como sus ojos, dulces hasta rabiar. No es raro que mi hija me las quiera racionar: -Padre esa mermelada con su azúcar va mal. -¡Si supieras que al comerla vuelvo a ver la casa en pié, y en los labios de tu madre una gotita de miel!
¡Ojalá vivas bastante para descubrir por qué mientras unto mermelada tú eres mi niña otra vez! ...que el recuerdo vuelve tierno hasta el pan duro de ayer. Manuel Domínguez (Del C.D. "Pais de Anochecida", La Ronda de Boltaña, Kikos, Zaragoza 2001)  Bienaventurado el hombre que no sigue las consignas del Partido ni asiste a sus mítines ni se sienta en la mesa con los gángsters ni con los Generales en el Consejo de Guerra Bienaventurado el hombre que no espía a su hermano ni delata a su compañero de colegio Bienaventurado el hombre que no lee los anuncios comerciales ni escucha sus radios ni cree en sus slogans Será como un árbol plantado junto a una fuente ERNESTO CARDENAL
 Me moriré tan sólo después de ser tu novia, una novia con besos a la luz de la Luna, una novia con trajes de lino y con puntillas, con olor a naranjas y a sal de nuestros mares. Cuando mis enemigos me prometan dejarme seguir por mi camino al más allá de todos, cuando me quede sola detrás de las cortinas observando la vida secretamente oculta. Me moriré regando los cactus de mi casa para que sobrevivan y me hagan compañía. Ana María Drack (Del CD Cuarto de Hora, Pastorius, Elx 2007)  Te prefiero adolescente, saliendo de la ducha con los pezones duros. Y me llevas la contraria. Lamento el reproche que te hice esta mañana. Estabas tan pletórico desnudo, con sólo esa toalla abultada en la cintura, todo calado, imantado, tan dispuesto al amor sin saberlo. Y a llevarme la contraria.
Viéndote ahora postrado en el sillón con el ánimo senil de un jubilado, me arrepiento. Qué vana queda y que insensata la tristeza en un adolescente. Porque deja de ofrecerse. Qué diferencia anoche, sobre el árbol o un rato después, gritando, corriendo como un gamo entre la niebla. Y me decías que las brumas blancas daban a nuestros rostros un aire cadavérico y que la muerte, seguro, era eso: una extensión vacía entre la niebla y la nada, que es avanzar hacia ninguna parte. Pero al decirlo, seducías con una excitación que no parece propia de difuntos, ebrio de ti, de tu risa y de tu cuerpo. Me cuesta creer que ahora, al pie de la chimenea y sin darte cuenta, parezcas realmente un muerto. Pero aquí me tienes paciente, velando por tu cadáver hasta que resucite. El reflejo ocasional de las primeras llamas te devuelve los rasgos y los gestos, te enciende las pupilas, da carne a tus labios de piedra fría y los arquea en una sonrisa tibia y voluptuosa. Temeroso y sumiso, me inclino a besarlos y cierro los ojos. Por fin el sabor de tu lengua. Te prefiero adolescente y exaltado. Leopoldo Alas (De "La posesión del miedo, Pre-Textos, Valencia 1996)
 El vacío es un tesoro codiciado cuando ya todo es hastío de tener, ansiedad por conseguir y dolor de haber perdido. Es un lecho muy tranquilo para insomnes, sueño que no sueña nada; un silencio que nada silencia, ni se guarda. No es el reverso del ruido ni es el hueco de una ausencia; es un consuelo esperado y un descanso merecido, la nada feliz de todo un desgraciado. Leopoldo Alas (De "El triunfo del vacío", Editorial Dilema, Madrid 2004)
 Bajo el sol del azul y de la brisa bajo el ala de las cigüeñas nuevas repican de alegría las campanas. Es la gracia indomable del domingo el temblor de los pájaros bajo el surtidor de la frescura. La claridad gozosa de la vida resbalando como un fruto maduro de casa a los suspiros de las calles al reclamo del aliento común al ancho tiempo de la plaza. Ezequías Blanco (Los caprichos de Ceres, Excmo Ayuntamiento de Manzanares, Madrid 2004)

Os traigo mis recuerdos del viaje que invadió las sombras de mi rosal desnudo. El río caudaloso reúne nuestras vidas. Allí viví la angustia entre volcanes de violenta y salvaje espuma de los que a las puertas de la indigencia, se nos cruzan sonrientes y esperanzados y esperan que los viajeros de otros pasajes, de otros rumbos, de otros climas, con los párpados abiertos los contemplen y les doten de alas para poder volar en dirección a la luz, a la libertad que sueñan. ¿Qué derecho tenemos a esconder esa luz? ¿Qué derecho a cercenar los sueños? Carmen Serna Montalvo (De Los Enigmas del tiempo (Camboya en el corazón) Estudio de palabras, Zaragoza 2007)  ¡Hasta Siempre Sergio!  "Hombres pelados con cuchilla, mujeres en el sacapuntas, niños en la mina, planetas en el zoo, estrellas en el cortejo."
Dejé mi país para ser etíope por un año. Dejé de dictar para subordinarme.
Etiopía estaba bajo la nieve. La fiebre la había helado. El matadero de la Adis Abeba estaba abandonado. Los buitres habían construido allí una nueva ciudad. Los niños, como heraldos, soplaban los cuernos arrancados de las reses. Los ancianos se convertían en pergaminos.
El ganado se reducía a cenizas. Los adivinos contemplaban el humo y las heces. Los brujos traducían los poemas del premio Loewe. Nos dábamos por el culo sin cesar, tiritando en las chozas. Cada nevada exterminaba una tribu. Nos quedábamos con sus cuerpos y sus enseres. Parecía que un sueño invernal iba a terminar con el hambre. Llegaron los renos y Santa Claus y cargaron en el trineo los leones famélicos que se exhibían en el palacio presidencial. Le dimos un león a la uno, dos a la dos, tres a antena tres, cuatro a la cuatro, cinco a la cinco, seis a la sexta, una jirafa a la once, todo el oro de África a todos los santos, el único clítoris mayor de dieciocho años al único dios. El entrenador de dios, colocó el clítoris africano en el centro del campo de un chochito blanco y lo hizo debutar en el mundial.
Sergio Algora (Dos de Julio de 2008)  Sometido a los designios de lo fugaz soy vulnerable, como todos, y en ese filo me arden las manos con el dulce fluir de mi sangre. Fernando Sarría (El error de las hormigas, Eclipsados, Zaragoza 2008)
Fotografía: Renata Ratjczyk 
Conozco mis miedos tan bien, como el silencio de los años.
Begoña Callejón
(De Suicidio de Libélulas, Editorial Celya, Salamanca 2006)
 Para huir de la muerte nos amaremos todo, enteros. Para huir de la muerte nos amaremos sin horario y sin ley, sencillamente para huir de la muerte.
Para huir de la muerte diré que tus ojos son palomas de Picasso, y que bajo tu piel de leche ávida y firme viven en hermandad veinte poemas de amor.
Para huir de la muerte tú me darás las fresas mejores de tu huerto, yo te daré mi vino más peleón, más duro, más añejo, para huir de la muerte. Para huir de la muerte, pienso resucitar el conjuro dormido de tus pechos pienso ahondar tus raíces, bucear hasta el centro para huir de la muerte. Para huir de la muerte diré que es estupendo sentirte tan cercana. Y que ni en ti ni en mí, ni en nosotros ni en ellos, hay sumergida una ciudad donde luchan la muerte y el amor, el amor y la muerte, la muerte y el amor, el amor y la muerte... Pablo Guerrero, 1972.
 El color que es más que un color: una resonancia del color mismo, su reverberación en la mirada.
Las figuras detenidas que parecen anhelar una existencia azarosa, como la de todos. El taller, con su olor espeso a tareas alquímicas, con sus colores volátiles y violentos, flotantes como venenos cromáticos. La mano que traza un contorno como si calcase la silueta de un espectro fugitivo. Los ojos que ven lo que aún no existe. El vaso de los pinceles con sus manchas de cientos de pecados originales. El boceto abandonado: una rúbrica en el vacío, un borrón optimista en la supeficie de la nada. El lienzo blanco, perfecto como un limbo. El paisaje eterno, la figura eterna, la abstracción eterna que late en lo concreto. La arboleda que son cuatro trazos y es una arboleda. El mar inmenso que cabe en unos centímetros de mar fingido. La silueta líquida de un sueño.
El río en que uno puede bañarse miles de veces y sigue siendo el mismo río, por más que fluya. Los celajes que transmiten la cólera de un dios. Y estos poemas escritos en la caverna prodigiosa de las sombras. Felipe Benítez Reyes (Diez Vernissages, Aedo, Celya, Salamanca 2005)  Te he tomado esta noche como a una delicada hoja de árbol otoñal. Te he tomado suave contra la frente antigua de los antepasados y el amor ha brotado hasta iluminar el silencio cansino de nuestro viejo barrio. Te he tomado como a una dulce sensación nunca acabada.
José Antonio Labordeta (De "Jardín de la memoria", Taifa / Poesía, Barcelona, Octubre de 1985)  Nunca me has de amar como en este instante en que te sueño. Fernando Sarría (De "El error de las hormigas", Eclipsados, Zaragoza 2008)  Una mujer desnuda y en lo oscuro tiene una claridad que nos alumbra de modo que si ocurre un desconsuelo un apagón o una noche sin luna es conveniente y hasta imprescindible tener a mano una mujer desnuda. Una mujer desnuda y en lo oscuro genera un resplandor que da confianza entonces dominguea el almanaque vibran en su rincón las telarañas y los ojos felices y felinos miran y de mirar nunca se cansan. Una mujer desnuda y en lo oscuro es una vocación para las manos para los labios es casi un destino y para el corazón un despilfarro una mujer desnuda es un enigma y siempre es una fiesta descifrarlo. Una mujer desnuda y en lo oscuro genera una luz propia y nos enciende el cielo raso se convierte en cielo y es una gloria no ser inocente una mujer querida o vislumbrada desbarata por una vez la muerte. Mario Benedetti
Fotografía: Arturo Pizá  Los sueños vuelan alto como pájaros. Los sueños ven la tierra desde arriba. Los sueños tienen ojos transparentes. Los sueños iluminan.
Los sueños son posibles, los sueños son posibles, los sueños son posibles.
Tus sueños descienden como lluvia. Tus sueños acuden si los llamas. Tus sueños viven más que tu vida. Tus sueños se instalan en tu casa.
Tus sueños son posibles, tus sueños son posibles, tus sueños son posibles.
Los sueños están en los bolsillos de los trajes usados y los besos. Los sueños eligen las miradas que en el futuro van a ser verdades. Los sueños son posibles, los sueños son posibles, los sueños son posibles.
Tus sueños son posibles, tus sueños son posibles, tus sueños son posibles. Pablo Guerrero (De "Sueños sencillos", Resistencia, Madrid 2000) Ilustración: María Cruz Sarvisé
 No sé por qué mis manos cometen el error de las hormigas y buscan alrededor de tu cuerpo su supervivencia. * * * * * Nunca me has de amar como en este instante en que te sueño.
Fernando Sarría (El error de las hormigas, Eclipsados, Colección de Poesía)
 Compañera, usted sabe que puede contar conmigo, no hasta dos o hasta diez sino contar conmigo.
Si alguna vez advierte que la miro a los ojos, y una veta de amor reconoce en los míos no alerte sus fusiles ni piense que deliro; a pesar de esa veta de amor desprevenido usted sabe que puede contar conmigo.
Si otras veces me encuentra huraño sin motivo, no piense que es flojera igual puede contar conmigo.
Pero hagamos un trato: yo quisiera contar con usted, es tan lindo saber que usted existe, uno se siente vivo; y cuando digo esto quiero decir contar aunque sea hasta dos, aunque sea hasta cinco.
No ya para que acuda, presurosa en mi auxilio, sino para saber a ciencia cierta que usted sabe que puede contar conmigo. Mario Benedetti
Fotografía: Tede Preuss
 Cuando llegas a casa sin haber dicho una sola palabra debiendo decir tanto, te preguntas si es cierto que la causa es la razón o es motivo el instinto de tu cabal desdicha. Manuel Martínez Forega (De Ademenos, Ediciones Olifante, Zaragoza 2008)
 Este trozo de Dios con que sostengo mi tristeza. Gloria Fuertes (Obras Incompletas, Cátedra, Madrid 1979)  La doncella soñaba paloma con su voz desnuda de mercurio. ¿Quién salvará al Hombre de su Nada? El mancebo cantaba en la orilla del lirio: "Os lo diré en secreto sólo tengo una vida que morir y un río demudado de pálidas espadas atravesando mi corazón desconocido sin respuesta a ese nombre de fuego que deshabita el corazón de los peces cuando se llaman Yo." ¿Quién salvará al Hombre de su Nada? Sueño y canto se fundieron en el alba abrasada de los mares cuando quieren nacer y el recién llegado hablaba así a sus amigos: "Planificaré el Mundo y sus contornos y haré de los hijos de la Mujer y del Hombre dioses regocijados con mañanas de león misterioso." ¿Quién salvará al Hombre de su Nada? El muerto amaba en secreto una estrella. Él era la doncella el mancebo y el recién llegado. Voz rota de mercurio. Lirio tronchado. Inútil mar nacido. Y allí estaba ardientemente esperando que de su costado deshecho surgieran abiertos sollozos más brisas altas que años luz en enjambres de billones de galaxias sobre los lagos silenciosos del Secreto Ojos Sumido. ¿Quién salvará al Hombre de su Nada?
