
Llevo un tiempo desenredándome de aquí, atrapado por otras cosas más cutres, más prosaicas, ese tipo de cosas que no pueden esperar. Llevo un tiempo de casa a la oficina, de la oficina a casa; del presupuesto a la nota informativa y los deberes; de la compra a la cocina, de la cocina a la cama, de la cama al pastilleo, al médico, al hospital, al cementerio...
Llevo un tiempo que no quiero para mí ni para nadie: aparcando proyectos, abandonando amigos y abonando inevitablemente el terreno a los nuevos brotes de ansiedad. Todo el día entre el fijo y el móvil, el móvil y el fijo, hasta que de madrugada, muy de vez en cuando, paso por aquí y os leo. Me releo con prisa y cansancio y fuerzo, para recordar que sigo vivo, la republicación de un viejo texto o de un poema.
Algún día como hoy (suele caer en finde) pincho alguno de mis enlaces amigos y encuentro sorpresas tan hermosas y tiernas como esta: imágenes que devuelven el brillo a mis ojos, la esperanza a mi mirada y las ganas de bregar contra las malas rachas, contra el tedio. ¡Bienvenido Pablo! ¡Un abrazo enorme, Sergio!