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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Poetas.
 Crímenes contra la humanidad en Ciudad Vilas. Hoteles de lujo decadente a precios populares en Ciudad Vilas. Descapotables negros con mujeres de vestidos rojos con grandes escotes en Ciudad Vilas. MacDonald´s colgados del cielo en Ciudad Vilas. Hombres ahorcados en los árboles más altos de los góticos parques de Ciudad Vilas. Sacerdotes predicando subidos en barcas en los ríos de Ciudad Vilas. Estatuas de Manuel Vilas en las plazas, en las rotondas, en los museos de Ciudad Vilas. Adosados radiantes, institutos luminosos de enseñanza secundaria en las circunvalaciones de Ciudad Vilas. Bares con hombres destruidos dentro y cervezas de marcas desconocidas en los arrabales histéricos de Ciudad Vilas. Hospitales con médicos y enfermeras negligentes construidos sobre las colinas desérticas de Ciudad Vilas. Piscinas doradas, con agua de diamantes, en Ciudad Vilas. Calles con alma en Ciudad Vilas. Mujeres enamoradas en los balcones de las casas antiguas de Ciudad Vilas. Fnacs y Corte Inglés y Casas del Libro donde solo venden libros de Manuel Vilas en el centro neurálgico de Ciudad Vilas. Heladerías subterráneas donde se hace el amor en Ciudad Vilas. Veleros y balandros en las playas agnósticas de Ciudad Vilas. Concesionarios Mercedes-Benz en las calles principales de Ciudad Vilas. Iglesias metodistas en Ciudad Vilas. Armerías con armas automáticas sin licencia en Ciudad Vilas. Mujeres verdaderamente libres al fin en Ciudad Vilas. Negros de lujo casados con chinas comunistas en Ciudad Vilas. Gente que se besa, que se muerde con furia en los lujosos vagones del Metro de Ciudad Vilas. Pelirrojas enamoradas de Manuel Vilas en Ciudad Vilas. Rubias bellísimas y fatales enamoradas de Manuel Vilas dándose muerte porque Manuel Vilas ya no las ama en Ciudad Vilas. Estatuas neoclásicas con el rostro del padre de Manuel Vilas en los jardines infantiles de Ciudad Vilas. La primavera es una época de tormentas radiantes en Ciudad Vilas. Novios de veinte años besándose en las avenidas de Ciudad Vilas. Alegría sin fin hasta la desesperación luminosa en Ciudad Vilas. Pasiones que devoran toda forma de civilización en Ciudad Vilas. El Conde de Montecristo y Madame Bovary se casaron y viven felices en un apartamento del centro en Ciudad Vilas. Jimi Hendrix da un concierto todas las noches de verano en el gran Auditorio al aire libre en Ciudad Vilas. Mujeres enamoradas de hombres gloriosamente enamorados de sí mismos en Ciudad Vilas. Hombres que lloran porque aún quieren amar más en Ciudad Vilas. Elvis Presley vive completamente solo y anónimo en un barrio obrero de las afueras de Ciudad Vilas. El capitalismo es una rosa humana y revolucionaria en Ciudad Vilas. Los mejores ministros de Dios consuelan a los pecadores en las elegantes iglesias de Ciudad Vilas Amor, amor, y amor siempre en Ciudad Vilas. Hombres y mujeres que no creéis en nada pero sin embargo estáis enamorados os esperamos a todos en Ciudad Vilas. Ven a Ciudad Vilas, te queremos. Ven a Ciudad Vilas, triunfarás aquí. Segundas y terceras y cuartas oportunidades auténticas para cambiar tu vida de una vez por todas en Ciudad Vilas. Ella dijo a todos sus amantes “os espero en Ciudad Vilas”. Él dijo a sus chicas “nos casaremos en Ciudad Vilas”. Bienvenido a Ciudad Vilas. Bienvenido a la ciudad del Amor. Manuel Vilas (Gran Vilas, Visor Poesía, Madrid 2012)  Vas a comenzar un viaje. Atravesarás arenas movedizas, bancos de niebla, pozas insondables.
Disponte a percibir las señales secretas que las cosas de la tierra emiten para ti.
El insecto que vuela a tu alrededor, ¿qué contraseña, qué promesa de jardín te trae?
El fuego blanco de la nieve en las copas, ¿logró acallar el fuego verde de los árboles?
La hoja que, a orillas del río, se separa de la rama del arbusto y cae, ¿podrá unirse a la rama exacta del agua sin que la rompa?
Llegan ondas de un lado al otro de tus sentidos: lograste sintonizar un dial secreto del mundo.
Pero te detienes al borde de esta página y hallas una frecuencia en tu interior, una transmisión. Un mensaje de ti, atiéndelo. Es tu corazón paciente: ese traductor, ese amanuense, ese oficinista incansable poniendo comas veinticuatro horas al día a cuanto el asombro profusamente le trae.
 Desnudo sobre el lecho pensaba verte desnudo a mi lado mientras el tiempo dormía en todos los relojes y yo me hacía humo leve entre tus brazos aquí había preparado campos de amor donde perdernos lejos de todo al amparo de la noche protegidos por ángeles desde lo alto en una perpetua alborada tú y yo en soledad amándonos ¡eso esperaba!
Ánchel Conte 17 de Abril de 2012  los demonios salen
no:
no fui un buen ejemplo
ni un modelo de conducta
para mi hermana pequeña:
como hijo no hice más
que darles digustos
a mis pobres padres.
como hombre y como poeta
no consigo limpiarme por dentro:
me ensucio
a demasiada velocidad:
el vivo retrato de dorian grey:
que concluye ya este poema
son cerca de las ocho de la tarde
y todavía tiene que afeitarse:
darse una ducha:
cepillarse los dientes:
echarse desodorante:
elegir la ropa: ropa limpia:
y salir a la calle
a dejar que sus demonios interiores
dialoguen con los de otros semejantes a él:
es decir:
salir a la calle a ensuciarme otro más:
porque sí: cierto: ¿a qué negarlo:
vendí mi alma
al mejor (im)postor o postora:
mi alma:
pero no mi corazón:
el corazón, no:
en estos días en los que ya sería mejor sentirse muerto, no respirar napoleón solo
DAVID GONZÁLEZ (No hay tiempo para libros (Nadie a salvo), Editorial Origami, 2012)
 Vulgarizar mi cuerpo para poder reconocerlo hermoso después. Eso me haces, por eso te quiero. Adriana Bañares (La involución cítrica, Editorial Origami, 2012)  Llevo tratando de evitar ser lo que soy justo el tiempo que he tardado en conseguirlo. 6 años de trabajo. Miles de voces nuevas. Millones de llamdas telefónicas. Apenas vida. Jorge Barco (Vivimos encerrados en burbujas transparentes, Editorial Origami, 2012)  Hasta el más leve susurro hiere la muerte será mi premio. Ana Vega
(La edad de los lagartos, Editorial Origami, 2012)  La vida me dolía como se duelen los volcanes minutos antes de sepultar las islas. Pedro Sánchez Sanz
(La piedra nocturna -poesía vertical- Editorial Origami, 2012)  ¿Y si en lugar de querernos tanto probamos a querernos bien? Marwan (La triste historia de tu cuerpo sobre el mío, Editorial Origami, 2012)  Oigo, saboreo, respiro y siento con la compañía ausente de tu salobre mirada. Yolanda Aldón (Cádiz y la orilla, a sorbos de a-mar y versos, Editorial Origami, 2012)  no arrojes nunca la toalla: no la arrojes nunca: luego tendrás que agacharte a recogerla: ¿qué vas a hacer: varlam shalámov David González
(No hay tiempo para libros -Nadie a salvo- Editorial Origami, 2012)  Mi hermana no escribe versos. y dudo que empiece de repente a escribir versos. Lo sacó de mi madre, que no escribía versos, y de mi padre, que tampoco escribía versos. Bajo el techo de mi hermana me siento segura: el marido de mi hermana por nada en el mundo escribiría versos. Y aunque esto suene a obra de Adam Macedonski, ninguno de mis parientes se dedica a escribir versos.
En los cajones de mi hermana no hay viejos versos, ni recién escritos en su bolso. Y cuando mi hermana me invita a comer sé que no es con la intención de leerme sus versos. Sus sopas son exquisitas sin premeditación y el café no se derrama sobre sus manuscritos.
En muchas familias nadie escribe versos, pero si lo hacen, es raro que sea sólo una persona. A veces la poesía fluye en cascadas de generaciones, creando peligrosos remolinos en sus mutuos sentimientos.
Mi hermana cultiva una buena prosa hablada, y toda su escritura son postales de sus viajes con textos que prometen lo mismo cada año: que cuando vuelva, me contará todo, todo, todo. Wislawa Szymborska  Adiós pequeña y dulce amiga. De todas las cosas posibles, cuánta vida te pierdes y cuánta me dejas, cuánta vida, cuántas noches de cuerpos compartidos y de tiempo infinito, cuántas ciudades y libros para comentar y recorrer juntos, cuántas batallas para afrontarlas con una mano en la espalda, con un confío en ti, en el momento justo en qué tú no confías, ahora que ya no puedes conscientemente causar más dolor del que causas, ahora que por dentro estás hecha de sombras y restos de un sueño, ahora que dudas preocupada todavía de mi fuerza, con la luz apagada mientras camino sin sonreír, puedes recordarme y volver a esta página si de tanta soledad alguna noche tiemblas y sudas con la piel helada, y tienes miedo, ven a estos ojos que vuelven lentamente de la duda, acuérdate de mi corazón corsario, que quién tanto te ha amado no puede dejar nunca de hacerlo, sin más pronóstico amenazante que el tiempo y la distancia. Salvador Iborra Traducción-Versión en castellano: Antonio Pérez Morte  ya que tanto insistes en que me lo corte voy a explicarte y será la primera y última vez que lo haga por qué llevo el pelo largo llevo el pelo largo porque el ejército estadounidense ofrecía una recompensa de dos dólares por cada cabellera de indio que se le entregara y los que la cobraron así como los soldados y mandos superiores del ejército estadounidense llevaban el pelo corto o muy corto llevo el pelo largo porque el ejército franquista en la corrada de la casa en la que nací le rapó la cabeza a una de las mujeres de mi familia cuyo hombre acababa de ser fusilado por negarse a defenestrar niños de pecho republicanos y los soldados que le raparon la cabeza así como el resto de las tropas y mandos superiores del ejército franquista incluido el puto francisco franco llevaban el pelo corto o muy corto llevo el pelo largo porque en el campo de concentración de mauthausen los deportados españoles como ramiro santisteban el superviviente octogenario que me lo contó a los deportados españoles una vez a la semana los sábados les hacían lo que entre ellos se conocía como La Autopista esto es les rapaban el pelo al cero desde la frente hacia atrás la autopista y más adelante cuando hitler estaba perdiendo la guerra con ese pelo se forraban las botas de los soldados alemanes con ese pelo y todos esos soldados alemanes como también los que los sábados colaboraban en el mantenimiento de la autopista juntos con sus respectivos mandos superiores el hijo de la gran puta del fuhrer a la cabeza y junto con el resto del pueblo alemán llevaban el pelo corto o muy corto llevo el pelo largo porque en la tercera galería de la cárcel provincial de oviedo la galería de los menores los que mandaban en ella los kíes en cierta ocasión me dijeron: o te cortas el pelo tú o te lo cortamos nosotros y encendieron sus mecheros y tanto ellos como los funcionarios de prisiones cuyo trabajo consistía precisamente en evitar que se produjeran hechos como ése llevaban el pelo corto o muy corto llevo el pelo largo por otra razón también: muchas de las mujeres que conozco me aseguran que con él así de largo estoy mucho más guapo y aparento muchos menos años de los que tengo así que en vez de estar dándome la brasa a todas horas con que a ver cuando voy a que me corten el pelo mejor te callabas la puta boca eh y te dejabas crecer el tuyo. David González (ALGO QUE DECLARAR, BARTEBLY EDICIONES, 2007)  Hace un par de horas que he cenado. No puedo dormir. Abro el mueble de cocina y cojo una cucharilla. Abro la nevera y cojo un yogurt desnatado, Cierro. Como el yogurt y abro la nevera. Saco la mermelada y la unto en pan de molde. Cierro la nevera. Abro el congelador. Lleno una tacita con helado de almendras. Cierro el congelador, abro la nevera... Esta tarde ha venido a visitarme. No quiere que su madre la vea así. Mil imágenes de su infancia amarradas a mi memoria. Su voz llamándome desde la habitación de al lado. -¡Papaaaá, quiero agua! Yo levantándome de mi cama, Yo caminando a oscuras por el pasillo, Yo encendiendo la luz de la cocina, Protegiéndome los ojos con el antebrazo. -¡Papaaá, quiero pis! Yo caminando con ella hacia el servicio, Yo acompañándola de nuevo a la habitación, Yo tapándola con las sábanas. -¡Papaaá, teno hambre! Yo entrando sigilosamente en su habitación: -Duérmete mi vida que vas a despertar a mamá.- Yo contándole un cuento, Yo bostezando, Yo quedándome dormido. -¡Papá no te duermas porfa! Yo sobresaltado, Yo haciendo esfuerzos por no dormirme, Yo terminando de contar el cuento, Yo emocionándome al verla dormir como un angelito, Yo secándome los ojos al salir de su habitación. Inclinada sobre la taza del váter. Su frente reposando en la palma de mi mano, Expulsando mucosidades Lágrimas, Alcohol, Palabras inconexas... Vomítalo todo cariño, También los recuerdos. Le acerco una toalla. Un vaso de agua para que se enjuague la boca, Un beso en sus cabellos, Una tímida caricia. Cenamos juntos sin apenas dirigirnos la palabra, Nos sentimos incómodos y extraños. De no habérselo pedido Se habría ido con su madre sin darme un beso. Abro el mueble de cocina y cojo una cucharilla. Abro la nevera y cojo un yogurt desnatado. Cierro... Tengo ganas de beber, Ganas de orinar, Ganas de comer, Ganas de que me cuenten un cuento. Bebo un Jack Daniel’s y me concentro en mi respiración. Respiro de forma honda y pausada y me duermo. Recordando El increíble y maravilloso olor De unos pañales sucios
"Reverdecer", de Jorge Espina. Baile del Sol, 2010.  Para José Antonio Labordeta Siento un poema, el que voy a escribir. Miro un cuadro. Paso, despacio, sus hojas. Acaricio un rostro, tersura de la arena. Una ribera de astros entre jirones rojos. Está al llegar la noche. Pero aún en la calle vemos lo que tanto perdura, gente desconocida que respira luz blanca, el índigo veloz de las auroras vivas. Pablo Guerrero Nadie recuerda nada; una voz un instante en medio de la tierra. Joan Gonper (de Teoría de la Presencia Celya, Salamanca, Septiembre de 2004)  UN SUEÑO MARTILLEA la red de mis neuronas: un niño cruza el mundo con un féretro al hombro, y ese niño soy yo. Ángel Guinda (Espectral, Ediciones Olifante, Zaragoza 2011)  Acaso haya cambiado en estos años tanto que ni yo me reconozca. No sé, tal vez fue un sueño ayer el conocerte, que habláramos bajo la lluvia del otoño, sentir mi corazón cómo latía, oír tu nombre y no querer saber tus años... Hoy la ropa ya te queda estrecha, a la altura del pecho, y los niños hacen cola para hablarte. Acaso haya cambiado en estos años tanto que ni yo mismo me reconozca, pero he llegado lleno de recuerdos, de lo que no pudo ser, de todo aquello; y por mi corte de pelo, la barba, la poca luz del disco-pub o el ciego que traías, por algo, no me has reconocido.
Tu prima se acerca y dice: perdónala, está un poco borracha. Y yo pido otro whisky para intentar olvidarte. (JORGE BARCO)  Debajo de mi piel hay un niño dormido. Nacho Montoto.  Venga, mundo, apéate de mí, soy la esponja con patas y el desierto sonámbulo. Me han puesto un email bomba en la bandeja de entrada esta mañana. Me han cortado las cuerdas del corazón de ébano. Tengo sed de venganza, de mí, del tiempo que invertí para salvarme en ella. Invitamé a un trago, samaritano de la luna: Chanel 5, metanol, limpiacristales, todo me sabrá a gloria. No hay venenos, sólo dosis, amor.
Me beberé la sangre de los parquímetros, las babas de vino de los tetrabricks, el fuego de los faquires y el ámbar de sus semáforos.
Venga mundo, apiádate de mi: Un after-shave en las rocas con hielo; algo que me recuerde el animal que no odiaba el silencio.