Miguel Labordeta, de Sumido 25, Zaragoza, 1948. Ilustración: José Luis Cano Rodríguez  Las horas pasan, pasan lentamente vacías de ti, llenas de tu memoria. Tu ausencia rompe el hilo de mi historia, aisla como un foso este presente,
dejándome indefenso e inocente entre la espada aguda de la gloria de haberte amado ayer, y la ilusoria esperanza de amarte eternamente. No dirijo mi vida, y el futuro se presenta inseguro, turbio, incierto. Me atengo sólo a ti, que no te tienes. Me inclino sobre ti, endeble muro de mis lamentaciones: roto, abierto, hendido dique en el que me contienes. Ángel González (De Tratado de Urbanismo, 1967)
 HAY EDADES COMO PENÍNSULAS DE SOMBRA, tiempos lejanos con sienes inquietantes y colmillos dispuestos, órbitas habitadas por fantasmas, catedrales construídas con un sudor-silencio gris, amontonando piedras que huelen siempre a muerte...
así eras tú, ciudad como mujer acostada sin tersura ni anillos, sucia de luces pardas que salpicaba el santo ebro avaricioso, ciudad como mujer, como amante que huyó, así que -por supuesto- permanece, arrojada en un lecho desordenado en limo, acostada esperando -¿qué esperas?- taciturna, con la cocina de tu antiguo corazón apagada en desorden, pensando desdeñosa quizás el exilio de tus mejores hijos o no pensando,
solamente estás, estás inmóvil, quedas bajo el montón harapiento de tus vestidos cenizosos, ausente de todo cuanto tenga el poder de la vida:
ZARAGOZA AMARILLA yo te amaba en la ceguera de mis octubres de pantalón corto, todavía no alzado al recinto durísimo de tus dientes, casi desatendido por tus vientos y escarchas cuando aquellos primeros cigarrillos quemados -craven a; navicut- torpemente a escondidas en los descansos del cinema iris con culo de madera, cuando en los silenciosos atardeceres misérrimos penetraban los trenes mugrientos con hollín y estraperlistas, cuando la muchedumbre se apretujaba arriba abajo de los porches con miedo y la felicidad de los domingos era magnificada con frituras de calamar y rosarios de sombra.
entonces un casi imperceptible hedor de crisantemos agridulces y diques descendía por entre las barcazas del canal imperial de aragón, las reciénestrenadas viudas de guerra contemplaban tristísimas el mear de sus perros hambrientos y un ala gigantesca fantasmal silenciosa nos tapaba los ojos haciéndonos ¿felices?
yo había confiado todas las puras posesiones de mi corazón, todos los vasos de mi frágil cristal instantáneo, todas las pobres riquezas de mi universo apenas reprimible, a la oquedad supuestamente maternal y cálida de tus brazos, a la vigilancia forzosamente sospechada dulce de tu cielo vacío.
una tremenda oscuridad cayó de pronto agrietando las murallas y el coso se enramó de procesiones como venas urgentes, soterradas algarabías triunfalistas con los ojos pintarrajeados de un violento violeta escandalosamente funerario.
todo lejos.
ALGUNAS MADRUGADAS todavía se atreve alguien se atreve a cantar empujado por el clarete salvador altivo alguien a cantar algunas madrugadas pero nadie le escucha.
nadie le escucha; duermen los fabricantes de regaliz, se sobresaltan las esposas del funcionario agonizante que acaricia un 600, los gerentes pagan el uisqui del adiós y eructan ansiosamente por una revolución de enormes tetas libres sólo para ellos, el canónigo enciende por sexta vez la luz y mira con tristeza el orinal mutismo solitario; afuera la noche no es azul, continúan vigilantes los bancos construídos con paredes de hielo sobre los debe-haber terribles homicidas inmóviles palacios sin calor y sin respuesta: un desgarrado grito silencioso se ahoga en el terror de los ficheros oxidados y de nada sirve llorar, de nada sirve nada.
Los reciennacidos deberían arrojarse desde los más irremisibles acantilados.
(Del Poemario Acerca de las trampas,Colección Fuendetodos, Ediciones Javalambre, Zaragoza1970)  Mi huevo izquierdo cuelga más que el otro. Juntos testifican que soy un hombre acabado e imperfecto, solitario a pares. Celebro mis manos llenas de corazón centrado y suspendido, agradable peso de cuero y leche.
Canto porque son dos ahora mis huevos.
Antonio Portela
 Siente agradecimiento por tus ojos aunque estén en la sombra.
¿Vibra el negro? ¿Se acostumbran los ojos a la luz de la sombra? ¿Hay bardos que vigilan la doliente llama de la luz de la sombra? Sea luz el poema, aunque le sea dictado a los poetas de los ojos en sombra. Pablo Guerrero
(Del poemario Escrito en una piedra, Visor libros, Madrid, 2007)
 Perderme, perderme, perderme en tu templo, sacro cuerpo, para hallarme en él al fin. Luis Eduardo Aute (Volver al agua, Sial, Madrid 2002) Fotografía: "Leaf" Jerry Shatberg.  en una discoteca de house un domingo a mediodía durante una fiesta de verano sobre una pantalla fija de gran formato se proyectaba un documental (imágenes reales por tanto) sobre la sangría del Ebro y otras famosas escabechinas de la guerra civil española mientras nosotros la peña nos metíamos en la boca pastillas de todos los colores esnifábamos vitamina k (anestésico para animales utilizado en los campos de batalla de Vietnam) y bailábamos boTÁbaMOS de cara a la barra del bar de espaldas a la pantalla de espaldas a la guerra ajenos por completo a los ideales y a la muerte de nuestros abuelos
(1): A la euforia causada por la ketamina se la conoce como "Hoyo K" y se manifiesta por medio de alucinaciones profundas que incluyen distorsión visual y pérdida de percepción del tiempo, la sensibilidad y la identidad. David González www.bartlebyeditores.es  no sé tú pero en lo que a mí concierne hace tiempo ya que me cansé de despellejarme la piel de mis nudillos llamando a ciertas puertas que hagas los méritos que hagas ni se abren ni se abrirán nunca así las alcancen las salpicaduras de la sangre de tus nudillos ro tos entonces me dije david, tío, tienes dos pies, tienes dos pies, david, colega, y pensé en echarlas abajo, las puertas, a patadas, a patada limpia con las puertas y con los cobardes que se escondían detrás de ellas
luego recapacité y lo pensé mejor y después fue cuando me decidí a levantar mi propia casa y con mis propias manos
siempre abiertas. David González  Un plesiosauro dormía entre mis ojos mientras la música ardía en una lámpara y el paisaje sentía una pasión de Tristán e Iseo.
Tu cuerpo se ajustaba al mío como una mano se ajusta a lo que quiere ocultar; despellejada me mostrabas tus músculos de madera y los ramilletes de lujuria, que podían hacerse con tus venas.
Se oía un galope de bisonte en celo entre nuestros pelos que temblaban como las hojas un jardín; todos los diálogos de amor se parecen, todos tienen acordes delirantes, pero el pecho aplastaddo por una música de recuerdos seculares; luego viene la oración y el viento, el viento que teje sonidos en punta de una dulzura de sangre, de aullidos hechos carne;
¿qué árboles, qué deseos de mares rotos convertidos en níquel o en un canto ecuménico de lo que pudo ser tragedia, nacerán, los pájaros de nuestras bocas juntas, mientras la muerte nos entra por los pies? Tendida como un puente de besos de piedra dio la una. Las dos volaron con las manos cruzadas sobre el pecho. Las tres se oían más lejanas que la muerte. Las cuatro ya temblaban de alba. Las cinco trazaban con compás el círculo transmisor del día. A las seis se oyeron las cabrillas de los alpes conducidas por los monjes al altar. Luis Buñuel  Alrededor de la medianoche el reloj se detiene y nos nombra en el vértice de un brutal deseo para desnudos acelerar el brote lascivo de la pasión. No hay saliva mía que no te recorra ni ejército de hormigas que naciendo de mí no sean en tu piel febril caricia. Ahora la luz es un abismo de placer en el que me asomo ciego de ti, tus gemidos me inundan, tu sabor se mezcla en un órdago de dicha que abrasa mi boca y se oye en toda la habitación como el eco oscuro que a la noche excita. Fernando Sarría  Te he amado, sí, te he amado con tigres en la cama y emboscadas. No quedan huellas de nuestra sed sobre la Vía Láctea, los pirotécnicos me preguntan por ti, las flores de la demolición comienzan a cantar. Ahora que no estás ya no hay destino, ni calles para el vino y el verano. Hemos tocado los plátanos del cielo y despertado en el Popocatepelt.
Vuelve la tierra a ser redonda y el libro de las sonrisas lo ha apagado la lluvia. Gira sobre sus goznes el Purgatorio. Que el tiempo y la memoria sean benévolos contigo. Ángel Petisme ("Demolición del Arco Iris, Baile del Sol, Tenerife 2008) Fotografía: Jacek Popikalsky  Si me despierto en medio de la noche, me basta con tocarte. A mi lado respira tu cuerpo de hombre joven como animal en la naturaleza. A mi lado descansa esta musculatura construida en la constancia del entrenamiento. El tenista que triunfa en las pistas de barrio cada martes, el artista, el poeta, el que redacta su tesis doctoral, el que diseña, el que canta, el que baila, el que sonríe deslumbrantemente, el que guarda silencio, el que lee, el que combate contra mí en la cama, el compañero de todas mis horas tiene en estos momentos la perfección distinta. La alegría, la gracia que en las horas solares constituye belleza que se mueve ahora se resuelve en equilibrio. Me gusta estar a ciegas. No existe nada más que tu temperatura resumiendo los datos verdaderos del mundo. En medio de la noche, tengo de pronto un indeterminado número de minutos para quererte con el aturdimiento y la clarividencia de los desvelados. Siento en tu piel al ser humano bueno. El ritmo de tu aliento me comunica música muy simple. Me indica mi lugar en el cosmos. Al lado de tu serenidad viril. Empiezo a quedarme dormido abrazado a tu cuerpo. Si me despierto en medio de la noche, me basta con tocarte. Juan Antonio González Iglesias ("Eros es más", Visor Libros, Madrid 2007) Fotografía: Christopher Makos.
 Golpeando mi cabeza contra la mesa de la taberna, voy rompiendo mi llanto en dos. Hay un resquicio de olor a jengibre en el ambiente cargado de humo y juego. La ginebra campa por los recuerdos al son de un vals marinero, interpretado por los borrachos que no son marineros, ni yo tampoco. Es mediodía y duele. Apenas hay luz. Sin embargo, llega a mis oídos el crujir de los cascos de los barcos sobre el silencio, en selecto orden sonoro. Lejos del mar, estoy sentado solo en una mesa, con un cuerpo de mujer de madera en el espejo de mi copa. Muchos hombres están ahora como yo. Javier Corcobado
(De Yo quisiera ser un perro, El Gaviero, Almería 2007)  No puedo evitarlo: Veo un árbol e imagino un libro. Jorge Barco  EL ATENEISTA.
EL ATENEISTAE.
EL AITENEISTAIE.
EL AITEINEISTAIE...
ES UNA MEZCLA DE MARISTA Y DE ERISIO QUE ME HA SUBYUGADO. José Bello, 1929
 Con las infinitas circunstancias que el corazón del mundo deposita entre nosotros suelo componer, con demasiada frecuencia, poemas que no cantan. El amor que hizo posible mi presencia en el misterio no encuentra en cuanto soy sino imágenes dolorosas. De ahora en adelante silenciaré mi palabra, si es que insiste en el error de ir mendigando, para vivir, los sobrados motivos que ya tengo. Agustín Porras (De Ojalá, Huerga y Fierro, Madrid 2006)  Una vez más hasta cuándo acaso un día entero como siempre la taquicardia el miedo calmantes este fuego helado en la cúpula del estómago este vómito quieto en constante acumulación a veces devorado por el dolor de otra angustia aún más hambrienta hasta cuando mañana también y pasado mañana y ayer y hoy de nuevo quiste cada vez más enraizado honda escocedura de estertores donde el clavo ardiente de un latido entero cumplido resuelto es urgente como el suicidio.
Luis Eduardo Aute (De Sarcófago, Ariola, Madrid 1976)  Pasa la vida como un escaparate. Nos remarcan las marcas, nos enmarcan. Marcado por las marcas me desmarco.
Ángel Guinda (De Claro Interior, Ediciones Olifante, Zaragoza 2007)  La bala que me hiera será bala con alma. El alma de esa bala será como sería la canción de una rosa si las flores cantaran o el olor de un topacio si las piedras olieran, o la piel de la música si nos fuese posible tocar a las canciones desnudas con las manos.
Si me hiere el cerebro me dirá: yo buscaba sondear tu pensamiento. Y si me hiere el pecho me dirá: ¡Yo quería decirte que te quiero! Salomón de la Selva  Abandona la poesía, separa los ojos del libro. El mundo está ahí inmenso y frío como la muerte. Tus dedos sangran al intentar cortar la rosa. ¿Acaso no lo ves? Abandona la poesía y abre los ojos. El mundo sigue a tu lado cercano y doloroso como la muerte. La imaginación te juega malas pasadas: Nunca escalarás montañas. Nunca tendrás un grupo de rock. Nunca ganarás un Óscar. No hagas caso a las películas americanas: Nunca serás Indiana Jones. Nunca tendrás los ojos azules. Nunca saldrás con Laetitia Casta. No todos los malos llevan corbata, así que ten cuidado con tu mejor amigo. Jorge Barco (De Algún día llegaremos a la luna)  Ahora cierro los ojos para beber la noche. Habla conmigo el acordeón del mar. Ángel Guinda (De "Biografía de la muerte", Huerga y Fierro, Madrid 2001)  Seguro de mi mismo, tomo entre mis manos un arma de poder, la acaricio, la siento, la manipulo con delicadeza, siento que es el momento. Admiro como mis dedos retratan tu cuerpo, cómo dibujan tu silueta, cómo van dotando de sentido y placer cada uno de tus rincones. La inspiración entre ambos es inagotable, terminamos pero no nos damos por satisfechos y empezamos otra vez, las cosas hay que hacerlas bien hechas, ¿no te parece?, sonries y me dejas hacer. La noche va muriendo poco a poco, y los primeros rayos de sol pelean por entrar a través de las ventanas. Agotados, con sueño, pero felices, observamos el final de nuestra noche, este poema. Antonio Huerta, Rarezas.  Creí de niño que en cada país había muros como cielos de pie.
Hoy, soy el herido que en la guerra mató; y, aunque estoy vivo, la paz del corazón se me fue, se escapó... Hace falta borrar las fronteras: la primavera no lleva documentos para cruzar la aduana.
