Quien no haya sufrido... (E.M. Ciorán)
Quien no haya sufrido no es un ser; es, todo lo más, un individuo.
(Texto E.M. Ciorán / Ilustración: Eduardo Chillida)
Quien no haya sufrido no es un ser; es, todo lo más, un individuo.
(Texto E.M. Ciorán / Ilustración: Eduardo Chillida)
Llevo un tiempo llorando sin parar. Los martes y los domingos. Y también los sábados. Aunque no se me ve. Lloro delante del espejo y tumbado en la cama. Casi nunca se desbordan mis lágrimas, porque se quedan suspendidas en los ojos. A punto de saltar y agujerear el suelo. Como ácido sulfúrico.
Lloro de emoción en las bodas: en la de Anda Lydia y Óscar y en la de Ánchel e Ignacio y en la de Sole y Óscar. Lloro de tristeza en los entierros: el último, el de Boni.
Lloro cuando debo llorar y también lloro cuando no debo. Lloro de alegría. Y también, de pena, como lloraba cuando niño. Lloro por las guerras, por el hambre y por los huracanes. Lloro cuando me devora la impotencia, claro.
Llevo un tiempo llorando sin parar y de verdad. Lloro y es como si tuviera dentro una brigada de limpieza. Sin detergente. Sin espuma. Sin lavadora. Aunque con centrifugado y secado.
Lloro cuando se acaban todas las palabras. O están tan escondidas y tan alborotadas que no consigo ordenarlas. Lloro en los cumpleaños. Lloro con las canciones y en las despedidas. Lloro después de hablar por teléfono. Y a veces antes. Lloro cuando me gusta lo que leo. Lloro en el cine. Lloro en las cenas con amigos, donde se brinda y se exalta la felicidad y el tiempo compartido. Y el tiempo desaparecido. Loro viendo los talkshows de la tele: esa parte de la televvisión que es ficción fabricada con sentimientos verdaderos. Lloro por lo que más quiero. Lloro por los vesos. Lloro en el verano. Y lloro cuando llueve, que es cuando mejor se llora, como de camuflaje.
Llevo un tiempo llorando sin parar y empiezo a conocer el mecanismo. Primero se me encoge el estómago. Luego se me ponen telarañas en los párpados. Más tarde se me congelan las orejas. Y aparecen las lágrimas que quedan en equilibrio, como carámbanos de sal. Lloro cuando veo a un amigo. Lloro mirando el paisaje desde el coche.
Llevo un tiempo llorando por todo. Y no lloro como un acto de la voluntad sino obedeciendo a mi cuerpo: de manera involuntaria, incontrolada. Aunque no me atrevo a escribir que indeseada. Lloro y el llanto me parece una extraña ITV de la vida.
(Publicado en Heraldo de Aragón, 2 de Octubre de 2005)
HAN PASADO 18 AÑOS Y 11 MESES, ¿TE ACUERDAS?
Imagino que te conozco: pronto cumplirás 19 y sabes que en 1986 hubo hubo un referéndum donde se pudo haber dicho NO. Algunas y algunos lo dijimos, pero no fuimos suficientes. Dijimos NO a la OTAN. Si hubiéramos sido más, nadie habría tenido que retirar las tropas de Irak porque allí no habrían ido tropas. No habríamos contribuido a tirar bombas que destruyeron hospitales en Yugoslavia. Te dirán que esas bombas eran necesarias, que Hiroshima valió la pena. Imagino que no lo crees.
Imagino que sabes que cuando no fuimos bastantes te convertimos en responsable de las agresiones que habrían de venir. Te dirán que hacemos demagogia: ojalá la hiciéramos y no viviésemos en los paises que sin demagogia ponen dinero y vidas para una destrucción nada demagógica, sino precisa y documentada.