Ángel Petisme (POEMAILS, Amargord ediciones, Madrid, 2011)  TENGO dieciséis lectores y la vida efímera de algunas larvas africanas. Tú, que me ignoras, formas parte de este rito. Gabriel Sopeña
(de Máquina fósil, Ediciones Olifante, Mayo de 2011)  Cuando vivías en la Castellana usabas un perfume tan amargo que mis manos sufrían al rozarte y se me ahogaban de melancolía. Si íbamos a cenar, o si las gordas daban alguna fiesta, tu perfume lo echaba a perder todo. No sé dónde compraste aquel extracto de tragedia, aquel ácido aroma de martirio. Lo que sé es que lo huelo todavía cuando paseo por la Castellana muerto de amor, junto al antiguo hipódromo, y me sigue matando su veneno. LUIS ALBERTO DE CUENCA (Su nombre era el de todas las mujeres, Renacimiento, Sevilla, Abril 2008)  Tu voz es un tesoro inagotable. Lo sé desde que era un adolescente, desde hace siglos, desde antes de conocerte. Tengo anotados en mi cabeza todos los detalles, todas las anécdotas, todas las puestas de sol: cómo te conocí, qué pájaros cruzaban el cielo, el suspiro de los árboles al verte pasar por la plaza, tu timidez casi infinita y aquella mochila llena de discos, de melodías, de dibujos y de piezas que modelabas en arcilla con la pureza glacial de un desnudo o un beso. Iba siempre a esperarte, cuando salías del aula, cuando volvías de las clases de batería o cuando cerraba el pub donde servías copas y ponías la mejor música de Janis Joplin, de Kate Bush, o de aquella K. D. Lang indómita que tanto te gustaba porque veía, desde el aire, la tierra, la noche y el mar. Recorríamos la ciudad a pie o en bus, recorríamos sus porches y sus parques, sus calles ancestrales donde los gatos asomaban a los balcones y el viento esculpía la bohemia en cada rincón. Nos íbamos al río y en la ribera, bajo los sauces, Soñábamos poemas, gritos y melodías inconfesables. Cuánta vida teníamos entre los dedos y los labios. Cuánta sed de belleza y de ritmos. Qué locura de amor. Ahora todo ha cambiado, pero quizá no tanto. Vivimos en otra ciudad, en pisos separados por un parque con lago, terrazas y cisnes. Todo ha cambiado, pero son idénticas las emociones, el deseo de verte: aún me muero por oírte. Tras el yoga y el taichí de las diez salgo hacia el estudio. Imagíname: salgo a buscarte, con mis cascos y la bicicleta de paseo. Casi como entonces: temblando. Tu voz es un tesoro inagotable. El canto y el cántico, el surtidor de la luz, el rumor imprescindible de mis días. Salgo a buscarte y te encuentro como anhelo: ante el pentagrama, abrazada a la guitarra y la armónica, y dispuesta a seguir cantando una melodía abrasadora y perfecta, una tras otra. Estás en el centro de la tormenta y eres la tormenta, la lluvia, el cierzo y el temblor de los manantiales. Saco mi guitarra acústica, la afino y te acompaño: es cierto, lo reconozco, desfallezco cuando cantas y resucito minuto a minuto mientras te amo. Antón Castro
(El paseo en bicicleta, Ediciones Olifante, Zaragoza 2011)  [Félix Romeo tenía muchos sueños. Muchos anhelos. Su cabeza era una fábrica incesante de ideas y de sensaciones. Durante mucho tiempo quiso alquilar un local y crear un cine en versión original; quizá tuviera también una sala de exposiciones. Recuerdo que en Barcelona le dije a Miguel Marcos si podríamos disponer de ese espacio. No se adaptaba del todo a lo que soñaba Félix. En las comidas de los martes y miércoles en el restaurante Bílbilis, con mis hijos Aloma y Daniel (Félix falleció en la casa de Aloma), hablaba mucho de una sala de cine en versión original. Preguntaba: “¿Qué habrá sido de los Buñuel? Podríamos hacer ahí muchas cosas: cine, exposiciones, conciertos, tertulias”. Un día, pensando en él y en Lina Vila, su compañera, escribí este texto que leí este mismo año en las Jornadas de Cine de La Almunia con el grupo de lectura y la Asociación Laudística de Valdejalón. Esta foto es del Colectivo Anguila: Pedro Hernández e Iván Moreno.] VERSIÓN ORIGINAL A Lina Vila y Félix Romeo Tengo un sueño: quiero montar un cine de versión original. Un cine donde se escuchen todos los idiomas del planeta. Un cine para soñar con todos los soñadores de la tierra. Así lo veo: tapizado de rojo, íntimo como la oscuridad, con una indeleble mancha de luz al fondo. Quiero montar un cine en versión original. Me imagino los carteles, las películas, los programas de mano con su vocabulario de letras y espectros. Imagino el público que llega a las tres o cuatro sesiones. La pantalla será como un oratorio pagano, o un río de vida, o un torbellino incesante de besos y de imágenes. Lo estoy viendo: cómo se besa en chino, en polaco, en francés, cómo se cuentan los cuentos y las pesadillas. ¿Quién huye por el bosque tras un crimen inesperado y sale a la playa de los últimos naufragios? Estoy oyendo las voces, las palabras con su extraña música universal, todas las melodías del alma. Cuando llegue el fin de la noche, allí estaremos tú y yo, a solas en la sala. Tendidos sobre las butacas, sobre el rojo oscuro de la satisfacción y la soledad más deseada, volveremos a poner la película. En ese momento, vueltos desenfreno y ternura, entretejidos en un plenilunio de sombras, seremos los protagonistas principales. Antes de volverme loco de amor o de irme de esta ciudad para siempre, quiero regalarte un cine de versión original. Será la mejor forma de decirte “te quiero” todos los días en cualquier lengua de la tierra.  Félix: No, tú no... Amiguico, amigo, quizá el más joven de mis amigos grandes: ¿Quién ha sido capaz de arrebatarte de las manos, esa bandeja de dulces, gigante, apetitosa, que para tí era la vida?  Con una hoja de metal te sorprende la madrugada, a tí, que sólo querías defender las razones de la propiedad, y buscabas, con la rabia del indefenso, la bicicleta robada a un buen amigo, pero, no siempre, las palabras sirven para ganar batallas y un encuentro de cuchilladas dio fin a la discusión y abrió un camino oscuro hacia la muerte.
Sobre el empedrado de la calle angosta la sangre escribía los versos de los adioses. Nunca imaginaste que el fin del mundo sería así ni que la muerte vendría, de madrugada, a cerrarte los ojos y a dejar, en medio de las carrerillas y las urgencias, el más largo de los silencios. José Luís García Herrera Traducción: Antonio Pérez Morte  PARAULES TACADES DE SANG A la memòria de Salvador Iborra
Amb una fulla de metall et sorprén la matinada. A tu, que només volies defensar les raons de la propietat, que buscaves, amb la ràbia del indefens, la bicicleta robada a un bon amic. Però, no sempre, les paraules serveixen per guanyar batalles, i un aplec de ganivetades varen donar fi a la discusió i obriren un camí fosc cap a la mort. Sobre les emprentes d'un carrer estret la sang escrivia els versos dels adéus. Mai imaginares que la fi del món seria així ni que la mort vindria, de matinada, a tancar-te els ulls i a deixar, enmig de les corredisses i les urgéncies, el més llarg dels silencis.
José Luis García Herrera  El día de Zacarías en Bagdad encendemos velas y las colocamos flotando sobre el Tigris, pensamos un deseo. No tenemos nada salvo la guerra sobre nuestros hombros, es cierto Ahmed, como abejas sin néctar. Pero volverán días buenos, te casarás, tocarás la belleza, y acunarás otra vida en tus brazos con las promesas de la felicidad. Los puentes del río, las nubes del Caspio que venían untando el mar y recogían velas. Había peces y amor en su profundidad, era tan hermoso, las mujeres arrojaban pescado a las gaviotas. Y ahora este sudario de humo, el insomnio de los escorpiones. Ahmed, el mundo que da miedo acabará. Los tanques, los disparos, las hélices siempre allá arriba. Sé lo que piensas: Si no luchas por tus sueños es que no los mereces. Vendrán días mejores, pase lo que pase, no pierdas tu inocencia, le digo. ¿Quién sabe si un día volverá a sonreír? ´ Ángel Petisme  Me gustas, Democracia, porque estás como ausente con tu disfraz parlamentario, con tus listas cerradas, tu Rey, tan prominente, por no decir extraordinario, tus escaños marcados a ocultas de la gente, a la luz del lingote y del rosario.
Me gustas, ya te digo, pero a veces querría tenerte algo más presente y tocarte, palparte y echarte fantasía, te toco poco últimamente. Pero, en fin, ahí estás, mucho peor sería que te esfumaras como antiguamente.
Los sesos rebozados de delfín que Franco se zampaba en el Azor nos muestran hasta qué grado era ruin el frígido y cristiano dictador.
Fue un tiempo de pololos, tinieblas y torturas... volvamos al aquí y ahora donde tú, Democracia, ya sé que me procuras alguna ley conciliadora, pero caes a menudo en sucias imposturas, fealdades que el buen gusto deplora.
Como el marco legal siempre le queda chico, y a eso el rico es muy sensible, si tirando, aflojando, empleando un tiempo y pico, se hace un embudo más flexible, que tú apañes la ley a medida del rico al fin y al cabo es muy comprensible.
¿Pero qué hay del que tiene poca voz, privado de ejercer tantos derechos, porqué al nudista pones albornoz, qué hay de los raros, qué hay de los maltrechos?
Y tus representantes selectos, Democracia, tus güelfos y tus gibelinos, cada día que pasa me hacen menos gracia, sus chistes son para pollinos. A enmendar tus carencias te veo muy reacia y están mis sentimientos muy cansinos.
Y como ya me aburre decir continuamente "eso no estaba en el programa" no cuentes con que vaya hacia ti cuatrianualmente, no compartamos más la cama, vamos a separarnos civilizadamente. Y sigue tú viviendo de tu fama.
Cuando veas mi imagen taciturna por las cívicas sendas de la vida verás que no me acercan a tu urna. No alarguemos ya más la despedida.  Para Julio Antonio Gómez, 1935-1988 Antes que nada, inolvidable Julio Antonio Gómez, fuiste para mí un sombrero: un rostro grande, redondo, cubierto con un sombrero negro, casi desvaído: así te retrató, entre la acequia y los cañaverales, Joaquín Alcón. Fue lo primero que me intrigó de ti: bajo el ala breve se te veía con los ojos de aventurero y de burlador del mundo y de sus estaciones de paso. Poco después, alguien me dijo que tu poemario Acerca de las trampas era un libro de amor y de furia, el cántico y la sed de un hombre que ama y se incendia, noche a noche, en los volcanes del deseo y en los porches de su ciudad de tres ríos. Hablaban de ti y decían que habías sido un loco, un esteta, un galanteador de las noches prohibidas, un perseguidor de púgiles sin gloria en los billares sombríos. Hablaban de ti y decían que un día estuviste en París y en las cárceles de los placeres prohibidos. Ibas al cine, ibas al Sena. Oías a Leo Ferré: eras un sonámbulo que se escondía lejos de casa. Me dijeron que lo habías sido casi todo: editor, fotógrafo, que habías visto el sol de Tánger y las culebras del desierto. Cuando llegó la noticia de tu muerte –“Julio Antonio se murió esta madrugada: con el agobio se le paró para siempre su gigantesco corazón de enamorado”-, fui a tu casa: María Crespo, tu dama de llaves, tu otra madre, me mostró todos tus papeles, tus libros, tus cartas. La caligrafía de un erotismo tan urgente como aplazado. Todo tu mundo se alzó ante mis ojos: tu suavidad de centauro, tu aridez de nardo caliente. Tu alma a la intemperie. Tu mole de rinoceronte de ternuras suicidas. ¿Quién eras, en realidad, Julio Antonio Gómez, Papageno de las islas de luto y de las palabras de olvido? Me gustó comprobar que habías sido retratista. Que habías querido sobreponerte a los perros del deseo. Letra a letra, palabra a palabra, libro a libro. María Crespo lo mantenía casi todo intacto, como si esperase que un día volvieras a casa para siempre a completar tus mejores poesías y a contarle el poema de tus pasos, las heridas de tu último desnudo. Antón Castro [Este poema dedicado al poeta Julio Antonio Gómez, editor de Javalambre, se ha publicado en la revista ‘El Alambique’ por invitación de Ángel Guinda y de Agustín Porras. A ambos muchas gracias. Es probable que integre un poemario nuevo al que le doy algunas vueltas. Hace algunos días, José Antonio Duce, un estupendo fotógrafo y un estupendo amigo, que ha aparecido aquí muchas veces, me mandó esta foto de Julio Antonio Gómez; la fecha en 1958: Julio tendría entonces unos 25 años.]  | | Cuando un amigo se va Queda un espacio vació Que no lo puede llenar La llegada de otro amigo Cuando un amigo se va Queda un tizón encendido Que no se puede apagar Ni con las aguas de un rio Cuando un amigo se va Una estrella se a perdido La que ilumina el lugar Donde hay un niño dormido Cuando un amigo se va Se detienen los caminos Y se empieza a revelar El duende manso del vino Cuando un amigo se va Galopando su destino Empieza el alma a vibrar Por que se llena de frio Cuando un amigo se va Queda un terreno baldío Que quiere el tiempo llenar Con las piedras del astillo Cuando un amigo se va Se queda un árbol caído Que ya no vuelve a brotar Por que el viento a vencido Cuando un amigo se va Queda un espacio vació Que no lo puede llenar La llegada de otro amigo |
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¿Qué mejor canción que esta para recordar hoy al grandísimo creador, Facundo Cabral, asesinado hace sólo unas horas en Guatemala? Su vida marcada para siempre por el dolor y la enfermedad, no le impidió realizar una obra, llena de lucidez y de cordura, de fortaleza de espíritu, de amor a los demás, que queda para siempre, definitivamente con nosotros. Antonio Pérez Morte  I
El amor juega con el cuerpo Del amor. ¿Es una palabra? ¿Un contacto? ¿Qué puedo decir sin temor a equivocarme? ¿Es un sentimiento? ¿Una emoción? ¿Es el corazón? No sé. A veces lo siento.
II
Estoy en el bosque. Tengo miedo. No sé a qué. Quiero salir del bosque. Estoy agotado. Me duermo. Me despierto. Tengo hambre y miedo. Días y días. Me colgaré de un árbol. Y se acabó la excursión.
III Estoy orgulloso De ser escritor. Lo diré de otra manera. El silencio lo dirá mejor que yo. Y ahora sí que no miento.
IV Me harta, me alimenta El vivir cada día. Soy un descubrimiento. Me sale el sol tres veces al día. Tengo el triple de sangre. Harto de comer vida. Harto de tener poesía.
José Luis Alegre Cudós  A Margarita Cansado de vivir en mí, me eché a tu río. Mi cadáver de pena bajaba por tus aguas y salió a esta otra orilla mi corazón más vivo. ¡Oh, acabar donde era y nacer en tu alma! He aprendido la vida más cercana y más bella en tus días iguales, tan seguros y eternos. Si me haces un plato de ensalada, me besas con olores de campo, con los labios del cielo. Si me hablas de cosas tan pequeñas, diarias, como el precio del puerro o de las alcachofas, sé la cifra secreta de las más altas ramas y la fuerza sonora de las primeras rosas. Cuando callas me habla el silencio del aire de la cima de oro que alcanza mí alegría y un silencio contigo es un silencio a mares donde escucho la hermosa canción que no sabía. Soy ya como las salas de un castillo encantado donde todas las luces dicen palabras tuyas. Hay letras de tu nombre por todo mi pasado y te conozco hasta en la muerte que me suba. Pero no digo esto por decir, extasiándome en ese alrededor que me das ahora mismo. Veo tu enorme forma antes de recordarte y eres todo el futuro: Porque contigo, existo. (Manuel Pinillos, Debajo del cielo).  Hermano, hoy estoy en el poyo de casa, donde nos haces una falta sin fondo! ...................................................... .......... Oye, hermano, no tardes en salir. ¿Bueno? Puede inquietarse mamá. César Vallejo
Miguel: Y caminamos. -------------------------Aunque se hizo el silencio y no viniste, seguimos caminando. -------------------------Atruena la ciudad. Los verduleros -sus voces tan hirientes ya no hieren- bajo tu ventanal suavizan a desgarros la mañana. -------------------------Atruena la ciudad y en su silencio, tu nombre lo ha evocado un joven escritor -------------------------de menos de mil años al preguntar por dónde te has marchado. El resto, los señores de alegres corbatines, se agobian de queridas y de acciones -------------------------y tu te quedas solo. ------------------------- Mamá quiere besarte sobre el rostro -se lo hemos permitido- y con su beso de lágrimas, de atroces tiempos y recuerdos, te has marchado de casa apenas comenzaba a atardecer. -------------------------Ella te llora en los rincones y la ciudad, que apesta a soledades y decoros, no puede olvidar tus voces acusando, -------------------------amando, señalando injustas manos rotas de jóvenes airados con potencia de águila paloma en las palabras. -------------------------Miguel: mamá te vuelve a descubrir cada mañana y mira tus camisas, -------------------------tus viejos pantalones, tu boina de domingo, tus zapatos de campo y de paseo y te gesta de nuevo, esta vez a lágrimas y llanto. -------------------------Mi hija -Ana pequeña ahijada tuya- me pregunta cuándo vas a nacer de nuevo, para volver aquí, a nuestro lado. -------------------------Y todo el gesto duro de la vida, se vuelca en mi costado dañándome la ausencia conque nos has dejado
José Antonio Labordeta (Treinta y cinco veces uno)  En lo alto del Faro, viendo ir y venir a las pobres gentes en sus navegaciones de un día. En lo alto del Faro, contemplando el abismo de las criaturas y el vértigo de los astros. En lo alto del Faro, escuchando llegar a los rostros futuros y oyendo en lo hondo de las aguas las voces de los muertos. En lo alto del Faro, amando, sabiendo que el amor es un fracaso, y cantando, sabiendo que su canto no ha de ser comprendido. Vestirse, alimentarse, ganarse el pan de cada día, discutir de las cosas banales, endomingarse como cada cual y hacer el amor a una dulce estudiante, como cualquier empleado de Banca. Y sin embargo, velar largamente en duelo, oír en los silencios el ritmo pavoroso de los tiempos, acariciar la marea de las edades inmensas, rompiéndose en quejidos y maravillosas melodías contra el humilde corazón infortunado en lo alto del Faro. En lo alto del Faro, mientras todos se emborrachan en los festines, o corroen su envidia en las duras jornadas de trabajo, o acaso buscan sus puñales secretos para degollar al niño desconsolado que ellos fueron, la mirada rauda de visiones persigue el rumbo, en intemperie desconsolada y altiva de los navíos futuros. Y preguntar a la sangre el porqué del olvido e indagar las primaveras que nacen del sollozo terrestre y la melancolía que hila el atardecer solitario de los cielos. Acariciándolo todo, destruyéndolo todo, hundiendo su cabeza de espada en el pasmo del Ser sabiendo de antemano que nada es la respuesta. En lo alto del Faro. La voz del poeta. Incansable holocausto. Miguel Labordeta Subías  La vida es un aire turbulento, un enigma profundo sin resolución, encuentro de voces no siempre sincopadas, lucha perpetua, sin tregua, puente que desemboca en la muerte inexorablemente. ¿Por qué la amamos tanto? ¿Nos asusta el enigma de lo desconocido?. Carmen Serna (La Puebla de Híjar 1924 / Zaragoza 2011)  Afirmo que este gesto entre dos hombres de estrecharse las manos mutuamente es resumen de la virilidad. Es el momento en que los dos poderes contactan e intercambian las memorias de la fuerza. Tensión informativa de las huellas del músculo y la íntima introspección ajena de la alerta es dar la mano a un hombre igual a ti. Este primario vínculo conciso es ruda forma de conocimiento. Asumo plenamente la excitante batalla digital, registro breve que supone estrechar la mano a un hombre y de todas las formas de saludo, entre besos y abrazos, ésta escojo para tratar con mi mitad del mundo. Antonio Portela Lopa (De "¿Estás seguro de que no nos siguen’" DVD Ediciones, 2003)  sin que sirva de precedente son las seis de la tarde del mes de agosto. estoy echado en la cama, encima de la cama, desnudo. en una mano tengo un porro, en la otra un cigarrillo. estoy a gusto. acabo de follar con ángeles, aunque ahora que lo pienso lo que realmente hicimos fue querernos. por la ventana abierta de par en par entran los tejados de mi calle, el martillo neumático de una zanja, alguien que arranca el coche, niños. tengo sueño, mucho, mucho sueño, y lo que es mejor todavía: por esta vez, y sin que sirva de precedente, tengo ganas, muchas, muchas ganas de soñar. POEMA: David González FOTOGRAFÍA: JAY JOGERSEN  Mientras en la televisión los famosos mueren de sobredosis de simpatía, yo me oculto en ese bolsillo pequeño donde el amor suele guardar su encendedor ...y compongo una nana del fin del mundo de un día de duración para hacer felices a los sueños y a los pensamientos. Javier Corcobado  Exijo me devuelvan a los Reyes de Oriente. Las cartas y mi letra redonda, grande, el lápiz, la goma olor a fresa. Los póster de Elvis Presley, la casa de mi abuela. Los cromos de Pinocho, Pipi Lángstrump, mi trenza. El libro de lectura. La bufanda y la trenca. Los cuentos de mi madre, la nocilla, y Elena Francis, todas las tardes después de la merienda.