Hace falta coser las banderas: con tanta tela, se puede hacer la vela para Una Sola Tierra. Señor: tu aliento, el viento, quiere vernos tejiendo la Paz. Salvador Cardenal
 Arrastras esta hoja con los dientes mientras cuento que te has portado mal y tú lo sabes.
No pido que comprendas las materias de filósofos y genios elocuentes. No aspiro a que te creas que hay un dios y comulgues con la fe en la que he crecido. Quizá nunca distingas los conceptos de izquierda ni derecha, ni qué es sentir amor. Me conformo, querido Goya con que no te mees en el sofá, en las alfombras, en el suelo de la cocina, o cualquier lugar que encuentres menos en los que te hemos asignado. Tú no lo entiendes. Tú sólo entenderás por nuestros gritos que en casa tienes que ir a los periódicos y que la calle es grande y tienes ancho mundo. Si yo pudiera, si me dejaran mear sobre la prensa diaria, salir a la calle y cagarme en el mundo, si yo pudiera, querido Goya, sería feliz. Tú no me entiendes. No sabes la envidia que te tengo. Jorge Barco (De Algún día llegaremos a la luna)  Lo más sencillo es siempre lo mejor. Si ya no esperas nada, no hay cuidado. Tú dices ilusiones pero yo sólo veo la simple realidad de dormir en tus brazos. O marchar silbando helado, tranquilo y feliz, por Gran Vía, como si fueras mi soledad. No hay trofeo que ganar ni merecer, ni hacienda que conservar. Si el amor fuera esta cálida no sé si economía o indiferencia... Leopoldo Alas (De El triunfo del vacío, Editorial Dilema, Madrid 2004)  Si ponemos a quien no sabe sociología ni entiende de política a escribir sobre movimientos sociales
si ponemos a quien no ha leído a Freud a reflexionar sobre psicoanálisis si encomendamos a quien nada sabe de ecología la información sobre el cambio climático y si asignamos a quien no sabe nada de nada pero en particular desprecia las cosas del lenguaje los comentarios sobre poesía (ya sé que no soy quién para quejarme yo que más de una vez he declarado con énfasis que no hay nada en lo que sea experto y sin embargo no logro mantener la boca cerrada) el caso es que si ponemos en práctica la decisión técnica del trabajo que acabo de sugerir el resultado no es un manicomio (o quizá sí según se mire la cosa pero con mirada exotérica la cosa no es un manicomio) sino un poderoso miedo de comunicación de masas perdón medio de comunicación de masas en la era de la comunicación de masas en la era de la mierda en la nevera en la era del cuento de la lechera. Jorge Riechmann
(De El día que dejé de leer EL PAÍS, Hiperión, Madrid 1997)
 Se trata de vivir por accidente, se trata de exiliarse en las batuecas, se trata de nacerse de repente, se trata de vendarse las muñecas.
Se trata de llorar en los desfiles, se trata de agitar el esqueleto, se trata de mearse en los fusiles, se trata de ciscarse en lo concreto. Se trata de indultar al asesino, se trata de insultar a los parientes, se trata de llamarle pan al vino. Se trata de engañar a los creyentes, se trata de colarse en el casino, se trata de dormir bajo los puentes. Joaquín Sabina (De "Ciento volando", Visor Libros, Madrid 2001)
 Se busca un amigo. No importa que sea hombre o mujer, basta que sea humano, basta que tenga sentimientos, basta que tenga corazón. Se necesita que sepa hablar y callar, y sobre todo que sepa escuchar. Tiene que disfrutar de la poesía, de la madrugada, de los pájaros, del sol, de la luna, del canto, de los vientos y de las canciones de la brisa. Debe tener amor, un gran amor por alguien, o sentir entonces la falta de ese amor. Debe amar al prójimo y respetar el dolor que los peregrinos llevan consigo. Debe guardar el secreto sin sacrificio. Debe hablar siempre de frente y no traicionar con la mentira y la deslealtad. No debe tener miedo de enfrentar nuestra mirada...
Se busca un amigo para compartir los mismos gustos, que se conmueva cuando es tratado de amigo. Que sepa conversar de cosas simples, de lloviznas y aguaceros. Se precisa un amigo para no enloquecer, para contar lo que se vio de bello y de triste, de los anhelos y de las realizaciones, de los sueños y de la realidad. Deben gustarle las calles desiertas, los charcos de agua y los caminos, el borde de la calle y acostarse en el pasto. Se precisa un amigo que nos diga que merece la pena vivir, no porque la vida es bella, sino porque estamos juntos. Se necesita un amigo para dejar de llorar, para no vivir de cara al pasado. Que nos palmee los hombros, sonriendo o llorando, pero que nos llame amigo, para tener conciencia de que aún estamos vivos. Vinicius de Moraes (1913-1980)  Talado aquel fervor y tasados los años, valía más la apuesta, su tensa incertidumbre, que lo entregado a cambio por un destino avaro. Pero se sabe tarde de tanto afán iluso. Abelardo Linares
(De Espejos, Valencia, Pre-textos 1991)  Traigo un porciento altísimo de verbo, una emoción profunda de sonidos. Podría soltarlos si quisiera pero no quiero y no los suelto a no ser que el silencio lo autorice. Si he demover imágenes, vengan de un reino oscuro o pozo a la frescura última que bebo. Si he de mover el ritmo, venga ese ritmo por los pulsos donde la música se funda. (Deja que el agua diga la escondida provincia de los nombres. No opongas diques a su pronunciación verdísima). No existe el libro cuando nadie habla de páginas que fueron como pájaros. En la página en blanco del sujeto la vida antigua escribe un libro, un libro escribe, una escritura oscura de metáforas o imágenes de un tiempo que ha vertido en los espejos. Ah, los sucesos que gotean tiempo, ah, los sucesos que rezuman tinta, tinta de haber mojado tiempo. José Antonio Rey del Corral (De Inventario, Ediciones Endymión, Madrid 1990)  Hay días que me asalta la melancolía de los inútiles. José Antonio Labordeta Ayer me tropecé con una flor, un pensamiento amarillo.
Me preguntó por la familia y por mi errática manera de caminar y de sentir.
Yo no quise decirle de mis sueños por no dejarla triste.
Emilio Gastón
(De "Abandonado en el ensueño como único vehículo de confianza", Bóveda Levante, 1981)
 Para Joan Valent
La Osa Mayor se refleja en un trozo azul de mi memoria. La del día que juntos y en silencio mirábamos al cielo. Pablo Guerrero (De "Los dioses hablan por boca de los vecinos", Cicon Ediciones, Cáceres 1999)  A Mauricio Aznar (1964-2001)
Supuse que al volver junto a tu tumba un dolor abisal me abrazaría con su tremendo tentáculo.
Pero recobre la fuerza de esa ilusión que se agrieta con cien mil viajes al Polo. Y hablé contigo, sin prisa, como solíamos hacer en las tardes de verano cuando, sentado en la hamaca, desparramabas dulzura acariciando despacio a mi hermosa gata blanca.
Y te expliqué que no quiero enfrentarme con la ausencia, y que he puesto tu guitarra sobre el dosel de mi duda: que la nostalgia me arrulla como a un junco en la tormenta; que mi canción es tan fuerte como una pluma en el vórtice; que amo tanto que ahora siento cómo el latido es balanza, es siembra, y es bumerán. Y te conté que las velas que voy a encenderr por ti cada día dos de octubre son como un carnavalito compuesto para dos voces. Y te prometí ser siempre muy cruel con la soledad y tratar de armar un verso que haga honor a tu memoria.
Hablé y tú me contestaste quizá desde algún planeta, tal vez a través del aire, acaso desde el mismo Cielo, (sea lo que sea el Cielo) brindando tus respuestas en silencio, para que mi canto hallase tu alma y la mía a la vez. Gabriel Sopeña
(De "Buen tiempo para el deshielo", Lola Editorial, Zaragoza 2003)
 escribe para todos es decir para nadie
no lo olvides del pueblo vienes y el pueblo es tu raíz en consecuencia no hagas caso del pueblo vuelve sagrado cuanto toques natural cuanto toques sagrado vuélvelo natural es decir haz lo que te de la gana quema estas advertencias por favor
es mi consejo póstumo. Miguel Labordeta
 Quienes excluyen a los melancólicos del lugar de la fiesta, se equivocan. El melancólico contribuye al equilibrio de la creación. Su detención prepara la plenitud de otros igual que la alternancia entre aliento y aliento desemboca en esperma. Su electricidad estática es superior a la energía visible. Él es el que establece la belleza, el que con su atención restituye a las cosas sus relaciones simples y las convierte en mundo. En el centro imperfecto de toda multitud el melancólico lleva hasta sus últimas consecuencias su condición de único. No toma posición donde se cruzan los haces de las luces, sino en las escaleras a la altura inminente de la ceniza. Mientras los otros se desplazan, primordiales átomos que no saben hacer sino moverse, él organiza el espacio con el despliegue de su amor. Juan Antonio González Iglesias (De Un ángulo me basta , Visor, Madrid 2002)  QUERER no basta; es necesario que acontezca lo querido. Luis Valdesueiro (Lucidario, Poesía Por Ejemplo, Oráculo Manual, Madrid 1997)  Hay un anciano ante una senda vacía. Nadie regresa de la ciudad lejana; sólo el viento sobre las últimas huellas.
Yo soy la senda y el anciano, soy la ciudad y el viento. Antonio Gamoneda  Quiero llegar al mar para salvarme quiero llegar al mar que desconozco para huir de la furia del árbol y la piedra quiero llegar al mar inalcanzable para seguir aquí con la esperanza de huir eternamente un día al mar de tierra y horizonte que crece dicen al final de mi calle sin salida. Quiero huir hacia el mar que tengo cobijado en mi profundo corazón tan solidario. J.A. Labordeta (De "Jardín de la memoria", Taifa poesía, Barcelona 1985)  Si te postran diez veces, te levantas, otras diez, otras cien, otras quinientas. No han de ser tus caídas tan violentas ni tampoco, por ley, han de ser tantas.
Con el hambre genial con que las plantas asimilan el humus avarientas, deglutiendo el rencor de las afrentas se formaron los santos y las santas.
Obsesión casi asnal, para ser fuerte, nada más necesita la criatura, y en cualquier infeliz se me figura que se rompen las garras de la suerte. ¡Todos los incurables tienen cura cinco segundos antes de la muerte! No te des por vencido, ni aún vencido. No te sientas esclavo, ni aún esclavo. Trémulo de pavor piénsate bravo y arremete feroz, ya mal herido.
Procede como Dios que nunca llora, o como Lucifer que nunca reza, o como el robledal, cuya grandeza necesita del agua y no la implora. ¡Ah! ¡Nunca quieras remediar entuertos! ¡Nunca sigas impulsos compasivos! ¡Ten los garfios del odio siempre activos y los ojos del Juez, siempre despiertos! ¡Y al echarte en la caja de los muertos menosprecia los llantos de los vivos! No digas tu verdad ni al más amado. No demuestres temor ni al mas temido. No creas que jamás te hayan querido por más besos de amor que te hayan dado. Y el sol, el padre sol, el raudo foco que lo fomenta todo en la Natura, por fecundar los polos no se apura, ni se desvía un ápice tampoco... ¡Todo lo alcanzarás, solemne loco siempre que lo permita tu estatura! Pedro B. Palacios "Almafuerte" (De "Sonetos Medicinales")  Hay libros ocultos que no deben ser leídos nunca. Hay estanterías repletas de ellos guardando su veneno, un ponzoñoso veneno que se filtra en la sangre y encharca el corazón. Hay libros que ni tan siquiera debemos hojear, pues las alimañas escondidas en sus páginas pueden saltar y herirnos en los ojos hasta quedar ciegos para siempre. Jesús Gaspar (De Le poème du vieux meublé, Celya, Salamanca 2006)  Amigo llena mi vaso, uno más y me voy, uno más y me marcho. No no lloro, canto y estoy alegre, pero me duele ser yo mismo. Amigo llena mi vaso. Amigo llena mi vaso. Bebamos a tu salud. Tú que sabes decir tan bien que todo puede arreglarse, que ella va a volver. Tanto peor si eres un mentiroso tabernero sin ternura. Estaré borracho en una hora. Estaré sin tristeza.
Bebamos a la salud de los amigos y de las risas que volveré a encontrar, que volverán a mí. Tanto peor si estos señores me dejan en tierra. Estaré borracho en una hora. Estaré sin cólera. Amigo llena mi vaso. Uno más y me voy. Uno más y me marcho. No no lloro. Canto y estoy alegre, pero me duele ser yo mismo. Amigo llena mi vaso. Amigo llena mi vaso. Bebamos a mi salud, que se beba conmigo, que se venga a bailar, que se comparta mi alegría. Tanto peor si los bailarines me dejan bajo la luna. Estaré borracho en una hora. Estaré sin rencor. Bebamos a la salud de las muchachas que me quedan por amar. Bebamos por las chicas que voy a hacer llorar y tanto peor para las flores que ellas me rechazarán. Estaré borracho en una hora. Esstaré sin pasión. Amigo llena mi vaso. Uno más y me voy. Uno más y me marchó. No no lloro, canto y estoy alegre, pero me duele ser yo mismo. Amigo llena mi vaso. Amigo llena mi vaso. Bebamos por la puta que me ha estrujado el corazón. Bebamos por toda la pena. Bebamos por el llanto a chorros y tanto peor para las lágrimas que me llueven essta tarde. Estaré borracho en una hora. Estaré sin memoria. Bebamos noche tras noche. Ya que seré demasiado feo para la más insignificante Silvia, para el menor pesar. Bebamos que ya es hora. Bebamos nada más que por beber. Estaré bien en una hora. Esstaré sin esperanza. Amigo llena mi vaso. Uno más y me voy. Uno más y me marcho. No, no lloro. Canto y estoy alegre. Todo se arregla ya. Amigo llena mi vaso. Amigo llena mi vaso. Amigo llena mi vaso. JACQUES BREL  Quiso volar igual que las gaviotas libre en el aire, por el aire libre y los demás dijeron: "Pobre idiota... no sabe que volar es imposible".
