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Antonio Pérez Morte

Después de la broma maya

Después de la broma maya

      Aquí estamos después de la broma maya, sin desaparecer.   Aquí lo único que se esfuma después de tantas navidades con Magia Borrás es el poder adquisitivo, la liquidez, los derechos fundamentales y la extra de los funcionarios. La cosa se ha puesto tan fea que  ya  nadie saca  el Monopoly sino  es  en  privado. La crisis, con malas artes se lleva la ciencia y la cultura junto a la memoria  de  los  culpables y de los plumillas  que todavía les apoyan.   La amnesia se llama  unos días Rubalcaba  y otros Aznar o Rodrigo Rato.  Sólo hay un Quijote de ficción, un quijote alucinado, rodeado de fantasmas por todos lados que se llama Mariano Rajoy. Rajoy, que querría ir de Rey Mago con las sacas llenas de ilusión, arrastra en ellas el lastre del pasado y las dudas e improvisaciones del porvenir.  En eso, su antecesor fue un gran maestro:  Zapatero sabía nadar y guardar la ropa, sabía aparecer y desaparecer en el momento idóneo, como decía mi querido Labordeta: “Ni sí, ni no, sino todo lo contrario...”

    Rajoy sólo tiene la barba de Gaspar y la terca, argumentada oposición de Llamazares.  Rajoy es pelirrojo y si suavizase un poco el gesto, podría pasar lo mismo por socialdemócrata que por demócrata cristiano. Rajoy es en manos de la Merkel un muñeco, un muñeco que quisiera estar de vuelta, como lo están las muñecas de Famosa.  Las muñecas de Famosa, que vuelven cada vez más cojas, camino del portal, para ofrecer al niño su cariño y su amistad…

Y Jesús en el pesebre, busca la mula y el buey,
la estrella y los reyes de años anteriores…
y se va de manifa con los mejores Pastores.

Antonio Pérez Morte

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