Ser mayor es un timo. Me han robado la esencia.
Belén Reyes (Ser mayor es un timo, Celya, Salamanca 2010) | | |
 se piden paso en este incómodo proceso de maquillajes sin orden, febriles caretas, retratos imaginarios a golpes de ceniza creciendo como arrugas carnívoras confundidas y amontonan una misma mueca un mismo monstruo que aprieta los huesos para sujetarse las vísceras en un esfuerzo estéril de ocultar la careta más grotesca hecha detrito.  Hoy ipsofactamente continuemos nuestra simple faena de vivir. Siglos ya de olvidar nuetro letargo para seguir cantando como entonces. ¿Cúántos miles de años he dormido? Recuerdo amigos míos que hace nueve mil años luchaba tras las puertas de Troya. Todavía recuerdo cuando aquel Mundo Amigo recién nacido apenas veinte mil años ha... en la gruta de moda inauguraba la exposición de frescos de Altamira
Desde entonces ¡yo no escribo poemas!
Sentado en la materia cronológica de la nube en que habito olvidaba volar día tras día y abandonaba delincuentemente mi manera espontánea de soñar.
Y es que pasando el tiempo procurando leña y alimentos vuelan los pájaros se arrugan los milenios y los hombres se vuelven herramientas abogados y todo como yo.
Quedábase dormido nubeando poeta dentro inevitable mío,duraba su letargo demasiado
pero habéislo llamado sacándole del sueño de hace veinte mil años.
Hoy que me siento bípedo de nuevo y el alma se me sube a la cabeza voy a volver a imaginar lo que nunca se debe imaginar. Voy a dejar que diga su palabra y arenga planetaria este poeta inevitable mio, este petardo lírico que ha sido amordazado tantos años por hombres herramienta como yo
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Hoy ipsofactamente continuemos nuestra simple faena de vivir. Exijamos aumentos de guitarra reparto equititivo de canciones y tractores a plazos porque la tierra es mas de quien la canta que no de quien la compra.
Los nubepensadores no tienen sindicato. Esperadme en la cueva del minero y haced mío su cabreo profundo.
Tenemos que hacer juntos muchas cosas soñadores del mundo ¿nos unimos?
EMILIO GASTÓN  Hay hombres que huyen de la tierra y vuelven a ella como si estuvieran condenados al eterno retorno. Llevan en su memoria y en su piel el rastro de la nieve, la voz de los antepasados, el lamento de los bosques, el aullido de los lobos, el paso decisivo del vendaval. Llevan en la sangre un rumor antiguo de lluvia, el temblor de los vientos y el vuelo de todos los pájaros que nunca quisieron estar cautivos en el horizonte. Hay hombres que se empapan de música, que tienen en la mano el código de las estaciones, la ebriedad de las miradas de las madres de luto en el campo. Hay hombres que crecen y nunca dejan de ser niños, hay niños que nunca dejan de ser ancianos o crisálidas de un sueño de cristales, de musgos y de escarchas. Hoy me he encontrado con uno de ellos: es un poeta, un viajero, el peregrino que entretiene la tarde con su acordeón, el pintor de delirios que lleva en su cartera de cuero el estrépito de la utopía y la colección de estilográficas de Rafael Pérez Estrada. El rapsoda de sí mismo y de todos los espectros. El brujo de una tribu imprecisa de labradores, de buhoneros, de comerciantes y de huidos. Hablo de un alquimista de vocablos, de un pintor de curvas y colores que adormecen el fuego. Cuando estás ante él, cuando lo escuchas presientes que ya no eres dueño de tu vida ni de tus pasos. Abre la boca y parece decirte: “Sígueme. Crucemos el territorio milagroso de la poesía”. *Estuve ayer, merced a la cordialidad de Ignacio Escuín y Almudena Vidorreta, con Antonio Méndez Rubio y con Juan Carlos Mestre, a quien admiro mucho desde hace años. Por la noche, me senté al ordenador y me salió este poema de homenaje al poeta leonés que acaba de estar casi un mes en la UCI tras un infarto. Juan Carlos y yo no nos habíamos visto nunca, pero teníamos muchos amigos comunes y algunas afinidades: Gamoneda, Francisco Pino, Xoán Abeleira, Rafael Pérez Estrada, Alexandra Domínguez, Antonio Pereira, etc. Este es un pequeño poema basado en alguien que podría parecerse a él. Antón Castro 18-2-11  Se nos notan las cicatrices como a jarrones rotos reconstruidos con pegamento.
Sí sólo vas a quedarte con recuerdos en la Casa del Frío al menos quédate con los buenos, cariño. Se nota que amábamos el fuego. Nos importaba un pito la flor blanca de quien nos ama, dimos vida a nuestras criaturas pero creamos monstruos. Sólo buscábamos el fuego que alimenta la vida. No al amor, que jamás conocimos, sino sus tatuajes y sus bocanadas. Eras pólvora, en humo nos convertimos. Angel Petisme
(El océano de las escrituras, El ángel caído, Las Palmas 2010)  Vivo por una decisión política, por una imprevisión de nueve meses, y soy un español desde ese instante. Ser español requiere un compromiso que nadie ha descifrado hasta la fecha; un español el tiempo suficiente para saber que aquí lo más difícil es no volverse loco hasta muy tarde. Viviendo se conocen muchas cosas. Algunas envejecen de repente la forma de abrocharte la camisa. Yo soy un español poquito a poco. Después de trabajar durante años logré que me tomaran por inútil. No doy mi poesía en las tertulias ni cedo la razón por convivencia. Prefiero que la gente me interrumpa leyendo endecasílabos ajenos y no cruzarme nunca con un arma. Uno las colas de los boquerones las tardes que no sirvo para mucho, y me llevo muy bien con los congéneres que sueñan con mi muerte por contrato. Aprendo cuanto puedo de mi abuela ahora que la cuido de sí misma. Entierro y desentierro diariamente las ganas de cambiarme de trabajo, los juegos que inventé cuando era niño, el beso que olvidé sobre una rama. Hoy sufro hasta que doy con la manera de ser de otro país de vez en cuando. Yo soy un español como los otros: aspiro a ser vulgar muy pocos días y sólo me conforta equivocarme si llego a fin de mes como un extraño. Yo soy un español por prescripción facultativa. España es como es: a veces un paraguas que no abre, a veces un invierno en la maleta. He visto que en España la chapuza es, más que tradición, su propia historia. He visto a casi todas las familias llevar diariamente sangre al banco. Y he visto avergonzarse a quien se esfuerza. Respetado español de los de ahora, pasión sobreseída: ponte en pie y vuelve a convencerte de ti mismo. Cambiaste la salud por democracia. Cayeron una noche tus idiomas al último cajón de la mesilla, y apenas eres hoy un decimal de un número tan largo como el odio. Este país es toda una sorpresa: con el sudor fatal de tu talento te ganarás el hambre cualquier año. Español, contagiosa incertidumbre, mala hierba que crece en la península: aprende a practicar tus convicciones, aprende de la mar en el naufragio, y a no ser español sino persona.
Aarón García Peña  No penséis en la belleza del poeta como un hecho constatado y lógico.
No os dejéis engañar por la palabra colocada de forma tan perfecta que transmite emoción y desenfrena.
No idealicéis al poeta, no lo merece.
Es un triste pecador que vive solo, se emborracha y nunca reza.
Tras esos versos, de perfilada metáfora, hay complejos de la infancia, mala leche, barrigas cerveceras y alopecia.
Sé que cuesta creerlo al conocerme, pero no todos los poetas son tan guapos.
Jorge Barco (Inédito)  EL SURREALISMO NO ES EL REALISMO DEL SUR
El surrealismo, de todos los ismos, es el único inmune al paso del tiempo porque en él no existe el tiempo sino su paso por los sueños.
Luis Eduardo Aute  BARCO QUIETO María Elena Walsh No te vayas, te lo pido, de esta casa nuestra dónde hemos vivido. Qué nostalgia te puedo llevar si de la ventana no vemos el mar y afuera llora la ciudad tanta soledad.
Todo pasa, todo cansa y uno se arrepiente de estar en su casa y de pronto se asoma a un rincón a mirar con lástima su corazón y afuera llora la ciudad tanta soledad.
No te vayas, quédate que ya estamos de vuelta de todo y esta casa es nuestro modo de ser. Tantas charlas, tanta vida, tantas noches con olor a comida con una eternidad familiar en un solo día no puede cambiar y afuera llora la ciudad tanta soledad.
Estos muros, estas puertas no son de mentiras, son el alma nuestra. Barco quieto, morada interior que vivimos lo hicimos igual que el amor. Y afuera llora la ciudad tanta soledad.
No te vayas, quédate que ya estamos de vuelta de todo y esta casa es nuestro modo de ser.
 Eras dulce y terrible a la vez aquellos días como un amor que no se elige, cuando me hacías callar con un beso. No preguntes, sólo abrázame. Subamos por el río prohibido, fúndeme en tu negrura de profundo silencio. Calles oscuras, amapolas de sangre. Caricias, papel de plata, qué breve lentitud la del amor, humo y misterio de la piel. Ángel Petisme (El Océano de las Escrituras, El Ángel caído, Las Palmas 2010)  Una mañana Manuel Vilas sacó todo su dinero de los bancos.
Fue a las cajas de ahorro, fue a las compañías de seguros, vendió su coche, anuló su plan de pensiones, se lo llevó todo en efectivo, un buen fajo de billetes calientes.
Qué bien, dijo, qué fuerte, y todos los empleados y los directores querían disuadirle pero Vilas tenía unas ganas infinitas de pasarlo bien. Y luego se fue a ver enfermos, a ver emigrantes, incluso se fue a las cárceles.
Quería ser un santo espectacular, tenía esa marcha, tenía esa gran ilusión. Quería ser Cristo, Lenin, San Pablo, quería ir más allá del orden, de la naturaleza y de la vida. Recorrió la ciudad de Zaragoza repartiendo dinero. En Conde de Aranda, dío mil euros a tres árabes, que le besaron los pies, y las manos y se arrodillaron.
En el barrio de Delicias, en la calle Barcelona, dio trescientos euros a una negra africana, y ella quería comerle el sexo al buen Vilas, pero Vilas dijo hoy soy San Vilas, consérvate para tu marido, él te necesita, y yo os bendigo; anda, nena, ve en paz>. Y Vilas se echó a reir. Fuego, qué fuego más grande, y siguió repartiendo, a una vieja china de un todo cien le dio seiscientos euros, y la vieja le hizo una foto de diez millones de megapisels y la amplió y la enmarcó y la colgó en mitad de su tienda con dos velas debajo. A un vendedor de La Farola, ese periódico de los pobres, le dio ochocientos euros. Y el vendedor se echó a llorar y ardía como una vela en mitad de las catedrales antiguas. Vilas quería ser un santo, tenía esa marcha. Toda la mañana y toda la tarde estuvo quemando su dinero. Miró la atmósfera y se estaban abriendo los palacios celestiales. Estaba enamorado de sus semejantes.
Nunca vimos a nadie tan enamorado. Manuel Vilas (Amor, Manuel Vilas, Visor, Madrid 2010)  Hoy que vuelvo al portal de tu casa, espero que abras como el night club de San Pedro en la hora de Dylan. Traía películas de Godard envueltas en nicotina de saldo. Recuerdo que junto al cine Torrero dibujamos nuestros sueños: Por eso sé que cuando ya no vivas en Cuéllar cincuenta y tres, las noches serán más áridas y largas.
Tú que siempre me salvaste del payaso blanco que reía frente a mí cada día, me ofreces al fin el almíbar de tu cuerpo con la delicadeza de la escarcha que acumula el vidrio de la mañana. Te tomo, te amo y sé, que cuando no vivas ya en Cuéllar cincuenta y tres, las noches volverán a ser distintas tan distintas como nosotros. (Octavio Gómez Milián)  Dame algo más que silencio o dulzura. Algo que tengas y no sepas. No quiero regalos exquisitos. Dame una piedra. No te quedes quieto mirándome como si quisieras decirme que hay demasiadas cosas mudas debajo de lo que se dice.
Dame algo lento y delgado como un cuchillo por la espalda y si no tienes nada que darme ¡dame todo lo que te falta! Carlos Edmundo de Ory  No quieras retornar. El día se ha extinguido y ya no vuelve el sol a desandar espacios que recorrió en su órbita. A través de los tiempos, volverá por los mismos senderos. Ni párpados, ni labios, en la distancia, nos soñarán los siglos. Carmen Serna (Poema Inacabado, Aula de Cultura Astro, Córdoba 1992)  Considere usted cómo enternece el error del joven poeta que supone en su cabeza los laureles más genuinos de la época; del mismo modo el hombre que llegó aullando a la comisaría suponía que toda la justicia del mundo se concentraba allí para ocuparse de su caso. Piense que en certezas de ese tipo se apoya el movimiento de la historia, el principio y el fin de los años, el régimen de los ríos y las dinastías del poder. Allí la esperanza está fuera de cuestión pues se trata de otra cosa mientras usted sueña o se muerde los puños, escupe su bilis y no está seguro de nada. Pero no se preegunte en qué equivocación ponen los pies para andar sin caerse. Ellos sostienen que nada justifica el mundo sino sus propios delirios personales. Y deben estar en lo cierto, a menos que ese mismo mundo esté allí sin finalidad alguna.  Sabía que estaban ahí, que tus palabras iban y venían, que hablaban de mis manos y mis pies, mis ojos y mi boca, alrededor de mi cabeza. Que buscaban el horizonte de mi línea más recta, más distante y oculta. Lo sabía y dejé que cruzaras mi umbral con tus palabras.
(Del poemario De dos en dos , Lunara Poesía, Elche Octubre de 1996)  Voces las que han cantado las mañanas manos las que han tocado tantas puertas, manos cerradas son, voces abiertas, cantando-abriendo cercas y ventanas.
Manos sin dilaciones y tempranas, voces madrugadoras y despiertas, cantando y derramando sus ofertas, herramientas y cítaras humanas.
Aquí pido que rompan esas manos las llaves que nos cierran, tan atroces, denunciando los tratos inhumanos,
aquí quiero que estallen esas voces, manos que se entrelazan a otras manos, voces que se acompañan de otras voces.  Lo que le pasa a la Historia es la mentira. Al sin techo le pesa el cielo encima. Lo que le pasa a la paz siempre es la guerra. A la economía le pesa la ambición. Lo que le pasa al Poder es no poder. A la Religión le pesa el fanatismo. Lo que le pasa a la vida es la muerte. A mí lo que me pasa eres tú. Ángel Guinda (Poemas para los demás, Papeles de Trasmoz , Olifante, Zaragoza 2009) Fotografía: Marc Roboud (1967)  Para la mujer más valiente del mundo. Empieza otra vez la rutina impar del primer, tercer y quinto día de la semana. Subo a mi Volkswagen Polo, pongo las llaves en el contacto. Arranco. Meto primera. Acelero y salgo a buscarte.
Surco una avenida llena de imperfecciones que nadi arregla, doce semáforos que amenazan con su luz ámbar, siete rotondas, fósiles de seres metalizados que nadie logra adivinar y una pila de caballos de colores agrietados por el paso gris del tiempo.
Una vez cruzada toda la ciudad, y tras discutir con aquellos que se interponían con su torpeza en mi camino, llego al hospital que tantas veces nos ha visto, subo a la primera planta y observo el mismo cartel, Unidad de Hemodiálisis. Llego a nuestro punto de encuentro. Tras esperarte diez minutos apareces al fondo del pasillo, con la tensión por los suelos y cansada después de favor que te ha hecho la máquina, filtrando cada gota de tu sangre. Tardo poco, dices, y entras a cambiarte, cuando sales una sonrisa escondida aflora, me agarras del brazo y volvemos al coche. Es viernes, quizás un milagro rompa esta triste rutina, sino fuera así ya sabes, te espero en nuestro lugar de encuentro, a la misma hora de siempre Antonio Huerta Orihuela (Dichosa tarde en escala de grises, La casa del pintor, Sevilla 2010)
 A veces vivo un poco y ostento la evidencia como un coleccionista.
Algún trofeo rutila en las escarchas de mi nombre y emerge la que era en el engaño del verbo flagelado.
Mi intemperie descansa un instante en el pedestal de hierba de sus ojos, hasta volver, crucificada, a la oración unitaria de la casa.