Más él alzó sus sueños hacia el cielo y poco a poco, fue ganando altura y los demás, quedaron en el suelo guardando cordura. Y construyó castillos en el aire, a pleno sol, con nubes de algodón, en un lugar, adonde nunca nadie pudo llegar usando la razón. Y construyó ventanas fabulosas, llenas de luz, de magia y de color y convocó al duende de las cosas que tienen mucho que ver con el amor.
En los demás, al verlo tan dichoso, cundió la alarma; se dictaron normas. "No vaya a ser que fuera contagioso" tratar de ser feliz de aquella forma... La conclusión es clara y contundente, lo condenaron, por su chifladura a convivir de nuevo con la gente, vestido de cordura. Por construir castillos en el aire a pleno sol, con nubes de algodón en un lugar adonde nunca nadie pudo llegar usando la razón.
Y por abrir ventanas fabulosas... llenas de luz, de magia y de color y convocar, al duende de las cosas que tienen mucho que ver con el amor.
Acaba aquí, la historia del idiota que por el aire, como el aire libre, quiso volar igual que las gaviotas... pero eso es imposible... ¿o no? Alberto Cortéz  Verano abrasador en la calle, frío en el alma tras cruzar tus puertas, dulce en la mano el tacto veleidoso de una prenda rebajada y un no saber aún tras tantos años de haber vivido en este cuerpo qué talla es la que vale a mi espectro, a mi ser, a mi persona. Qué es lo que estoy haciendo en este centro comercial que no sea pasar, desvirtuarme, tratar de sondear en mi cartera; que tengo yo que ver con ese espejo lleno de luz, de prendas de colores, de distancia que me lo dice todo sin aclararme nada, sin ofrecerme apoyo más valioso que el reflejarme a mí, la luz, las prendas de colores, y esa oronda expansión, impenetrable a las marcas en la que estoy sumido y que soy yo. JORGE BARCO Rescato esta personalísima nueva versión del poema "Ser o estar" de Juan Gil Albert, que Jorge Barco ha reescrito, como un juego para levantarme el ánimo. Jorge me lo dejó en la sección de comentarios de la entrada anterior. ¡Mil gracias, amigo!  Frío en el alma, dulce en la mano el tacto veleidoso y un no saber aún tras tantos años de haber vivido aquí qué es lo que incumbe a mi espectro, a mi ser, a mi persona. Qué es lo que estoy haciendo en este mundo que no sea pasar, desvirtuarme, tratar de sondear en mi conciencia; qué tengo yo que ver con ese espejo lleno de luz, de flores, de distancia que me lo dice todo sin aclararme nada, sin ofrecerme apoyo más valioso que el reflejarme a mí, la luz, las flores, y esa distancia tersa, impenetrable en la que estoy sumido y que soy yo. Juan Gil-Albert (De Obra Poética Completa, Diputación Provincial de Valencia, 1981)
 Tienes que vivir vidas. No la tuya, no sólo la acordada, también las aledañas, las pospuestas, las previas, las futuras. Las quiero todas ya, recolectadas, a punto de morder, de entrar en boca, de ablandarse en la lengua. En esa cesta hay uvas esenciales, cerezas infantiles, húmedas fresas que prometen bosques, ese sabor a verde ciruela del verano y una pulpa dorada, inmasticable.
Cómete ya tu propio cerebro fatigado: es la fruta del día. Aurora Luque  Para Antonio Portela
"Los ojos resplandecen con un fulgor de hules húmedos, como cuerpos después del ejercicio". Justo Navarro Nos machacamos en el gimnasio cada tarde. Sudamos la piel. Estamos más bracos que el Stallone y somos más guapos. A veces me sujetas las piernas mientras hago abdominales. Sin mariconadas, claro. Somos machos sudorosos. Somos héroes lubricados. En la ducha siempre miro tu polla sin prepucio. Sin mariconadas, claro. Somos tipos duros de película. Sólo nos falta la pistola. Somos el prototipo de salvavidas que las nenas desean tirarse. Somos muy pero que muy machos.
Y no sé por qué esta noche he soñado con besar tus labios. JORGE BARCO Fotografía: Marcos Domingo Sánchez  Hay tardes abandonadas al rumor de las luces y del viento y en ellas somos casi como personajes de un cuadro de Hopper, sentados sobre la desolación apenas nos queda campo de maniobra para resarcirnos de esta sensación que nos arrastra. Sí, escuchamos con su voz desgarrada las notas de un blues de Sarah Vaughan o las de Dinah Washington llevándonos lejos, como si zarpar al mundo azul de la música nos redimiera de la atonía de un atardecer de ahogados silencios. Al final siempre nos queda volver a recogernos en la mutua comprensión y desde la azotea ver crecer en el horizonte un nuevo crepúsculo, mientras la ciudad habitada se diluye en las sombras y en nuestro desierto vuelve a arder el fuego. Fernando Sarría  Toda la noche soñando contigo, me he pasado la noche entera soñando que te besaba en el patio de una iglesia junto al mar. Qué enamorado estuve de ti, y no te lo dije nunca. ¿Lo adivinaste? ¿Lo deseaste? ¿Lo suplicaste? Tenías seis años más que to, estabas más hecha a la vida, no te ibas de la cabeza como yo, sino que eras moderada y prudente, aunque llena de amor por dentro, amor hacia mí, hacia mí, que era un tipo de lo más perdido, y eso sí se notaba a la primera, y cómo me acuerdo de tus manos y de tu sonrisa, todos los amantes se auerdan de lo mismo, sólo que yo no me metí nunca en tu cama, años llevo imaginando cómo se debía de estar en tu cama, un día me la enseñaste, pero nada más. Y ahora me despierto y he soñado que te besaba, y son las diez de la mañana de un verano monumental y ya estoy bebiendo una ginebra, así, en ayunas, y salgo a la terraza de mi habitación y veo a las turistas tumbarse sobre la arena, y pienso que tú podrías estar aquí conmigo, qué enamorado estuve de ti y cómo lo estuviste tú también, y qué mal hicimos en no habernos revolcado mil veces por mil camas, o qué bien hicimos, porque, conociéndome, igual te hubiera pedido el matrimonio y tú hubieras aceptado, y borracho como estoy todo el día, cuando me hubiera cansado de joder todas las noches, a lo mejor me daba por darte un puñetazo o tirarte a un río, o a ti por pegarme un tiro, o envenenarme o pegármela con otro. Cómo puedo decir todo esto de ti, que eras un ángel y lo sigues siendo, y de mí, que te quise con inocencia. Será mejor que siga bebiendo hasta que te borres de mi memoria, y esto sí que me hace llorar, y soy un tipo que está llorando a las diez y media de la mañana, sentado en la terraza de una habitación para turistas, con una ginebra caliente en la mano -son los restos de la noche-, llorando porque si te hecho de mi memoria, verdaderamente entonces sí que ya no me quedará nada. Manuel Vilas (El cielo, DVD, Barcelona, Abril de 2000)  ENSEÑANZA PRIMARIA (NIÑOS) En las catedrales y museos y en los lugares artísticos no se toca nada no se toca no se comenta en voz alta no se ridiculiza nada nada si aconsejamos no manchar un vagón de ferrocarril ¡cuánto menos dejar un papel o papel o desperdicio en cualquiera de estos lugares! Si vamos a un hotel procura curaremos no escandalizar por los pasillos y salones y no trataremos ni en serio ni en broma de guardarnos un cenicero o una toalla u otra cosa Todo esto es de mal gusto si comemos en el tren o coche masticaremos discretamente. También es de buen gusto hacer un ademán de ofrecimiento a los demás viajeros pero sin insistir sin insistir Resulta muy desagradable estar con un niño cuyos modales son bruscos violentos o exagerados De lo que se desprende que es mucho más agradable el trato con un niño fino No olvidar: El lujo habla a los sentidos la elegancia al espíritu LECTURA: Nadie más cortesano ni pulido que nuestro rey Felipe que Dios guarde siempre de negro hasta los pies vestido ENSEÑANZA PRIMARIA (NIÑAS) Yo vivo en mi casa con mi familia Soy hija de mis padres y hermana de mis hermanos Mientras viva con mis padres y dependa de ellos soy "una hija de familia" Fuera de casa también podemos contribuir al prestigio de nuestra familia Claro que no vamos a contar mentiras y cuentos mentiras y cuentos fantásticos. No vamos a decir que nuestro padre es general si sólo es capitán o que veraneamos en San Sebastián si no pasamos de Cercedilla no pasamos de La elegancia en el vestir consiste en llevar un vestido apropiado Si vamos a trabajar con un traje de lujo de lujo iremos mal vesstidas y si vamos a una fiesta con el vestido de deportes también iremos mal vestidas EJERCICIO: Escribir una redacción sobre: "La justicia para con los criados" ((Continuación) (Continuará), 1974) JAVIER LENTINI  A la memoria de Javier Lentini Perseguirla fue el mal y el infierno del sueño. Lo demás vino solo como una pesadilla cuyo inviolable arcano jamás alcanzaremos. Sopla un viento contrario a la luz y a la vida y el mar cambia de velas. Silencio. Apura el vaso de hiel que se te ofrece. Haz de la sombra espejo y luz de las tinieblas. Que la dama sonría cuando tú te hayas ido para jamás volver. Rosendo Tello Aína (De Confesiones en Vísperas de Domingo, Zaragoza 1996)  Vive en el parque y
de la beneficencia
tiene cincuenta años y
los dientes podridos
y le gusta el fino, el buen flamenco y las piernas de las enfermeras
cuando acude algunas tardes
a las urgencias del ambulatorio cercano
quejándose con mucho teatro
de una nueva mordedura
de la soledad.
Domingo López
(De Suburbia, Ed. Point de Lunettes, Sevilla 2007)  Asesinado por el cielo. Entre las formas que van hacia la sierpe y las formas que buscan el cristal dejaré crecer mis cabellos. Con el árbol de muñones que no canta y el niño con el blanco rostro de huevo. Con los animalitos de cabeza rota y el agua harapienta de los pies secos. Con todo lo que tiene cansancio sordomudo y mariposa ahogada en el tinterro. Tropezando con mi rostro distinto cada día. ¡Asesinado por el cielo! Federico García Lorca (De Poeta en Nueva-York, 1929-1930)  esta mañana desperté encogido de tristeza temblando de pura pena
será que me dormí con la ventana abierta. David González (De "Algo que declarar", Bartleby Editores, Madrid 2007)  Te propongo seguir mintiendo como bellacos, atrapar el último imposible, transgredir el sumario y la culpa de amarnos. Te mentiré los te quiero que quieres amándote como nadie lo hizo nunca, ni yo. Juraré que puedo morir sin tu boca y puede que sea verdad, pero ninguno de los dos lo sabrá. Hagamos de la mentira nuestro amuleto, el mejor talismán que nos queda. Quiero seguir divirtiéndome contigo. Vamos a mentir querido mío que ésta, desde luego, es la última vez. Nos hemos viciado con un veneno sin salida digna, yo nunca debí darte lo que anhelabas y tú nunca debiste tomarlo. Magdalena Lasala (De Y ahora tu pasas la mano osadamente, Huerga y Fierro, Madrid, 2007)  Si de algún modo muero, en las crudas heladas del olvido o de muerte oficial, reléeme esta nota, por favor, y quémala conmigo.
La vida no iba en serio ni siquiera más tarde. Y no se tarda mucho en comprender que se trataba sólo de unos juegos para aparcar la muerte. Ni siquiera fue un río pues me tocaron tiempos muy duros de sequía aunque el mar esperaba, siempre radiante, al fondo. He creído en los mitos y he creído en el mar. Me gustaron la Garbo y los rosales de Pestum, amé a Gregory Peck todo un verano y preferí Estrabón a Marco Aurelio Aurora Luque (De Transitoria, Sevilla, Renacimiento, 1998)  Aquella noche la tengo en los dedos: la espalda de tu cuello, las palabras justas, la querencia. Tú llenabas el silencio y sonreías; los demás esperábamos la señal para bebernos las sombras, las palabras anudadas, el licor antiguo. Y luego siguió el viento deambulando y te guardé en los dedos para siempre. David Mayor (De En otra parte, Pre-textos, Valencia 2005)  He reventado en arneses que suplican corazón, fui pescador en las redes de una mar embravecida. Me he camuflado en poemas de raíces y de rocas. Amanecí en los caudales de un torrente sentenciado. ¡He amado tantas cosas que anuncian que llega el fin...!; pero nunca he despertado junto a ti.
He conversado en corales que han crecido sobre alcohol, he sostenido algún cuerpo listo para arder entero, comí fruta en el paraíso, fuí arena en los relojes, quemé mis naves y el fuego ha bloqueado mi timón. ¡He amado tantas cosas que anuncian que llega el fin...!; pero nunca he despertado junto a ti. He sido espada en la guerra, me he convertido en canción. He sido cuerda en el arpa, me he convertido en palabra. He sido el agua en los ojos, me he convetido en tristeza. He sido espuma en el cielo, me he convertido en tormenta. ¡He amado tantas cosas que anuncian que llega el fin...!; pero nunca he despertado junto a ti. He aprendido despacio los mil nombres de la furia y vendí todos mis pasos a los puntos cardinales. He hipotecado mi tiempo por una rueca de azares hilvanando un verso duro como acero en las pupilas. ¡He amado tantas cosas que anuncian que llega el fin...!; pero nunca he despertado junto a ti. Te he deseado en harapos; has puesto sitio a mi carne; te soñé un millón de veces tibia de alba, enfurecida, te he abrazado tan dulcemente en horas de naufragio. Y he sofocado mi anhelo con las lenguas que aprendí; pero nunca he despertado junto a ti. ¡Y he amado tantas cosas que anuncian que llega el fin...!; pero nunca he despertado junto a ti. Gabriel Sopeña (De La noche del Becerro, Olifante, Zaragoza 1995)  Nadie nos enseñó qué era lo correcto ni que la vida, bien administrada, era maravillosa. La mitad de nosotros se perdió en el camino, tratando de entender las cosas más sencillas. Seguro que la vida era maravillosa, pero andamos y andamos y ese camino no se acaba nunca. José Luis Piquero  Después de haber amado así, la muerte no me tendrá del todo. JOSÉ LUIS PIQUERO
Mi tercer ángel feroz, quiero decirte todos los pecados del mundo, ciervo de carne blanca: puedes morir a dentelladas en ese mundo-bestiario. Nuestra comunión, tres cuerpos bebiendo de la misma boca, convierte el mundo en una eucaristía pagana. Pero fuera del nuestro, el mundo es un cáliz de venenos y todos lo bebemos a sorbos. O escupimos en él.