Perdimos aquel referéndum. Este, dicen, también lo vamos a perder. Es casi igual que entonces. Felipe González anuncia que habrá un caos si gana el no. Las grandes instituciones organizan comidas para invitar a famosos a decir SÍ. Los que decimos NO apenas tenemos estas líneas, unos pocos las tenemos. Imagino que sabes que es imposible argumentar en 72 líneas. Puedo darte direcciones con argumentos del NO. En prensa y televisión difícilmente los verás. Aquí va una: www.rebelion.org
Puedo decirte que en la elaboración de este Tratado, que regirá tu vida, no ha habido proceso constituyente. El Tratado obliga a los estados a mejorar sus capacidades militares. Facilita la privatización de los servicios públicos. Obliga a un sistema de libre mercado sobreponiendo el negocio sobre las personas, las comunidades y los ecosistemas. Y te dicen que habrá un caos si no se aprueba. Un caos ¿para quién?
No es nada un NO en un referéndum. Esta vez no es vinculante, podrían hacer otro para lograr el SÍ. Pero podría ocurrir que dentro de 18 años tú tengas que escribir un artículo y cuentes que hubo un día en que se transformaron las cosas. En que los pueblos de Europa con un simple NO obligaron a que la ley que iba a regir sus vidas se discutiera, se pensara, fuera un punto de inflexión a partir del cual vivir justamente.
(Belén Gopegui / El Mundo - 9 de Febrero de 2005)
Cuando uno se cansa de que le traten como a un estúpido amnésico, como a un idiota, como a un número, pierde la esperanza en los políticos, en los medios de comunicación, en casi todo lo público. Es ese el momento en que uno vuelve a sentirse un adolescente incomprendido con irremediables ganas de llorar. Cuando estás a punto de hacerlo, vuelves la página del diario y un nuevo artículo de Mariano Gistaín te salva. Siempre dice lo que tú callas. Sus textos son el hombro de un amigo. (A. PÉREZ MORTE)
PACHORRA
Que pongan ya unas estufas en la estación de Delicias. Que hagan algo. Que tanto no cuesta. Por ejemplo, que vayan los bomberos con unas estufas y unas mantas. Si estuviéramos en USA alguien habría puesto una demanda por pillar un resfriado. Se trata de aplicar a los ciudadanos los mismos criterios que se aplican a sí mismas las autoridades y sus familias. No, no se trata de colocar a todos los ciudadnos en la administración y sus múltiples empresas derivadas, que para eso no llega la burra. No se puede nombrar asesores a todos los del censo. Se trata, en este caso, de poner una estufa o dos. ¿No hay alguna vieja estufa olvidada en las dependencias de la delegación del gobierno, en algún falsón del ayuntamiento o en los dédalos del Pignatelli? Un bidón de alquitrán en llamas, como en las estampas de vagabundos. El caso es que las administraciones no funcionan rápido y bien. Funcionan lento y mal. Hay otros ejemplos, quizá demasiados, pero el de hacer pasar frío a viajeros y acompañantes es el límite ideal. Esa pachorra con que las autoridades diversas y supercalefactadas se pasan la pelota de unas a otras, la pelota helada, viene a reflejar y a condensar esta situación de abandono. Nadie sabe nada, pero nada funciona. El hilo candente no caldea: a fastidiarse la población, los clientes y allegados. Las autoridades, en cuanto pasan las elecciones, tienden a creer que ya lo han hecho todo, y si no piensan eso lo disimulan muy bien. ¿Cómo va a salir bien la Expo si no somos capaces de hacer funcionar una calefacción? ¿Y la Romareda? Es como los buses urbanos de TUZSA, que ahora han estrenado unos cuantos más, y bienvenidos sean. Ayer, domingo, que no había demasiado estrés circulatorio (más bien no había ni coches) en dos líneas diferentes, al mediodía, la conducción era tan brusca que parecía que los chóferes no habían cobrado el mes de diciembre. En cada parada, en cada semáforo, zas, un frenazo en seco, totalmente innecesario, un lujo hidráulico. De acuerdo que a la empresa le importe un rábano los viajeros, pero es que esta conducción hostil debe encarecer mucho el mantenimiento de los propios vehículos. Esto se viene diciendo en vano desde hace tiempo. Hay quien piensa que el ayuntamiento pretende dar doble servicio con los buses urbanos: transporte y aventura, o en el mejor de los casos, gimnasio.
(Publicado por Mariano Gistaín en la sección "La ciudad de las gaviotas" del Periódico de Aragon / 17 de Enero de 2005)