(Teresa Palazzo Conti, poeta argentina)  SOBRE ESTE PAPEL INMACULADO dejo gestos de amor y de agonía, números para el tendero e interminables listas de objetos inútiles que nunca adquiero.
Dejo cartas que se quedan aquí sobre la palidez del entramado mientras el receptor espera una sola palabra para saber que vivo todavía.
Sobre este papel me invento trozos de mis otras vidas y, al final, no sé muy bien si soy el invento, el inventor o el inventado.
Sobre este papel escribo cruz y raya y lo deshago dejando en su destrozo mi soberbia crecida inutilmente. José Antonio Labordeta
(Jardín de la memoria, Batlló Editor, Barcelona, 1985)
 El poema es como una perversión Como una espada que se esgrime contra el hombre Como una extraña nada Que dibuja en el aire el filo de una espada Y que canta la nada Que canta contra el hombre Con la espada del diente Al ser mezclada Devolviendo la vida a la mirada. Leopoldo María Panero (El ángel caido, Las Palmas de Gran Canaria, 2008)  * "Mi vida es la esperanza del invierno" Leopoldo Alas * Último verso del poema titulado "Odio el Verano", Concierto del desorden, Calambur, Madrid 2007 Ilustración: Ismael Álvarez  A José Luis Melero Rivas Va muriendo la tarde. Sólo el milagro de vivir purifica la sombra.
Cortinas fantasmales de cierzo estremecido van poniendo en los ojos de la noche abanicos de lluvia. Salas de tapices, sangrando su leyenda, van soñando prodigios. Van abriendo al poema su piedra de marfil. Esa piedra sonámbula que niega la memoria a muertos que deliran sin sonido y llamea, con luz inapresable, en la voz del poeta. Paletadas de sol reverdecen la calma de las hojas, aladas del otoño.
Cuánto fuego dormido en la piel del crepúsculo. Cuántos hombres soñando en el camino y ungidos de tristeza se axfisian reflejados en el agua.
Va muriendo la tarde. Sólo el milagro de vivir purifica la sombra. Purifica los ríos de la sangre. Purifica el misterio de la imagen borrosa de la muerte. LUCIANO GRACIA BAILO (Del poemario Huellas de Ceniza 1978-1982, Zaragoza, I.F.C. 1982) Fotografía de J.L. Melero: Web de Mariano Gistaín.  El poema está hecho para matar Y es un himno a la ruina Y la única belleza es la belleza del desastre El estampido de un revólver sobre la nada Para sellar el pus de la vida La flor sin labios de la vida La agonía eterna de Virgilio Y el verso debe ser como el puñal Como el dolor siniestro de la vida Que ya no es Sino sólo el resplandor de un cadáver Que ya no es Y flota sobre el verso Leopoldo María Panero (Claus Belli, Madrid 2010)
 Anoche me follé a Jane Birkin, la follé en un escrupuloso silencio la folle demasiado concentrado por la estupidez de saborear el momento. Me la follé en silencio por la noche y la volví a follar de día. Seguí en silencio, seguí en silencio porque cuando quise intervenir para decir algo hermoso no supe donde había dejado la poesía entre aquel amasijo de mentiras gloriosas que era el cuerpo de Jane Birkin.
Anoche, justo cuando Jane Birkin se quitaba un sujetador negro, mientras deslizaba sus bragas hacia abajo, hacia el abismo perfecto donde no había nada, hacia la zona de nocuerpo de Jane Birkin, anoche justo, en ese momento previo, fue cuando quise decirle algo; y no pude, y volví al silencio que nunca debí haber intentado abandonar y busqué con mis dedos especialmente alargados sus pezones dorados, relucientes en la semioscuridad de mi cuarto y ya no perdí ni un momento en salmos, ya sólo me entregué al musgo dulce del cuerpo de Jane Birkin.
Se hizo de día y las horas saludaban al pasar camino de la fábrica y besaba todas las partes del cuerpo de Jane Birkin, la besaba buscando memorizar todos los centímetros cuadrados, los milímetros, las microscópicassuperficies que iba a extrañar, besaba los recovecos, las ausencias, las suciedades y las manchas de la piel de Jane Birkin. Besaba la perdición ósea de los cráneos llenos, las cuencas enormes, besaba todo lo que fuera blanco, todo lo que me llevara al violeta, besaba todos los horrores y todos los odios de todos los hombres con los que había estado Jane Birkin antes que yo y todos los horrores y todos los odios de los hombres que iban a estar con ella después de mí. Jane Birkin por la mañana remoloneaba en la cama no quiso cafe ni galletas, no quiso siquiera el zumo de naranja cansino que mezclo con el vodka. Sólo que la dejara durmiendo, que dejara su cuerpo descansar, el cuerpo de Jane Birkin dentro del nórdico de mi cama de alquiler, en la habitación de la casa donde acumulo las penas y los tebeos y los cuerpos muertos y los cuerpos arrendados de todas las mujeres que han pasado por la cama de alquiler y han follado conmigo otras noches y otras mañanas y han follado conmigo borrachos los dos, fingiendo que su cuerpo era el de Jane Birkin y fingiendo yo que lo creía, con el sabor especial de la mezcla de tabaco y ron con el que las mujeres que no son Jane Birkin nos quieren engañar. Me he ido y he dejado as Jane Birkin y a todo su cuerpo y los pezones y las piernas agobiantemente hipnóticas y me he ido antes de que el hambre me pudiera de nuevo y me tuviera que lanzar sobre el cuerpo de Jane Birkin para alimentarme de ella y follarla como la follaría uno que ha estado cerca del cuerpo glorioso y ha sorbido el tuétano de los huesos perfectos de Jane Birkin. Y he estado trabajando, imaginando que el papel y el cartón y las cajas, y el café para soportar el dolor de los dedos y el sueño y la muerte que acecha siempre tras la repetición de los días sin Jane Birkin, imaginando que Jane Birkin estaba en todo lo que me rodeaba, y entonces he querido contarles a todos, a todos, que anoche me follé a Jane Birkin y por la mañana otra vez, y no se lo he contado como si quisiera guardar para mí todo el sabor de sus dientes que saben a mi propia saliva, y así han pasado ocho horas y una más hasta que he vuelto a casa nueve horas con el sabor de la lengua de Jane Birkin de mi boca al estómago, nueve horas. Y cuando he llegado a casa Jane Birkin ya no estaba y la ausencia que su cuerpo divino había dejado era tan desoladora que parecía que nunca hubiera estado allí.
Así que fue eso lo que elegí creer, lo que le conté a todo el mundo; que nunca llegué a follarme a Jane Birkin. Octavio Gómez Milián  ...y ya no he podido dormir como siempre me pasa... Los Planetas
Me pasa a veces que una melancolía absoluta me asola. Busco algún libro en el que refugiarme pero no sé encontrarlo, quizá no exista este libro, este refugio contra la tormenta. Me pasa a veces que no puedo leer, y todo es tedio alrededor, y nada puedo pensar o hacer sin sentirme muerto, con la vida ida ya. Otras veces veo caras, piernas, brazos que no dicen nada y entonces, sólo entonces, necesito contarlo, escribir que todo a mi alrededor es silencio, como hoy, supongo, y todo blanco. Ignacio Escuín Borao  Un cuerpo viejo pero trabajado para la pelea madruga y danza frente a los arenales de Barranco. Se mueve como dibujando una rúbrica antigua, con esa gracia, y sin embargo, está hiriendo, buscando el punto de muerte de su enemigo, el aire no, un invisible de mil años. Su enemigo ataca con movimientos de animales agresivos y el maestro los replica en su carne: tigre, águila o serpiente van sucediéndose en la infinita coreografía de evitamientos y desplantes. Ninguno vence nunca, ni él ni él, y mañana volverán a enfrentarse. -Usted ha supuesto que yo creo a mi adversario cuando danzo- me dice el maestro. Y niega, muy chino, y sólo dice: él me hace danzar a mí.
(Incluido en la 10ª Edición de Nueva poesía HISPANOAMERICANA / Lord Byron Ediciones, Lima, Agosto de 2005)  En el ruido ensordecedor de las ciudades está la voz inequívoca de los grandes silencios. Eduardo Lastres (Los otros haikus, Pastorius Poesía, Elx 2008)  los políticos estrechan la mano pero no la dan David González (Loser, Bartleby, Madrid 2009)
 Mi corazón es una tarjeta de embarque a un cruce de caminos del círculo polar, a un Gran Silencio que me busca los labios. Sin gallos que le despierten, sin kiwis al desayuno. Sin Piedad. Mi corazón es un fosil astral. Una maleta no reclamada que gira en la cinta transportadora. Angel Petisme (Poema perteneciente al libro "Cinta Transportadora", ganador del Premio Internacional de Poesía Claudio Rodríguez, 2008)  He nacido en el veredicto de un brindis el compromiso que rechina mis dientes no puedo hacer nada al respecto buscaré mi cromo en la mansión esta tarde saldré a pasear el desorden alcanzará mi vientre los niños nunca aprenden a hacer las maletas los padres aprenden todo lo que se enseña espero al huracán es el único que puede hacer que cambie de opinión las personas parecen jarras de té no voy a vender mis cartas de amor dejaré que pasen de moda que me hagan reir cuando ni los tropiezos lo consigan ya no se contar hasta tres cuando llego al dos salto al precipicio espero al huracán a que todos salgan a la calle y me arranquen un ojo con sus paraguas los niños se mojan las pestañas los padres clavan paraguas en los ojos de los perros amo cuando haces tus cosas y me dejas solo he dormido en una rueda y también cerca de la estación cuando pasaba un tren cerraba los ojos para imaginarlo un tren es un secreto parece mentira que nadie lo sepa lo sé en el poema soy un payaso que nunca llora de verdad una vena que se excita con tus dedos voy a dejarte que ganes los niños se parecen a la caseta del perro los padres son los muebles que nadie sabe porqué espero al huracán y ya no tengo sueño he aprendido a estar de pie para nada cuando se acabe me pondréis una corona y me quitaréis el reloj la almohada será la misma que compartía contigo. Hemos vuelto a recorrer un mundo quieto en su borde comiendo las limosnas que los cuervos dejaronen nuestras alas cayendo al vacío como dos bolsas que se entrelazan un mundo en un río de perfumes una tierra de electricidad que sucumbe al primer abrazo del aire nunca se alejan las batallas perdidas siempre se ahoga la primera flor la que dio nombre a este infinito la mujer de mis sueños aún duerme a mi lado en mis sueños arrodillados ante la noche y su mirada paciente con su frío de langosta no sabemos si desear el último latido que nos lance a la carrera o dirigirnos al mar por nuestro pie y enterrar las estrellas en el surco de la vergüenza y el silencio.
Óscar Aguado ("Canción de cuna para un héroe", Óscar Aguado, Ed. Ya lo dijo Casimiro Parker, Madrid 2008)
 Ni siquiera atreverse a vivir borra el pasado. (De Huellas / poesía, por ejemplo / oráculo manual / madrid 1998)  A veces si me siento abandonado me encuentro y desencuentro en el vacío y allí la soledad es como un río que me alcanza residuos del pasado
el abandono vive su pecado que es de los otros y también es mío tirita el alma porque tiene frío y ya no se refugia en lo sagrado
algo ocurre de pronto en el presente por fin abre su cofre la palabra y el enigma se vuelve transparente
sin pensarlo dos veces me apasiono la pasión pasa a ser mi abracadabra y entonces no me importa el abandono.
Mario Benedetti (Testigo de uno mismo, Visor Libros, Madrid 2009)  Este amor se parece a Laponia: seis meses de luz y seis de oscuridad. Hasta los minerales tienen alma, joder. Y sigo en silencio esperando el deshielo. Ángel Petisme (Cinta transportadora, Hiperión, Madrid 2009)  He reventado en arneses que suplican corazón, fui pescador en las redes de una mar embravecida. Me he camuflado en poemas de raíces y de rocas. Amanecí en los caudales de un torrente sentenciado. ¡He amado tantas cosas que anuncian que llega el fin...!; pero nunca he despertado junto a ti.
He conversado en corales que han crecido sobre alcohol, he sostenido algún cuerpo listo para arder entero, comí fruta en el paraíso, fuí arena en los relojes, quemé mis naves y el fuego ha bloqueado mi timón. ¡He amado tantas cosas que anuncian que llega el fin...!; pero nunca he despertado junto a ti. He sido espada en la guerra, me he convertido en canción. He sido cuerda en el arpa, me he convertido en palabra. He sido el agua en los ojos, me he convetido en tristeza. He sido espuma en el cielo, me he convertido en tormenta. ¡He amado tantas cosas que anuncian que llega el fin...!; pero nunca he despertado junto a ti. He aprendido despacio los mil nombres de la furia y vendí todos mis pasos a los puntos cardinales. He hipotecado mi tiempo por una rueca de azares hilvanando un verso duro como acero en las pupilas. ¡He amado tantas cosas que anuncian que llega el fin...!; pero nunca he despertado junto a ti. Te he deseado en harapos; has puesto sitio a mi carne; te soñé un millón de veces tibia de alba, enfurecida, te he abrazado tan dulcemente en horas de naufragio. Y he sofocado mi anhelo con las lenguas que aprendí; pero nunca he despertado junto a ti. ¡Y he amado tantas cosas que anuncian que llega el fin...!; pero nunca he despertado junto a ti. Gabriel Sopeña (De La noche del Becerro, Olifante, Zaragoza 1995)
 La vida es una muerte encorsetada en unas horrorosas vacaciones alegres. Nunca he sentido tanta soledad en esta mano. Ramón Irigoyen de Cielos e Inviernos, Ediciones Hiperión, Madrid, Diciembre de 1980.  A David González
En tu rincón del cuadrilátero dormitas. Esperando. Estudias al adversario: sus oscuros rincones (todos los tenemos) Observas, siempre observas. En silencio. Estudias al adversario: Sus acciones, sus palabras, sus movimientos... Sobre todo sus miradas. Siempre en silencio. Meditas tu acción. Al fin te levantas. Y respondes al contrario con poemas, con vida plasmada en ellos. Tu vida, su vida, nuestra vida reflejada en el papel. Toda tu vida escribiendo, toda la vida observando. La vida, hermano, es un inmenso ring. Hagamos de ella un poema. Nuestro, vuestro poema. Andrés Ramón Pérez Blanco (El Kebran) (De su libro "satélite de inhóspito planeta", Ed. Autor, Toledo 2008)  Que no maten los malos a los buenos, ni tampoco los buenos a los malos.
Soy un poeta sin ningún precepto pero digo, sin lástima y sin pena
no hay asesino bueno en mi concepto. Sólo el que mata es la categoría que dejó fuera de mi sentimiento.
No llevemos al pueblo a la agonía condenado a la sangre y al lamento Y contra eso está mi poesía que va por todas partes como el viento. Pablo Neruda
 De tu mano fue el descubrimiento del jardín. De tu voz, su música, de tu boca, el sabor del aire. El agua, el agua, el agua, obstinada en guiar nuestros pasos. (¿Otra vez el mar?)¡Tanto mar para morir! No tengo, ¡ay! recuerdo de jardines colgantes. Solamente tierras y colinas dolientes bajo el fulgor de un cielo surcado de palomas. (Cementerio marino en el aire, por el aire). Tierras hondas y calladas, tierras sufrientes de Castilla de Cides desterrados. El jardín eres tú, amante altiva y pura como la luz, flor milagrosamente ilesa, encarnación del encarnado paraíso. Victoriano Crémer  Vivamos en el silencio del útero y la arcilla, en los grandes silencios anteriores al hombre. Si ya nos hemos dicho todo lo que aprendimos en los ojos del otro, guardemos el silencio de los primeros besos, la rotunda energía, la afasia misteriosa de asteroides y estrellas, la fluvial afonía de las células madre. Te espero en el silencio del bueno de Fernando.
Ángel Petisme
(Poema Inédito, Zaragoza, Abril de 2009)  Uno, no siempre hace lo que quiere, pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere. Mario Benedetti
 Morir en sueños para vivir la vida. Soñar despierto para morir sin prisas. Vivir sonámbulo para amarte sin plazos. Ángel Petisme (Cinta transportadora, Hiperión, Madrid 2009)  Hoy me huele la boca a hierbabuena, el sexo a ylang-top, los muslos a manzana, los huesos a tristeza, la sangre a mejorana, los pies a eucalipto, el corazón a pino. Hoy me huelen las manos a limón, el ombligo a ansiedad, los sueños a lavanda, el reloj a jazmín, los pelos a azahar. Soy un mapa de perfumes y esperanza, se lee en la banda magnética de mi alma: Mister Sistema Solar 2002. Hoy construyo los puentes de la muerte a la vida, de Andrómeda al Actur, de Vallecas a Orión... Si los sábados sabadetes no fuéramos un atlas de fragancias y polvetes, un efluvio, una promesa, una yedra que trepa por el genoma, apaga y vámonos. Me siento Flex. Ángel Petisme (De Cuatro días de alquiler, Lola Editorial, Zaragoza 2002)
 El mar no está en donde estuvo. Sólo, con la memoria, inventaré lo que me vaya sucediendo para no llorar por todos los ausentes de mi lado. Antonio Pérez Morte (Diario de naúfrago, PUZ, Zaragoza 1988)
 En este viaje de aroma clandestino curamos las cicatrices de heridas que nunca existieron pero que siempre presentimos. Marta Navarro García
(De Ocho islas y un invierno, Ediciones El Desembarco, Sevilla, 2008)  Qué equivocado estaba el filósofo Agatón cuando dijo que ni siquiera Dios puede cambiar el pasado.
Si vas a Inicio, Programas, Accesorios y Herramientas del sistema, tienes la opción de Restaurar para dejarlo todo como antes. Qué equivocado estaba el filósofo Agatón. Tú sí que puedes cambiar el pasado, Windows Millenium. Jorge Barco (De Algún día lleharemos a la luna, Fundación Jorge Guillén, Valladolid, Diciembre de 2008)  Escrútame los ojos, sorpréndeme la boca, sujeta entre tus manos esta cabeza loca; dame a beber veneno, el malvado veneno que te moja los labios a pesar de ser bueno. Pero no me preguntes, no me preguntes nada de por qué lloré tanto la noche pasada; las mujeres lloramos sin saber, porque sí: es esto de los llantos pasaje baladí.