Mi animal delicado, quienes amamos de esta forma, estamos exentos de por vida. Heridos de verdad para siempre y para nunca. El mundo soñado por los ángeles es el nuestro.
Bienvenido al auténtico Reino de Dios. EVA VAZ  yo he vivido mucho tiempo pendiente de un hilo telefónico de un buzón sin cerradura de las manos de unos hombres que no quisieron encontrarme acumulando toda clase de pastillas esquivando como pude los domingos por la tarde yo he vivido demasiado tiempo al otro lado de la pantalla mirando el amor por los anuncios Pablo García Casado (De Las afueras, Barcelona, DVD, 1997)  Como un aviso previo al zarpazo final, definitivo, la muerte va arañando recuerdos que olvidamos. Lorenzo Oliván (De Único norte, Valencia, Pre-Textos, 1995)  Este amor es posible sólo porque otros le preceden. Del modo en que lo mires: como tu eres porque fuiste otros, y porque en ti coinciden, en un silencio cálido, los gestos, la querencia, los demonios de otros. Los mismos que nombrar hacen posible, como un dardo en una fruta roja, la dulzura y el daño, la inocencia y la malicia: dos mitades, dos puntas de veneno, dos caras de ninguna moneda. Luis Muñoz (De Manzanas amarillas, Madrid, Hiperión, 1995)  Los hombres libres luchan hasta después de muertos. Yo soy el sonámbulo que al despertar lloró. Ángel Petisme (Insomnio de Ramalah, Eclipsados, Zaragoza 2005)  Cuántos ojos han mirado la luna. De nosotros está la luna llena. Pablo Guerrero (Del poemario "Viviendo siglos", Ellago Ediciones, Castellón, 2006)  Tengo el pubis encharcado y una migraña que me come viva. No hay máscara de pestañas suficiente para endurecer y enderezar de una vez por todas el pelo negro de mis ojos tristes: con tanta lágrima, con tanto fluido vaginal, no puedo sentirme rebelde... Será por eso que trato de maquillarme y será por eso que me da por llorar. Almudena Vidorreta (De "Ocultación transitoria" -fotografía poética del grupo Eclipse- , Rolde de Estudios Aragoneses, Cuadernos de Cultura Aragonesa nº 45, Zaragoza, Diciembre de 2006)
 ¿Por quién doblan las campanas? En la noche suena la soledad y al mediodía se escapa en el aire el largo perfume del silencio.
¿Por quién doblan las campanas? Ni tú ni yo estuvimos aquí y a lo mejor nunca volvemos. Entre el polvo que se deshace se oye el murmullo encadenado y triste del tiempo, un eco a muerte: ¡Campanas del crepúsculo resuenan entre las ruinas! Fernando Sarría  Cada verso que vivo es la herida de España que me duele y me enciende la sangre.
Un cambiarme la piel por la palabra que me nace desnuda y se abraza a la tierra. Cada verso que vivo es la lluvia que me turba y estremece los glóbulos más rojos. Un pedazo de lengua que se pudre en su amargo poema. Cada verso que vivo es un himno a la vida y un respeto a la muerte. Luciano Gracia Bailo (Vértice de la sangre, Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1974)  El viajero contó que existía un lugar donde cantan los Doors This is the end. Dijo que las palabras no tenían valor y que allí había un zoo de un tal Jafet. E o galego Líster andou por aquí mentres que Goya pintaba o Gernika. Allí verémonos no xuizo final, na loita final... E é que o Petisme chegou por aquí e á súa galega chamouna mañica, chamouna mañica.
Cuando tañen las campanas y se llenan los refugios, cuanto más silban las balas más ciegamente te busco, te busco... Y siempre hay una pelota abandonada en medio de una calle de Belchite y duerme una mujer enamorada entre las ruinas de Belchite. Vi el Universo dilatarse en un quantz, y era la vida UN SECRETO A VOCES, c´est la que chantait Brel Ne me quitte pas , Ne me quitte pas... Allí las hormigas transportan metralla y juegan al fútbol PALESTINOS Y KURDOS, allí nos masturbamos antes de la batalla, allí se SIENTE bien EL LATIDO DEL MUNDO. Cuando tañen las campanas y se llenan los refugios, cuanto más silban las balas más ciegamente te busco, te busco...
Y siempre hay una pelota abandonada en medio de una calle de Belchite y duerme una mujer enamorada entre las ruinas de Belchite. Ángel Petisme (Del Long-Play "Turistas en el Paraíso", Fonomusic, Madrid 1992)  El árbol se levanta sobre la tapia hundida. El viejo campanario -la paloma que había huyó bajo la guerra- está desierto: todo es la sombra. El monte desolado invade el patio, el pozo seco, el niño destrozado por la yedra. Alguien recuerda -Antes estuve aquí, hoy ya no vuelvo- por los muros de adoba calcinados: ¿Quién ha puesto el olivo enfrente del olivo? ¿Quién ha dejado sangre enfrente de la sangre? ¿Quién ha traído muerte en contra de la muerte? ¿Quién, en fin, ha destruido al hombre contra el hombre? Sobre la casa yerta ya nadie se levanta. José Antonio Labordeta (De "Cantar y callar", Ediciones Javalambre, Zaragoza 1971)  Hay quien hace de su vida una frontera. Otros la comparten como aire, luz, o la levantan sobre un campo de minas. Quien la deja al azar, y el que a control severo la somete. Algunos imitan la vida de sus héroes, y quienes la embalsaman en un búnker de oro. Todas las vidas trabajan para la muerte. Ángel Guinda (De Conocimiento del medio, Ediciones Olifante, Zaragoza 1996)  Cuando llegué estabais las dos hablando de vuestros estudios, vuestros amores, vuestros errores y yo en la mesa de al lado oyéndolo todo sin querer escucharlo. Cuando os marchabais y os tapabais el culo con ese jerseicito a juego con los vaqueros, pensaba que sería la última vez que observaría ese paisaje y que vuestros ojos nunca más se cruzarían con los míos. Por esto y por mi maldita manía de sacar provecho a todas las situaciones escribí este poema con la mirada perdida, ante vuestra mesa, ya vacía. Nacho Tajahuerce (De la antología Ocultación transitoria, Rolde de Estudios Aragoneses, Zaragoza 2006)  El día no está para versos que buscan su origen en el enigma al que huyó la primera palabra. Sólo hay muerte y silencio. El incendio lo arrasó todo: la luz de la memoria, la música convertida en miedo, páramo y ceniza, el asombro del latido y el secreto. Hay que despedirse del poema sin rencor, trampas ni engaño, y no aceptar su inútil desafío.
Ana María Navales (Publicado en el nº 80 de la Revista Cultural Turia)  A Teresa de Ávila Por el corazón, sí, por el corazón padezco de un cuidado de placer que ya me nace. Acabo de morir de muerte entera. Se vaciaron las llagas, en la cornisa de un nido anunciador se vaciaron. Jamás la sangre mostró un amor tan desnudo por la cruz caníbal de este hijo. ¿Y cómo reir en los asaltos del mundo? En la cercanía van muy lejos los que cantan a viva voz de manantiales. ¿Por qué ahora los abrazo con boca de palabras? Navegan por mis vidas, con mis muertes a la puerta en fuga de abalorios. Este es un réquiem sin descanso. Centinela de las llaves oscuras, qué bien lo decías: No miréis nuestra ceguedad. Ya viene el alba. Manuel Lozano Buenos Aires, 28 de Diciembre de 2006
 Rodéame con tu cuerpo, que tu piel con mi piel se fundan, que tus manos recorran mis sueños y tus pies se hagan cálidos como gatos entregados. Cúbreme con la luz de tus ojos y cántame con tu voz la canción que el océano trae en el nácar de las caracolas. Ámame esta noche sierva de un viento oscuro, en esta noche sin lunas ardientes ni miradas desnudas, sólo tu y yo albergando como crisoles los últimos racimos del sol. Eternamente solos, abandonados al placer de los silencios.
Fernando Sarría  ...si pudiera ser tu héroe... Enrique Iglesias Si pudiera ser tu héroe, ser tu dios, héroe y dios los dos en uno, cerrar los ojos y sentir que mañana nos queda todavía, como si de una ciudad o mar se tratara. Héroe y dios, ejemplo y salvador de nombre impronunciable y mágicos poderes, capaz de recorrer cielo y tierra, calles y más calles sin saberlo. Sin saber que de noche y de rodillas en la esquinita de tu cama me pides y me lloras que quieres ser libre, amar libremente, vivir libre de pecados... pero sueñas con el pecado en sí, con unos pechos más grandes que desborden las manos de tus amantes al cubrirlos y con un sexo dulce y profundo. Sueñas con todos los símbolos que la cultura ha vinculado al falo, al bastón de mando, crees, al tótem que beatas rancias como tu madre han convertido en tabú. Tu héroe y tu dios, los dos en uno, están por la labor de escucharte y ayudarte a hacer realidad tus sueños. Súbete a la cama, quítate el pijama, abre las piernas, cierra los ojos. Nacho Escuín Borao (POP, Editorial Aqua, Zaragoza 2006)
 He movido la noche para que cante el sol Ángel Guinda (De Toda la luz del mundo, Olifante, Zaragoza 2002)
 Mi botín de recuerdos pesa excesivamente: no sé si desplomarme sobre todos mis libros o hacerle carantoñas al chico de la esquina para que venda al peso todos mis ideales
Ana María Drack (De Cuarto de Hora, Pastorius, Elx, 2006)
 Madrid, 22 de mayo de 2004 Vimos el Rolls del año 53 con las ruedas blancas (mil kilómetros en cincuenta años) en las teles de los bares del barrio del Actur de Zaragoza. Sostenía en mi mano una copa de vino blanco fría y ya hacía calor en España, los hoteles del Mediterráneo estaban de limpieza general, habitaciones abiertas con camareras esmeradas, esperando la llegada de setecientos mil ingleses, un millón de alemanes, cuatrocientos mil franceses, cien mil suizos y cien mil belgas. Estábamos con un vino blanco en la mano y los cuellos levantados hacia el televisor. No vino Isabel II de Inglaterra; Isabel II sólo aceptaría ir a la boda del Rey de Francia y, como en Francia no hay Rey, Isabel II se queda en palacio para siempre, reclinada sobre el mundo. Son los súbditos de Isabel II los que aman el sol de España y la cerveza barata, los que exhiben la bandera británica en las terrazas frente al mar de sus habitaciones manchadas. Crepusculares casas reales venidas de los rincones más oxidados de la historia el 22 de mayo de 2004 surgieron en las televisiones de España, países nórdicos, lejanos y prósperos, fríos, alejados de este corazón inacabable. Rouco Varela cantando la misa. No vino el presidente de la República Francesa. Los arzobispos, bicolores, felices. El nombre de Dios dicho en voz alta muchas veces. La terca obsesión en nombrar a Dios, nombrarlo como quien nombra el poder, el dinero, la resurrección, la guillotina, la cárcel, la esclavitud. El emperador del mundo se quedó en América, ajeno a los ritos menores de sus provincias. Los enormes paraguas azules. Levantarse a las seis de la mañana para que te maquillen, te depilen, te hagan la manicura, qué felicidad más grande.
Los grandes desayunos, los cubiertos de plata, el vino y las colonias bárbaras. Las duchas gigantescas, las suites, los bombones suizos, las zapatillas de oro, los eslips de platino, el zumo de naranja con naranjas atroces. El lujo y el servicio, siempre gente abriéndote las puertas. La sonrisa permanente. Los profesionales de la sonrisa permanente; esa sonrisa representa el trabajo más inhóspito de la historia. ¿Sonreir? ¿Por qué? Y Umbral, y Gala, y Bosé, y A., y J., y Ayala, y M. M. entrando en la Almudena, recompensados, elegidos, a la diestra colocados, los jefes de la inteligencia española, de la subida española, de la gran crecida. La gran subida, la gran ascensión. Y los ciento noventa quemados vivos tuvieron su homenaje, el absurdo pueblo mutilado, el goyesco pueblo elemental y monárquico, el Rolls pasó entre ellos. Y el expresidente del gobierno bebió Rioja Reserva del 94, todos los expresidentes de España, con su chaqué, y sus mujeres en un segundo plano, protectoras, devoradas, confundidas para siempre, pero felices de haber llegado allá, allá lejos, allá donde el aire es de oro y la mano coge el mundo, allá donde España entera quiso que estuviesen y la legitimidad democrática es un fulgor definitivo.
Las pamelas iridiscentes, los yugos en la cabeza, los yugos bajo el cielo oscuro. Y José María Aznar y Jordi Pujol y Felipe González, juntos de nuevo. Y los tres se sintieron satisfechos viendo la obra bien hecha, la sucesión de Franco, la mano europea, paternal, sobre nuestras cabezas, la sucesión de Franco, las mantillas del franquismo metidas en los armarios, chillando de envidia y respirando naftalina muy blanca. Y Juan Carlos I cargando con España, porque quién sino cargaría con España, con la historia de España, el sello papal en el dedo meñique. Y Zapatero con su Sonsoles, voluptuosa, sonriente, su tipo le hubiera gustado a Baudelaire o a Julio Romero. Sonsoles parecía u Delacroix: la anatómica Libertad guiando al pueblo, pamelas vistosas, el rito político, la aburrida historia, los pechos caídos.