Bien se ve que tenemos adentro un mar oculto, un mar un poco torpe, ligeramente estulto, que se asoma a los ojos con bastante frecuencia y hasta lo manejamos con una dúctil ciencia.
No preguntes, amado, lo debes sospechar; en la noche pasada no estaba quieto el mar. Nada más. Tempestades que las trae y las lleva un viento que nos marca cada vez costa nueva.
Sí, vanas mariposas sobre jardín de enero, nuestro interior es todo sin equilibrio y huero. Luz de cristalería, fruto de carnaval decorado en escamas de serpientes del mal.
Así somos, ¿no es cierto? Ya lo dijo el poeta: movilidad absurda de inconsciente coqueta, deseamos y gustamos la miel de cada copa y en el cerebro habemos un poquito de estopa. Bien; no, no me preguntes. Torpeza de mujer, capricho, amado mío, capricho debe ser. Oh, déjame que ría... ¿No ves qué tarde hermosa? Espínate las manos y córtame esa rosa. Alfonsina Storni  He cerrado los ojos para ver. Ángel Guinda (Toda la luz del mundo, Olifante, Zaragoza 2008)  Solamente querían coger flores, pero en los nuevos días los jardines prohibidos eran tantos que tuvieron que verlas sin tocarlas. El sol, debilitado y perezoso, perfilaba sonrisas y caricias de madres que venían del dolor.
Eran gotas de luz aquellos niños en lágrimas de gozo convertidas.
Mientras, se despertaba la mañana. Miguel Ángel Yusta ( De Reloj de Arena)  Abrir los pasadizos secretos de las horas deshojadas, a tientas intentarlos, ocupando las manos la terca voluntad de taladro, la inconsciencia empuñando el oficio de topo abecedario. En el final de cada túnel a veces, la poesía. Gabriel Impaglione  Qué utilidad pueda tener mi vida es algo que quizá no entienda nunca, pero sé que no podría vivir sin hacerme a menudo esta pregunta. Agustín Porras (Del poemario Ojalá, Huerga y Fierro, Madrid 2006)
Ilustración: Escultura de Soledad Franco  El modo en que asesinaste a tu familia no significa nada para mí, mientras tu boca recorre mi cuerpo entero.
Yo conozco tus sueños de ciudades desmoranadas y de caballos galopantes del sol en exceso cercano y de la noche interminable.
Pero eso no significa nada para mí, junto a tu cuerpo.
Sé que fuera la guerra ruge, que tú dictas órdenes para ahogar a los recién nacidos y decapitar generales.
Pero la sangre no significa nada para mí, pues no altera tu carne. Que tu lengua sepa a sangre no me sorprende, mientras mis brazos crecen entre tu pelo.
No creas que no comprendo lo que ocurre después de que las tropas han sido destrozadas y las prostitutas pasadas a cuchillo.
Yo escribo esto sólo para robarte el placer cuando una mañana mi cabeza cuelgue goteando sangre con la de otros generales de la puerta de tu casa. Sólo para que sepas que lo anticipé todo y que eso no significa nada para mí. Leonard Cohen (Poemas escogidos, Plaza y Janés, Barcelona 1972)
 Logia secreta, el poema ese tercer ojo que a veces también se encharca pero nunca deja de ver nunca se cierra. Anabel Torres (Del poemario Las bocas del amor, Ediciones Árbol de Papel, Bogotá 1982)  Pero la muerte, ¿qué clase de verdad esconde enterrada bajo la arena de este desierto calcinado? Habitar en el aire, construir sobre el agua. Alfredo Saldaña (De Humus, Eclipsados, Zaragoza 2008)
 Tenía más hambre que un ratón en un saco de clavos. Texto: Gloria Fuertes Fotografía: Villy Ronis  Con el puño dar y otra vez dar, sino en el labio, al menos, en el argumento. Implacablemente dar, aunque dar no sea sino dar sobre tí mismo. Manuel Picón (De Nocturnidad y Alevosía, Madrid 1989)
 Ángel Petisme ha muerto esta madrugada de una sobredosis de ingenuidad. Fue un hombre que regaló cerillas a los que viajan a la oscuridad y amó a las mujeres que hacen sangrar al sol. No le cayó esa breva de acabar loco y desahuciado como Hölderlin. Trabajo con libertad y con audacia, (¡la que le permitieron), se fumó el paraíso y decoró las sombras del infierno con risas. Dicen que prefería la angustia a la sumisión. Como Gauguin creía que, con paciencia y un poco de ayuda, el arte podía reservarle algunos día felices todavía. _____________
Escribió un epitafio: ¡Que se jodan! Ángel Petisme (Demolición del Arco Iris, Baile del Sol, Tenerife 2008)  Mitad somos lo que somos, y otra mitad lo que pensamos. En el torrente una mitad llega a la orilla y otra se ahoga. (Fernando Pessoa)
 De un mundo neblinoso salgo asido a tu mano, mi cuchara mi abrazo, Luis Moya en mi vida me señalas la ruta cuando entiendes el plano, me haces trampa en las rectas, siempre te quedas dormida.
Y cuando pierdo el norte en la canal de tu pecho y rinde pleitesía a tu mirada la luna, te admiro poesía, soy tu esclavo y me hiero, para jurar con sangre que me la pones dura.
Tú mejor que nadie sabes lo difícil que se me hace escribirte una canción que te guste, corazón, descifrar en unos versos el enigma de tus besos; hacer un blues a la brisa que deja paso a tu risa.
Te ríes de mis neuras, pero nunca me ofendes, me buscas las cosquillas si me notas extraño y me toca, por necio, pedir perdón mil veces, por mil estupideces, gracias que no me haces caso.
Y si toco tu pelo y me convierto en roca, dame un beso en la boca y deshaz el hechizo para seguir drogado de tus flujos salvajes, para perder el bis que me conduce al olvido... Roberto Artigas (Gran Bob)
(De su disco "Bob Art", Grabaciones en el mar, Zaragoza 2008)
 No sé si lo he dicho: mi madre es pequeña y tiene que ponerse de puntillas para besarme. Hace años yo me empinaba, supongo, para robarle un beso. Nos hemos pasado la vida estirándonos y agachándonos para buscar la medida exacta donde podemos querernos. Begoña Abad (La medida de mi madre, Olifante, Zaragoza 2008)  Gatos trasnochadores cortejan bajo el balcón. Canarios de las Ramblas, y un geranio sin flor. Bailando calle abajo la noche al fin se marchó... ¿Dónde vas parrandera si El Molino cerró. Canción de mañanada: -Serrat en un transistor, y un coro de vecinas en el patio interior.- Canción de mañanada ¡Qué lejos queda Aragón! Casa mía entre barzas, ¿cómo te olvido yo? Mañanita de domingo, como en casa del mayor; se irán luego a ver al Barça, y yo con la nieta al zoo. Mañanita de San Jorge, triste sin libro ni flor: ...Cuando pierde a la princesa, ¿para qué vive el dragón? No lo sé, pero vive, lo mismo que vivo yo, hasta que un santo bruto nos clave su lanzón. Vive en su fría cueva, rumiando lo que perdió: Mermelada de moras, los recuerdos de amor. Moras del Pirineo, donde nacimos los dos: a ella la echó un pantano, yo quise algo mejor.
Rueda que rueda el mundo, con él rodando ella y yo... en este piso oscuro el rodar terminó.
Ojos como moras negras en la noche de San Juan un entoldado de estrellas sobre la calle Rosal. Giró el mundo en su verbena, y giramos sin pensar que con cada giro, el baile se acercaba a su final. Mi viejo Pueblo Seco -donde viví moriré...-, sin perder lo que era me hizo barcelonés. Y ahora, uno de mis nietos va a cursos de aragonés, anda soplando gaitas... y pretende volver. Quiere hacerme de la Chunta, -...¡si soy de la C.N.T.! - ; Me trae las Fuellas, el Rolde, y El Cruzado aragonés. ¡La de vueltas que da el mundo! ¡Si ella lo pudiera ver...! El camino que unos hacen otros lo han de deshacer. Como cada Septiembre desde que ella no está subiré a nuestro valle ...si me quieren llevar. Junto a la casa hundida -por ella y por tantos más-, ¡le escupiré al pantano!, y lo haré sin llorar. Despacio entre las ruinas, cosecharé en el barzal moras como sus ojos, dulces hasta rabiar. No es raro que mi hija me las quiera racionar: -Padre esa mermelada con su azúcar va mal. -¡Si supieras que al comerla vuelvo a ver la casa en pié, y en los labios de tu madre una gotita de miel!
¡Ojalá vivas bastante para descubrir por qué mientras unto mermelada tú eres mi niña otra vez! ...que el recuerdo vuelve tierno hasta el pan duro de ayer. Manuel Domínguez (Del C.D. "Pais de Anochecida", La Ronda de Boltaña, Kikos, Zaragoza 2001)  Bienaventurado el hombre que no sigue las consignas del Partido ni asiste a sus mítines ni se sienta en la mesa con los gángsters ni con los Generales en el Consejo de Guerra Bienaventurado el hombre que no espía a su hermano ni delata a su compañero de colegio Bienaventurado el hombre que no lee los anuncios comerciales ni escucha sus radios ni cree en sus slogans Será como un árbol plantado junto a una fuente ERNESTO CARDENAL
 Me moriré tan sólo después de ser tu novia, una novia con besos a la luz de la Luna, una novia con trajes de lino y con puntillas, con olor a naranjas y a sal de nuestros mares. Cuando mis enemigos me prometan dejarme seguir por mi camino al más allá de todos, cuando me quede sola detrás de las cortinas observando la vida secretamente oculta. Me moriré regando los cactus de mi casa para que sobrevivan y me hagan compañía. Ana María Drack (Del CD Cuarto de Hora, Pastorius, Elx 2007)  Te prefiero adolescente, saliendo de la ducha con los pezones duros. Y me llevas la contraria. Lamento el reproche que te hice esta mañana. Estabas tan pletórico desnudo, con sólo esa toalla abultada en la cintura, todo calado, imantado, tan dispuesto al amor sin saberlo. Y a llevarme la contraria.
Viéndote ahora postrado en el sillón con el ánimo senil de un jubilado, me arrepiento. Qué vana queda y que insensata la tristeza en un adolescente. Porque deja de ofrecerse. Qué diferencia anoche, sobre el árbol o un rato después, gritando, corriendo como un gamo entre la niebla. Y me decías que las brumas blancas daban a nuestros rostros un aire cadavérico y que la muerte, seguro, era eso: una extensión vacía entre la niebla y la nada, que es avanzar hacia ninguna parte. Pero al decirlo, seducías con una excitación que no parece propia de difuntos, ebrio de ti, de tu risa y de tu cuerpo. Me cuesta creer que ahora, al pie de la chimenea y sin darte cuenta, parezcas realmente un muerto. Pero aquí me tienes paciente, velando por tu cadáver hasta que resucite. El reflejo ocasional de las primeras llamas te devuelve los rasgos y los gestos, te enciende las pupilas, da carne a tus labios de piedra fría y los arquea en una sonrisa tibia y voluptuosa. Temeroso y sumiso, me inclino a besarlos y cierro los ojos. Por fin el sabor de tu lengua. Te prefiero adolescente y exaltado. Leopoldo Alas (De "La posesión del miedo, Pre-Textos, Valencia 1996)
 El vacío es un tesoro codiciado cuando ya todo es hastío de tener, ansiedad por conseguir y dolor de haber perdido. Es un lecho muy tranquilo para insomnes, sueño que no sueña nada; un silencio que nada silencia, ni se guarda. No es el reverso del ruido ni es el hueco de una ausencia; es un consuelo esperado y un descanso merecido, la nada feliz de todo un desgraciado. Leopoldo Alas (De "El triunfo del vacío", Editorial Dilema, Madrid 2004)
 Bajo el sol del azul y de la brisa bajo el ala de las cigüeñas nuevas repican de alegría las campanas. Es la gracia indomable del domingo el temblor de los pájaros bajo el surtidor de la frescura. La claridad gozosa de la vida resbalando como un fruto maduro de casa a los suspiros de las calles al reclamo del aliento común al ancho tiempo de la plaza. Ezequías Blanco (Los caprichos de Ceres, Excmo Ayuntamiento de Manzanares, Madrid 2004)

Os traigo mis recuerdos del viaje que invadió las sombras de mi rosal desnudo. El río caudaloso reúne nuestras vidas. Allí viví la angustia entre volcanes de violenta y salvaje espuma de los que a las puertas de la indigencia, se nos cruzan sonrientes y esperanzados y esperan que los viajeros de otros pasajes, de otros rumbos, de otros climas, con los párpados abiertos los contemplen y les doten de alas para poder volar en dirección a la luz, a la libertad que sueñan. ¿Qué derecho tenemos a esconder esa luz? ¿Qué derecho a cercenar los sueños? Carmen Serna Montalvo (De Los Enigmas del tiempo (Camboya en el corazón) Estudio de palabras, Zaragoza 2007)  ¡Hasta Siempre Sergio!  "Hombres pelados con cuchilla, mujeres en el sacapuntas, niños en la mina, planetas en el zoo, estrellas en el cortejo."
Dejé mi país para ser etíope por un año. Dejé de dictar para subordinarme.
Etiopía estaba bajo la nieve. La fiebre la había helado. El matadero de la Adis Abeba estaba abandonado. Los buitres habían construido allí una nueva ciudad. Los niños, como heraldos, soplaban los cuernos arrancados de las reses. Los ancianos se convertían en pergaminos.
El ganado se reducía a cenizas. Los adivinos contemplaban el humo y las heces. Los brujos traducían los poemas del premio Loewe. Nos dábamos por el culo sin cesar, tiritando en las chozas. Cada nevada exterminaba una tribu. Nos quedábamos con sus cuerpos y sus enseres. Parecía que un sueño invernal iba a terminar con el hambre. Llegaron los renos y Santa Claus y cargaron en el trineo los leones famélicos que se exhibían en el palacio presidencial. Le dimos un león a la uno, dos a la dos, tres a antena tres, cuatro a la cuatro, cinco a la cinco, seis a la sexta, una jirafa a la once, todo el oro de África a todos los santos, el único clítoris mayor de dieciocho años al único dios. El entrenador de dios, colocó el clítoris africano en el centro del campo de un chochito blanco y lo hizo debutar en el mundial.
Sergio Algora (Dos de Julio de 2008)  Sometido a los designios de lo fugaz soy vulnerable, como todos, y en ese filo me arden las manos con el dulce fluir de mi sangre. Fernando Sarría (El error de las hormigas, Eclipsados, Zaragoza 2008)
Fotografía: Renata Ratjczyk 
Conozco mis miedos tan bien, como el silencio de los años.
Begoña Callejón
(De Suicidio de Libélulas, Editorial Celya, Salamanca 2006)
 Para huir de la muerte nos amaremos todo, enteros. Para huir de la muerte nos amaremos sin horario y sin ley, sencillamente para huir de la muerte.
Para huir de la muerte diré que tus ojos son palomas de Picasso, y que bajo tu piel de leche ávida y firme viven en hermandad veinte poemas de amor.
Para huir de la muerte tú me darás las fresas mejores de tu huerto, yo te daré mi vino más peleón, más duro, más añejo, para huir de la muerte. Para huir de la muerte, pienso resucitar el conjuro dormido de tus pechos pienso ahondar tus raíces, bucear hasta el centro para huir de la muerte. Para huir de la muerte diré que es estupendo sentirte tan cercana. Y que ni en ti ni en mí, ni en nosotros ni en ellos, hay sumergida una ciudad donde luchan la muerte y el amor, el amor y la muerte, la muerte y el amor, el amor y la muerte... Pablo Guerrero, 1972.
 El color que es más que un color: una resonancia del color mismo, su reverberación en la mirada.
Las figuras detenidas que parecen anhelar una existencia azarosa, como la de todos. El taller, con su olor espeso a tareas alquímicas, con sus colores volátiles y violentos, flotantes como venenos cromáticos. La mano que traza un contorno como si calcase la silueta de un espectro fugitivo. Los ojos que ven lo que aún no existe. El vaso de los pinceles con sus manchas de cientos de pecados originales. El boceto abandonado: una rúbrica en el vacío, un borrón optimista en la supeficie de la nada. El lienzo blanco, perfecto como un limbo. El paisaje eterno, la figura eterna, la abstracción eterna que late en lo concreto. La arboleda que son cuatro trazos y es una arboleda. El mar inmenso que cabe en unos centímetros de mar fingido. La silueta líquida de un sueño.
El río en que uno puede bañarse miles de veces y sigue siendo el mismo río, por más que fluya. Los celajes que transmiten la cólera de un dios. Y estos poemas escritos en la caverna prodigiosa de las sombras. Felipe Benítez Reyes (Diez Vernissages, Aedo, Celya, Salamanca 2005)  Te he tomado esta noche como a una delicada hoja de árbol otoñal. Te he tomado suave contra la frente antigua de los antepasados y el amor ha brotado hasta iluminar el silencio cansino de nuestro viejo barrio. Te he tomado como a una dulce sensación nunca acabada.
José Antonio Labordeta (De "Jardín de la memoria", Taifa / Poesía, Barcelona, Octubre de 1985)  Nunca me has de amar como en este instante en que te sueño. Fernando Sarría (De "El error de las hormigas", Eclipsados, Zaragoza 2008)  Una mujer desnuda y en lo oscuro tiene una claridad que nos alumbra de modo que si ocurre un desconsuelo un apagón o una noche sin luna es conveniente y hasta imprescindible tener a mano una mujer desnuda. Una mujer desnuda y en lo oscuro genera un resplandor que da confianza entonces dominguea el almanaque vibran en su rincón las telarañas y los ojos felices y felinos miran y de mirar nunca se cansan. Una mujer desnuda y en lo oscuro es una vocación para las manos para los labios es casi un destino y para el corazón un despilfarro una mujer desnuda es un enigma y siempre es una fiesta descifrarlo. Una mujer desnuda y en lo oscuro genera una luz propia y nos enciende el cielo raso se convierte en cielo y es una gloria no ser inocente una mujer querida o vislumbrada desbarata por una vez la muerte. Mario Benedetti
Fotografía: Arturo Pizá  Los sueños vuelan alto como pájaros. Los sueños ven la tierra desde arriba. Los sueños tienen ojos transparentes. Los sueños iluminan.