Y socialistas y liberales y ultramontanos juntos, la izquierda y la derecha maridadas, las nóminas engrandecidas hasta la saciedad, buscando lo mismo todos, un Delacroix parecía Sonsoles, la nueva reina de España, del reparto de los despachos, las glorias, los oros laicos. Ateos convertidos bajo el fulgor de las pamelas, creyentes con el billetero ateo. El poder en todo tiempo siempre igual a sí mismo. La historia humana en todo tiempo como ya fue hace tiempo. El mismo tiempo siempre. Repitiéndose la esencia de España, la esencia del mundo grande. Y nosotros bebiendo en el Actur, al lado de las grúas y del Hipercor, felices de que nos dejen beber este vino frío en una copa medio limpia, felices de poder pagar este vino y dos más. Y la palidez privada de la reina Rania de Jordania. Y la lluvia. MANUEL VILAS  Somos cinco mil aquí en esta pequeña parte de la ciudad. Somos cinco mil. ¿Cuántos somos en total en las ciudades y en todo el país? Somos aquí diez mil manos que siembran y hacen andar las fábricas. ¡Cuánta humanidad con hambre, frío, pánico, dolor, presión moral, terror y locura! Seis de los nuestros se perdieron en el espacio de las estrellas. Un muerto, un golpeado como jamás creí se podría golpear a un ser humano. Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores, uno saltando al vacío, otro golpéndose la cabeza contra el muro,` pero todos con la mirada fija de la muerte. ¡Qué espanto causa el rostro del fascismo! Llevan a cabo sus planes con precisión artera sin importarles nada. La sangre para ellos son medallas. La matanza es un acto de heroísmo. ¿Es éste el mundo que creaste, Dios mío? ¿Para eso tus siete días de asombro y de trabajo? En estas cuatro murallas sólo existe un número que no progresa. Que lentamente querrá más la muerte. Pero de pronto me golpea la consciencia y veo esta marea sin latido y veo el pulso de las máquinas y los militares mostrando su rostro de matrona lleno de dulzura. ¿Y Méjico, Cuba y el mundo? ¡Que griten esta ignominia! Somos diez mil manos menos que no producen. ¿Cuántos somos en toda la patria? La sangre del compañero Presidente golpea más fuerte que bombas y metrallas. Así golpeará nuestro puño nuevamente. Canto, que mal me sales. Cuando tengo que cantar, espanto. Espanto como el que vivo, como el que muero, espanto. De verme entre tantos y tantos momentos del infinito en que el silencio y el grito son las metas de este canto. Lo que nunca vi, lo que he sentido y lo que siento hará brotar el momento... Víctor Jara (Santiago de Chile, Septiembre de 1973)  Amanecí vellido y tenía frío, los ojos meones y el miembro necesario mustio, cansado, dormido, y luego alegre y más y más y luego nada, otra vez mustio, cansado, dormido, culpable. Pero, ¿fue culpa mía? Oye, que yo no lloré con ganas pero las tenía, que si el cielo no es azul no es culpa mía para que tus ojos me escupan lo contrario. Jorge Barco (De El rastro de mis lágrimas, Celya, Salamanca, 2000)  Ah, espejo del que caen hombres como moscas del dios de la nada, como rostros enredándose en el viento, como cerebros sin rostro, saltimbanquis insultando a los hombres y es el poema un clochard, un mendigo que lee a Paul Celan y no escucha las palabras de los hombres que no dicen nada, y hablan en la sombra de dorar el salmón, y de una espada. Leopoldo María Panero (De Esquizofrénicas o La balada de la lámpara azúl, Hiperión, Madrid, 2004)  Hay una línea de Verlaine que no volveré a recordar. Hay una calle próxima que está vedada a mis pasos, hay un espejo que me ha visto por última vez, hay una puerta que he cerrado hasta el fin del mundo. Entre los libros de mi biblioteca (estoy viéndolos) hay alguno que ya nunca abriré. Este verano cumpliré cincuenta años; la muerte me desgasta, incesante. Jorge Luis Borges
¿De qué vacío están llenos los vasos del deseo? Ángel Guinda (Claustro / Poesía 1970-1990 / Olifante 1991)
 Y en nuestro último beso mordimos el gusano del mezcal. Y en nuestro último beso mordimos de la noche el final. Y recordamos amargamente nuestros antiguos amores. Y ya perdidos en la tiniebla viva del alcohol, nos abrazamos hasta reconocer que sin amor todo es nada.
Espejos rotos en olivares, con la luz del sol, van reflejando la tristeza de un verano sin un revólver azul. Y en nuestro último beso mordimos el gusano del mezcal. Y después nos suicidamos, y por eso yo lloro esta canción desde el trono borracho del cielo del amor. Javier Corcobado El caso es que me busco entre las cosas vecinas, entre tanto vino bastardo y tertulia de provincias, jugándome los pasos a una carta marcada en la baraja del destino con las orlas de colores y falsos paraísos, desafiando al tiempo entre mitos y flautas.
Por lo demás, ningún problema. Gracias.
Alberto Vega  La areola de tu pecho en mi lengua; los suburbios de la ciudad; un espejo con sus dos verdades -el reflejo y el silencio-; yo, pronombre que nunca sé si me dice o me oculta; un ser humano, falible, terco, que siempre vuelve al lugar del crimen: el arte tiene raíces impuras, búsquedas o huidas a las que pones aumentos de lupa para fijar lo que está pasando ahora que el mejor poema es un letrero en la puerta. David Mayor (En otra parte, Pre-textos poesía, Madrid, Febrero de 2005)  la última gota de semen frío resbala por el muslo tibio. Daniel García Granda ("Un limón cae" -Itinerario de Haikus y Tankas), Ediciones del 4 de Agosto, mayo de 2006)  ...que alumbra más tu mirada... Melendi Le dije quédate, quédate esta noche y sus ojos decían que sí pero pudieron más sus manos sus anillos y sus recuerdos quédate y verás cómo te ama alguien vacío cómo rompe las sábanas alguien que no sabe sentir quédate y haz más grandes las heridas. Pero las manos pedían a gritos taxis y saliste como alma que lleva el diablo por calles subterráneas, olores nuevos y días sin sombra. Y llegó a casa, a su casa, a la de su hombre, su perra y su sofá y los ojos le brillaban. Ignacio Escuín Borao (POP, Editorial Aqua, Zaragoza 2005) Ilustración: "Desierto" Teresa Salcedo  Suelo salir a despedirla al descansillo. Cada noche. Cuando sale a ganarse nuestro pan con el sudor de su frente. En una mano lleva la bolsa, o bolsas, de la basura. En la otra, o bajo el brazo, los dos periódicos del bar. Suelo salir a despedirla al descansillo. Cada noche: Cuando sale a ganarse nuestro pan con el sudor de su frente. Le arreglo el pelo. Le coloco bien el cuello del abrigo. La beso en los labios. Que tengas buena noche, le digo. Mientras baja por la escalera, aún le recuerdo: Si necesitas algo, me llamas. No importa que hora sea. Me llamas. Aguardo, todavía, a que desaparezca su espalda y desaparezca, también, de la pared, la sombra de su espalda... A que se apague la luz y abajo, en el zaguán, se escuche un portazo. Solo entonces entro en casa y cierro la puerta. David González Ilustración: Teresa Salcedo.  El poeta asturiano David González, en su estudio, ordenando los poemas que ha escrito este verano y que conformarán su próximo libro.  Buscas por las callejas y las nubes terribles una voz de esperanza, un beso, una caricia. Contra los opresores odiosos y tediosos elevas y te elevas manzanas y delicias.
Frente a la injusticia del mundo y del poder trazas palabras, gestos, aromas, individuos. Poesía de rosa y de veneno, de droga azucarada de explosión y dulzura, de miel y lanzallamas.
Sabes que la vida no es tediosa ni débil aunque se nutra en lágrimas y acero. El mar y el sexo son palabras iguales. Teoría del color. Otro mundo es posible. Palabras encendidas, la justicia y el cuerpo. Que algún día, chaval, el mundo te merezca. Luis Antonio de Villena
(Escrito y leído durante la presentación de Teoría del color en Madrid. 23 de Junio de 2006)  Con las infinitas circunstancias que el corazón del mundo deposita entre nosotros suelo componer, con demasiada frecuencia, poemas que no cantan. El amor que hizo posible mi presencia en el misterio no encuentra en cuanto soy sino imágenes dolorosas. De ahora en adelante silenciaré mi palabra, si es que insiste en el error de ir mendigando, para vivir, los sobrados motivos que ya tengo. Agustín Porras (Ojalá , Huerga y Fierro, Madrid 2006) Fotografía: Doug Beasley  Es posible que no conozcas demasiado las afueras de Zaragoza: ese mundo ambiguo, fronterizo y misterioso. Ya no son suburbios las afueras. Son un combate lento entre el ladrillo y la tierra, entre el asfalto y el erial, entre la farola y la luna. Entre muertos y vivos. Entre santos y pecadores: Entre gladiadores y cristianos. Más allá de Torrero, más lejos del Actur, allá donde los efluvios del Carrefour terminan, más allá de Las Fuentes, hay un mundo de calles asfaltadas con fantasmas que terminan en huertas sin frutos y acequias sin agua, de bares al lado de escombros desesperados que dejan ciega la mirada, bares desolados, de casetas de campo junto a grúas recién puestas, de albañiles tristes que hablan en rumano, convertidos más tarde en locos vampiros llenos de luz con baterías muy baratas, todo es barato en este reino mío, de neumáticos torturados, de pequeñas tiendas que despachan pan industrial y golosinas calientes. Las afueras son también un reino de juventud: allí es donde los jóvenes de treinta años tienen su futuro, su piso y su larga deuda con los hombres viejos. Porque los hombres viejos tienen el poder y la nada, tienen las leyes y el dinero, y mujeres viejas, a quienes ya no se follan -porque todo es una mentira inabarcable- y son dueños de los techos, de las paredes, de la domesticación del frío, del pegajoso frío. Allí les esperan dorados domingos para disfrutar del salón de diecinueve metros cuadrados, de la cocina de siete; del "dormitorio-suite" de diez, así lo llamó el constructor el día de la firma del contrato, de la plaza de garage que protege del bárbaro viento de los desmontes recien urbanizados a un Corsa del 87, y de las magníficas vistas a la autopista de Barcelona. Mira esas vistas, cariño, mira ese ardor de sol contra nosotros, mira cómo nosotros acabaremos como ellos, como esos tipos que nos han vendido esta mierda, como seremos leña roja y almas baratas, así que deja que te lo haga todo esta noche, es lo único que tenemos. Deja que me coma lo que ellos no tienen: tu carne blanca y dulce y que apague tus gloriosas ganas de follar. Es nuestro reino. Cuando llegue el insomnio, que llegará, cuenta, para no volverte loco, amor mío, cuenta el número de coches que pasan a doscientos kilómetros por hora (provistos de aparatos altamente sofisticados que detectan los radares de las baratas autoridades policiales españolas) en madrugadas tan insignificantes como las golosinas que venden en la tienda de la esquina. Amor mío no puedes dejar tu trabajo, amor mío si quieres follamos hasta morir, pero por favor no dejes tu trabajo. Manuel Vilas (Uni-versos, ABC "Las artes y las Letras" nº 760 , 26 de Agosto de 2006) Fotografía de Vilas: Daniel Morzinski  Sem ti sou apenas este vento que investe contra as árvores e as desfolha longamente muito antes do outono.
GONÇALO SALVADO (Vento / Viento. Antología de Poesía Ibérica, Celya 2004)  Es natural que Dios se comunique con mi melancolía; que comparta mi pan, mi techo aciago y que me ofrende, de vez en cuando, un búho, una botella, una hoja de menta, un libro viejo escrito sobre un vidrio de colores. Es natural que llegue sin anuncio, definido y abierto como un árbol, y que se instale cerca de la leña desatada en crujidos ardorosos sin dirigirme nunca la palabra, alto y ritual, hermoso como un sable. Suele irritarme su actitud, la espera brillante de sus ojos, la implacable actividad oculta de sus manos quemadas por dos vírgulas de hierro. Yo soy un hombre y Él lo sabe. Tengo arrebatos de hombre, no de insecto, ni dulzura animal para mis actos manejados por turbia inteligencia. Arrojo el vino. Tiro la mesa los mendrugos, las moscas, los papeles; tenso mis antebrazos, crispo el nervio más hondo, y con rudeza lo fustigo; lo invito a que se mida con mi angustia crecida en los confines de su obra. No responde. Se ubica acomodado su codo en la madera, y sin testigos, pulseamos al igual que dos labriegos en honesta y tristísima disputa. Roberto Themis Speroni  En esta madrugada Las huellas del auto descubren su vocabulario Aunque nadie perciba La extensión de su duelo Ni sus gritos de oscuro destino Ni su peligroso rodar sin calma. Quizás deseen otro amanecer Firmar su goma encima de tanto silencio Llevar al hombre a las instancias del vértigo Disparar el pie hasta tocar el perfecto olvido Calmar tanto aislamiento metálico Entre la máquina y el cuerpo del hombre Unir carne y chapa. Es la Avenida 170 la que bordea el acantilado Iván Humanes Bespín (Decimocuarta edición de la antologia Nueva Poesía Hispanoamericana, Lord Byron Ediciones, 2006)  Examinad vuestra conciencia, decía Zola, y eso mismo trata de decirnos el poeta Ángel Guinda por medio de una huelga de hambre con la que persigue unas metas con las que yo, humana y poéticamente hablando, no puedo estar más de acuerdo. Desde que Bertrand Russell escribiera "La educación y el orden social", el control del pesamiento, la psicología de masas, se ha perfeccionado lo suficiente como para que ya no haya límitesa lo que nuestros gobiernos, valiéndose de los medios de comunicación y de la industria del entertainement, quieran hacernos creer (lo de las armas de destrucción masiva de Iraq, por ejemplo), así que no es de extrañar que en el contexto de una sociedad en la que el alumno no es considerado como persona, sino como recluta (Russell) y en la que la inmensa mayoría de sus miembros mira solo por su propio bienestar (aún a costa del de sus semejantes) y en la que la inmensa mayoría de nuestros intelectuales no se mueve por principios de justicia y verdad, como quería Julen Benda, sino que son loros al servicio del poder establecido, no es de extrañar, digo, que acciones solidarias como la del poeta Ángel Guinda, sean o silenciadas por la opinión pública o ridiculizadas (y calumniadas) por la multitud (Critopher Hitchens). Ángel Guinda, no obstante, debe tener la sensación de estar haciendo todo lo que puede para que el mundo sea menos desdichado, de contarse entre los que tratan de impedir que la raza humana caiga en el estancamiento y la desesperación (Russell) y debe tener presentetambién que no está sólo en esto, y que este breve texto es la manera que tengo, de mostrarle mi apoyo y solidaridad, y mostrarlo publicamente, porque como ya escribió Baudrillard: Cuando hombres valientes se atreven a alzarse contra las ideas comúnmente aceptadas y a provocar la indignación de los demás, es preciso señalarlo. David González, 28 de Julio de 2006 Lo diría una indígena y tendría razón: "Ustedes tienen la vida ordenada en cajas. Nacen y les depositan en una cajita. Su casa es una caja y las habitaciones son cajas más pequeñas. Suben a la casa en una caja, bajan a la calle en una caja. Viajan en una caja. Duermen y hacen el amor sobre una caja. A través de una caja ven el mundo. Los Bancos y las Cajas hacen caja. Y cuando mueren les introducen en una caja." Nos encajan la vida. Algunos no encajamos y nos desencajamos. Ángel Guinda Soy un claro interior, el porvenir de una puerta que siempre está atrancada. La trampa de vivir y ver morir. Contra la destrucción de la conciencia bramo, reviento, clavo en Dios los codos. Soy un zarpazo roto de paciencia. Una luz que, arañando los escombros, borra la niebla y sigue hacia adelante. Un hombre con la sombra hasta los hombros. Como hambre y bebo sed con todos con todos los condenados a escarbar la nada. Esto no es un poema, es un desplante. Profundamente grito un no rotundo. Yo no quiero vivir en este mundo. Ángel Guinda  Cuando se cumple el octavo día de la huelga de hambre que inicié con reivindicaciones literarias y políticas, pongo fin a la misma por motivos de salud y por considerar que no es misión exclusiva de un poeta lírico transformar el mundo sino poetizarlo. Mis sentimientos de compromiso social y de solidaridad salen reforzados de esta acción , uno de cuyos objetivos, al menos, se ha cumplido, a juzgar por los cientos de adhesiones recibidas procedentes de movimientos progresistas, asociaciones culturales, ciudadanos anónimos, artistas y escritores (muy especialmente de Manuel Martínez Forega, que ha secundado la huelga) y que agradezco de todo corazón. Gratitud extensible a aquellos medios de comunicación que se han hecho eco de la acción. ¡Por un mundo, un arte y una literatura mejores, salud! Ángel Guinda, Trasmoz (Zaragoza), 29 de Julio de 2006  Lo inalcanzable me hace señales desde el horizonte Ángel Guinda (Toda la luz del mundo. Olifante. Zaragoza 2002)  No necesito que me compres unas alas, sólo te pido que me enseñes a volar. Ángel Petisme (De Teoría del color, Sial, Madrid 2006)  Todo quedó como en el recuerdo de una mandolina abandonada. Todo quedó atrás, en la primera fila de una hermosa lluvia, como en la serenidad de aquel soldado que espera ser relevado y ver amanecer un nuevo día, sin pensar que el futuro tal vez sea arrasado por su propia mano presente. Todo quedó como entre la luz de una caricia suave, lejana. El ciego siguió cantando el número de la suerte. Grandes torrentes de espuma y agua, bajaban buscando la puerta que cerrase su furioso viaje. Miradas implorando súplicas. Alguien quedó volcado en una lejana y solitaria cuneta. Allí, marcado por los látigos de la fiebre y del frío, sigue implorando la invisible mano que lo salve. A veces, cuánta prisa tiene la sangre, huir es su destino, huir, huir hacia la nada. (Yo cortaré una flor para tu frente). (Cantaba la blancura del día con sus alas fijas en la tierra y, frente al sol, giraba un resplandeciente torno recogiendo luces de alegría y cómo te llevas, querido Heliaco, rozando las fuentes de tu universo imaginado y saludando, desde las cimas de tu asombro, entre risas, noches y sollozos)... No cierres las manos, que no desangren más sobre la cúpula de tu alma, déjalas que busquen diente a diente, la voz, la pregunta que aclare los suburbios de tu enigmática selva en la vida. ¿Caerás en la boca de un puntiagudo mundo cubierto entre transparentes e indomables cristales? ¿Cómo esperaste recibir el perfume caído en la paz de la existencia, si de ella tan sólo pudiste sentir un frágil alarido? ¡Ay! de la solfa de las aguas que nunca llegaron. Mariano Esquillor (Oda de Látigos / Heliaco, Colección Puyal, Publicaciones Porvivir Independiente, Zaragoza 1977)  Siempre s o l o con mis sueños y mi carne. Con mi cantar indeciso entre labios atravieso las calles bajo la lluvia. (1946-48) Inédito hasta 1983  Quiero abarcar el sol de los desiertos, convertirme en el suelo de tus pies.
Vuelo en tu sombra, esa luz que no he visto. La extensión del deseo que encendí igual que el humo del incienso. Como un rubor antiguo de azafrán...
Ahora que la caravana de mi soledad ha llegado en este viaje hasta tu umbral, traigo para ti: Color de Jenna, Música de rosas, Besos de dátil. De cilantro y menta: Oasis de Luna, ternura de arenas en tu cintura de nieve serena.
Agua de tu Alba y música de rosas.
¡Siento como un río tu corazón de piedra!
Gabriel Sopeña (Del disco colectivo "Natural de Aragón" Un canto a la naturaleza, Gobierno de Aragón, 2006) Cuéntamelo otra vez, es tan hermoso que no me canso nunca de escucharlo. Repíteme otra vez que la pareja del cuento fue feliz hasta la muerte, que ella no le fue infiel, que a él ni siquiera se le ocurrió engañarla. Y no te olvides de que, a pesar de los problemas, se seguían besando cada noche. Cuéntamelo mil veces, por favor: es la historia más bella que conozco. Amalia Bautista (Incluido en la antología Quinta del 63, Celya, Salamanca 2001)  Tengo una tristeza de veinticuatro años y ocho meses, que en días solares medios no quiero calcularla, pero me dura doce meses cada año y semanalmente deviene con mi alma. Tengo una tristeza que a velocidad de luz trata de alcanzar su noche, es opaca al mediodía y fija una constelación de lágrimas sin nombre que con el tiempo, tal vez, descubrirá la Astronomía. Si sucediera, llamarla Melancolía y darle la densidad y la distancia que gustéis. Es para que lo sepáis una tristeza intransitiva conjugada en todo tiempo, procedente de pretéritos y orientada a los futuros. Hoy por hoy en presente la llevo y su diámetro es mi alma y mi corazón su centro, de donde parten los radios que la llevan. Y tiene un factor constante para el que los griegos no hallaron letra y un peso cualitativo que en cantidades tiende a cero o infinito. Es una tristeza indivisible, susceptible de potenciarse al cubo teniendo en cuenta que el volumen en que vive es de hombre. Y teniendo en cuenta su peso específico, su cualidad de mercurio incesante, el punto en el que hierve y la profundidad a que se encuentra, es implacable. Es una tristeza que vive en esta cárcel de 24 años, ocho meses y un día y hay que darle tiempo para que muera, para que planetariamente ronde el sol de su recuerdo, para que tenga meteoritos y juegue con Saturno a alimentarse de sus hijos. Y hay que darle tiempo para que sepa su sustancia y la estudien los niños en la escuela y los doctores le hagan tesis, y los laboratorios la analicen para hacer tristezas más pequeñas. Tengo una tristeza existencial que tiene su raíz en haber nacido para muerto. Me temo que es una tristeza contagiosa y sin remedio. José Antonio Rey del Corral (Poemas de la Incomunicación, Colección Poemas, Zaragoza 1964)  Soy tantas veces yo, interminable, con el rostro cruzado por el tiempo, por las huellas que dejan los silencios, los días acabados y las noches de ausencia y de olvidos que siempre cuando me miro hondo ante este espejo que naufraga en casa me recompongo a mí, a mis recuerdos, a mis leves ausencias levantadas en las heridas huellas de los ojos. José Antonio Labordeta (Del poemario Jardín de la memoria / Taifa Poesía / Barcelona, 1985)  La lucha no se decide en las calles sino en los callejones de la conciencia Jorge Riechmann, Muro con inscripciones, DVD poesía, Barcelona 2000)  La débil memoria bailando de rama en rama en el cerebro de los pájaros. Un temblor en los huesos y la luz de las tormentas penetrando en el silencio. Me voy de la piel de un continente que detiene el amor. El tiempo pasa por la caligrafía. Francisco Grasa Ubieto (Agua y cenizas / El suicidio de las olas, Aveletra, Huesca,2005) Ilustración: Santiago Arranz  Este sueño, que acabo de soñar y en cuyo tenue borde te hiciste no visible, limita con la nada. José Ángel Valente (Fragmentos de un libro futuro, Galaxia Gutemberg / Círculo de Lectores, Barcelona,2000)  No quieras retornar. El día se ha extinguido y ya no vuelve el sol a desandar espacios que recorrió en su órbita. A través de los tiempos, volverá por los mismos senderos. Ni párpados, ni labios, en la distancia, nos soñarán los siglos. Carmen Serna (Poema Inacabado, Aula de Cultura Astro, Córdoba 1992)  Hay cientos de historias como ésta que ningún fabulador por perverso que fuese podría urdir mejor. Un muchacho soñó que ponía una bomba y al día siguiente lo contó a sus amigos. No conozco su nombre pero sigue en la cárcel. Hasta soñar está prohibido en Palestina. Ángel Petisme (Editorial Eclipsados, Zaragoza, 2005)  Sólo dios sabe por qué se me regaló el don de aprenderme de memoria las manos de todas las cajeras que me han atendido y cobrado alguna vez en mi vida. Es un don inexplicable, frenético cautiverio de los ojos. Cajeras del Carrefour, del Sabeco, de Alcampo, cajeras de todas las tiendas que he visitado, llevo vuestras manos en el disco muy duro de mi memoria. Manos grandes, pequeñas, manos tristes, alianzas, adornos, uñas de todas las formas y de todos los colores, venas bajo la piel, manos atadas a una máquina registradora, manos cansadas, uñas rotas. Falanges señaladas para trabajos pocos señalados. Manos siempre pulcras, manos a veces de una belleza fulminante. Manos inesperadas. Siempre que voy con el carro de la compra y dejo el azúcar y las galletas en el mostrador, y comienza la cajera el rito de coger con sus manos mi compra, me invade una rabiosa melancolía: miro esas manos que cogen lo que compro, esas manos esclavas, las mías que también lo son, las mías que sacan billetes de una cartera, las manos de ella, con sus uñas pintadas (he visto cien mil uñas encerradas en cien mil colores), los cambios, El Rey de España pasando de mano en mano, ausente él también con su efigie narcotizada, las estúpidas galletas, la abundante azúcar. Y es entonces cuando actúa mi memoria. Allí donde sólo hay manos muy baratas en trabajos muy duros, yo me aprendo esas manos muy de memoria: dedo a dedo, alianza por alianza, uña a uña, cada falange, cada vena abandonada a su suerte, cada pliegue de la piel, cada forma delicada de los dedos. Manuel Vilas (Resurrección, XV Premio Jaime Gil de Biedma, Visor Libros, Madrid 2005)  La vida es una muerte encorsetada en unas horrorosas vacaciones alegres. Nunca he sentido tanta soledad en esta mano. Ramón Irigoyen de Cielos e Inviernos, Ediciones Hiperión, Madrid, Diciembre de 1980.  Esta tierra, este tiempo, esta espantosa podredumbre que me acompañan desde que nací (porque soy hijo de una patria triste y hermosa como un sueño de piedra y sol; de un tiempo amargo como el poso de la historia): esta tierra, este tiempo que tiran de mis pies hasta arrancar los huesos a mi esperanza última, ¡ah, no podrán, jamás podrán vencerme, porque mi mano se me va y se agarra a otra mano de hombre y a otra mano que me encadenan, madre inmensa a ti! BLAS DE OTERO (De Pido la paz y la palabra, Santander, 1955) FOTOGRAFÍA: AGENCIA EFE ¿Cómo afrontar la lucha derrotado? (Luis Valdesueiro, Lucidario, 1997)