Los sueños son posibles, los sueños son posibles, los sueños son posibles.
Tus sueños descienden como lluvia. Tus sueños acuden si los llamas. Tus sueños viven más que tu vida. Tus sueños se instalan en tu casa.
Tus sueños son posibles, tus sueños son posibles, tus sueños son posibles.
Los sueños están en los bolsillos de los trajes usados y los besos. Los sueños eligen las miradas que en el futuro van a ser verdades. Los sueños son posibles, los sueños son posibles, los sueños son posibles.
Tus sueños son posibles, tus sueños son posibles, tus sueños son posibles. Pablo Guerrero (De "Sueños sencillos", Resistencia, Madrid 2000) Ilustración: María Cruz Sarvisé
 No sé por qué mis manos cometen el error de las hormigas y buscan alrededor de tu cuerpo su supervivencia. * * * * * Nunca me has de amar como en este instante en que te sueño.
Fernando Sarría (El error de las hormigas, Eclipsados, Colección de Poesía)
 Compañera, usted sabe que puede contar conmigo, no hasta dos o hasta diez sino contar conmigo.
Si alguna vez advierte que la miro a los ojos, y una veta de amor reconoce en los míos no alerte sus fusiles ni piense que deliro; a pesar de esa veta de amor desprevenido usted sabe que puede contar conmigo.
Si otras veces me encuentra huraño sin motivo, no piense que es flojera igual puede contar conmigo.
Pero hagamos un trato: yo quisiera contar con usted, es tan lindo saber que usted existe, uno se siente vivo; y cuando digo esto quiero decir contar aunque sea hasta dos, aunque sea hasta cinco.
No ya para que acuda, presurosa en mi auxilio, sino para saber a ciencia cierta que usted sabe que puede contar conmigo. Mario Benedetti
Fotografía: Tede Preuss
 Cuando llegas a casa sin haber dicho una sola palabra debiendo decir tanto, te preguntas si es cierto que la causa es la razón o es motivo el instinto de tu cabal desdicha. Manuel Martínez Forega (De Ademenos, Ediciones Olifante, Zaragoza 2008)
 Este trozo de Dios con que sostengo mi tristeza. Gloria Fuertes (Obras Incompletas, Cátedra, Madrid 1979)  La doncella soñaba paloma con su voz desnuda de mercurio. ¿Quién salvará al Hombre de su Nada? El mancebo cantaba en la orilla del lirio: "Os lo diré en secreto sólo tengo una vida que morir y un río demudado de pálidas espadas atravesando mi corazón desconocido sin respuesta a ese nombre de fuego que deshabita el corazón de los peces cuando se llaman Yo." ¿Quién salvará al Hombre de su Nada? Sueño y canto se fundieron en el alba abrasada de los mares cuando quieren nacer y el recién llegado hablaba así a sus amigos: "Planificaré el Mundo y sus contornos y haré de los hijos de la Mujer y del Hombre dioses regocijados con mañanas de león misterioso." ¿Quién salvará al Hombre de su Nada? El muerto amaba en secreto una estrella. Él era la doncella el mancebo y el recién llegado. Voz rota de mercurio. Lirio tronchado. Inútil mar nacido. Y allí estaba ardientemente esperando que de su costado deshecho surgieran abiertos sollozos más brisas altas que años luz en enjambres de billones de galaxias sobre los lagos silenciosos del Secreto Ojos Sumido. ¿Quién salvará al Hombre de su Nada?
Miguel Labordeta, de Sumido 25, Zaragoza, 1948. Ilustración: José Luis Cano Rodríguez  Las horas pasan, pasan lentamente vacías de ti, llenas de tu memoria. Tu ausencia rompe el hilo de mi historia, aisla como un foso este presente,
dejándome indefenso e inocente entre la espada aguda de la gloria de haberte amado ayer, y la ilusoria esperanza de amarte eternamente. No dirijo mi vida, y el futuro se presenta inseguro, turbio, incierto. Me atengo sólo a ti, que no te tienes. Me inclino sobre ti, endeble muro de mis lamentaciones: roto, abierto, hendido dique en el que me contienes. Ángel González (De Tratado de Urbanismo, 1967)
 HAY EDADES COMO PENÍNSULAS DE SOMBRA, tiempos lejanos con sienes inquietantes y colmillos dispuestos, órbitas habitadas por fantasmas, catedrales construídas con un sudor-silencio gris, amontonando piedras que huelen siempre a muerte...
así eras tú, ciudad como mujer acostada sin tersura ni anillos, sucia de luces pardas que salpicaba el santo ebro avaricioso, ciudad como mujer, como amante que huyó, así que -por supuesto- permanece, arrojada en un lecho desordenado en limo, acostada esperando -¿qué esperas?- taciturna, con la cocina de tu antiguo corazón apagada en desorden, pensando desdeñosa quizás el exilio de tus mejores hijos o no pensando,
solamente estás, estás inmóvil, quedas bajo el montón harapiento de tus vestidos cenizosos, ausente de todo cuanto tenga el poder de la vida:
ZARAGOZA AMARILLA yo te amaba en la ceguera de mis octubres de pantalón corto, todavía no alzado al recinto durísimo de tus dientes, casi desatendido por tus vientos y escarchas cuando aquellos primeros cigarrillos quemados -craven a; navicut- torpemente a escondidas en los descansos del cinema iris con culo de madera, cuando en los silenciosos atardeceres misérrimos penetraban los trenes mugrientos con hollín y estraperlistas, cuando la muchedumbre se apretujaba arriba abajo de los porches con miedo y la felicidad de los domingos era magnificada con frituras de calamar y rosarios de sombra.
entonces un casi imperceptible hedor de crisantemos agridulces y diques descendía por entre las barcazas del canal imperial de aragón, las reciénestrenadas viudas de guerra contemplaban tristísimas el mear de sus perros hambrientos y un ala gigantesca fantasmal silenciosa nos tapaba los ojos haciéndonos ¿felices?
yo había confiado todas las puras posesiones de mi corazón, todos los vasos de mi frágil cristal instantáneo, todas las pobres riquezas de mi universo apenas reprimible, a la oquedad supuestamente maternal y cálida de tus brazos, a la vigilancia forzosamente sospechada dulce de tu cielo vacío.
una tremenda oscuridad cayó de pronto agrietando las murallas y el coso se enramó de procesiones como venas urgentes, soterradas algarabías triunfalistas con los ojos pintarrajeados de un violento violeta escandalosamente funerario.
todo lejos.
ALGUNAS MADRUGADAS todavía se atreve alguien se atreve a cantar empujado por el clarete salvador altivo alguien a cantar algunas madrugadas pero nadie le escucha.
nadie le escucha; duermen los fabricantes de regaliz, se sobresaltan las esposas del funcionario agonizante que acaricia un 600, los gerentes pagan el uisqui del adiós y eructan ansiosamente por una revolución de enormes tetas libres sólo para ellos, el canónigo enciende por sexta vez la luz y mira con tristeza el orinal mutismo solitario; afuera la noche no es azul, continúan vigilantes los bancos construídos con paredes de hielo sobre los debe-haber terribles homicidas inmóviles palacios sin calor y sin respuesta: un desgarrado grito silencioso se ahoga en el terror de los ficheros oxidados y de nada sirve llorar, de nada sirve nada.
Los reciennacidos deberían arrojarse desde los más irremisibles acantilados.
(Del Poemario Acerca de las trampas,Colección Fuendetodos, Ediciones Javalambre, Zaragoza1970)  Mi huevo izquierdo cuelga más que el otro. Juntos testifican que soy un hombre acabado e imperfecto, solitario a pares. Celebro mis manos llenas de corazón centrado y suspendido, agradable peso de cuero y leche.
Canto porque son dos ahora mis huevos.
Antonio Portela
 Siente agradecimiento por tus ojos aunque estén en la sombra.
¿Vibra el negro? ¿Se acostumbran los ojos a la luz de la sombra? ¿Hay bardos que vigilan la doliente llama de la luz de la sombra? Sea luz el poema, aunque le sea dictado a los poetas de los ojos en sombra. Pablo Guerrero
(Del poemario Escrito en una piedra, Visor libros, Madrid, 2007)
 Perderme, perderme, perderme en tu templo, sacro cuerpo, para hallarme en él al fin. Luis Eduardo Aute (Volver al agua, Sial, Madrid 2002) Fotografía: "Leaf" Jerry Shatberg.  en una discoteca de house un domingo a mediodía durante una fiesta de verano sobre una pantalla fija de gran formato se proyectaba un documental (imágenes reales por tanto) sobre la sangría del Ebro y otras famosas escabechinas de la guerra civil española mientras nosotros la peña nos metíamos en la boca pastillas de todos los colores esnifábamos vitamina k (anestésico para animales utilizado en los campos de batalla de Vietnam) y bailábamos boTÁbaMOS de cara a la barra del bar de espaldas a la pantalla de espaldas a la guerra ajenos por completo a los ideales y a la muerte de nuestros abuelos
(1): A la euforia causada por la ketamina se la conoce como "Hoyo K" y se manifiesta por medio de alucinaciones profundas que incluyen distorsión visual y pérdida de percepción del tiempo, la sensibilidad y la identidad. David González www.bartlebyeditores.es  no sé tú pero en lo que a mí concierne hace tiempo ya que me cansé de despellejarme la piel de mis nudillos llamando a ciertas puertas que hagas los méritos que hagas ni se abren ni se abrirán nunca así las alcancen las salpicaduras de la sangre de tus nudillos ro tos entonces me dije david, tío, tienes dos pies, tienes dos pies, david, colega, y pensé en echarlas abajo, las puertas, a patadas, a patada limpia con las puertas y con los cobardes que se escondían detrás de ellas
luego recapacité y lo pensé mejor y después fue cuando me decidí a levantar mi propia casa y con mis propias manos
siempre abiertas. David González  Un plesiosauro dormía entre mis ojos mientras la música ardía en una lámpara y el paisaje sentía una pasión de Tristán e Iseo.
Tu cuerpo se ajustaba al mío como una mano se ajusta a lo que quiere ocultar; despellejada me mostrabas tus músculos de madera y los ramilletes de lujuria, que podían hacerse con tus venas.
Se oía un galope de bisonte en celo entre nuestros pelos que temblaban como las hojas un jardín; todos los diálogos de amor se parecen, todos tienen acordes delirantes, pero el pecho aplastaddo por una música de recuerdos seculares; luego viene la oración y el viento, el viento que teje sonidos en punta de una dulzura de sangre, de aullidos hechos carne;
¿qué árboles, qué deseos de mares rotos convertidos en níquel o en un canto ecuménico de lo que pudo ser tragedia, nacerán, los pájaros de nuestras bocas juntas, mientras la muerte nos entra por los pies? Tendida como un puente de besos de piedra dio la una. Las dos volaron con las manos cruzadas sobre el pecho. Las tres se oían más lejanas que la muerte. Las cuatro ya temblaban de alba. Las cinco trazaban con compás el círculo transmisor del día. A las seis se oyeron las cabrillas de los alpes conducidas por los monjes al altar. Luis Buñuel  Alrededor de la medianoche el reloj se detiene y nos nombra en el vértice de un brutal deseo para desnudos acelerar el brote lascivo de la pasión. No hay saliva mía que no te recorra ni ejército de hormigas que naciendo de mí no sean en tu piel febril caricia. Ahora la luz es un abismo de placer en el que me asomo ciego de ti, tus gemidos me inundan, tu sabor se mezcla en un órdago de dicha que abrasa mi boca y se oye en toda la habitación como el eco oscuro que a la noche excita. Fernando Sarría  Te he amado, sí, te he amado con tigres en la cama y emboscadas. No quedan huellas de nuestra sed sobre la Vía Láctea, los pirotécnicos me preguntan por ti, las flores de la demolición comienzan a cantar. Ahora que no estás ya no hay destino, ni calles para el vino y el verano. Hemos tocado los plátanos del cielo y despertado en el Popocatepelt.
Vuelve la tierra a ser redonda y el libro de las sonrisas lo ha apagado la lluvia. Gira sobre sus goznes el Purgatorio. Que el tiempo y la memoria sean benévolos contigo. Ángel Petisme ("Demolición del Arco Iris, Baile del Sol, Tenerife 2008) Fotografía: Jacek Popikalsky  Si me despierto en medio de la noche, me basta con tocarte. A mi lado respira tu cuerpo de hombre joven como animal en la naturaleza. A mi lado descansa esta musculatura construida en la constancia del entrenamiento. El tenista que triunfa en las pistas de barrio cada martes, el artista, el poeta, el que redacta su tesis doctoral, el que diseña, el que canta, el que baila, el que sonríe deslumbrantemente, el que guarda silencio, el que lee, el que combate contra mí en la cama, el compañero de todas mis horas tiene en estos momentos la perfección distinta. La alegría, la gracia que en las horas solares constituye belleza que se mueve ahora se resuelve en equilibrio. Me gusta estar a ciegas. No existe nada más que tu temperatura resumiendo los datos verdaderos del mundo. En medio de la noche, tengo de pronto un indeterminado número de minutos para quererte con el aturdimiento y la clarividencia de los desvelados. Siento en tu piel al ser humano bueno. El ritmo de tu aliento me comunica música muy simple. Me indica mi lugar en el cosmos. Al lado de tu serenidad viril. Empiezo a quedarme dormido abrazado a tu cuerpo. Si me despierto en medio de la noche, me basta con tocarte. Juan Antonio González Iglesias ("Eros es más", Visor Libros, Madrid 2007) Fotografía: Christopher Makos.
 Golpeando mi cabeza contra la mesa de la taberna, voy rompiendo mi llanto en dos. Hay un resquicio de olor a jengibre en el ambiente cargado de humo y juego. La ginebra campa por los recuerdos al son de un vals marinero, interpretado por los borrachos que no son marineros, ni yo tampoco. Es mediodía y duele. Apenas hay luz. Sin embargo, llega a mis oídos el crujir de los cascos de los barcos sobre el silencio, en selecto orden sonoro. Lejos del mar, estoy sentado solo en una mesa, con un cuerpo de mujer de madera en el espejo de mi copa. Muchos hombres están ahora como yo. Javier Corcobado
(De Yo quisiera ser un perro, El Gaviero, Almería 2007)  No puedo evitarlo: Veo un árbol e imagino un libro. Jorge Barco  EL ATENEISTA.
EL ATENEISTAE.
EL AITENEISTAIE.
EL AITEINEISTAIE...
ES UNA MEZCLA DE MARISTA Y DE ERISIO QUE ME HA SUBYUGADO. José Bello, 1929
 Con las infinitas circunstancias que el corazón del mundo deposita entre nosotros suelo componer, con demasiada frecuencia, poemas que no cantan. El amor que hizo posible mi presencia en el misterio no encuentra en cuanto soy sino imágenes dolorosas. De ahora en adelante silenciaré mi palabra, si es que insiste en el error de ir mendigando, para vivir, los sobrados motivos que ya tengo. Agustín Porras (De Ojalá, Huerga y Fierro, Madrid 2006)  Una vez más hasta cuándo acaso un día entero como siempre la taquicardia el miedo calmantes este fuego helado en la cúpula del estómago este vómito quieto en constante acumulación a veces devorado por el dolor de otra angustia aún más hambrienta hasta cuando mañana también y pasado mañana y ayer y hoy de nuevo quiste cada vez más enraizado honda escocedura de estertores donde el clavo ardiente de un latido entero cumplido resuelto es urgente como el suicidio.
Luis Eduardo Aute (De Sarcófago, Ariola, Madrid 1976)  Pasa la vida como un escaparate. Nos remarcan las marcas, nos enmarcan. Marcado por las marcas me desmarco.
Ángel Guinda (De Claro Interior, Ediciones Olifante, Zaragoza 2007)  La bala que me hiera será bala con alma. El alma de esa bala será como sería la canción de una rosa si las flores cantaran o el olor de un topacio si las piedras olieran, o la piel de la música si nos fuese posible tocar a las canciones desnudas con las manos.
Si me hiere el cerebro me dirá: yo buscaba sondear tu pensamiento. Y si me hiere el pecho me dirá: ¡Yo quería decirte que te quiero! Salomón de la Selva  Abandona la poesía, separa los ojos del libro. El mundo está ahí inmenso y frío como la muerte. Tus dedos sangran al intentar cortar la rosa. ¿Acaso no lo ves? Abandona la poesía y abre los ojos. El mundo sigue a tu lado cercano y doloroso como la muerte. La imaginación te juega malas pasadas: Nunca escalarás montañas. Nunca tendrás un grupo de rock. Nunca ganarás un Óscar. No hagas caso a las películas americanas: Nunca serás Indiana Jones. Nunca tendrás los ojos azules. Nunca saldrás con Laetitia Casta. No todos los malos llevan corbata, así que ten cuidado con tu mejor amigo. Jorge Barco (De Algún día llegaremos a la luna)  Ahora cierro los ojos para beber la noche. Habla conmigo el acordeón del mar. Ángel Guinda (De "Biografía de la muerte", Huerga y Fierro, Madrid 2001)  Seguro de mi mismo, tomo entre mis manos un arma de poder, la acaricio, la siento, la manipulo con delicadeza, siento que es el momento. Admiro como mis dedos retratan tu cuerpo, cómo dibujan tu silueta, cómo van dotando de sentido y placer cada uno de tus rincones. La inspiración entre ambos es inagotable, terminamos pero no nos damos por satisfechos y empezamos otra vez, las cosas hay que hacerlas bien hechas, ¿no te parece?, sonries y me dejas hacer. La noche va muriendo poco a poco, y los primeros rayos de sol pelean por entrar a través de las ventanas. Agotados, con sueño, pero felices, observamos el final de nuestra noche, este poema. Antonio Huerta, Rarezas.  Creí de niño que en cada país había muros como cielos de pie.
Hoy, soy el herido que en la guerra mató; y, aunque estoy vivo, la paz del corazón se me fue, se escapó... Hace falta borrar las fronteras: la primavera no lleva documentos para cruzar la aduana.
Hace falta coser las banderas: con tanta tela, se puede hacer la vela para Una Sola Tierra. Señor: tu aliento, el viento, quiere vernos tejiendo la Paz. Salvador Cardenal
 Arrastras esta hoja con los dientes mientras cuento que te has portado mal y tú lo sabes.
No pido que comprendas las materias de filósofos y genios elocuentes. No aspiro a que te creas que hay un dios y comulgues con la fe en la que he crecido. Quizá nunca distingas los conceptos de izquierda ni derecha, ni qué es sentir amor. Me conformo, querido Goya con que no te mees en el sofá, en las alfombras, en el suelo de la cocina, o cualquier lugar que encuentres menos en los que te hemos asignado. Tú no lo entiendes. Tú sólo entenderás por nuestros gritos que en casa tienes que ir a los periódicos y que la calle es grande y tienes ancho mundo. Si yo pudiera, si me dejaran mear sobre la prensa diaria, salir a la calle y cagarme en el mundo, si yo pudiera, querido Goya, sería feliz. Tú no me entiendes. No sabes la envidia que te tengo. Jorge Barco (De Algún día llegaremos a la luna)  Lo más sencillo es siempre lo mejor. Si ya no esperas nada, no hay cuidado. Tú dices ilusiones pero yo sólo veo la simple realidad de dormir en tus brazos. O marchar silbando helado, tranquilo y feliz, por Gran Vía, como si fueras mi soledad. No hay trofeo que ganar ni merecer, ni hacienda que conservar. Si el amor fuera esta cálida no sé si economía o indiferencia... Leopoldo Alas (De El triunfo del vacío, Editorial Dilema, Madrid 2004)  Si ponemos a quien no sabe sociología ni entiende de política a escribir sobre movimientos sociales
si ponemos a quien no ha leído a Freud a reflexionar sobre psicoanálisis si encomendamos a quien nada sabe de ecología la información sobre el cambio climático y si asignamos a quien no sabe nada de nada pero en particular desprecia las cosas del lenguaje los comentarios sobre poesía (ya sé que no soy quién para quejarme yo que más de una vez he declarado con énfasis que no hay nada en lo que sea experto y sin embargo no logro mantener la boca cerrada) el caso es que si ponemos en práctica la decisión técnica del trabajo que acabo de sugerir el resultado no es un manicomio (o quizá sí según se mire la cosa pero con mirada exotérica la cosa no es un manicomio) sino un poderoso miedo de comunicación de masas perdón medio de comunicación de masas en la era de la comunicación de masas en la era de la mierda en la nevera en la era del cuento de la lechera. Jorge Riechmann
(De El día que dejé de leer EL PAÍS, Hiperión, Madrid 1997)
 Se trata de vivir por accidente, se trata de exiliarse en las batuecas, se trata de nacerse de repente, se trata de vendarse las muñecas.
Se trata de llorar en los desfiles, se trata de agitar el esqueleto, se trata de mearse en los fusiles, se trata de ciscarse en lo concreto. Se trata de indultar al asesino, se trata de insultar a los parientes, se trata de llamarle pan al vino. Se trata de engañar a los creyentes, se trata de colarse en el casino, se trata de dormir bajo los puentes. Joaquín Sabina (De "Ciento volando", Visor Libros, Madrid 2001)
 Se busca un amigo. No importa que sea hombre o mujer, basta que sea humano, basta que tenga sentimientos, basta que tenga corazón. Se necesita que sepa hablar y callar, y sobre todo que sepa escuchar. Tiene que disfrutar de la poesía, de la madrugada, de los pájaros, del sol, de la luna, del canto, de los vientos y de las canciones de la brisa. Debe tener amor, un gran amor por alguien, o sentir entonces la falta de ese amor. Debe amar al prójimo y respetar el dolor que los peregrinos llevan consigo. Debe guardar el secreto sin sacrificio. Debe hablar siempre de frente y no traicionar con la mentira y la deslealtad. No debe tener miedo de enfrentar nuestra mirada...
Se busca un amigo para compartir los mismos gustos, que se conmueva cuando es tratado de amigo. Que sepa conversar de cosas simples, de lloviznas y aguaceros. Se precisa un amigo para no enloquecer, para contar lo que se vio de bello y de triste, de los anhelos y de las realizaciones, de los sueños y de la realidad. Deben gustarle las calles desiertas, los charcos de agua y los caminos, el borde de la calle y acostarse en el pasto. Se precisa un amigo que nos diga que merece la pena vivir, no porque la vida es bella, sino porque estamos juntos. Se necesita un amigo para dejar de llorar, para no vivir de cara al pasado. Que nos palmee los hombros, sonriendo o llorando, pero que nos llame amigo, para tener conciencia de que aún estamos vivos. Vinicius de Moraes (1913-1980)  Talado aquel fervor y tasados los años, valía más la apuesta, su tensa incertidumbre, que lo entregado a cambio por un destino avaro. Pero se sabe tarde de tanto afán iluso. Abelardo Linares
(De Espejos, Valencia, Pre-textos 1991)  Traigo un porciento altísimo de verbo, una emoción profunda de sonidos. Podría soltarlos si quisiera pero no quiero y no los suelto a no ser que el silencio lo autorice. Si he demover imágenes, vengan de un reino oscuro o pozo a la frescura última que bebo. Si he de mover el ritmo, venga ese ritmo por los pulsos donde la música se funda. (Deja que el agua diga la escondida provincia de los nombres. No opongas diques a su pronunciación verdísima). No existe el libro cuando nadie habla de páginas que fueron como pájaros. En la página en blanco del sujeto la vida antigua escribe un libro, un libro escribe, una escritura oscura de metáforas o imágenes de un tiempo que ha vertido en los espejos. Ah, los sucesos que gotean tiempo, ah, los sucesos que rezuman tinta, tinta de haber mojado tiempo. José Antonio Rey del Corral (De Inventario, Ediciones Endymión, Madrid 1990)  Hay días que me asalta la melancolía de los inútiles. José Antonio Labordeta Ayer me tropecé con una flor, un pensamiento amarillo.
Me preguntó por la familia y por mi errática manera de caminar y de sentir.
Yo no quise decirle de mis sueños por no dejarla triste.
Emilio Gastón
(De "Abandonado en el ensueño como único vehículo de confianza", Bóveda Levante, 1981)
 Para Joan Valent
La Osa Mayor se refleja en un trozo azul de mi memoria. La del día que juntos y en silencio mirábamos al cielo. Pablo Guerrero (De "Los dioses hablan por boca de los vecinos", Cicon Ediciones, Cáceres 1999)  A Mauricio Aznar (1964-2001)
Supuse que al volver junto a tu tumba un dolor abisal me abrazaría con su tremendo tentáculo.
Pero recobre la fuerza de esa ilusión que se agrieta con cien mil viajes al Polo. Y hablé contigo, sin prisa, como solíamos hacer en las tardes de verano cuando, sentado en la hamaca, desparramabas dulzura acariciando despacio a mi hermosa gata blanca.
Y te expliqué que no quiero enfrentarme con la ausencia, y que he puesto tu guitarra sobre el dosel de mi duda: que la nostalgia me arrulla como a un junco en la tormenta; que mi canción es tan fuerte como una pluma en el vórtice; que amo tanto que ahora siento cómo el latido es balanza, es siembra, y es bumerán. Y te conté que las velas que voy a encenderr por ti cada día dos de octubre son como un carnavalito compuesto para dos voces. Y te prometí ser siempre muy cruel con la soledad y tratar de armar un verso que haga honor a tu memoria.
Hablé y tú me contestaste quizá desde algún planeta, tal vez a través del aire, acaso desde el mismo Cielo, (sea lo que sea el Cielo) brindando tus respuestas en silencio, para que mi canto hallase tu alma y la mía a la vez. Gabriel Sopeña
(De "Buen tiempo para el deshielo", Lola Editorial, Zaragoza 2003)
 escribe para todos es decir para nadie
no lo olvides del pueblo vienes y el pueblo es tu raíz en consecuencia no hagas caso del pueblo vuelve sagrado cuanto toques natural cuanto toques sagrado vuélvelo natural es decir haz lo que te de la gana quema estas advertencias por favor
es mi consejo póstumo. Miguel Labordeta
 Quienes excluyen a los melancólicos del lugar de la fiesta, se equivocan. El melancólico contribuye al equilibrio de la creación. Su detención prepara la plenitud de otros igual que la alternancia entre aliento y aliento desemboca en esperma. Su electricidad estática es superior a la energía visible. Él es el que establece la belleza, el que con su atención restituye a las cosas sus relaciones simples y las convierte en mundo. En el centro imperfecto de toda multitud el melancólico lleva hasta sus últimas consecuencias su condición de único. No toma posición donde se cruzan los haces de las luces, sino en las escaleras a la altura inminente de la ceniza. Mientras los otros se desplazan, primordiales átomos que no saben hacer sino moverse, él organiza el espacio con el despliegue de su amor. Juan Antonio González Iglesias (De Un ángulo me basta , Visor, Madrid 2002)  QUERER no basta; es necesario que acontezca lo querido. Luis Valdesueiro (Lucidario, Poesía Por Ejemplo, Oráculo Manual, Madrid 1997)  Hay un anciano ante una senda vacía. Nadie regresa de la ciudad lejana; sólo el viento sobre las últimas huellas.
Yo soy la senda y el anciano, soy la ciudad y el viento. Antonio Gamoneda  Quiero llegar al mar para salvarme quiero llegar al mar que desconozco para huir de la furia del árbol y la piedra quiero llegar al mar inalcanzable para seguir aquí con la esperanza de huir eternamente un día al mar de tierra y horizonte que crece dicen al final de mi calle sin salida. Quiero huir hacia el mar que tengo cobijado en mi profundo corazón tan solidario. J.A. Labordeta (De "Jardín de la memoria", Taifa poesía, Barcelona 1985)  Si te postran diez veces, te levantas, otras diez, otras cien, otras quinientas. No han de ser tus caídas tan violentas ni tampoco, por ley, han de ser tantas.
Con el hambre genial con que las plantas asimilan el humus avarientas, deglutiendo el rencor de las afrentas se formaron los santos y las santas.
Obsesión casi asnal, para ser fuerte, nada más necesita la criatura, y en cualquier infeliz se me figura que se rompen las garras de la suerte. ¡Todos los incurables tienen cura cinco segundos antes de la muerte! No te des por vencido, ni aún vencido. No te sientas esclavo, ni aún esclavo. Trémulo de pavor piénsate bravo y arremete feroz, ya mal herido.
Procede como Dios que nunca llora, o como Lucifer que nunca reza, o como el robledal, cuya grandeza necesita del agua y no la implora. ¡Ah! ¡Nunca quieras remediar entuertos! ¡Nunca sigas impulsos compasivos! ¡Ten los garfios del odio siempre activos y los ojos del Juez, siempre despiertos! ¡Y al echarte en la caja de los muertos menosprecia los llantos de los vivos! No digas tu verdad ni al más amado. No demuestres temor ni al mas temido. No creas que jamás te hayan querido por más besos de amor que te hayan dado. Y el sol, el padre sol, el raudo foco que lo fomenta todo en la Natura, por fecundar los polos no se apura, ni se desvía un ápice tampoco... ¡Todo lo alcanzarás, solemne loco siempre que lo permita tu estatura! Pedro B. Palacios "Almafuerte" (De "Sonetos Medicinales")  Hay libros ocultos que no deben ser leídos nunca. Hay estanterías repletas de ellos guardando su veneno, un ponzoñoso veneno que se filtra en la sangre y encharca el corazón. Hay libros que ni tan siquiera debemos hojear, pues las alimañas escondidas en sus páginas pueden saltar y herirnos en los ojos hasta quedar ciegos para siempre. Jesús Gaspar (De Le poème du vieux meublé, Celya, Salamanca 2006)  Amigo llena mi vaso, uno más y me voy, uno más y me marcho. No no lloro, canto y estoy alegre, pero me duele ser yo mismo. Amigo llena mi vaso. Amigo llena mi vaso. Bebamos a tu salud. Tú que sabes decir tan bien que todo puede arreglarse, que ella va a volver. Tanto peor si eres un mentiroso tabernero sin ternura. Estaré borracho en una hora. Estaré sin tristeza.
Bebamos a la salud de los amigos y de las risas que volveré a encontrar, que volverán a mí. Tanto peor si estos señores me dejan en tierra. Estaré borracho en una hora. Estaré sin cólera. Amigo llena mi vaso. Uno más y me voy. Uno más y me marcho. No no lloro. Canto y estoy alegre, pero me duele ser yo mismo. Amigo llena mi vaso. Amigo llena mi vaso. Bebamos a mi salud, que se beba conmigo, que se venga a bailar, que se comparta mi alegría. Tanto peor si los bailarines me dejan bajo la luna. Estaré borracho en una hora. Estaré sin rencor. Bebamos a la salud de las muchachas que me quedan por amar. Bebamos por las chicas que voy a hacer llorar y tanto peor para las flores que ellas me rechazarán. Estaré borracho en una hora. Esstaré sin pasión. Amigo llena mi vaso. Uno más y me voy. Uno más y me marchó. No no lloro, canto y estoy alegre, pero me duele ser yo mismo. Amigo llena mi vaso. Amigo llena mi vaso. Bebamos por la puta que me ha estrujado el corazón. Bebamos por toda la pena. Bebamos por el llanto a chorros y tanto peor para las lágrimas que me llueven essta tarde. Estaré borracho en una hora. Estaré sin memoria. Bebamos noche tras noche. Ya que seré demasiado feo para la más insignificante Silvia, para el menor pesar. Bebamos que ya es hora. Bebamos nada más que por beber. Estaré bien en una hora. Esstaré sin esperanza. Amigo llena mi vaso. Uno más y me voy. Uno más y me marcho. No, no lloro. Canto y estoy alegre. Todo se arregla ya. Amigo llena mi vaso. Amigo llena mi vaso. Amigo llena mi vaso. JACQUES BREL  Quiso volar igual que las gaviotas libre en el aire, por el aire libre y los demás dijeron: "Pobre idiota... no sabe que volar es imposible".
Más él alzó sus sueños hacia el cielo y poco a poco, fue ganando altura y los demás, quedaron en el suelo guardando cordura. Y construyó castillos en el aire, a pleno sol, con nubes de algodón, en un lugar, adonde nunca nadie pudo llegar usando la razón. Y construyó ventanas fabulosas, llenas de luz, de magia y de color y convocó al duende de las cosas que tienen mucho que ver con el amor.
En los demás, al verlo tan dichoso, cundió la alarma; se dictaron normas. "No vaya a ser que fuera contagioso" tratar de ser feliz de aquella forma... La conclusión es clara y contundente, lo condenaron, por su chifladura a convivir de nuevo con la gente, vestido de cordura. Por construir castillos en el aire a pleno sol, con nubes de algodón en un lugar adonde nunca nadie pudo llegar usando la razón.
Y por abrir ventanas fabulosas... llenas de luz, de magia y de color y convocar, al duende de las cosas que tienen mucho que ver con el amor.
Acaba aquí, la historia del idiota que por el aire, como el aire libre, quiso volar igual que las gaviotas... pero eso es imposible... ¿o no? Alberto Cortéz  Verano abrasador en la calle, frío en el alma tras cruzar tus puertas, dulce en la mano el tacto veleidoso de una prenda rebajada y un no saber aún tras tantos años de haber vivido en este cuerpo qué talla es la que vale a mi espectro, a mi ser, a mi persona. Qué es lo que estoy haciendo en este centro comercial que no sea pasar, desvirtuarme, tratar de sondear en mi cartera; que tengo yo que ver con ese espejo lleno de luz, de prendas de colores, de distancia que me lo dice todo sin aclararme nada, sin ofrecerme apoyo más valioso que el reflejarme a mí, la luz, las prendas de colores, y esa oronda expansión, impenetrable a las marcas en la que estoy sumido y que soy yo. JORGE BARCO Rescato esta personalísima nueva versión del poema "Ser o estar" de Juan Gil Albert, que Jorge Barco ha reescrito, como un juego para levantarme el ánimo. Jorge me lo dejó en la sección de comentarios de la entrada anterior. ¡Mil gracias, amigo!  Frío en el alma, dulce en la mano el tacto veleidoso y un no saber aún tras tantos años de haber vivido aquí qué es lo que incumbe a mi espectro, a mi ser, a mi persona. Qué es lo que estoy haciendo en este mundo que no sea pasar, desvirtuarme, tratar de sondear en mi conciencia; qué tengo yo que ver con ese espejo lleno de luz, de flores, de distancia que me lo dice todo sin aclararme nada, sin ofrecerme apoyo más valioso que el reflejarme a mí, la luz, las flores, y esa distancia tersa, impenetrable en la que estoy sumido y que soy yo. Juan Gil-Albert (De Obra Poética Completa, Diputación Provincial de Valencia, 1981)
 Tienes que vivir vidas. No la tuya, no sólo la acordada, también las aledañas, las pospuestas, las previas, las futuras. Las quiero todas ya, recolectadas, a punto de morder, de entrar en boca, de ablandarse en la lengua. En esa cesta hay uvas esenciales, cerezas infantiles, húmedas fresas que prometen bosques, ese sabor a verde ciruela del verano y una pulpa dorada, inmasticable.
Cómete ya tu propio cerebro fatigado: es la fruta del día. Aurora Luque  Para Antonio Portela
"Los ojos resplandecen con un fulgor de hules húmedos, como cuerpos después del ejercicio". Justo Navarro Nos machacamos en el gimnasio cada tarde. Sudamos la piel. Estamos más bracos que el Stallone y somos más guapos. A veces me sujetas las piernas mientras hago abdominales. Sin mariconadas, claro. Somos machos sudorosos. Somos héroes lubricados. En la ducha siempre miro tu polla sin prepucio. Sin mariconadas, claro. Somos tipos duros de película. Sólo nos falta la pistola. Somos el prototipo de salvavidas que las nenas desean tirarse. Somos muy pero que muy machos.