El bien que haces te hace. Te deshace el mal que haces. (Ángel Guinda, 1994)  Viste cómo se derrumbaron viejas creencias nuevos mitos sobre la libertad. No eres hombre de fe. Y ahora te ofrecen un gran supermercado. El mundo gira en su órbita exacta. Sabes el argumento de la obra y cuál es tu papel: ni héroe ni malvado. Y no estarás cuando caiga el telón. Actor entre el inmenso repertorio de esta tragedia milenaria vas a seguir siempre en el bando de los rebeldes y sus sombras. José Agustín Goytisolo, de Como los trenes de la noche, Lumen, Barcelona 1995) ILUSTRACIÓN: JOSÉ LUIS LASALA El mejor vestido para mi cuerpo es tu cuerpo desnudo. El mejor vestido para tu cuerpo es mi cuerpo desnudo. Vestido así no tengo ganas de desnudarme nunca. Jorge Riechman, De Amarte sin regreso (Poesía amorosa 1981-1994) Hiperión, Madrid, 1995.  Yo amo la belleza, el equilibrio, el cosmos, los grandes girasoles de Van Gogh, amarillos, los canales marrones de una Venecia rosa, la luz sobre los árboles de tu paisaje en frío. Yo amo las magnolias y el unicornio extraño, los efebos, Mykonos, la magia de los días, el corazón salvaje de Brasil verde oscuro, el sonido de Cuba, con el son y la salsa. Yo amo el cante hondo, la java, las sonatas, casi todas las fugas de Bach y de Scarlatti, Vivaldi, Mozart, Mahler, Homnegger, Stravinsky, Rabi Shankar, los Beatles y Chavela a deshoras. Y me gustan las arias de Puccini y el canto de cualquier ave rara que me suene a música. Yo amo la pintura de Goya y de Kandinsky, la de Chagall, Klee, Rubens, Picasso, los egipcios, sus misteriosos templos, sus esfinges, pirámides, el mundo jeroglífico de sus paredes crema, el pueblo de los incas, los aztecas, los mayas, París, barrio Latino, allá por los sesenta, el existencialismo de Kierkegaard, Brassens, Piaf, Grecó, los poemas de Prevert, el misterio. Yo amo a los poetas de mi tierra y su gente, a los cantores libres cuando arriesgan la pluma. Yo amo mil etcéteras, el silencio, el teatro y los cines de ensayo con Visconti incluido. Y me amo a mi misma y a ti, cuando te dejas. Ana María Drack, del poemario De dos en dos, Lunara Poesía, Elche 1996.  Es cosa tan pequeña nuestro llanto; son tan pequeña cosa los suspiros... Sin embargo, por cosas tan pequeñas vosotros y nosotras nos morimos. Emily Dickinson  A José Luis Melero Rivas Va muriendo la tarde. Sólo el milagro de vivir purifica la sombra. Cortinas fantasmales de cierzo estremecido van poniendo en los ojos de la noche abanicos de lluvia. Salas de tapices, sangrando su leyenda, van soñando prodigios. Van abriendo al poema su piedra de marfil. Esa piedra sonámbula que niega la memoria a muertos que deliran sin sonido y llamea, con luz inapresable, en la voz del poeta. Paletadas de sol reverdecen la calma de las hojas, aladas del otoño. Cuánto fuego dormido en la piel del crepúsculo. Cuántos hombres soñando en el camino y ungidos de tristeza se axfisian reflejados en el agua. Va muriendo la tarde. Sólo el milagro de vivir purifica la sombra. Purifica los ríos de la sangre. Purifica el misterio de la imagen borrosa de la muerte. LUCIANO GRACIA BAILO (Del poemario Huellas de Ceniza 1978-1982, Zaragoza, I.F.C. 1982) Fotografía de J.L. Melero: Web de Mariano Gistaín. Nadie recuerda nada; una voz un instante en medio de la tierra. Joan Gonper (de Teoría de la Presencia Celya, Salamanca, Septiembre de 2004)  Si pudiera al menos no ya prescindir de la memoria (enfermiza y parásita memoria) sino del deseo de no recordar olvidar la voluntad de olvidar (Luis Eduardo Aute, de La matemática del espejo 1970-75, Ediciones Peralta, 1979)  Me he vuelto loco pero ahí fuera sigue el rumor sórdido de la vida y es como si el dolor fuera poco como si hiciera falta otra vuelta de tuerca: a hombres que arrastran mis pies borrachera hedionda de silencio como un ruido al fondo de la vida. Leopoldo María Panero (Del poemario "Poemas de la locura", Huerga y Fierro, Madrid, Junio de 2005)  Hay que ser absolutamente posmoderno. Simultáneo a cada hombre del presente, a todas las edades de la historia, mi memoria se fragmenta. Yo y mis contemporáneos hemos aprendido el olvido. Estoy libre del pasado y juego con él: descanso con otras formas eternas. Puedo elegir mi tiempo. No así mi espacio. Mi vida y mi cultura se componen de formas de caleidoscopio. Nunca fuimos tan libres. Hemos olvidado viejas lenguas, nuestro credo y las formas antiguas de poder. Es el comienzo de una nueva era menos novedosa que las anteriores. Mi momento es el resumen de todos los momentos del mundo Antonio Portela (Del poemario ¿Estás seguro de que no nos siguen?, DVD Ediciones, 2003)  Con esta mano me fatigo al amarte desde lejos. Tendido bajo el viejo ventanal, espero a que el sudor se quede frío, contemplo el laberinto de mis brazos. Soy dueño de un rectángulo de cielo que nunca alcanzaré. Pero debemos ser más objetivos, olvidar los afanes, los engaños, el inútil deseo de unos versos que atestigüen la vida. Celebrar el silencio de un cuerpo satisfecho, esa altura sin dios a la que llega nuestra carne mortal. Saber así la plenitud que algunos perseguimos: un hombre, bajo el cielo, ve sus manos. (Vicente Gallego, Del poemario La luz, de otra manera / Madrid, Visor, 1988)  Cuando llegue el silencio del silencio y las sombras envuelvan nuestros sueños, habremos de vivir eternamente en el cofre inmortal de mis poemas. Se escuchará mi elogio enamorado en el trino infinito de mis versos y volverá el milagro de adorarnos con más intensidad en el recuerdo. El prodigio de amor será añoranza en la perpetuidad de nuestras almas, porque eres el fonema palpitante de mi primera y última palabra. Cuando llegue el silencio del silencio seremos un idilio en la distancia... Manuel Salvador Leyva Martínez (Del poemario "Sonetario de Amor") Ilustración: Almandrade.  De un soplo hice el desierto que miras. ¿Qué no haría entonces con el escorpión que de tí nace? (Manuel Lozano)  Jamás sabré por dónde se va hacia aquel lugar. ¿Por arriba, donde el arroyo rompe sus collares de perlas? ¿Por abajo, donde el cielo se pliega como un traje arrugado? Toda la vida en vela, esperando llegar un poco más allá, donde los corzos saltan sobre las rocas negras, verdes, resplandecientes; un poco más acá de donde silba el zumbido de tardías estrellas por las planas del alba. Pasan lentos los bueyes en la noche, a la luz de la luna, a abrevar en la fuente; suenan los batidores sus cuernos de marfil; pájaros silenciosos cruzan las enramadas. He perdido el sentido, me perdí en mis amores y por el Norte bajan nubarrones plomizos. ¡Qué claquear de crótalos en las hondas barrancas! Jamás sabré por dónde se va hacia aquel lugar. (Poema de Rosendo Tello incluido en Augurios y leyendas de un tiempo que se va, Prames, Zaragoza 2000) * Foto de Carlos Moncín  Un día di vuelta a mi reloj, lo vacié de maquinaria y lo llené de tiempo. Ahora, medimos juntos las horas de los amantes, los soplos de aire que minuto a minuto roban nuestros besos; los segundos exactos de cada nuevo asalto al corazón. Los besos... Aquellos besos que al descerrajar el día, aniquiló el segundero, los besos que cayeron, tal como lo hicieron la aguja grande y la chica al agitar la carcasa: Tus besos que ahora vuelven, una vez más, como saetas invisibles, a marcar nuestras vidas. (Fernando R. Ortega / Poema Inédito)  Ya comprende un servidor que el gatillazo de ayer no encoña al mejor postor: Sin edad de merecer puedo seguir siendo yo cuando me da por crecer. ¿Por qué en Gijón, madre mía, dónde yo menos quería, pasó lo que pasó? Mi garganta pajillera con costo en la faltriquera dijo que sí, pero no. Lo malo es que el Jovellanos se me escapó de las manos por do más pecado había... El Titanic y el grumete salsa rosa caga y vete, menstruo de cuaderna vía. A mi Nano, en Nueva York se le atravesó el terrat y Manhattan lo adoptó y a Pablo, cuerpo presente, cuando fue a Chile, a pisar nuestras calles nuevamente, las pisó, claro que sí, cayendo chuzos de punta pero estuvimos allí, los del barcá, los valdanos, las zidanes cejijuntas, los talibanes cubanos. Y, sin embargo, esa voz enmudeció de repente para darnos otra coz. Cambiarle la jeta a Acebes es lo mejor de la noche, de este concierto tan breve. Mañana será otro día, volveré a ser el fantoche de Calle Melancolía. (Primer Gatillazo, Gijón, Diciembre de 2005)  Esta vida es un cementerio. (Ángel Guinda / Huellas, Poesía Por Ejemplo - Oráculo Manual, Madrid, 1998)  os fuisteis hace nada, y me quedé pensando en las cosas tan raras que pasan en la vida: que estuvierais hoy mismo aquí, conmigo, y fuerais mi alegría, que pudiera miraros, escucharos, tocaros, bajo un cielo propicio, en esta luz tan mía, y que ahora estéis tan lejos, y que nada sepamos acerca de si un día volveremos a vernos y a darnos amistad en compañía. Me he quedado pensando, y estoy triste, lleno hasta el borde de melancolía, no sé, desconcertado, confundido por las cosas tan raras que pasan en la vida. (Del poemaio La Certeza, Tusquets, Barcelona, Septiembre de 2005)  Ha llegado el sabor de las sopas de ajo en el amanecer de los presidios. Por la tristeza de las galerías hay un rumor de pies y de bocas hambrientas hacia los patios de las formaciones. De negros pozos sube el vaho fétido. El sabor de la sopa en cada lengua como una comunión sacrílega. Revuelve los estómagos sucios. A esto sabe el rencor de los otros y la sangre perdida. Es el sabor de la denuncia. Es el sabor del miedo y la derrota. No es un espejo el alba macilenta por la tierra entre llanos que aún cuartea la helada. No nos vemos el hueco de la boca hacia el sabor del odio digo el de sopas de ajo entre fusiles. (Del poemario Con los cinco sentidos, Colección Fuendetodos, Zaragoza, 1970)  Ella es la sacrílega. Comió carroña para poblar de desesperación el balbuceo entretejido de aquel viejo fantasma. Ahora traga trozos de espejo (pequeñas dinastías cenicientas), de un solo soplo los traga. Deberás contemplar mi casa cubierta de muecas y de almizcle, aun con estas manos. ¿Qué Genésis me balanceó en este olejae, precipitándome a la desobediente procesión del peligro? ¡Palabras en mi clausura, en mi credo inicial, en mi adagio de carne por las sombras del mundo, separando el duelo de todo porvenir con su antorcha llameante, con su trapo de sed y su reguero vampiro! En la moneda, raspas tu tajo: entonces avanzo con risa de esplendor por esta selva de águilas y me corono. (Incluido en la Séptima Edición de la Antología Nueva Poesía Hispanoamericana, Lord Byron Ediciones, Diciembre de 2004)  ¿Y si mentir no fuera vil ni tan siquiera grave, y no encerrara fatales consecuencias o no fuese irremediable ni supiese a pólvora; y si mentir no dejase marchitos los jardines ni congelara el manantial sagrado del hombre y de sus sueños; y si después de todo mentir no fuera malo sino sólo difícil? (De Métodos de la noche, Madrid, Hiperión 1998)  He amado todo lo que he tocado, hasta romperme: me he posado sobre la vida de puntillas como las mariposas, hasta hacerme gusano, pero seguimos siendo monos enfermos de soledad cósmica, hambrientos de amor y de cariño. Soy un superviviente de las guerras del siglo XX. Un loco tierno, un incendiario. Yo seré tu lienzo y tú mi pincel, tu serás mi tela y yo tu aguafuerte. Me queda la energía lunar de tus abrazos. Haz de mi cariño una obra de arte. Soy un hombre que quería olvidarse cuando amaba, que amando sin orgullo se quiso comprender y gozar, gozar de la luz interior. El fuego me acompaña, y voy como Dionisos rebautizando estrellas mientras los troncos olorosos de los pinos me entregan al reposo en cualquier fonda. No estoy sólo en el mundo, la tristeza es un virus extraño y yo vivo en la casa de la necesidad. Sé que el amor se parece a la muerte. No estoy solo en el mundo. No estoy solo. (Incluido en el C.D. Amor entre las cuerdas, Coda, 2005)  Luna roja y en la radio la precisa melodía proyecta tus arpegios endiablados viejo Jim Morrison. Arqueas la cintura, la sensualidad de tus labios y entre filtros de peyote y vasos de aguardiente te diriges peligrosamente hacia el fin, -enciendes el cigarro, alzas la copa de vino y brindas por ti, por Blake Artaud, tus oscuros fantasmas- la mirada extraviada, el seco gemido, nadie entiende el descarnado alarido que parte el cielo en pedazos. La muerte traidora danzando sobre tu cuerpo, la soledad desnuda en medio del escenario, el baile indio, el suicidio anunciado, entregando en cada concierto tu más rotunda agonía, rey de los lagartos.  La marca de las huellas en los espesos labios de la muerte es una cuestión de identidad / o de mala ubicuidad que divide pueblos y forma naciones de ataúdes.  Ni siquiera atreverse a vivir borra el pasado. (De Huellas / poesía, por ejemplo / oráculo manual / madrid 1998)  Un poema que se enrosca a la vida Como la hiedra al árbol cortado Como la sílaba a la sílaba Como la sílaba hecha de herrumbre y de silencio Como la sílaba se enrosca al árbol cortado Diciendo nada al hombre Y al poema que se enrosca sobre el hombre. (Leopoldo María Panero, Del poemario El hombre elefante, Huerga y Fierro Editores, Madrid Junio de 2005)  El Verbo se hizo carne tuya y carne mía y conjugó entre nosotros.  Hoy la esperanza ha puesto una pequeña flor junto al arroyo claro. La brisa nos ofrece perfume de mimosas. Quizá después de todo la lluvia venga a vernos. (Incluido en la Antología de la Poesía Española Contemporánea, Lord Byron Ediciones, Lima, Julio de 2005)  se piden paso en este incómodo proceso de maquillajes sin orden, febriles caretas, retratos imaginarios a golpes de ceniza creciendo como arrugas carnívoras confundidas y amontonan una misma mueca un mismo monstruo que aprieta los huesos para sujetarse las vísceras en un esfuerzo estéril de ocultar la careta más grotesca hecha detrito.  Las ciudades sin ti no las recuerdo Son las flores cerradas del mundo Las ciudades sin ti no tienen nombre Las ciudades sin ti no las recuerdo La noche solitaria que parece Tan sólo una tiniebla vagabunda La noche en que no estás tiembla mi noche Si el vacío me mira con tus ojos Vale más el vacío que la vida Si me mira el vacío con tus ojos La noche en soledad corrompe sueños La noche en que no estás tiembla mi noche (Felipe Benítez Reyes, Incluido en la antología poética Poesía Española Contemporánea, Lord Byron Ediciones, Lima, Julio de 2005)
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