Y no sé por qué esta noche he soñado con besar tus labios. JORGE BARCO Fotografía: Marcos Domingo Sánchez  Hay tardes abandonadas al rumor de las luces y del viento y en ellas somos casi como personajes de un cuadro de Hopper, sentados sobre la desolación apenas nos queda campo de maniobra para resarcirnos de esta sensación que nos arrastra. Sí, escuchamos con su voz desgarrada las notas de un blues de Sarah Vaughan o las de Dinah Washington llevándonos lejos, como si zarpar al mundo azul de la música nos redimiera de la atonía de un atardecer de ahogados silencios. Al final siempre nos queda volver a recogernos en la mutua comprensión y desde la azotea ver crecer en el horizonte un nuevo crepúsculo, mientras la ciudad habitada se diluye en las sombras y en nuestro desierto vuelve a arder el fuego. Fernando Sarría  Toda la noche soñando contigo, me he pasado la noche entera soñando que te besaba en el patio de una iglesia junto al mar. Qué enamorado estuve de ti, y no te lo dije nunca. ¿Lo adivinaste? ¿Lo deseaste? ¿Lo suplicaste? Tenías seis años más que to, estabas más hecha a la vida, no te ibas de la cabeza como yo, sino que eras moderada y prudente, aunque llena de amor por dentro, amor hacia mí, hacia mí, que era un tipo de lo más perdido, y eso sí se notaba a la primera, y cómo me acuerdo de tus manos y de tu sonrisa, todos los amantes se auerdan de lo mismo, sólo que yo no me metí nunca en tu cama, años llevo imaginando cómo se debía de estar en tu cama, un día me la enseñaste, pero nada más. Y ahora me despierto y he soñado que te besaba, y son las diez de la mañana de un verano monumental y ya estoy bebiendo una ginebra, así, en ayunas, y salgo a la terraza de mi habitación y veo a las turistas tumbarse sobre la arena, y pienso que tú podrías estar aquí conmigo, qué enamorado estuve de ti y cómo lo estuviste tú también, y qué mal hicimos en no habernos revolcado mil veces por mil camas, o qué bien hicimos, porque, conociéndome, igual te hubiera pedido el matrimonio y tú hubieras aceptado, y borracho como estoy todo el día, cuando me hubiera cansado de joder todas las noches, a lo mejor me daba por darte un puñetazo o tirarte a un río, o a ti por pegarme un tiro, o envenenarme o pegármela con otro. Cómo puedo decir todo esto de ti, que eras un ángel y lo sigues siendo, y de mí, que te quise con inocencia. Será mejor que siga bebiendo hasta que te borres de mi memoria, y esto sí que me hace llorar, y soy un tipo que está llorando a las diez y media de la mañana, sentado en la terraza de una habitación para turistas, con una ginebra caliente en la mano -son los restos de la noche-, llorando porque si te hecho de mi memoria, verdaderamente entonces sí que ya no me quedará nada. Manuel Vilas (El cielo, DVD, Barcelona, Abril de 2000)  ENSEÑANZA PRIMARIA (NIÑOS) En las catedrales y museos y en los lugares artísticos no se toca nada no se toca no se comenta en voz alta no se ridiculiza nada nada si aconsejamos no manchar un vagón de ferrocarril ¡cuánto menos dejar un papel o papel o desperdicio en cualquiera de estos lugares! Si vamos a un hotel procura curaremos no escandalizar por los pasillos y salones y no trataremos ni en serio ni en broma de guardarnos un cenicero o una toalla u otra cosa Todo esto es de mal gusto si comemos en el tren o coche masticaremos discretamente. También es de buen gusto hacer un ademán de ofrecimiento a los demás viajeros pero sin insistir sin insistir Resulta muy desagradable estar con un niño cuyos modales son bruscos violentos o exagerados De lo que se desprende que es mucho más agradable el trato con un niño fino No olvidar: El lujo habla a los sentidos la elegancia al espíritu LECTURA: Nadie más cortesano ni pulido que nuestro rey Felipe que Dios guarde siempre de negro hasta los pies vestido ENSEÑANZA PRIMARIA (NIÑAS) Yo vivo en mi casa con mi familia Soy hija de mis padres y hermana de mis hermanos Mientras viva con mis padres y dependa de ellos soy "una hija de familia" Fuera de casa también podemos contribuir al prestigio de nuestra familia Claro que no vamos a contar mentiras y cuentos mentiras y cuentos fantásticos. No vamos a decir que nuestro padre es general si sólo es capitán o que veraneamos en San Sebastián si no pasamos de Cercedilla no pasamos de La elegancia en el vestir consiste en llevar un vestido apropiado Si vamos a trabajar con un traje de lujo de lujo iremos mal vesstidas y si vamos a una fiesta con el vestido de deportes también iremos mal vestidas EJERCICIO: Escribir una redacción sobre: "La justicia para con los criados" ((Continuación) (Continuará), 1974) JAVIER LENTINI  A la memoria de Javier Lentini Perseguirla fue el mal y el infierno del sueño. Lo demás vino solo como una pesadilla cuyo inviolable arcano jamás alcanzaremos. Sopla un viento contrario a la luz y a la vida y el mar cambia de velas. Silencio. Apura el vaso de hiel que se te ofrece. Haz de la sombra espejo y luz de las tinieblas. Que la dama sonría cuando tú te hayas ido para jamás volver. Rosendo Tello Aína (De Confesiones en Vísperas de Domingo, Zaragoza 1996)  Vive en el parque y
de la beneficencia
tiene cincuenta años y
los dientes podridos
y le gusta el fino, el buen flamenco y las piernas de las enfermeras
cuando acude algunas tardes
a las urgencias del ambulatorio cercano
quejándose con mucho teatro
de una nueva mordedura
de la soledad.
Domingo López
(De Suburbia, Ed. Point de Lunettes, Sevilla 2007)  Asesinado por el cielo. Entre las formas que van hacia la sierpe y las formas que buscan el cristal dejaré crecer mis cabellos. Con el árbol de muñones que no canta y el niño con el blanco rostro de huevo. Con los animalitos de cabeza rota y el agua harapienta de los pies secos. Con todo lo que tiene cansancio sordomudo y mariposa ahogada en el tinterro. Tropezando con mi rostro distinto cada día. ¡Asesinado por el cielo! Federico García Lorca (De Poeta en Nueva-York, 1929-1930)  esta mañana desperté encogido de tristeza temblando de pura pena
será que me dormí con la ventana abierta. David González (De "Algo que declarar", Bartleby Editores, Madrid 2007)  Te propongo seguir mintiendo como bellacos, atrapar el último imposible, transgredir el sumario y la culpa de amarnos. Te mentiré los te quiero que quieres amándote como nadie lo hizo nunca, ni yo. Juraré que puedo morir sin tu boca y puede que sea verdad, pero ninguno de los dos lo sabrá. Hagamos de la mentira nuestro amuleto, el mejor talismán que nos queda. Quiero seguir divirtiéndome contigo. Vamos a mentir querido mío que ésta, desde luego, es la última vez. Nos hemos viciado con un veneno sin salida digna, yo nunca debí darte lo que anhelabas y tú nunca debiste tomarlo. Magdalena Lasala (De Y ahora tu pasas la mano osadamente, Huerga y Fierro, Madrid, 2007)  Si de algún modo muero, en las crudas heladas del olvido o de muerte oficial, reléeme esta nota, por favor, y quémala conmigo.
La vida no iba en serio ni siquiera más tarde. Y no se tarda mucho en comprender que se trataba sólo de unos juegos para aparcar la muerte. Ni siquiera fue un río pues me tocaron tiempos muy duros de sequía aunque el mar esperaba, siempre radiante, al fondo. He creído en los mitos y he creído en el mar. Me gustaron la Garbo y los rosales de Pestum, amé a Gregory Peck todo un verano y preferí Estrabón a Marco Aurelio Aurora Luque (De Transitoria, Sevilla, Renacimiento, 1998)  Aquella noche la tengo en los dedos: la espalda de tu cuello, las palabras justas, la querencia. Tú llenabas el silencio y sonreías; los demás esperábamos la señal para bebernos las sombras, las palabras anudadas, el licor antiguo. Y luego siguió el viento deambulando y te guardé en los dedos para siempre. David Mayor (De En otra parte, Pre-textos, Valencia 2005)  Nadie nos enseñó qué era lo correcto ni que la vida, bien administrada, era maravillosa. La mitad de nosotros se perdió en el camino, tratando de entender las cosas más sencillas. Seguro que la vida era maravillosa, pero andamos y andamos y ese camino no se acaba nunca. José Luis Piquero  Después de haber amado así, la muerte no me tendrá del todo. JOSÉ LUIS PIQUERO
Mi tercer ángel feroz, quiero decirte todos los pecados del mundo, ciervo de carne blanca: puedes morir a dentelladas en ese mundo-bestiario. Nuestra comunión, tres cuerpos bebiendo de la misma boca, convierte el mundo en una eucaristía pagana. Pero fuera del nuestro, el mundo es un cáliz de venenos y todos lo bebemos a sorbos. O escupimos en él.
Mi animal delicado, quienes amamos de esta forma, estamos exentos de por vida. Heridos de verdad para siempre y para nunca. El mundo soñado por los ángeles es el nuestro.
Bienvenido al auténtico Reino de Dios. EVA VAZ  yo he vivido mucho tiempo pendiente de un hilo telefónico de un buzón sin cerradura de las manos de unos hombres que no quisieron encontrarme acumulando toda clase de pastillas esquivando como pude los domingos por la tarde yo he vivido demasiado tiempo al otro lado de la pantalla mirando el amor por los anuncios Pablo García Casado (De Las afueras, Barcelona, DVD, 1997)  Como un aviso previo al zarpazo final, definitivo, la muerte va arañando recuerdos que olvidamos. Lorenzo Oliván (De Único norte, Valencia, Pre-Textos, 1995)  Este amor es posible sólo porque otros le preceden. Del modo en que lo mires: como tu eres porque fuiste otros, y porque en ti coinciden, en un silencio cálido, los gestos, la querencia, los demonios de otros. Los mismos que nombrar hacen posible, como un dardo en una fruta roja, la dulzura y el daño, la inocencia y la malicia: dos mitades, dos puntas de veneno, dos caras de ninguna moneda. Luis Muñoz (De Manzanas amarillas, Madrid, Hiperión, 1995)  Los hombres libres luchan hasta después de muertos. Yo soy el sonámbulo que al despertar lloró. Ángel Petisme (Insomnio de Ramalah, Eclipsados, Zaragoza 2005)  Cuántos ojos han mirado la luna. De nosotros está la luna llena. Pablo Guerrero (Del poemario "Viviendo siglos", Ellago Ediciones, Castellón, 2006)  Tengo el pubis encharcado y una migraña que me come viva. No hay máscara de pestañas suficiente para endurecer y enderezar de una vez por todas el pelo negro de mis ojos tristes: con tanta lágrima, con tanto fluido vaginal, no puedo sentirme rebelde... Será por eso que trato de maquillarme y será por eso que me da por llorar. Almudena Vidorreta (De "Ocultación transitoria" -fotografía poética del grupo Eclipse- , Rolde de Estudios Aragoneses, Cuadernos de Cultura Aragonesa nº 45, Zaragoza, Diciembre de 2006)
 ¿Por quién doblan las campanas? En la noche suena la soledad y al mediodía se escapa en el aire el largo perfume del silencio.
¿Por quién doblan las campanas? Ni tú ni yo estuvimos aquí y a lo mejor nunca volvemos. Entre el polvo que se deshace se oye el murmullo encadenado y triste del tiempo, un eco a muerte: ¡Campanas del crepúsculo resuenan entre las ruinas! Fernando Sarría  Cada verso que vivo es la herida de España que me duele y me enciende la sangre.
Un cambiarme la piel por la palabra que me nace desnuda y se abraza a la tierra. Cada verso que vivo es la lluvia que me turba y estremece los glóbulos más rojos. Un pedazo de lengua que se pudre en su amargo poema. Cada verso que vivo es un himno a la vida y un respeto a la muerte. Luciano Gracia Bailo (Vértice de la sangre, Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1974)  El viajero contó que existía un lugar donde cantan los Doors This is the end. Dijo que las palabras no tenían valor y que allí había un zoo de un tal Jafet. E o galego Líster andou por aquí mentres que Goya pintaba o Gernika. Allí verémonos no xuizo final, na loita final... E é que o Petisme chegou por aquí e á súa galega chamouna mañica, chamouna mañica.
Cuando tañen las campanas y se llenan los refugios, cuanto más silban las balas más ciegamente te busco, te busco... Y siempre hay una pelota abandonada en medio de una calle de Belchite y duerme una mujer enamorada entre las ruinas de Belchite. Vi el Universo dilatarse en un quantz, y era la vida UN SECRETO A VOCES, c´est la que chantait Brel Ne me quitte pas , Ne me quitte pas... Allí las hormigas transportan metralla y juegan al fútbol PALESTINOS Y KURDOS, allí nos masturbamos antes de la batalla, allí se SIENTE bien EL LATIDO DEL MUNDO. Cuando tañen las campanas y se llenan los refugios, cuanto más silban las balas más ciegamente te busco, te busco...
Y siempre hay una pelota abandonada en medio de una calle de Belchite y duerme una mujer enamorada entre las ruinas de Belchite. Ángel Petisme (Del Long-Play "Turistas en el Paraíso", Fonomusic, Madrid 1992)  El árbol se levanta sobre la tapia hundida. El viejo campanario -la paloma que había huyó bajo la guerra- está desierto: todo es la sombra. El monte desolado invade el patio, el pozo seco, el niño destrozado por la yedra. Alguien recuerda -Antes estuve aquí, hoy ya no vuelvo- por los muros de adoba calcinados: ¿Quién ha puesto el olivo enfrente del olivo? ¿Quién ha dejado sangre enfrente de la sangre? ¿Quién ha traído muerte en contra de la muerte? ¿Quién, en fin, ha destruido al hombre contra el hombre? Sobre la casa yerta ya nadie se levanta. José Antonio Labordeta (De "Cantar y callar", Ediciones Javalambre, Zaragoza 1971)  Hay quien hace de su vida una frontera. Otros la comparten como aire, luz, o la levantan sobre un campo de minas. Quien la deja al azar, y el que a control severo la somete. Algunos imitan la vida de sus héroes, y quienes la embalsaman en un búnker de oro. Todas las vidas trabajan para la muerte. Ángel Guinda (De Conocimiento del medio, Ediciones Olifante, Zaragoza 1996)  Cuando llegué estabais las dos hablando de vuestros estudios, vuestros amores, vuestros errores y yo en la mesa de al lado oyéndolo todo sin querer escucharlo. Cuando os marchabais y os tapabais el culo con ese jerseicito a juego con los vaqueros, pensaba que sería la última vez que observaría ese paisaje y que vuestros ojos nunca más se cruzarían con los míos. Por esto y por mi maldita manía de sacar provecho a todas las situaciones escribí este poema con la mirada perdida, ante vuestra mesa, ya vacía. Nacho Tajahuerce (De la antología Ocultación transitoria, Rolde de Estudios Aragoneses, Zaragoza 2006)  El día no está para versos que buscan su origen en el enigma al que huyó la primera palabra. Sólo hay muerte y silencio. El incendio lo arrasó todo: la luz de la memoria, la música convertida en miedo, páramo y ceniza, el asombro del latido y el secreto. Hay que despedirse del poema sin rencor, trampas ni engaño, y no aceptar su inútil desafío.
Ana María Navales (Publicado en el nº 80 de la Revista Cultural Turia)  A Teresa de Ávila Por el corazón, sí, por el corazón padezco de un cuidado de placer que ya me nace. Acabo de morir de muerte entera. Se vaciaron las llagas, en la cornisa de un nido anunciador se vaciaron. Jamás la sangre mostró un amor tan desnudo por la cruz caníbal de este hijo. ¿Y cómo reir en los asaltos del mundo? En la cercanía van muy lejos los que cantan a viva voz de manantiales. ¿Por qué ahora los abrazo con boca de palabras? Navegan por mis vidas, con mis muertes a la puerta en fuga de abalorios. Este es un réquiem sin descanso. Centinela de las llaves oscuras, qué bien lo decías: No miréis nuestra ceguedad. Ya viene el alba. Manuel Lozano Buenos Aires, 28 de Diciembre de 2006
 Rodéame con tu cuerpo, que tu piel con mi piel se fundan, que tus manos recorran mis sueños y tus pies se hagan cálidos como gatos entregados. Cúbreme con la luz de tus ojos y cántame con tu voz la canción que el océano trae en el nácar de las caracolas. Ámame esta noche sierva de un viento oscuro, en esta noche sin lunas ardientes ni miradas desnudas, sólo tu y yo albergando como crisoles los últimos racimos del sol. Eternamente solos, abandonados al placer de los silencios.
Fernando Sarría  ...si pudiera ser tu héroe... Enrique Iglesias Si pudiera ser tu héroe, ser tu dios, héroe y dios los dos en uno, cerrar los ojos y sentir que mañana nos queda todavía, como si de una ciudad o mar se tratara. Héroe y dios, ejemplo y salvador de nombre impronunciable y mágicos poderes, capaz de recorrer cielo y tierra, calles y más calles sin saberlo. Sin saber que de noche y de rodillas en la esquinita de tu cama me pides y me lloras que quieres ser libre, amar libremente, vivir libre de pecados... pero sueñas con el pecado en sí, con unos pechos más grandes que desborden las manos de tus amantes al cubrirlos y con un sexo dulce y profundo. Sueñas con todos los símbolos que la cultura ha vinculado al falo, al bastón de mando, crees, al tótem que beatas rancias como tu madre han convertido en tabú. Tu héroe y tu dios, los dos en uno, están por la labor de escucharte y ayudarte a hacer realidad tus sueños. Súbete a la cama, quítate el pijama, abre las piernas, cierra los ojos. Nacho Escuín Borao (POP, Editorial Aqua, Zaragoza 2006)
 He movido la noche para que cante el sol Ángel Guinda (De Toda la luz del mundo, Olifante, Zaragoza 2002)
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